EL premio nobel de la paz y la caja de Pandora
Publicado por jcarlosrf el 14 Octubre 2009
El premio Nobel de la paz es pura dinamita.
Eduardo Mazo
Cuando los antiguos griegos no sabían explicar algo, recurrían a las narraciones fantásticas que les ofrecían los mitos. En ellos encontraban la respuesta a los enigmas más acuciantes. A mi me ha pasado lo mismo que a los antiguos griegos. Cuando me enteré que el premio Nobel de la Paz se ha otorgado a Barack Obama, me quedé estupefacto y perplejo no encontrando una respuesta lógica y racional del por qué de esa decisión y he buscado respuesta en el mito.
Sé, desde hace años, que los premios no se otorgan siempre al que realmente los merece, sobre todo si no entras dentro de lo políticamente correcto, dado que en la concesión de un premio, sea el Anagrama de Ensayo, el Cervantes, El Planeta o cualquier concurso de pintura; entran en juego el prestigio que tengas, lo conocido que seas, las amistades que adquieras dentro del círculo de críticos y en este caso, el más controvertido y paradójico de todos, el premio Nobel de la Paz es un premio particularmente político.
Muchos de los galardonados y nominados han sido individuos que más que contribuir a la paz han incendiado alguna parte del mundo.
Recordemos los casos de Roosevelt, que gano el premio en 1906 y fue el artífice de la revuelta de Panamá para que consiguiera la independencia de Colombia, y así poder construir el canal y poder mangonearlo a su gusto los estadounidenses. También ocupó Cuba y construyó la base militar de Guantánamo en 1903, donde los Estados Unidos-en la época actual- tienen un centro de tortura institucionalizada para “combatir el terrorismo”, saltándose todas las leyes del estado de derecho.
Quién no recuerda a Henry Kissinger, ganador del premio en 1973, que apoyó el golpe de Estado en Chile, en Uruguay y se le relacionó con los desaparecidos en Argentina. Todo un “pacifista”.
También fueron nominados Hitler en 1939, antes de empezar la segunda guerra mundial y Stalin en 1945, al acabar la guerra. Ambos “excelentes personas donde las haya”.
Entonces, ¿Qué razones han llevado al comité que decide los Nobel para entregárselo a Obama, un presidente que acaba de comenzar su cargo? Según declaraciones textuales del comité:” Hemos otorgado el premio Nobel de la Paz al presidente Obama por la apuesta decidida por un mundo sin armas nucleares”.
A mi no me parece demasiado convincente su argumento, Obama aún no ha hecho nada, salvo, claro está, declaraciones de buenas intenciones. Veremos si una persona puede imponer su visión, teniendo en cuenta que la industria bélica estadounidense mueve muchos millones de dólares y tiene muchísimo poder económico, el que realmente mueve los hilos del mundo.
No olvidemos que el director de la fundación Nobel, desde 1972 hasta 1992 fue el asesor de la corporación Rockwel, fabricantes de superbombarderos y los sistemas de encendido de los misiles nucleares, entre otras empresas de ingeniería de sistemas.
Pues bien, ante la duda que me invade yo prefiero buscar la respuesta en la mitología, veamos lo que nos dice el mito de Pandora.
Cuenta el mito que Pandora, mujer creada por el Dios Zeus-para castigar a Prometeo, el que robó el fuego a los Dioses para entregárselo a los hombres- llevaba consigo una caja, que Zeus le había prohibido abrir, la cual contenía todos los males capaces de contaminar el mundo y también algunos bienes. Pandora, mujer curiosa, abrió un día la caja y salieron todos los males: la envidia, los rencores, las guerras, los odios, la pobreza etc. Pandora, al ver la que había armado, cerró la caja y en ella quedó apresada la esperanza…
Esperanza es lo único que veo en El presidente Obama, tal vez ese es el motivo y la única razón de su galardón. Esperanza para un mundo incendiado por los males y los desafíos que tiene planteado el planeta en este siglo convulso.
Aunque soy escéptico apasionado, creo también que los seres humanos podíamos hacer del mundo una cabaña más habitable.
¡Presidente Obama! ¡ADELANTE! Al final de la caja de Pandora queda la esperanza.
J.Carlos Rivera Fernández. Profesor de Filosofía
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