oficio de tinieblas

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En las noches difusas

Publicado por jcarlosrf el 10 Mayo 2007

 En una noche estrellada, se encuentran azarosamente, una chica de historia, un matemático demente, un filósofo amante de la noche y una artista que va a exponer, en una galería de la ciudad, su obra, titulada: “Podredumbre de los instantes imaginativos”. Comienzan una tertulia, alrededor de una mesa, intentando esclarecer el concepto de “Tiempo”.                             

 -LA HISTORIA: El comienzo del año civil es un concepto convencional, los romanos empezaban el año en Marzo y lo terminaban en Febrero. Más adelante y en algunos países comenzó el 25 de diciembre. Cuando se consideró el comienzo del año en enero, los nombres originales de los meses se conservaron, con lo que octubre, noviembre y diciembre pasaron a ser los meses décimo, undécimo y duodécimo del año, cuando lo que significan etimológicamente es el octavo noveno y décimo respectivamente. También es convencional la elección del comienzo de la cuenta de los años, es decir, establecer la era. El comienzo de la cuenta de los años desde el nacimiento de Jesucristo fue propuesto por Dionisio en el año 525 de nuestra era y se empezó a utilizar a partir del siglo VIII. El establecimiento de doce meses en el año y de siete días en la semana, aunque tiene fundamentación  astronómica es, no obstante, también convencional y se conserva hasta la fecha por tradición.El calendario Juliano (antecesor directo de nuestro actual calendario fue propuesto por Julio César en el año 46 de nuestra era. La discrepancia entre el año medio Juliano y el año trópico se fue acumulando, año tras año, y alcanzo la cifra de 10 días cuando, en 1582 y por motivos religiosos, el papa Gregorio XIII propuso reformarlo. Nacía el calendario Gregoriano.La reforma consistió fundamentalmente en:

1.- Después del 4 de octubre de 1582 fue prescrito considerar no el 5, sino el 15 de octubre. Con lo que no han existido los días 5 de octubre de 1582, ni el 6 de octubre, etc

.2.- No considerar en el futuro bisiestos los últimos años del siglo en los que los dos primeros dígitos no se dividan por 4. No han sido bisiestos los años 1800,1900, el año 2000 fue bisiesto.

-MODERADOR: La matemática lleva un tiempo con ganas de intervenir le cedemos la palabra.

-LA MATEMÁTICA: La reflexión que hace ” la historia ” sobre el tiempo es interesante pero no considera el tiempo en si mismo sino con respecto a nuestras mediciones; a mi me gustaría considerar el tiempo en si mismo.

El tiempo se nos presenta como algo que va pasando: un presente se va haciendo pasado y va yendo a un futuro. Estas tres partes se hallan dotadas de una intrínseca unidad. Esta unidad es lo que expresa el vocablo “pasar”. En su pasar el tiempo constituye una especie de línea, la línea del tiempo. El concepto descriptivo del tiempo no es sino la descripción del tiempo como línea, y las partes del tiempo son los puntos de esa línea. La disposición de las partes del tiempo, de los momentos entre si, tiene tres tipos de caracteres. Unos se refieren a la conexión de los puntos del tiempo entre sí; otros se refieren a la dirección que tiene esta línea; otros, finalmente conciernen a su medida. Son, en definitiva los tres tipos de caracteres que posee una línea espacial. Toda línea posee una interna conexión de puntos .De ella se ocupa la topología. Tiene, además, una cierta dirección; de ella se ocupa la geometría afín. Finalmente, posee una medida de la distancia entre dos puntos; es el objetivo de la geometría métrica. Resumiendo, el tiempo tiene continuidad; este continuo lo concebimos naturalmente como abierto, como una línea infinita sin carácter cíclico, pero ordenada. En este continuo la línea del tiempo tiene una dirección fija: es un irrepetible e irreversible ir desde un antes hacia un después. Finalmente, esta línea así dirigida posee, por su propia índole, caracteres metrizables.

-MODERADOR: Veamos si la filosofía nos puede decir algo mas tangible siguiendo el punto de partida de nuestro análisis.

-LA FILOSOFÍA: Para comenzar me gustaría citar un texto de Agustín de Hipona que dice así:

” ¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé. Si quisiera explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé.  Lo único que digo con seguridad es que sé que si nada pasara, no habría tiempo pasado, y si nada viniera, no habría tiempo futuro, y si nada existiera, no habría tiempo presente. Pero esos dos tiempos, el pasado y el futuro, ¿ cómo pueden existir, si el pasado ya no existe y el futuro todavía  no existe? ¿Y cómo decimos que existe el presente, si su razón de ser consiste en dejar de ser, de modo que en realidad no podemos decir que existe el tiempo sino en cuanto tiende a no existir? “

 Estas reflexiones creo que tienen que ver con el tiempo de la vida humana. El ser  humano está en cada instante en una situación que le plantea unos problemas y los intenta resolver con las posibilidades que uno dispone. Y con esas posibilidades  se forja el proyecto de una nueva situación. Así es como el hombre va haciendo el trazado de su vida. La realización de este proyecto va cambiando las situaciones; cada situación vuelve a plantear otro problema, y se va constituyendo así la urdimbre de la vida humana. Así las cosas que yo he hecho antes desde el punto de vista de los proyectos, han desaparecido como realidades. Pero perviven de una forma concreta: han decantado en mí las posibilidades de que yo voy a disponer en la situación siguiente. La posibilidad es la forma como el pasado pervive en el presente. Desaparece como realidad, pero ha decantado las posibilidades.El pasado es ciertamente lo que ya no es real , pero es algo que pervive en el presente en forma de posibilidad .En cuanto al futuro , no es aquello que todavía no existe , sino aquello que es un porvenir con el que mas o menos yo cuento y que va viniendo hacia mi en función de mis posibilidades y deseos .No pasa el tiempo quienes realmente pasamos somos nosotros, por eso el tiempo de la vida no es algo que va sucediendo ni algo que va durando sino algo que va pasando .

-MODERADOR: El lector de estas líneas puede pensar que está perdiendo el tiempo, acabemos nuestro discurso con la opinión del arte.

-EL ARTE: En el arte todo lo que implica espacio y tiempo es puro cine y pura ilusión. Las obras de arte como el cine ni siquiera se mueven: sólo parecen hacerlo. Sacamos las entradas cuando aceptamos creer en la realidad del tiempo. Puedo coger un carrete de película y allí está todo concluido y completo: el comienzo, la mitad y el final. La película existe independientemente del tiempo que registra, sabes lo que va a suceder antes de entrar en el cine: lucha y emociones, amor, ganadores y perdedores. Pero para disfrutarlo, debes introducirlo en un proyector y dejar que corra frente al objetivo segundo a segundo…para experimentar cualquier ilusión necesitas (valga la metáfora) dibujar el tiempo. 

Noción curiosa el tiempo y el debate que suscitó aquella noche…

José Carlos Rivera

  

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Ladrón de libros

Publicado por jcarlosrf el 3 Febrero 2007

                                              LADRÓN DE LIBROS 

A finales del curso 95-96, me dirigí a la biblioteca para coger algún libro de Nietzsche, necesitaba los libros para hacer alguna lectura en clase de los textos más representativos del filósofo; tenía en mente algún pasaje de ” Así habló Zaratustra “, ” Crepúsculo de los ídolos” o “Más allá del bien y del mal”. Subí a una silla -los libros se encontraban en la última balda-y me puse a buscarlos, pero no estaban. Lo que más me sorprendió fue que no solamente no estaban los libros buscados, sino que no había ningún libro de Nietzsche.

De inmediato, me dirigí al libro de registros para averiguar quién o quiénes eran los adeptos lectores que habían entrado en comunicación con los libros, quiénes eran aquellos que buscaban la verdad para alumbrar el conocimiento de sí mismos .Quería saber quiénes eran los iniciados que habían recibido los consejos más sabios y se habían dejado seducir por un pensamiento diferente y que, para entenderlo, tendrían que esforzarse, y esto les proporcionaría también un mayor placer. Mi mente divagaba con estos pensamientos, cuando descubrí que no había ningún libro de Nietzsche registrado, por lo que deduje que los tenían que haber robado.

Me puse en contacto con la bibliotecaria, se llamaba Amanda[1], tenía el pelo negro y largo, sujeto en un moño sobre la nuca, sus ojos eran verdes, mentón fuerte. Un rostro de mujer adulta. Le conté lo sucedido.

-Me dijo- ¿sospechas de algún alumno?

-No- le contesté.

-Entonces, tendremos que indagar.

 Pusimos en marcha un plan que consistía, por una parte, en no entregar las fichas de selectividad a los alumnos de 2° de bachillerato, hasta que no se devolviesen los libros. La segunda parte del plan consistió en contar a los alumnos, en las clases, que el departamento de filosofía contaba todos los años con un presupuesto reducido de dinero para necesidades bibliográficas y que si no se devolvían los libros, habría que volver a comprarlos y, consiguientemente, la biblioteca se empobrecería, debido a que no se podrían comprar libros nuevos. Además, se les tocó un poquito el corazón, al decirles que la biblioteca era de todos y que quien sustraía un libro, hurtaba algo a cada uno.

Creo que el discurso ético cuajó mucho más que la amenaza de no entregarles las fichas; ésta última la consideraron un farol.

Fueron pasando los días y ningún libro se vislumbraba en el horizonte, pero tampoco entregábamos las fichas para la selectividad, que estaba cerca.

La bibliotecaria convocó una reunión con los alumnos de 2° de bachillerato en la que, entre otras cosas, les dijo:

-”Si no aparecen los libros, os tendré que entregar al final las fichas para la selectividad, pero el tribunal que os corrige selectividad se va a enterar que algunos alumnos de este centro sois unos chorizos (claramente era un farol).

A los pocos días de la “arenga” de la bibliotecaria, comenzaron a aparecer los libros de las formas más inverosímiles que se pueda imaginar.

El primero en aparecer fue “Ecce homo”, que es una peculiar autobiografía de Nietzsche, escrita cuando tenía cuarenta y cuatro años de edad.

¿Sabéis dónde apareció? En
la Biblioteca Pública Municipal. ¿Sabéis por qué?

La calle que conduce a la misma se llama ” Ecce homo”, y además, ” el ladrón” metió dentro del libro una hoja que decía:

“Creo recordar haber leído que el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque, por consiguiente, creo que el mejor lugar para perder un libro es dejarlo en una biblioteca”.

El segundo y el tercer volumen aparecieron en la puerta del instituto, los recogió el bedel cuando llegó a las 8 de la mañana. Los libros eran “Aurora” y ” Crepúsculo de los ídolos”, también llevaban unas anotaciones en su interior:

“¡Adivinad! ¿los dejé por la mañana o por la noche? Este acto ha sido el despertar de un ensueño. Antaño, hubo hombres sabios y filósofos que creyeron en la armonía de las esferas; hoy sigue habiendo hombres que creen en el valor moral de la existencia. Me desperté y caí en la cuenta de que mis oídos habían estado soñando. “

El cuarto libro, “El anticristo”, apareció encima de la mesa del profesor en una clase de ética de 4°. Pregunté a los alumnos ¿quién ha dejado aquí este libro? Su silencio fue la respuesta. El libro estaba allí cuando los alumnos entraron en clase. En la portada del libro estaba escrito un aforismo:

“El drama de los creyentes llega cuando descubren que Dios es ateo.”

[Pasaron dos días y no apareció ningún libro más. Mis meditaciones y mis sospechas me conducían a un alumno, se llamaba Abelardo, pero no tenía pruebas para acusarlo. Así que volví a dar sermones en las clases sobre la necesidad de que aparecieran; entonces, surgió algo inesperado, una alumna me dijo:

-” Yo sé quién tiene uno pero no puedo decir quién es”.

Le animé a que lo consiguiera y le prometí no indagar en la identidad del poseedor o poseedora del libro.

Al día siguiente recuperé ” Así habló Zaratustra “; no traía ninguna anotación.

Solamente faltaba por recuperar “Consideraciones intempestivas”. Hablé con la bibliotecaria y le dije que casi estaba seguro de quién lo podía tener. Urdimos un nuevo plan: consistía en citar a Abelardo en el departamento de filosofía y decirle que le habían acusado unos alumnos de la posesión del libro.

Al día siguiente pusimos en práctica el plan. Cité a Abelardo a la hora del recreo, y en presencia de la bibliotecaria le imputamos el hurto del libro, le conminamos a devolverlo a cambió de no tomar ninguna represalia contra él; la cara de Abelardo atravesó todos los colores del arco iris, pasó en décimas de segundo del violeta al rojo y muy nervioso dijo:” Yo no lo tengo pero sé quién lo tiene”. Dos días después el libro estaba en mis manos.

Esta historia, que como podéis observar, tuvo un final feliz, fue una de las más bellas que me ha ocurrido en mi vida como docente, y lo más interesante es que no acaba aquí, ya que Abelardo no fue el ladrón; las apariencias engañan.

Durante el período estival me encontré con Paracelso, uno de los mejores alumnos que tuve en Ribadesella, llevaba un libro en la mano que se titulaba ” El Loco”, del famoso poeta libanés Gibran Khalil Gibran. Me lo tendió y dijo:

-” Te lo regalo, es un libro robado de la biblioteca pública municipal. El que robó los libros de Nietzsche no fue Abelardo sino yo. Lleva una nota en su interior. Léela.”

Me quedé completamente estupefacto, nunca se me habría ocurrido sospechar de Paracelso, era un alumno modélico

La nota decía literalmente:

Siempre he apreciado el gran placer del hurto y la picardía: ¡Admirados sean aquellos que roban lo que necesitan, lo que les pertenece!Maldito y misterioso ha de ser aquello que cacemos: ¡Ay de quienes no escojan concienzudamente sus pertenencias!¡Para convertirse en un verdadero ladrón, en el zorro de los zorros, es necesario elegir con inteligencia nuestro pequeño tesoro!¡Ay de aquellos que se hundan en la codicia! serán éstos los que vendan su alma al pecado divino. ¡Ja, ja!Nuestra víctima el efímero dominador, debe ser un sagaz animal superior e insaciable; así de este modo la recompensa obtenida se incrementará gratamente.¡Ay de aquellos que caigan en el arrepentimiento, en la duda o en la inseguridad! Yo mismo me encargaré de expulsarlos del Círculo.¡Vamos hermanos, rompamos los viejos mandamientos! ¡El siete siempre ha sido mi número predilecto!¿Qué pretendes? ¿A dónde quieres llegar ser superior? ¿Me utilizas? Si, quizá sea eso. Soy un simple juguete para ti, un experimento más de tu hechizo Dionisiaco.Pero tu hora ha llegado, te has encontrado con el peor de tus enemigos: contigo mismoPuede que te haya juzgado mal o equivocadamente. Si, probablemente, pero no me arrepiento por ello. Eres inteligente y superior. Si, lo eres maldito. Sin embargo, hay alguien que te puede traicionar, aquel que te engaña y te delata: tu rostro, tu cuerpo, tu ser. Ese eres tú.No pretendas que siga tus caminos porque nunca serán los míos .Nunca conseguirás engañarme; porque aunque yo jamás alcanzaré tus metas, ni me alce en ésas, tus montañas. Soy aquel que llega a pensar en todo, pienso lo bastante como para creer que no eres un traidor, sino un gran hombre, al cual yo he juzgado mezquinamente. Pero como hombre confundido que soy, debo dejarme llevar por el instinto, y por ello pretendo alejarme de ti, hombre superior; porque soy lo “suficientemente capaz ” de saber que nunca llegaré a alcanzar tus pensamientos, por ello me asustas y me equivocas”.

Han pasado casi cinco años del acaecimiento de estos hechos.

Paracelso y yo somos dos buenos amigos, le dedico estas líneas para que queden en los anales del I.E.S Avelina Cerra.

José Carlos Rivera Fernández. Profesor de Filosofía del I.E.S. Rosario Acuña



[1] Los nombres que aparecen en el relato son ficticios

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