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Martes, 12 Febrero 2008LOS CUENTOS DEL ABUELO por Irene Bouzas Rico, Marina Ferreira Gil y Diana Seijo Freije.
CAPÍTULO I
No hace mucho tiempo, vivía una familia a la que le ocurrían muchas desgracias, como por ejemplo la muerte de los padres de una niña llamada Tulipania, (era un nombre insólito, pero bonito para sus padres, puesto que antes de morir decidieron que ese sería su nombre). Eran gente de pocos recursos, se puede decir pobre. Solamente comía durante todo el día <<sopas de pan>> y un poco, sólo un poco, de harina y leche. La niña era feliz puesto que apreciaba todo lo que tenía, su única muñeca, la única y exclusiva comida que hacían al día con la cocina de leña…, no como los niños de ahora que no aprecian nada de lo que tienen y están demasiado consentidos; pero bueno, es mejor que sea así a que no les falte nada de nada. Como íbamos diciendo, la niña se había quedado huérfana y el único miembro de la familia que quedaba era su abuelo, él era un hombre amable…, pero no estaba acostumbrado a cuidar de una niña como Tulipania, puesto que era revoltosa.
Una semana después del accidente, Tulipania se fue a vivir con su abuelo, que vivía en una cabaña en medio de un bosque. Los primeros días la niña no dormía bien puesto que los ruidos del bosque le hacían tener pesadillas, el aullido de los lobos, el ulular de algunas lechuzas…El abuelo, al ver que su nieta no dormía bien decidió contarle una historia en la que se mezclaban la aventura, el misterio, el drama, el terror, el amor…
CAPITULO II
Un día antes de acostarse, su abuelo le contó una de sus historias más entretenidas.
-Había una vez …-empezó a contar el abuelo.
Un hombre que se había casado con una malvada señora tras la muerte de su mujer. Él tenía una hija hermosa como una flor y la malvada señora tenía dos hijas feas, egoístas y malvadas como su madre.
Después de casarse, se fue a vivir a una gran mansión. Al año siguiente de estar viviendo allí el hombre pereció. La mujer se quedó con todos sus bienes y esclavizó a su hijastra llamada Flor.
CAPÍTULO III
-¡¿Y qué pasó, qué pasó? ¡Pobre Flor…-interrumpió Tulipania.
-Sigue escuchando… ¡¡¡¡Ya verás!!!! –contestó el abuelo sonriente.
Un buen día Flor estaba fregando las escaleras de su antigua pero reluciente casa y vio pasar un carruaje que anunciaba: “Baile en el palacio Real hoy a las 10. El príncipe elegirá a una bella doncella como su prometida”
Flor, toda emocionada, pensando en que podría asistir, se puso a preparar el vestido de su difunta madre que le quedaba fantástico, solo necesitaba algún que otro arreglillo y sería el mejor vestido de todo el reino
-¡Fantástico! ¡Es fantástico! Yo le puedo dejar uno de mis vestidos ¿Dónde vive? Yo se lo llevaré –volvió a interrumpir la niña.
-Shssss… que ahora viene lo más interesante –chistó el abuelo.
-Sigue, abuelo, sígueme contando el cuento- le dijo Tulipania.
Las hermanastras de Flor también recibieron la noticia del Baile en forma de:
Queridas doncellas del Reino:
Les mando esta carta debido a mi compromiso con una de ustedes. El Baile de compromiso se celebrará a las 10 de la noche en el Palacio Real.
Confirmen su asistencia:
Firmado: El Príncipe Guillermo
Las hermanastras de Flor se llenaron de júbilo al leer la carta. A los tres minutos ya habían llamado a la modista y estaban empezando a preparar el vestido.
Flor también estaba muy emocionada, pero cuado sus malvadas hermanastras se enteraron de que Flor iba a asistir le rompieron su vestido, que ya estaba perfeccionado y se lo tiraron al establo. Flor lloraba desconsolada, después de llorar y llorar se tumbó en la cama a pensar que ella nunca sería la prometida del príncipe y que nunca podría asistir.
-Pobre Flor… que pena me da, se merecía ir ella antes que las malvadas hermanastras –tristemente dijo la niñita.
De pronto, Flor vio un destello en el techo de su habitación. Ella miró fijamente la luz y observó una extraña mujer que salía de ella, parecía un hada, y su voz era dulce cuando comenzó a hablar:
-Soy tu hada madrina. Vengo porque he oído tus lloros y me pregunto qué te sucede, mi niña -dijo el hada.
-¿Eres mi hada madrina? ¿tengo yo un hada madrina? Estoy confusa, muy confusa.
-Si, así es, soy tu hada madrina, tienes un hada madrina y no tienes porque estar confusa. Y ahora dime, ¿por qué lloras?
-Porque mis hermanastras me han roto el vestido que yo tenía preparado para el baile del príncipe en el castillo y ahora no tengo nada que ponerme y para colmo, era el único recuerdo de mi madre –dijo la niña mientras soltaba un gemido.
- No te preocupes, yo te haré un nuevo vestido, bonito, eso sí, a las doce tienes que estar de vuelta a casa porque el vestido se deshará y te quedarás desnuda.
-Muchísimas gracias, te lo tendré que agradecer de alguna forma, pero… ¿cómo?
-No, no me lo agradezcas, soy tu hada madrina y para eso estoy -afirmó el hada.
-¿Cómo vas a hacer el vestido? No tienes tela, ni tienes hilo…
-No necesito nada de eso, con un poco de imaginación y mi barita mágica… ¡todo solucionado! Necesito solamente tres calabazas, un ratón, una flor mágica y listo. ¡¡ Hasta tendrás una carroza!!
-¡Qué simpática el hada! –interrumpió la niña.
-Calla, calla que te voy a seguir contando la historia –dijo el abuelo.
Como iba diciendo, Flor estaba toda emocionada, así que se puso manos a la obra. Ella se preguntaba dónde podría encontrar todas esas cosas.
- ¡¡¡ En el establo!!! , se me había olvidado, allí podré encontrar un ratón -se dijo emocionada- y en cuanto a la flor… ¡en el jardín!
Ella fue a buscarlas. Al rato, ya había juntado todas las cosas que le había pedido el hada. Flor se las entregó y el hada, diciendo el conjuro mágico, lo transformó todo.
-Una carroza, un cochero, y lo que deseaba… ¡¡Un vestido!! -encantadísima y sonriente dijo la niñita.
-Gracias a ti podré ir al baile y divertirme.
-Sí, pero ten en cuenta que a las doce en punto se acabará el hechizo, y tendrás tu antiguo delantal –dijo el hada.
-Sí, sí lo tendré en cuenta, te lo prometo – le contestó Flor.
-Vale, pues entonces, si tienes las cosas claras…¡ve el baile y diviértete, mi niña! Que has trabajado bastante toda tu vida…
-Vale, gracias -contentísima le dijo Flor.
Ella fue al baile y se divirtió tanto cuanto pudo. Pero… las madrastras también estaban allí y cuando estas vieron a su criada bailando con el príncipe … ¡se pusieron locas! Desde luego, no querían montar un espectáculo, porque si no luego el príncipe no les querría. A media noche, Flor escapó del baile porque no quería parecer una tonta con su delantal y el príncipe fue detrás de ella, porque se le había escapado un zapato; pero ella ni siquiera se paró a cogerlo, puesto que ya casi estaba sin el bonito y reluciente vestido.
A la mañana siguiente, el príncipe ya estaba decidido de que su prometida iba a ser Flor y de que el zapato era de Flor. Entonces fue a su casa a preguntarle a Flor si era suyo ese zapato y ella afirmó y le dijo:
- Tu serás mi prometida, eres simpática, tímida, hermosa… ¿quieres casarte conmigo?
-Sí, ¡¡sí quiero!!
Fin.
-¡¡BIENN!! Abuelo, me estoy dando cuenta que las buenas siempre acaban ganando –dijo ella mientras soltaba un bostezo.
-Bueno, a la cama, que estas cansadísima.
-Hasta mañana, abuelo, te quiero.
-Que duermas bien,Tulipania.