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Hasta finales de los años 50 se creía que los niños, al empezar a hablar, imitaban al adulto, tal y como lo haría un loro. Más adelante se demostró que esto no era así sino que desde los primeros días de su existencia los niños incorporaban y asimilaban la información que percibían de una manera propia y después la corregían.
A los niños nadie les enseña las reglas de la lingüística. Nacen ya con las capacidades para aprenderlas. A su alrededor existen sonidos y significados y ellos van a descubrir por sí mismos las reglas del lenguaje.

Al principio, el recien nacido no interpreta los sonidos, sólo los escucha y los retiene. Al cabo de un tiempo, agrupa los sonidos en tipos diferentes. Más tarde, gracias a la entonación de los mayores al hablar, aprende a diferenciar dónde empiezan y acaban las frases. Finalmente, relaciona lo que oye con lo que ve, y eso le lleva a la formación de palabras. Pero los niños tienen un interés tan asombroso en adquirir nuevas palabras para relacionarse con su entorno, que no esperan a que se las enseñen y se las inventan. Por ejemplo, si tu hijo ha observado en el baño la pastilla de jabón y sabe reconocerla, pero aún no sabe como se llama, es posible que en su lenguaje interno la llame “pum” o “pom” o de alguna otra manera para entenderse. En cuanto le dices que eso se llama “jabón”, inmediatamente abandona su palabra inventada y la sustituye por la correcta. Su interés por comunicar cosas acerca de ella - por ejemplo que quiere tocar el jabón o que no quiere jabón- hace que incorpore la nueva palabra a gran velocidad. Gracias a ese interés y al sistema de “invención” de palabras, su proceso de aprendizaje es excepcional. Y lo mejor, es que nosotros también podemos formar parte de este maravilloso proceso, ayudándole.

ETAPAS:

  1.     LA COMUNICACION CON TU HIJO: PILAR FUNDAMENTAL

Para entender cómo puedes influir en el desarrollo de la comunicación y el lenguaje en tu hijo, es necesario que primero sepas como evoluciona en la comunicación desde que es bebé.
El niño, ya en el útero materno, está muy receptivo a desarrollar sistemas de comunicación debido a que ésta va muy ligada a su supervivencia. Pero para desarrollarla lo mejor posible necesitan al menos un buen “compañero”. ¡Y esa es tu labor!EPOCA PRENATAL
Según se ha comprobado, a las pocas horas después de nacer, el bebé distingue su lengua materna de cualquier otra, lo que quiere decir que, ya cuando está en el útero, desarrolla una percepción auditiva muy importante. Anímate, pues, a comunicar con tu bebé desde el embarazo, y estarás contribuyendo a construir los cimientos de su futura comunicación verbal. Si además le aplicas alguna técnica de estimulación o comunicación prenatal -tactil o auditiva-, su desarrollo en comunicación se verá altamente potenciado.    LA COMUNICACION CON TU HIJO: PILAR FUNDAMENTAL

Para entender cómo puedes influir en el desarrollo de la comunicación y el lenguaje en tu hijo, es necesario que primero sepas como evoluciona en la comunicación desde que es bebé.
El niño, ya en el útero materno, está muy receptivo a desarrollar sistemas de comunicación debido a que ésta va muy ligada a su supervivencia. Pero para desarrollarla lo mejor posible necesitan al menos un buen “compañero”. ¡Y esa es tu labor!

EPOCA PRENATAL
Según se ha comprobado, a las pocas horas después de nacer, el bebé distingue su lengua materna de cualquier otra, lo que quiere decir que, ya cuando está en el útero, desarrolla una percepción auditiva muy importante. Anímate, pues, a comunicar con tu bebé desde el embarazo, y estarás contribuyendo a construir los cimientos de su futura comunicación verbal. Si además le aplicas alguna técnica de estimulación o comunicación prenatal -tactil o auditiva-, su desarrollo en comunicación se verá altamente potenciado.

DE LOS 0 A LOS 4 MESES
Durante el primer mes, notarás que tu hijo se expresa transmitiendo señales acerca de su estado físico: sonríe por bienestar, llora de hambre, llora cuando le duele algo… Poco más adelante, entre el primer y cuarto mes, ya es capaz de sonreirte o darte una muestra de afecto. Ese gran momento en el que el bebé puede compartir un sentimiento, normalmente contigo o con su papá, será el pilar básico sobre el que desarrollará su capacidad de comunicación.

Durante estos primeros meses, deberás adaptarte a los signos del bebé. Al principio, existirán errores y fracasos, pero no te desesperes; pronto aprenderás a entenderle. Para favorecer ese entendimiento es básica una actitud sensible y afectiva: cantarle, reir, acariciarle, hablarle, son conductas que te ayudarán a conseguirlo. Es decir, someterle a un baño de lenguaje y sonidos en un clima afectivo. Si todo esto se hace con amor, el niño acaba por responder, lo que es muy recompensante para madre e hijo. Por otra parte cuando tu hijo te comunica algo a su manera y le das la respuesta adecuada - le calmas su hambre, su sed, le abrigas-, el sabe que le has entendido. El resultado es una sintonización afectiva y comunicativa con tu bebé. La mejor base que puedes ofrecerle para favorecer sus habilidades en comunicación y adquisición de lenguaje.

DEL CUARTO AL OCTAVO MES

Entre el 4º y el 8º mes, observarás que tu hijo aprende a anticiparse a la comunicación de los demás, y también a reconocer personas y objetos.

Cuando haces el gesto de cogerle y él se te entrega para que lo levantes, o cuando le das de comer y abre la boca nada más ver la cuchara, son momentos en los que puedes comprobar claramente que te comprende y anticipa lo que vas a hacer (antes de que lo hagas), todo un gran logro en su desarrollo comunicativo.

Poténciaselo valorándole esas conductas, presentándole situaciones en las que pueda demostrar sus recien adquiridas dotes y no cortándole la oportunidad de ponerlas en práctica.

Llegado ese periodo, también observarás que tu hijo ya no sonríe a todo el mundo, sino que selecciona su comunicación: a mamá le sonrío, al extraño le lloro porque no sé quién es. Es decir, reconoce a las personas. Esta etapa coincide también con la observación y estudio de los objetos; a partir de ahora el bebé tendrá un gran interés por ellos y, si puede, los abrirá y destripará para descifrar su misterio. ¡Tiene una vocación absoluta de científico! No caigas en la tentación de impedírselo. Muy al contrario, pon a su alcance objetos que pueda inspeccionar y que no te importe el que los rompa.

DE LOS 8 A LOS 18 MESES

Entre los 8 y 18 meses van a aparecer y desarrollarse otras habilidades comunicativas muy portentosas. Tu bebé, que ya reconoce objetos, va a poder comunicar sobre algo en particular acerca de ellos. Por ejemplo, puede hacerte entender que le des un un sonajero o su osito. Ya comprende que puedes anticipar su comunicación, y por tanto sabe que si, por ejemplo, te señala el sonajero, vas a entender que quiere que se lo traigas.

Gracias a esta serie de habilidades nuevas, va a empezar causar efectos en su entorno de forma voluntaria y va a influir sobre los demás para compartir experiencias o conseguir propósitos.

Un tiempo después verás que hijo se inicia en el uso los símbolos : coge un cubo y hace ver que es el teléfono, se pone una cuchara vacía en la boca pretendiendo que come. Finalmente llega un momento que aunque no haya cubo, el niño, a su manera, dice “teléfono”. En ese momento, ya posee la gran característica que nos diferencia a los hombres de los animales: es capaz de comunicar acerca de un objeto (teléfono) sin la necesidad de otro que lo represente.

A partir de entonces, las palabras sueltas irán aumentando en número y poco tiempo después, el lenguaje se desarrollará de manera asombrosa.

Durante todo este periodo habrá sido fundamental tu labor y tu interacción con él en todos los momentos de comunicación entre ambos. Y ahorá comprobarás que los ratos en que le has hablado, le has contado como se llamaban los objetos de la casa, y le has aplaudido o animado en sus comunicaciones no verbales, tendrán su recompensa; de ello habrá dependido en cierta medida el que tu hijo alcance un nivel superior al que por sí solo alcanzaría.

DE LOS 18 MESES a LOS 4 AÑOS Y MEDIO

Por increíble que parezca, entre los 18 meses y los cuatro años y medio tu hijo todavía alcanzará un nivel de comunicación más complejo. Podrá entender las metáforas, las ironías, es decir, el lenguaje indirecto. Hasta ese momento, si al llegar a casa nos cuenta la canguro de nuestro hijo que éste ha lanzado sus juguetes contra la cristalería y se nos ocurre decirle irónicamente “que bien te has portado”, puedes estar segura de que el niño lo creerá literalmente y te arriesgas a que el día siguiente no quede una sola pieza en tu casa. Además de pasárselo genialmente, creerá que ha hecho toda una proeza en buena conducta. Pero llega un momento en que comprende el lenguaje indirecto, alcanza un nuevo y sofisticado nivel que le permite entender que cuando llueve y dices “¡qué buen tiempo!” estás haciendo una ironía; también entenderá que al cesped le llames “un mar de verde”. Ya no toma toda la comunicación de forma literal.

Este nuevo nivel también le va a permitir entender que alguien puede actuar erróneamente si tiene datos falsos; es decir, si hace buen tiempo y ve que te abrigas, sabe que estas equivocado. Y también sabrá que si alguien o él mismo te engaña, vas a producir una respuesta incorrecta en funcion de ese engaño. ¡Todo un prodigio de inteligencia!

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