NUEVOS CUENTOS MEZCLADOS DE 1º D (07/08)

ANA, PEDRO Y EL MEDALLÓN por Diana Seijo Freije.  

          Hace mucho tiempo, cuando aun no había ni ordenador nitelevisión ni ninguno de esos aparatos tan geniales, vivía una niña llamada Ana con su padre, su madre y su hermano Pedro. Su padre  estaba en paro  porque en la fábrica en la que trabajaba había cerrado y únicamente subsistían gracias al poco dinero que su madre conseguía trabajando como limpiadora de casas.  
     Un día, mientras su madre trabajaba los niños fueron a dar una vuelta por el pueblo. Iban caminando, cuando de repente Ana ve que algo brilla en el suelo y… echa correr hacia el objeto: era un medallón de oro. Ana se lo enseña a su hermano y  los dos lo miran muy extrañados. Más curioso aún  porque detrás del medallón hay algo escrito que pone lo siguiente:      
   “Quien posea este medallón tendrá el poder de viajar al mundo de la tecnología. Sólo tiene que ir a la orilla de un río y pronunciar las siguientes palabras: Deseo ir al mundo de la tecnología.”
            
  Los dos niños se quedan pensativos. Nunca habían oído hablar de ese mundo  tan raro. Después de un rato, pensando, Ana dice:
 -Pedro, ¿por qué no vamos al río que hay al final del pueblo y  probamos si es verdad lo que dice  el medallón?- le pregunta Ana al hermano. 
-Vale, ¿pero no será muy peligroso? Nunca hemos oído hablar a nadie  de ese mundo -le responde Pedro. 
-No te preocupes, hermanito, no pasara nada, o eso creo-.    
       Y dicho y hecho, los dos niños se dirigieron hacia el río. Una vez llegado allí Ana se acerca al río y pronuncia las palabras que dice el medallón. De repente las aguas tranquilas se empiezan a mover y a abrirse dejando un agujero en el medio.    
      -Pedro, mira, ahora es el momento, vamos- le dice Ana a Pedro. 
         -¡Vale!- contesta Pedro.          
  Y los dos se tiran de cabeza por el agujero. Ven como van descendiendo por el agujero sin fondo. Se marean mucho porque todo da vueltas. Al instante, se quedan dormidos a causa del mareo.      
     Cuando se despiertan miran a su alrededor, están en un lugar muy extraño, todo lleno de cables y circuitos.    
En ese instante aparece dos cosas o así podrían llamarse por detrás de un circuito de cables y les preguntan:   
       -Hola, ¿quiénes sois y qué hacéis aquí?- les preguntan los extraños.     
     -¡Hola! Yo soy Ana y él es mi hermano Pedro y vosotros, ¿quiénes sois?-pregunta Ana. 
-Yo soy Pixelín y ella es Meganina- les responde uno de ellos.        
  -¿Y qué sois?- pregunta Ana.        
         -¿Cómo que qué somos? No lo entiendo- dice Pixelin.                 
-Lo que sois, nosotros, por ejemplo, somos humanos, ¿y vosotros?-les  pregunta Ana.         
-Ah ya te entiendo, pues yo soy un píxel y ella es un mega -les dice Pixelin.         
-Ah, ¿y se puede saber que es un mega y un píxel?- les dice Pedro.         
-Pues somos parte de la memoria de muchos aparatos como, por  Ejemplo, un ordenador- les dicen los dos a coro.         
-Bueno, no nos sigas explicando más que no entendemos nada-les dice          Pedro.          
-Nosotros nos tenemos que ir, que llegamos tarde a una reunión, hasta  luego- se despiden.            
             Pedro y Ana se quedan solos otra vez. En ese momento se dan cuenta de una cosa: no saben como volver a casa. Ana mira el medallón y piensaen la solución a su problema. Al cabo de un rato aparece por una esquina un radiocasete, va tan entretenido escuchando música que no se da cuenta de que lo están observando:         
-Eooooooooooo, señor, por favor, escúchenos- le gritan Ana y Pedro a la vez.         
-¡Eh!, ¿quién me habla?- dice extrañado el aparato.                 
-Nosotros le estamos hablando- dicen Pedro y Ana.         
-Ah, ¿y qué queréis? - les dice él.         
-Que nos ayude-le contestan ellos.            
Ana le cuenta toda la historia al radiocasete y éste escucha muy atentamente. Cuando acaban de contarle la historia, el radiocaseteles dice:        
-Conozco a alguien que puede ayudaros, seguidme y os llevaré hasta él. Es el científico más sabio de todo el país de la tecnología- les dice.        
           El radiocasete los lleva ante el científico recorriendo para ello un largo viaje. Después de un rato caminando se encuentran con otro aparato, también muy extraño. De repente Radi, que así se llamaba el radiocasete, le dice al curioso ser: 
- Hola Telvit, ¿qué te trae por aquí?- le pregunta Radi al aparato. 
-  Nada,  por aquí, ahora mismo me voy para casa, oye ¿quiénes son  esos? – le pregunta Telvit a Radi. 
- Ah, permíteme que te presente a Ana y a Pedro. Son unos amigos míos del planeta Tierra, y necesitan ayuda y los voy a llevar a ver al  gran científico, ¿quieres venir?- le pregunta Radi 
-Por supuesto, si ellos quieren claro-dice Telvit señalando hacia los  niños. 
- Por supuesto que puedes venir-dicen los niños a coro.                  
          Todos emprenden el viaje hasta la casa del gran científico, durante elrecorrido se lo pasan realmente bien contando chistes y riéndose sin parar, y sin quererlo se hacen amigos de estos personajes tan peculiares. Cuando por fin llegan al pueblo donde vive el gran científico se dirigen a su Casa, tocan el timbre y esperan a que alguien los abra. De repente, la puerta se abre y aparece un señor mayor bajito y con una larga barba blanca que les pregunta amablemente qué quieren. Ana y Pedro les cuentan la historia y le piden que les ayude a volver a casa. El científico les dice que les va a acompañar de vuelta a casa porque quiere saber cómo es la Tierra. El científico le dice que sus dos amigos lo pueden acompañar si quieren. Ellos acceden encantados. El mago pronuncia unas palabras mágicas y de repente todo empieza a girar y al instante aparecen delante de su casa.Ana y Pedro llevan a sus invitados hasta su casa, allí les presenta a sus Padres, que por cierto estaban muy preocupados por su tardanza. El científico y los aparatos se quedan un tiempo allí con ellos hasta que un día deciden que es hora de marcharse, le piden a Ana el medallón, ella no lo encuentra así que no tienen más remedio que quedarse. Se quedan a vivir con ellos y un día deciden montar una empresa de tecnología porque en la Tierra no existía todavía. La fábrica tiene mucho éxito, su padre consigue un trabajo y gana mucho dinero. Y gracias a estos curiosos personajes ahora conocemos el mundo de la tecnología. ¡Ah!, se me olvidaba Telvit es una televisión.                                                        

                                                                    

EL PROBLEMA DE SILVIA por Irene Bouzas Rico

       21/3 - 21/1. “La derrota del año. Silvia Estévez vuelve a caer en previas”, anunciaba el periódico.“¿Por qué yo no puedo ser igual que mi entrenador?” se preguntaba Silvia, observando el titular del apartado de deportes.     

       Su tío, que era quien la entrenaba, estaba realmente abatido, porque no se explicaba cómo entrenando como entrenaba su sobrina, ésta podía perder tan estrepitosamente partido tras partido.         

              “Algo falla… Es imposible, ¡en tres meses, siete derrotas de siete partidos! Y en todos ellos, la pobre ha recibido unas palizas de campeonato… ¿será que no tiene madera? No sé, pero en cualquier caso, tengo que averiguar que está pasando” pensaba día tras día Sergio.                                                                                                                                                                            

               Al día siguiente, Silvia fue al entrenamiento, como cada tarde. Se puso los tenis de jugar, el pantalón corto y cuando se disponía a calentar, su entrenador la llamó:

-Silvia -farfulló-, ven aquí, tengo que hablar contigo.

- Yo, yo, yo… Lo siento por la derrota de ayer, Sergio. No sé qué ha ocurrido…

- No pasa nada, no te preocupes, pero a partir de ahora cambiaremos el modo de entrenar.

 -¿Qué estás insinuando? - le contestó confusa la chica.

- Estoy insinuando que a partir de ahora no entrenarás igual que como lo hiciste hasta ahora. Entrenarás de forma diferente. Lo primero calienta brazos, rodillas, pies… como siempre. Y luego… ¡ya verás!     
La niña, sin protestar, se puso a ello: calentó bien para estar a tope durante todo el entrenamiento y hacerlo lo mejor posible. Al finalizar, se acercó a su entrenador y le dijo:
- Ya he terminado de calentar. ¿Qué hago ahora?
- Ahora, presta atención: tienes que ir corriendo hasta el supermercado y comprarme en el menor tiempo posible todo lo que creas que es importante que coman los deportistas. Yo te cronometraré.        
   La niña, sin rechistar aunque algo sorprendida, cogió el dinero que le dio Sergio y esperó a que éste le diese la orden para salir corriendo.
-Preparados, listos y… ¡YA!  - gritó Sergio.     
Silvia corrió disparada para el supermercado: cogió una cesta y empezó a buscar dónde estaban los plátanos, las latas de acuarius, los terrones de azúcar… Cuando dio por finalizado su trabajo, corrió hacia la caja. La gente la miraba muy sorprendida, pero a ella no le importó, llegó allí y vio que había una mujer delante de ella. Se cansó de esperar, puesto que era un poco acelerada, y terminó por empujar a la señora, tirando todas las cosas que esta llevaba en su carrito.
- Perdone, es muy urgente, cóbreme esto por favor, ¡corra, corra, que pierdo tiempo!
- ¿Qué está diciendo, señorita? -le contestó la cajera, estupefacta.
- ¡Nada, usted solamente cóbreme esto!             
   La señora, sin una sola palabra, le cobró a Silvia, y acto seguido, ésta corrió rápidamente hacia el pabellón con sus compras.
-Muy bien Silvia, esperaba que fueras a tardar un buen rato más. Vamos a ver, ¿qué has comprado?
- Te traigo muchas cosas, míralas a ver si te parecen una buena elección.              Sergio comprobó que todo lo que traía estaba bien y que había hecho un buen trabajo.
-Silvia, has hecho un trabajo fabuloso, te tendré que premiar por esto… Pero cuando acabe el entrenamiento
-Muchísimas gracias, nunca pensé que alguien me podría decir “has hecho un trabajo fabuloso” ¡Estoy orgullosa de mi trabajo! Si te cuento lo que le he hecho a una señora que estaba en la caja…
-A ver, cuéntame, ¿qué travesura has hecho esta vez? Porque de ti… ¡De ti se puede  esperar cualquier cosa!
- Bueno, yo estaba toda acelerada porque ya había recogido todo lo que  pensaba que era bueno para un deportista, y cuando llegué a la caja y vi que había una señora delante de mí, pensé que me haría perder demasiado tiempo y terminé por empujarla… ¡Le tiré todas sus compras por el suelo y me colé!
- ¡Ay, Silvia, qué acelerada eres! No pasa nada, pero eso es de muy mala educación, no vuelvas a hacerlo, ¿De acuerdo?
-Lo siento Sergio… Cambiando de tema, ¿qué hago ahora?
-Ahora tienes que jugar un partido contra mí, ¡a ver si juegas tan bien como haces la compra!   
   Silvia jugó un partido contra él. No le ganó, pero Sergio se dio cuenta de que había jugado mucho mejor que otras veces. ¿Por qué? ¿Quizás porque le había dicho lo bien que lo había hecho con las compras? ¿O porque se encontraba en buena forma física? No lo sabía, pero lo que si sabía, y se notaba, era que a Silvia le había cambiado el aspecto. Se la veía mucho mejor.      
Día tras día, Sergio le daba la enhorabuena por el trabajo que hacía. Y cada día a Silvia se la veía aún mejor.   
   Sergio se dio cuenta de que era porque antes nunca la felicitaba ni la estimulaba, ni le decía lo bien que trabajaba.   
    A los pocos días, Silvia jugó ”Los juegos Escolares”, el campeonato más importante de la temporada, y quedó primera. La madre de Silvia estaba muy orgullosa de ella, y por su puesto, de Sergio, quien a su vez estaba también orgulloso de su sobrina.      
Silvia entonces se dio cuenta de una cosa. Se acercó a Sergio con la copa y le dijo:
-Sergio, me di cuenta de una cosa, y es que cualquier cosa que te propongas, sea difícil o no la acabarás consiguiendo si pones el empeño necesario. Este trofeo te lo regalo, porque has sido tú quien más me ha ayudado a conseguirlo.
- Silvia, estoy más que orgulloso de ti, sólo tu quedaste primera, la copa es tuya. ¡Enhorabuena!  
    Desde ese día, Silvia tiene siempre presente que nada es imposible, y que cualquier obstáculo que se le ponga por delante es fácilmente superable si se esfuerza en ello y se convence a sí misma de que puede.                                                                              

 DESESPERACIÓN
por Marina Bustelo Fernández 
             Ya hace días   que  no puedo soportar esta presión, en el instituto todo el mundo me mira mal   y me insulta. He  pasado de ser alguien al que nadie ve, a ser el blanco de todos los insultos  de la gente.  
           Me estoy planteando irme  lejos,     a un lugar en donde nadie me conozca, donde nadie  sepa quién soy. Hoy me iré,   no puedo soportar tanta presión, tanto insulto, ¡NO PUEDO!  Esta noche me escaparé de aquí. 
 Ha llegado el momento mis padres duermen. Cojo mis cosas: algo de ropa, una foto de mi  familia y algo de comida. Salgo por la puerta trasera de la casa .Todo está muy oscuro, no veo casi nada, las farolas de la calle están apagadas, me estoy empezando a asustar. Miles de pensamientos rondan mi cabeza, porque no me vuelvo a casa, todo pasará. Y si  todo el mundo sigue igual, no lo podré  aguantar.  
      Al fin, decido ponerme a andar, empiezo a ver mejor, mis ojos se están empezando a acostumbrar a la oscuridad de la noche.     
Sigo el camino  que lleva al bosque, está lleno de barro y mis botas se hunden, me cuesta andar. Decido pararme  al lado de un árbol a descansar. Sin querer, me quedo dormido. De repente oigo un ruido que me despierta, comienzo a correr,  alguien me está siguiendo, ¿pero quién?,  por este camino no suele transitar casi nadie. Aumento la velocidad,   la persona que me sigue hace lo mismo.   Entonces, me caigo, he tropezado con una  raíz de un árbol. No puedo moverme, me duele mucho una pierna. La persona que me seguía me alcanza cada vez lo tengo más cerca, oigo sus pasos acercándose, ya puedo  oír su  respiración profunda. Cierro los ojos esperando, que aquella persona no me haga daño. Pero da igual, me agarra, me pone algo en la boca  que me duerme…
           Cuando me despierto, me  da la sensación de que he estado durmiendo mucho tiempo.  Tengo la pierna vendada. Estoy atado a  una cama y tengo, una cámara  de video enfrente de mí enfocándome.   
         Me intento escabullir de las cuerdas que me tienen retenido contra la cama.   En ese mismo momento, una voz profunda y nerviosa me advierte: “No lo intentes, si lo intentas te mato “. La voz venía  de detrás de la puerta.   
           Tengo mucho  miedo, mi peor pesadilla se está volviendo realidad.Me estoy dando cuenta de que lo que he hecho ha sido una gran tontería, ¿por qué me habría  escapado? Había sido un completo idiota.  
       Ya llevo aquí atado varias horas, he estado  pensando en mi familia y tengo ganas de llorar, quiero irme a casa, con mis padres.
       Alguien entra, me trae agua y comida, me desata. Esta hablando con alguien por el móvil. Escucho. Comentan que va a ser mejor soltarme  sin pedir rescate, que la policía les anda detrás y que al llegar la noche me dejarán en una gasolinera. 
          Al  caer la noche, comienzo a oír  sirenas. Yo grito, pero no obtengo  respuesta: ni siquiera me riñe nadie por gritar, estoy solo. Espero varias horas  allí, gritando, desgarrándome la voz, hasta que una luz entra a través de la puerta, me ciega. Distingo la silueta de un hombre, fuerte, vuelvo a gritar. E l hombre se acerca, me desata, ¡Es la policía!, estoy salvado, me coge al cuello y me saca de la casa. Me lleva a una ambulancia,  alguien  de aspecto familiar  se acerca, es mi madre, me abraza fuertemente, yo le susurro al oído: “no quiero volver  a ese colegio y no quiero que me vuelva a pasar esto”, mi madre me besa la frente, mi padre se acerca, y los tres  rompemos a llorar en un enorme abrazo.  
        Días después me entero de que las personas que me tenían retenido habían sido capturadas,  al  no hacerle caso  a un guardia civil que les pidió que pararan el coche , en el que viajaban. Sospecharon, de ellos, y comenzó una persecución .Al final la policía los detuvo y contaron todo. 
             Esta vez  todo ha salido bien pero hay muchos más niños, como yo, que no tienen la suerte: la de volver ha ver a sus padres, o simplemente,  seguir vivos.                                                                                                 

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