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Semántica de la felicidad

Publicado por jcarlosrf el 8 Marzo 2010

                          SEMÁNTICA DE LA FELICIDAD _______________

 

La manera de conseguir la felicidad es haciendo felices a los demás.

                                                                              Baden-Powell

 

¡Feliz nochebuena! ¡Feliz navidad! ¡Feliz nochevieja! ¡Feliz año nuevo!… son expresiones que se repiten por doquier en estas fechas. A mi las navidades me resultan tristes, demasiado artificial y mercantil el hecho de que todos debamos de estar felices a la vez, como si fuéramos un rebaño de borregos. Además, cuando se desea a todo el mundo algo es porque se carece de ello. Pensemos en los solitarios que estos días se sentirán solos porque no tienen a nadie con quien cenar. Pensemos en  los pobres, de esta sociedad de consumidores, a los que se considera inútiles y se les abandona a su suerte porque no son consumidores activos de los productos y servicios del mercado. Pensemos en las familias que han perdido algún familiar cercano, pensemos en los que están viviendo en una residencia, en contra de su voluntad, porque allí los ha llevado la familia y en todos los que no comprenden estos deseos de felicidad, hipócritas algunas veces. No me gusta la felicidad y la alegría que no son genuinas, auténticas, de verdad.

La vida moderna, en las sociedades occidentales, está llena de tradiciones sin esencia, vivimos atrapados por el ansia de ser felices que siempre nos sortea, porque la felicidad es un invento de la cultura. Somos dialéctica entre el animal que somos y el animal cultural que es un constructo; si fuésemos sólo animales, la felicidad se alcanzaría sólo con lograr sobrevivir, con hallar un sitio donde vivir , con conseguir la comida que necesitamos, con tener salud y sentirnos llenos de vida.

 

Si analizamos un poco la historia veremos que en los albores del cristianismo, la felicidad sólo se alcanzaría en un más allá metafísico, pues este mundo no es más que un valle de lágrimas, un lugar donde viviremos nuestras desdichas y donde nunca alcanzaríamos el placer verdadero. Las satisfacciones que nos puede dar la existencia son pura vanidad.  Lo bueno vendrá después de la muerte, como recompensa a los sufrimientos que padeceremos en la vida.

A partir de los siglos XVIII y XIX  con la Ilustración  y  la Revolución francesa se introdujo el derecho que teníamos a ser felices en este mundo, aquí y ahora. Thomas Jefferson en 1776, en la Declaración de Independencia de Estados Unidos, escribió que: “a todos los hombres se les debe garantizar los derechos inalienables de la vida, la libertad y la búsqueda de la Felicidad”. El progreso construiría un paraíso en la tierra, decía Bentham que: las acciones se aprueban o desaprueban según la tendencia que muestren en aumentar o disminuir la felicidad. Las acciones son buenas en la medida que aumenten la felicidad del mayor número posible.

También el Marxismo pensó que llegaría el fin de la prehistoria humana mediante la lucha de clases, donde alcanzaríamos la felicidad mediante un “régimen de producción que estaría al servicio del hombre y no el hombre al servicio del régimen de producción”.

En el mundo actual parece que ese derecho a la felicidad del que hablaban las utopías, se ha convertido en un deber. Tenemos el deber se ser felices, no serlo sería un imperfección, tenemos que estar bien, pasarlo opíparamente, ver las cosas de manera optimista; estar alegres, dichosos, eufóricos y …sin embargo, parece que la realidad es mucho más prosaica y cada vez la gente está más deprimida, más vacía, más triste. Por eso, la mayoría de los intelectuales han tratado el tema de la felicidad, sospechando que no somos tan felices como deberíamos ser.

 

¿Por qué no funciona la correlación a más ingresos económicos, mayor felicidad?

No será que la mayoría de los bienes que incrementan la felicidad no se pueden comprar en las tiendas y no tienen valor mercantil. No será que la felicidad tiene un significado que hemos confundido y que para definirla tenemos que recurrir a otras variables distintas a las que hemos pensado que la definían, la delimitaban, la acotaban. Veamos.

 

La felicidad-eudaimonía en griego- significa florecimiento, Aristóteles decía que todo el mundo quiere “florecer” y para ello hay que cultivar las virtudes. ¿Pero qué es una virtud? Es una pauta de conducta y un sentimiento: una tendencia a actuar, a desear de maneras particulares.

Pues bien, creo que es difícil encontrar el amor y la amistad en el consumo, al que nos llaman, en estas fechas, los centros comerciales; tampoco se puede comprar la satisfacción que nos procura el ser solidarios con los demás; ponernos en la piel del  otro, cuando me pregunto ¿qué debo hacer? La autoestima tampoco es un bien sujeto al dinero y es fundamental cultivarla para sentir que hemos hecho un buen trabajo.  Relacionarnos con los demás como decía Kant:”como fines en si mismos y no como medios para tus fines”…en fin, la felicidad consiste en sopesar los medios con los que contamos para alcanzar los fines que perseguimos que no deben ser los que nos impone el mercado capitalista. Cuanto menos ofrezcamos a los demás los bienes  que el dinero no puede comprar, más los sustituiremos por otros que se puedan comprar y más profunda será nuestra infelicidad.

 

Para acabar con estas reflexiones se me ocurre que cuando deseemos a los demás “felicidad” para el nuevo año 2010, signifique:

-         Que no estamos en la vida para ser felices sino para buscar la felicidad.

-         Que cuando consigamos lo que creíamos que nos daría la felicidad, sigamos poniéndonos otras metas y seamos capaces de ver otros horizontes posibles.

-         Que si hiciésemos de la felicidad un cociente- como la define E. Punset en su estupendo libro “ El viaje a la felicidad”- entre un numerador, donde aparecen los factores que incrementan la felicidad y un denominador, donde aparecen los factores que reducen la felicidad. Éstos serían:

 

En el numerador:

-         Rodearnos de emociones positivas en el comienzo y al final de un  proyecto

-         Disfrutar mucho de la búsqueda y de la expectativa.

-         Incrementar nuestras relaciones personales y cuidar a los amigos.

En el denominador:

-         No desaprender lo aprendido.

-         Que tengamos miedo a emprender nuevas experiencias antes de comenzarlas.

-         Influencia  desfavorable del adoctrinamiento grupal.

 

¿Has florecido querido lector?

 

 

J. Carlos Rivera Fernández. Profesor de filosofía.

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