Autor:alfonsotp
a las 31 Ene 2009

Mi amigo el bosque.

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Esta es una historia abierta en la que se puede colaborar escribiendo, dibujando, haciendo poemas… que tengan que ver con nuestro bosque ideal. Se publicarán todas las colaboraciones que tengan un contenido positivo, se trata de hacer crecer el bosque también en nuestro corazón.

Pueden participar todas las personas que entran en este blog. niños, papás, mamás, güelitos, gúelitas, amigos…Todos somos bienvenidos y muy valorados, ya sabéis todos necesitamos de todos.

¡ NECESITAMOS TU COLABORACIÓN ! CONTINÚA LA HISTORIA

Llevo visitando el mismo bosque mucho tiempo, mi primer recuerdo es el de ir cabalgando sobre los hombros de mi abuelo, mi abuela llevaba una cesta y buscábamos setas. Güelito es un experto, conoce casi todas las variedades de setas que crecen en Valdorado, es así como se llama el bosque. Depende de la época cogemos una u otra variedad, todas las setas son preciosas pero no todas son buenas para comer. En Valdorado crecen muy a gusto las setas, es porque hay muchas clases de árboles: robles, castaños, abedules, servales… ahora ya no voy en los hombros de mi abuelo pero la sensación de pisar el mullido suelo del bosque es casi tan agradable.

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CAYETANA Y DANIELA, DESDE TAZONES, HAN ESCRITO LO SIGUIENTE:
Desde nuestro bosque se ve el mar; mi abuelo me dijo que así las ardillas, los erizos, los corzos y los demás animales del bosque, cuando están cansados, miran al mar y se ponen a soñar.

Y la historia sigue con las colaboraciones:

Recuerdo con agrado los días que paseaba por el bosque con mis abuelos. Mi abuelo se sentaba debajo del mayor carbayu que encontraba y nos contaba historias de los animales que pueblan los bosques, lo que echaba de menos algunos de ellos que ya no veía con frecuencia y los cuidados que había profesado a un cervatillo herido por el fuego. Mientras, nuestra abuela preparaba una rica merienda, que había preparado con las frutas que había recogido los días antes mi abuelo en el bosque.

La historia del cervatillo era especialmente de nuestro agrado. Nunca nos cansábamos de escucharla de los dulces labios de mi abuelo. El incendio lo habían provocado los hombres. Mi abuelo nos contó como consiguieron apagarlo entre algunos vecinos, cómo encontró al cervatillo herido de gravedad, lo curó, lo acarició una y mil veces y, cuando se recuperó, sentíamos como nuestro el dolor que sintió nuestro abuelo al dejarlo libre, para que volviese a su hogar natural. Y lo que se alegra cuando, en el horizonte, lo distingue correteando, con su familia. Y siempre que lo distingue a lo lejor, el ya gran ciervo de los bosques parece notarlo y lanza mil cabriolas como diciéndole cuán feliz es gracias a mi abuelo y cuanto le agradece lo que por él hizo.

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3 Comentarios para “Mi amigo el bosque.”

  1. Daniel 12 Febrero 2009 a las 12:53

    Ánimo con vuestra iniciativa, el futuro del planeta está en sus hij@s y nada mejor que ell@s adquieran la conciencia necesaria para lograr un cambio y un desarrollo sostenible. De verdad, enhorabuena.
    Por cierto, os recomiendo el siguiente blog:
    http://blog.educastur.es/pedambiental/
    Un saludo

  2. Pelayo 15 Febrero 2009 a las 21:16

    Recuerdo con agrado los días que paseaba por el bosque con mis abuelos. Mi abuelo se sentaba debajo del mayor carbayu que encontraba y nos contaba historias de los animales que pueblan los bosques, lo que echaba de menos algunos de ellos que ya no veía con frecuencia y los cuidados que había profesado a un cervatillo herido por el fuego. Mientras, nuestra abuela preparaba una rica merienda, que había preparado con las frutas que había recogido los días antes mi abuelo en el bosque.

  3. Natalia 15 Febrero 2009 a las 21:21

    La historia del cervatillo era especialmente de nuestro agrado. Nunca nos cansábamos de escucharla de los dulces labios de mi abuelo. El incendio lo habían provocado los hombres. Mi abuelo nos contó como consiguieron apagarlo entre algunos vecinos, cómo encontró al cervatillo herido de gravedad, lo curó, lo acarició una y mil veces y, cuando se recuperó, sentíamos como nuestro el dolor que sintió nuestro abuelo al dejarlo libre, para que volviese a su hogar natural. Y lo que se alegra cuando, en el horizonte, lo distingue correteando, con su familia. Y siempre que lo distingue a lo lejor, el ya gran ciervo de los bosques parece notarlo y lanza mil cabriolas como diciéndole cuán feliz es gracias a mi abuelo y cuanto le agradece lo que por él hizo.

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