oficio de tinieblas

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Facebookmanía y googelcontrol

Publicado por jcarlosrf el 12 Julio 2010

  

   Era viernes, había quedado con nadie para salir; como me hubiese gustado estar con alguna chica para tomar unos vinos y cenar por ahí, empecé por abrir mis correos electrónicos varias veces, por si tenía alguna cita; posteriormente envié tres mensajes con el móvil a las mujeres que se me escaparon y no lo saben, como ninguna de ellas respondió a mis requerimientos de compañía, decidí sumergirme en el facebook para ver si había alguien al otro lado del modem.

  Curioso invento el de las redes sociales para romper el aislamiento- en esta sociedad fragmentada- que aqueja a una gran mayoría de las personas que buscan vida social sin tener que comprometerse demasiado. Siempre fui remiso a este tipo de tecnologías de la comunicación, hasta que un día, mi amiga Mirta creó una cuenta para mí, con el propósito de poder intercambiar fotos y disponer de ellas. A partir de ese momento me convertí en un adicto a las redes sociales, me entró la facebookmanía y mi rostro se volvió macilento al no recibir más luz que la irradiada por la pantalla.

   Los seres humanos somos individuos en un equilibrio inestable y por eso tenemos gustos por unas cosas y aversiones por otras. El éxito que están teniendo las redes sociales estriba en que los individuos muestran en ellas su intimidad, es decir sus inclinaciones.

   Somos alguien, en tanto en cuanto, tenemos inclinaciones, y  quien revela su intimidad  en internet está mostrando sus puntos flojos o sus debilidades; pero todas mis locuras o vergüenzas, mis pasiones, mis instintos, mis flaquezas etc. tienen su fundamento en la fragilidad de nuestra vida que nos da fuerza para seguir viviendo, porque siempre terminamos no siendo idénticos a nosotros mismos. Lo que hace falsa mi intimidad es aparentar una identidad estable, sin debilidades. La intimidad nos impide ser idénticos.      

  “El ser de las cosas consiste en ser percibidas”, decía Berkeley en el siglo XVIII; traducido al siglo XXI: si no estás suscrito a una red social entonces no existes. Muchos seres que están, o se encuentran solos, necesitan, para mantener cualquier tipo de relación pública o social, exponer su intimidad y echarla a perder convirtiéndola en un sucedáneo de información privada. Hemos transformado  nuestras relaciones interpersonales en mercancías de supuestos secretos privados, “haciendo explícito lo implícito como nueva regla de oro de la comunicación”, decía José Luis Pardo.

   Pero claro, estas nuevas tecnologías que nos permiten citarnos y comunicarnos con conocidos y desconocidos están comandadas por el mercado, entrelazadas con el turbocapitalismo del siglo XXI, que necesita de individuos que funcionen de una determinada manera para abastecer sus engranajes. Millones de usuarios las utilizan para exponer públicamente su intimidad, sus fotos, sus contactos, sus vacaciones, sus amigos o conocidos. Son como un confesionario de palabras e imágenes que están en el ciberespacio, para ser percibidas por cualquiera que quiera husmear; a golpe de clic.

   Lógicamente, estos espacios de la Web 2.0, aunque son interesantes, se han convertido en un laboratorio para experimentar y perfilar nuevas formas de ser y estar en la vida. Pero, ¿qué hay detrás? ¿Saben, los lectores de este artículo, que el valor de Facebook se calculó en quince mil millones de dólares? ¿Saben que cuenta con más de sesenta millones de usuarios? ¿Saben que Google y Microsoft se disputaron la compra de una parte mínima de su capital, ganando Microsoft la puja?

    Pues bien, lo que hacen estas redes sociales es convertirnos a cada uno de nosotros en instrumentos de marketing para compañías que venden productos en Internet. La publicidad recurre a los datos personales de los perfiles de los usuarios con el fin de que cada uno reciba publicidad acorde con las inclinaciones del consumidor. Nuestras vidas aireadas en la red son aprovechadas como objeto de consumo.

   Pero volvamos al principio del relato…como había nadie al otro lado del modem, me  dediqué a buscar información, bajé un par de discos de jazz, entonces me di cuenta que todo lo había hecho a través del buscador Google. ¡Horror! Estaba dejando un rastro sobre mis inclinaciones; dado que a partir de la dirección IP (es como el número de teléfono del ordenador) es posible averiguar la situación geográfica del internauta, reconocer el navegador y el historial de las páginas web visitadas. Datos que almacena Google, aunque yo los borre del historial de navegación de mi ordenador. Como además, utilizo como correo electrónico Gmail, cuando abro las páginas web, citadas anteriormente, el buscador lo ha hecho con la identidad de mi correo electrónico, por consiguiente, Google sabe quién soy.

    Ojo, querido lector, Google es un “Gran Hermano” que sabe de nosotros más de lo que nos podemos imaginar. Es nuestro espía que sabe sobre nuestras ocultas inclinaciones. Aunque, si únicamente en la soledad somos lo que auténticamente somos, nuestra relación con los demás estaría  caracterizada  por la falsedad; nuestra vida social sería la de la mentira y la hipocresía, de tal manera que nadie muestra su ser auténtico. Nuestra intimidad personal sería lo que no revelamos habitualmente a “los otros”. Las alusiones personales, que aparecen en este artículo sobre mi, son ficciones. Muchos individuos mienten al narrar sus vidas en la Web, muchas confesiones exhiben intimidades inventadas. Las conexiones que establecemos con “los otros”, desde nuestra facebookmanía, intentan llenar el vacío de los antiguos vínculos comprometidos, estables; donde no importaba tanto la visibilidad como la autenticidad. Potente problema filosófico: ¿Qué es más importante lo virtual o lo real? ¿La esencia o la apariencia? ¿El ser o el estar? ¿Lo verdadero o lo falso?  En cualquier caso, son transformaciones en marcha sobre las que tenemos que reflexionar, para ver los fundamentos del nuevo mundo de las relaciones propiciadas por las “nuevas tecnologías”.

José Carlos Rivera Fernández. Profesor de Filosofía

  

      

  

  

  

   

 

 

          

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