LOS CUENTOS MEZCLADOS DE 1ºD (07-08)
Erica y el mar Por Lucía García Fernández, Ángela Rodríguez García, Lara Fernández Martínez y Ana Freije Fernández.
Érase una vez una niña muy pequeña llamada Erica a la que le gustaba mucho el mar.
Un día, la niña se acerco orilla de la playa donde estaba aquel inmenso mar tan bonito y sin contaminación.
La niña tenía mucho miedo a ahogarse ya que no sabía nadar. Pero aun así le gustaba mucho.
Su madre se aproximó a donde estaba la niña, y le dijo:
MADRE: ¡Hija que haces ahí! ¿No te das cuenta de que te podrías ahogar en este mar tan grande?
ERICA: Pero mamá, no puedes hacerme eso, a mí me gusta mucho el mar y no me puedes quitar de estar aquí…
La madre, ya enfadada, no le contestó: sólo le echó una mirada aterrorizadora. La hija, entonces asustada, partió a su casa.
Al llegar la niña se echó a llorar en su cama. La madre, triste, le dijo:
MADRE: Erica yo no soy quien para no dejarte ir al mar, pero el problema es….pues que te puedes ahogar y no quiero que te pase eso.
-Ya mamá pero… a mí me gusta mucho el mar y encima aprenderé a nadar y… y…y…
La madre la interrumpió y le contestó muy enfada:
- Erica, como ya sabes le tengo mucho miedo al mar puesto que tu hermana murió ahogada, eres lo único que tengo y lo que más quiero; por eso no quiero que te mueras en el mar, es un traicionero.
Pero un gran día, Erica, sin obedecer a su madre se fue a la orilla del mar. Quedó fascinada por unas conchas que había en la orilla, se adentró en el mar para cogerlas y, de pronto, una fuerza especial la convirtió en sirena.
Erica pensó: cómo se lo voy a decir ahora a mi madre, no me va a creer, es algo fascinante… pero lo mejor es que sigo viva, ahora tendré que hacer nuevos amigos en el mar como, por ejemplo, mantas, rayas, peces, otras sirenas como ellas, etc.
Ahora me voy a buscar materiales en el fondo del mar para hacerme una casa. Mientras su madre estaba en casa, pero nada preocupada, debido a que se había acercado a la orilla del mar y había visto una botella marrón y en ella había una carta que decía:
“Mamá, no estés preocupada. Yo, sin hacerte caso, me acerqué, y atraída por unas conchas, me adentré en el mar, éste tiene unas fuerzas especiales que me convierten en sirena, por favor, mamá adéntrate en él y seremos felices, nos despreocuparemos de todo lo del alrededor y…… “
LISTO, por fin vivirán felices, sin trabajo, contaminación………………………………..
y la madre se lanzó al mar para poder hacerla feliz.
FIN
Ceniciento por Lucía García Fernández, Ángela Rodríguez García, Lara Fernández Martínez y Ana Freije Fernández.
Hubo una vez un joven muy guapo que no tenía padres, sino madrastra, una viuda impertinente con dos hijos a cual más feo. Él era quien hacía los trabajos más duros de la casa y como sus trajes estaban siempre tan manchados de ceniza, todos lo llamaban Ceniciento.
Un día el Rey de aquel país anunció que iba a dar una gran fiesta a la que invitaba a todos los jóvenes casaderos del reino.
- Tú Ceniciento, no irás -dijo la madrastra-. Te quedarás en casa fregando el suelo y preparando la cena para cuando volvamos.
Llegó el día del baile y Ceniciento apesadumbrado vio partir a sus hermanastros hacia el Palacio Real. Cuando se encontró solo en la cocina no pudo reprimir sus sollozos.
- ¿Por qué seré tan desgraciado? -exclamó-. De pronto se le apareció su mago-padrino.
- No te preocupes -exclamó el mago-padrino-. Tù también podrás ir al baile, pero con una condición, que cuando el reloj de Palacio dé las doce campanadas tendrás que regresar sin falta. Y tocándolo con su varita mágica lo transformó en un maravilloso joven.
La llegada de Ceniciento al Palacio causó honda admiración. Al entrar en la sala de baile, la Reina quedó tan prendada de su belleza que bailó con é toda la noche. Sus hermanastros no lo reconocieron y se preguntaban quién sería aquel joven.
En medio de tanta felicidad Ceniciento oyó sonar en el reloj de Palacio las doce.
- ¡Oh, Dios mío! ¡Tengo que irme! -exclamó-.
Como una exhalación atravesó el salón y bajó la escalinata perdiendo en su huída un móvil, que la reina recogió asombrada.
Para encontrar al bello jovén, la Reina ideó un plan. Se casaría con aquel que pudiera que pudiera saber qué perdió. Envió a sus heraldos a recorrer todo el Reino. Los mayordomos lo llamaban, pues no había no había repuesta.
Al fin llegaron a casa de Ceniciento, y claro está que sus hermanastros no pudieron saber lo que perdió, pero cuando se lo preguntó a Ceniciento vieron con estupor que lo que había perdido era el móvil.
Y así sucedió que la Princesa se casó con el joven y vivieron muy felices, debido a que ella le encontró el móvil.
FIN