El séptimo sello
22 04 2007-
Érase una vez la Edad Media
De la peste y de la muerte, por ese orden casi inevitable.
El Séptimo sello
(Ingmar Bergman, 1957)
Ficha técnica y artística
- Productora: Svenks Filindustri
- Título original: Det Sjunde Inseglet
- Director: Ingmar Bergman
- Guion: I. Bergman, según su obra teatral.
- Fotografia: Gunnar Fisher
- Max Von Sydow: Antonius Block
- Gunnar Björnstrand: Jons
- Nils Popp: Joff
- Bibi Anderson: Mia
- Bengt Ekerot: La Muerte
- Montaje: Lennart Wallén
- Música: Erik Nordgren
La Peste Negra
¿Dónde empezó la Peste Negra? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Por qué? Empezó en 1347 en la colonia genovesa de Caffa (Crimea), asediada por tropas mongolas, que catapultaban cadáveres de apestados por encima de las murallas.
El virus fue transportado por galeras genovesas en sus rutas comerciales hasta Constantinopla y, desde allí, se difundió rápidamente a Palestina, Egipto, Grecia, Génova, Marsella, Península Ibérica, Francia septentrional, islas Británicas, Suiza, Austria, Dinamarca… Suecia. La Peste Negra fue consecuencia de la propagación de la rata negra, pero el agente causante (un bacilo: Yersinia pestis) se transmitía al hombre a través de las pulgas que parasitaban a las ratas. Durante la septicemia se producen hemorragias cutáneas por todo el cuerpo con grandes placas de color azulado que contribuyeron a que este mal se conociera como peste negra o muerte negra.
Murieron más en la ciudad que en el campo (por la concentración de la población). Más en llanuras que en las montañas. Más los jóvenes que los viejos. Más los pobres que los ricos (los pobres vivían en peores condiciones higiénicas y no tenían medios para huir). Pero, además de su horripilante mortandad, la Peste Negra trajo consigo un cambio en la sensibilidad muy perceptible en la literatura y el arte: la muerte se transformó en uno de los temas predilectos de artistas y poetas.
La estética de la muerte
Algunos diálogos de la película:
- El pintor dice: “Una calavera es más interesante que una doncella desnuda”. Y es que a través del arte, los artistas medievales recordaban a los hombres el fin que a todos nos espera. La función de las imágenes es emocionar, despertar el terror sagrado, el arrepentimiento. El arte medieval siempre tuvo una función moralizadora.
- “La peste, el horror de todos”, dice el escudero de El séptimo sello. Y el pintor que dialoga con él dice: “Tendrías que ver el bubón que le sale en el cuello al apestado, y cómo se le cubre el cuerpo poco a poco, y cómo quedan sus miembros dislocados y rígidos”. El pintor olvida los detalles menos escabrosos: fiebre, escalofríos, náuseas, sed, sensación de agotamiento; prefiere recrearse en los bubones.
- El pintor aterrorizado-fascinado por los efectos de la peste sigue dialogando con el escudero: “El apestado intenta arrancarse el bubón, en su agonía se muerde las manos hasta destrozárselas, se abre las venas con las uñas”. Y acompaña esta descripción de la agonía del apestado con estas otras palabras: “Las pobres gentes consideran la peste como un castigo de Dios”.
En realidad, el fantasma de la peste que en esos momentos recorría Europa carecía de nombre: sólo se le llamó “Peste Negra” en sus últimas manifestaciones, y en principio se conoció como la Pestilencia o la Gran Mortandad. En cuanto a la causa material de la peste, desde luego en el siglo XIV no se tenía ni la más remota idea: el bacilo de la peste no fue aislado hasta 1894 por el microbiólogo suizo Alexandre Yersin, y tres años después el físico japonés Manasori Ogata y el médico francés Paul Louis Simond descubrieron, de forma independiente, el papel de las pulgas que parasitaban las ratas en la transmisión de la enfermedad a los humanos.
La lucha contra la peste
La ira divina no provocó la peste negra. Los médicos de la época no podían luchar contra la peste más que con medios tan desesperados como la quema de maderas olorosas que purificasen el aire. La mayoría de los médicos bajomedievales consideraron que la peste tenía causas celestes pero también terrestres (corrupción de las cosas vivas en el mundo sublunar, exhalaciones telúricas o hídricas). Tradicionalmente, se ha considerado que en la época había dos estrategias para luchar contra la peste: la aerista (defendida por los médicos de formación universitaria), que creía en la difusión de la peste a través del aire corrompido; y la contagionista (defendida por los responsables políticos de los municipios y Estados), que sostenía que la peste se propagaba por contagio.
Pero, más bien, hay que suponer que médicos y responsables políticos no tenían concepciones radicalmente diferentes sobre la peste: los médicos recomendaban, por ejemplo, mantener las habitaciones bien ventiladas y libres de basura, enterrar rápidamente los cadáveres, eliminar el mal olor y evitar la transmisión interpersonal de la enfermedad. Poco más se podía pedir a unos médicos que en esta época se defendían de la peste con una gruesa holapanda, unos guantes y el “gorro anticontagio” (un gorro que terminaba en forma de pico de pájaro relleno de hierbas perfumadas). Como medidas adicionales, procuraban no tragar saliva cuando estaban cerca del enfermo y evitaban respirar por la boca.
El tratamiento de la peste por excelencia era la sangría, mediante la cual se pretendía eliminar la sangre corrupta, el humor responsable del mal (la salud es la mezcla proporcionada de los cuatro humores: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra); y también la apertura del bubón, con el riesgo de dañar el sistema linfático. Al rasgar los bubones de los apestados, salía un líquido sanguinolento, malholiente y de color negro, mezclado con espuma verde: la fetidez del líquido parecía demostrar que así se eliminaba el mal, pero lo cierto es que esta acción debilitaba al paciente y le exponía a nuevas infecciones. También están los talismanes, las fórmulas mágicas, las reliquias, las oraciones, las misas, las procesiones y los actos de penitencia, claro. En fin. Y siempre se podía, por otra parte, confiar en san Roque o en san Sebastián.
Si el patrocinio de san Roque o san Sebastián no era suficiente, la medida más eficaz era la huida. La Sorbona lo resumió muy bien: Cito, longe, tarde; es decir, hay que huir pronto, lejos y regresar tarde.
Dos actitudes ante la peste
¿Había que vivir intensamente el momento confiando en que la peste se olvide de uno? ¿O prepararse para morir cristianamente y ganar así la vida eterna? Dicho de otro modo: ¿Taberna? ¿O convertirse en un flagelante? Las dos actitudes pueden verse en El séptimo sello.
1.- Los flagelantes: “Recorren el país grupos de penitentes que se azotan a sí mismos para aplacar la ira del Señor. Es escalofriante, lo mejor que se puede hacer es huir cuando se les ve aparecer”.
2.- La taberna era un “servicio público”, un lugar de expansión y convivencia, pero también un espacio de compraventa y por tanto de intercambio económico. Bocaccio, ante la epidemia que asola Florencia en 1348, cuenta que algunos de sus vecinos decían que el gozar y el beber mucho, el reírse y el burlarse, eran la medicina infalible contra el mal. Y Maquiavelo, en su Descripción de la peste de Florencia de 1527, decía: “Para huir de la peste, no hay mejor remedio que divertirse”.
¿Sirve para algo el purgatorio?
Hoy tenemos miedo al dolor y al sufrimiento de una muerte lenta, pero el mayor miedo de la Edad Media es a la muerte súbita, que implicaba el riesgo de morir en pecado mortal y, por tanto, ser condenado al infierno. Entre el cielo y el infierno estaba el purgatorio, un espacio que nace en los siglos centrales de la Edad Media (aunque sería el papa Inocencio IV el que inventó la palabra en 1254, con motivo del I Concilio de Lyon), pero que se difunde precisamente a partir del siglo XIV como una segunda vía para llegar al cielo.
El purgatorio es una sala de espera (el purgatorio, entonces, era imaginado como un lugar y un tiempo) destinada a los pecadores corrientes y ordinarios, que no pueden irse directamente al paraíso pero que tampoco merecen el infierno. El purgatorio era algo reconfortante porque todos pensaban que podían escapar del infierno. Cualquier cosa menos el infierno, la prolongación perpetua de lo peor que hay en el espacio-tiempo.
Apostillas a El séptimo sello
1.- ¿Conoces la obra del director sueco Ingmar Bergman? ¿Puedes citar alguna otra película suya? ¿Qué tipo de películas hacía?
2.- ¿Podían los hombres y mujeres del siglo XIV saber las verdaderas causas de la peste?
3.- De todas las medidas contra la peste que se tomaron en la Edad Media, ¿cuáles te parecen más eficaces? ¿Y menos?
4.- ¿Por qué crees que algunos acusaban a los judíos de la llegada de la peste?
5.- Haz un mapa con el camino que siguió la Peste Negra en Europa en el siglo XIV
6.- ¿Has leído El Decamerón de Bocaccio? ¿De qué trata? ¿Cuáles son sus personajes?
7.- Cita algunos escritores, filósofos, reyes… del siglo XIV.
8.- Haz un comentario de la escena en la que la Muerte juega al ajedrez con el caballero. ¿Cómo podría interpretarse?
9.- ¿Cómo era la muerte en la Edad Media? ¿Se enterraba a los muertos en cementerios? ¿Se ponían lápidas con sus nombres?
10.- ¿Cuál era la esperanza de vida en el siglo XIV?
11.- ¿Quiénes eran san Sebastián y san Roque? ¿Por qué son patrones contra la peste?
12.- Imagina que vives en el siglo XIV y la peste ha llegado a tu ciudad: ¿Qué se puede hacer?
13.- Imagina que eres un médico medieval: ¿Qué puedes hacer frente a la peste?
14.- ¿Qué es el purgatorio? ¿La iglesia defiende actualmente la existencia de este “espacio”?
15.- Escribe un breve ensayo científico acerca de las causas reales de la peste.
16.- ¿Crees que es posible en la actualidad episodios como la Peste Negra?
17.- ¿El SIDA sería algo parecido a la peste, o no tiene nada que ver? ¿Y el llamado “mal de las vacas locas”?
18.- En la Edad Media había muchas ratas. ¿Hoy ya no hay ratas en las ciudades? Si las hay, ¿podemos temer que traigan la peste?
19.- ¿Los hombres y mujeres tenían miedo al infierno? ¿Por qué? ¿En qué consistía ese infierno?
20.- ¿Cómo interpretas el final de El séptimo sello?
21.- El caballero protagonista de la película tiene dudas acerca de la existencia de Dios. ¿Podemos decir que es un ateo?
22.- Busca información acerca del filósofo griego Protágoras de Abdera.
23.- En la película queman a una mujer acusada de brujería. ¿Qué es una bruja en la Edad Media?
La presencia de la muerte en la Edad Media, como se ha visto en esta película, era constante. Así se puede observar en algunos textos de la Literatura medieval que se han seleccionado.
La muerte en algunos textos de Literatura medieval
Romance del enamorado y la muerte
Romance del enamorado y la muerte
Un sueño soñaba anoche,
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca
muy más que la nieve fría.
- ¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
- No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía.
- ¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
- Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy de prisa se calzaba,
más de prisa se vestía;
ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
- Ábreme la puerta, Blanca,
ábreme la puerta, niña.
- ¿ Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
- Mi padre no fue al palacio,
mi madre no está dormida.
- Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
junto a ti, vida sería.
-Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
la Muerte, que allí venía:
- Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.
.
El libro de Buen Amor
De cómo murió Trotaconventos. Imprecación a la muerte.
Un filósofo dijo y en su libro se anota:
Con pesar y tristeza, el ingenio se embota.
Yo, con pena tan grande, no puedo decir gota
Porque Trotaconventos ya no anda ni trota.
Así fue ¡qué desgracia!, que mi vieja ya es muerta,
¡grande es mi desconsuelo!, ¡murió mi vieja experta!
No sé decir mi pena, mas mucha buena puerta
Que me ha sido cerrada, para mí estaba abierta.
¡Ay muerte! ¡Muerta seas, bien muerta y malandante!
¡Mataste a la mi vieja! ¡Matases a mí antes!
¡Enemiga del mundo, no tienes semejante!
De tu amarga memoria no hay quien no se espante.
Muerte, a aquel que tú hieres arrástralo, cruel,
Al bueno, como al malo, al noble y al infiel,
A todos los igualas por el mismo nivel;
Para ti, reyes, papas, valen un cascabel.
No miras señorío, familia ni amistad,
Con todo el mundo tienes la misma enemistad,
No existe en ti mesura, afecto ni piedad,
Sino dolor, tristeza, aflicción, crueldad.
No puede nadie huir de ti ni se esconder
Ninguno pudo nunca contigo contender;
Tu venida venida funesta nadie puede entender,
Cuando llegas no quieres dilación conceder.
Abandonas el cuerpo al gusano en la huesa,
El alma que lo anima arrebatas con priesa,
No existe hombre seguro en tu carrera aviesa;
Al hablar de ti, muerte, el pavor me atraviesa.
………..
No existe ningún libro, disertación ni carta,
Ni hombre, sabio o necio, que de ti bien departa;
Lo que viene de ti sólo males ensarta,
Sólo al cuervo contentas, que de muertos se harta.
Tú prometes al cuervo que siempre le hartarás,
Mas el hombre no sabe cuándo, a quién matarás,
El que hacer puede un bien, hágalo hoy; valdrá más
Que esperar a que vengas con tu amigo cras, cras.
Señores, no queráis ser amigos del cuervo,
Temed sus amenazas, mas no atendáis su ruego,
El bien que hacer podáis, hacedlo, desde luego;
Quizá estaréis mañana muertos; la vida es juego.
…………..
Los ojos que eran bellos, los vuelves hacia el techo
Y, de pronto, los ciegas, ya no son de provecho;
Enmudeces el habla, enronqueces el pecho,
En ti todo es maldad, pesadumbre y despecho.
El oír y el olor, el tañer, el gustar
Todos cinco sentidos los vienes a tomar;
No hay nadie que te sepa bastante denostar.
¡Cuánto mal de ti dicen donde llegas a entrar!
………………
Al Señor que te hizo, hasta a Él le mataste!
¡Jesucristo, Dios y Hombre, también le atormentaste!
Cielo y tierra le temen, mas tú, atrevida, osaste
Infundirle temor y su faz demudaste.
Coplas a la muerte de su padre
Decidme, la hermosura
La gentil frescura y tez
De la cara
La color y la blancura,
Cuando viene la vejez
¿cuál se para?
Las mañas y ligereza
Y la fuerza corporal
De juventud
Todo es torna graveza
Cuando llega el arrabal
De senectud
……..
Los estados y riqueza
Que nos dejan a deshora
¿quién lo duda?
No les pidamos firmeza
pues que son de una señora
que se muda:
que bienes son de Fortuna,
que revuelve con su rueda
presurosa,
la cual no puede ser una,
ni estar estable ni queda
en una cosa.
…………….
Esos reyes poderosos
que vemos por escrituras
ya pasadas
con casos tristes llorosos
fueron sus buenas venturas
trastornadas,
así que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
y prelados
así los trata la Muerte
como a los pobres pastores
de ganados
……………..
Después de puesta la vida
Tantas veces por su ley
Al tablero
Después de tan bien servida
La corona de su rey
Verdadero,
Después de tanta hazaña
A que no puede bastar
cuenta cierta,
En la su villa de Ocaña
Vino la Muerte a llamar
A su puerta,
Diciendo: “Buen caballero,
Dejad el mundo engañoso
Y su halago:
Vuestro corazón de acero
Muestre su esfuerzo famoso
En este trago;
Y pues de vida y salud
Hicisteis tan poca cuenta
Por la fama,
Esfuércese la virtud
Para sufrir esta afrenta que os llama.
No os haga tan amarga
La batalla temerosa que esperáis,
Pues otra vida más larga
De fama tan glorïosa
Acá dejáis.
Aunque esta vida de honor
Tampoco es eternal ni verdadera
Mas con todo es muy mejor
Que la otra temporal
Perecedera.
……
“No gastemos tiempo ya
en esta vida mezquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;
y consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara y dura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera
es locura”
La Celestina
Planto de Pleberio
Pues menos podrás dezir, mundo lleno de males, que fuimos semejantes en pérdida aquel Anaxágoras e yo, que seamos yguales en sentir e que responda yo, muerta mi amada hija, lo que el su vnico hijo, que dijo: como yo fuesse mortal, sabía que hauía de morir el que yo engendraua. Porque mi Melibea mató a sí misma de su voluntad a mis ojos con la gran fatiga de amor, que la aquexaba; el otro matáronle en muy lícita batalla. ¡O incomparable pérdida! ¡O lastimado viejo! Que quanto más busco consuelos, menos razón fallo para me consolar. Que, si el profeta e rey Dauid al hijo, que enfermo lloraua, muerto no quiso llorar, diziendo que era quasi locura llorar lo irrecuperable, quedáuanle otros muchos con que soldase su llaga; e yo no lloro triste a ella muerta, pero la causa desastrada de su morir. Agora1088 perderé contigo, mi desdichada hija, los miedos e temores, que cada día me espauorecían: sola tu muerte es la que a mí me haze seguro de sospecha
Hola,
me gustaria que alguien me pudiera recomendar un libro sobre como era la vida en florencia entre los siglos XIV y XVI.
Creencias,enfermedades,vida social,oficios..etc
Gracias
Hola, Enric. He leído tu consulta, y te puedo recomendar algunos libros que a mí parecen estupendos. Ahí van:
-Jacques Heers, “La corte de los Borgia”. Vergara.
- Paul Larivaille, “La vida cotidiana en la Italia de Maquiavelo”. Temas de Hoy.
- Luis Racionero, “Florencia de los Médicis”. Planeta.
Espero que te sean útiles. Un saludo.