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Artículos de Enero 5th, 2012

Mercaderes del hambre

Publicado por jcarlosrf el 5 Enero 2012

MERCADERES DEL HAMBRE

 

   Veo que Somalia vuelve a aparecer en los medios de comunicación, pero esta vez no es por un asunto relacionado con la piratería en el Índico, sino porque  padece una grave escasez de alimentos.

Me viene a mi memoria asociativa la imagen que tengo de cuando era niño, de aquellos domingos,  en plena dictadura tardofranquista, que se celebraba el día del Domund (Domingo mundial de las misiones) en el que se recogían donativos por medio de huchas, que luego se depositaban en una mesa que se ubicaba en la plaza del pueblo. La mesa estaba presidida por cuatro o cinco mujeres,  enjoyadas de oro hasta las cejas y algunas vestían abrigos de pieles; eran las señoras de los caciques del pueblo. La mujer del alcalde, la de algún terrateniente, alguna viuda, cuyo marido había muerto en la guerra civil (en el bando de los vencedores), la mujer del farmacéutico, etcétera, se encargaban de contar los donativos y luego dárselos a la iglesia para ayuda a las misiones.  Las imágenes de los pasquines de aquellos tiempos son las mismas que aparecen hoy: seres famélicos, con la tripa hinchada, con piernas que parecen palos, con su cara llena de moscas, algunos bebés llorando, intentando succionar un poco de leche del pecho de su madre. Y yo me pregunto ¿es esto el tan cacareado progreso y desarrollo que prometían los profetas de esa palabra- fetiche denominada  “globalización”?  

   La tierra aunque no dispone de recursos ilimitados, sino todo lo contrario, todavía puede alimentar a la humanidad. Los alimentos nunca han sido tan abundantes como ahora y sin embargo cada año unos treinta millones de habitantes de este planeta mueren de hambre. Treinta millones. En un mundo en el que podemos viajar a cualquier parte en cuestión de horas, o en un par de días, y en el que las transacciones financieras que realizan los mercados tardan unos segundos en ir de un lado a otro del planeta, tecleando una orden en el ordenador,  ¿cómo es posible, después de tantos años, que esto siga ocurriendo? No es un problema debido sólo a la escasez de las lluvias, sino a las contiendas civiles perpetuas en las que los denominados “señores de la guerra” convierten en hambrientos a sus propios pueblos para que mediante la compasión internacional, se conviertan en una fuente de dinero y de alimentos que envían las organizaciones humanitarias y que nunca llegan, o muy escasamente, a sus destinatarios, sino que quedan en manos de los poderosos y así acrecientan aún más su poder.

   La diplomacia internacional no puede reducirse sólo a intentar pacificar estos países y enviar alimentos a los famélicos. Tiene que mover otras fichas, dar soluciones a la pobreza, a la degradación medioambiental, a la falta de agua y a la hambruna crónica.  La comunidad internacional tiene que colaborar con estos países perforando pozos en  los acuíferos, canales para el riego en los ríos, trasvasar agua de unas zonas a otras; en otras palabras, infraestructuras para el transporte, carreteras, medios de comunicación y asistencia técnica, lo mismo que tenemos en los países desarrollados. Si además se creasen servicios sociales básicos, como la sanidad y se alfabetiza a su población, con muy poco dinero, solamente con que se cobrase un porcentaje ínfimo, mediante una tasa  a las transacciones financieras, que mueven diariamente miles de millones de dólares, se podría elevar el nivel de vida de estas poblaciones, para que pudiesen tener un desarrollo sostenible y erradicar el hambre. Pero claro, para ello hace falta dotar de poder al Estado y no al mercado, para que éstos rindan cuentas en la aplicación de políticas dirigidas a concretar las inversiones en la agricultura, la ganadería y en las infraestructuras que necesitan estos países. De lo contrario, se seguirán viviendo hambrunas permanentes en estos países con estados fallidos. Si además los precios de los productos agrícolas siguen aumentando, debido a varios factores, entre los que podemos destacar fundamentalmente dos. En primer lugar la especulación financiera de los mercados, que mediante los fondos de inversiones y de pensiones se han dedicado a invertir en productos alimenticios básicos, como son el trigo, el arroz, el maíz y la soja, cuando dejaron de invertir en las inmobiliarias o en la energía. Estos fondos compran y almacenan  productos alimenticios básicos hasta que suben de precio de manera desorbitada, lo que les procura pingües ganancias, mientras los seres humanos más pobres encuentran dificultades para abastecerse de lo básico. Esto provocó revueltas en México en 2007 por el alza de precios del maíz y recientemente algunas revueltas árabes han sido inducidas, entre otras muchas cosas, por el precio desorbitado del pan. En segundo lugar, no debemos olvidar el hecho de que una parte importante de estos alimentos, tanto para el ganado como para las personas, se dedican a la fabricación de biocombustibles para los automóviles, con el objetivo de disminuir la emisión de gases contaminantes de los derivados del petróleo; con lo cual estamos quemando los alimentos que necesitan las poblaciones, por lo que los agrocarburantes no son la solución al problema de la energía.

   En consecuencia, el hambre que vive el Cuerno de África, y la jungla en la que se está convirtiendo el mundo del siglo XXI, donde cada vez hay más recursos pero cada vez aumentan más los parados, los que se quedan sin casa y los que carecen de las mínimas condiciones humanas, es debida a que determinados hombres someten al hambre a otros hombres. Comentaba Santiago Alba Rico: “el hambre es hoy una estructura, una ley, una mentalidad. El hambre de los que no comen y el hambre mucho mayor de los que no dejan de comer. La verdadera ideología de la globalización es el hambre: el derecho a comer ilimitadamente. Cosas de comer, cosas de usar y cosas de mirar: una frontera ininterrumpidamente borrada por el hambre capitalista de la globalización”.  

   Recordemos, por otra parte, a los piratas que abundan en esas aguas de Somalia y que asaltan grandes embarcaciones para pedir rescates millonarios por su liberación. ¿Cuál fue la solución que se llevó a cabo? Enviar fragatas para defender los barcos de pesca y dotarlas de armas y personal de seguridad  para repeler los ataques de éstos. Pero lo que no se dijo es que esos grandes barcos pescan mediante redes de arrastre, están esquilmando los océanos  y han dejado a los pequeños pescadores, que utilizaban técnicas artesanales, sin pesca para su sustento; con lo cual  muchos de ellos se ven abocados a la piratería para subsistir.

   En definitiva, el derecho humano a la alimentación, que se proclama en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, no puede quedar en mera retórica, en documento mojado. Debe ser un imperativo no sólo moral, sino económico y político de los estados prósperos. Tenemos que ponernos en la piel de esas personas hambrientas, que viajan con nosotros en este mismo planeta y aunque estén en las antípodas geográficas  nuestras, debemos fomentar una voluntad firme de solidaridad con ellas. Por eso debemos exigir a todos los mercaderes del hambre, otras maneras más justas de estar en el mundo, para que toda la humanidad pueda progresar hasta ese lugar, al que todavía no hemos llegado, que es la utopía.

 

      

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La Perala

Publicado por jcarlosrf el 5 Enero 2012

                                      LA PERALA

 

 

   Una ciudad es también el conjunto de sus locales míticos. “La Perala” es una asociación cultural, ubicada en un callejón del barrio de La Arena, situada entre la cafetería Don Pelayo y el balneario “Playa de San Lorenzo”, frente a la escalera número 13 de Gijón. Me cuenta la encargada que se fundó el 15 de Enero del año 2000. Nació como una asociación de pintores locales. La idea surgió una noche, en la que unos bohemios de la ciudad, tomando un café torero, pensaron que sería interesante tener un lugar donde reunirse para hacer tertulias, tomar unos vinos, cenar de vez en cuando y hacer alguna exposición de sus creaciones. Kiker, José Carlos y Esther se pusieron manos a la obra, y decidieron bautizar el local con el nombre de “La Perala”.

 Emilia Gómez, “La Perala”, fue un personaje histórico de Gijón. Cuenta la leyenda que era actriz, se pintaba, se adornaba con collares y vestía de una forma un tanto extravagante. Llevaba siempre con ella un carrito de la compra y actuaba en los jardines de la Reina, donde deleitaba a los pequeños, que se acercaban a ver sus números circenses.

   Durante varios años, la asociación cultural, que tomó el nombre de esa mujer, estuvo formada por el ambiente más bohemio y crápula de la ciudad. Pero la entropía-segundo principio de la termodinámica- es el estado de desorden que caracteriza a un sistema. En todo sistema aislado –en este caso un local- la entropía aumenta. La asociación fue decayendo; algunos de los contertulios murieron, otros emigraron, empezó a fallar la interacción entre los sujetos que la componían y fallaron los elementos nuevos y renovadores procedentes del entorno. En sus comienzos, abría todos los días; pero nunca fue un local con horarios al uso. El día y la hora que cuadraba a unos no cuadraba a otros, cuando alguno iba y lo encontraba cerrado, siempre quedaba el recurso de llamar por teléfono a la encargada, que probablemente se encontraría tomando una sidra por los alrededores. Los sábados no abrían, para que no se metieran en el local los guajes que paraban por el barrio, pero sobre todo, para que las personas de la asociación atendieran sus compromisos maritales. Al final hemos quedado sólo unos pocos contertulios que paramos por allí algún viernes.

   Comencé a parar por la asociación en el año 2004, descubrí el local de la mano de un amigo pintor, que me llevó allí una noche. Conocí a Esther, Jorge Tello, Javier Victorero, Adolfo P. Suárez, Fernando Labrador y en alguna ocasión puntual a Díaz de Orosia y Kiker; junto a otros personajes: Mireya la filósofa, Elena, Patri, Castro y César, el que siempre dice: “que cada vez que viene percibe algún objeto, o detalle nuevo, aunque lleve allí desde que se abrió”.

   En estos momentos, no somos muchos los “paxaros” que nos dejamos ver por “La Perala”, pero a todos y a todas, nos une el interés en cultivar nuestra amistad, conversar sobre las materias en las que tenemos intereses comunes y sentir placer penetrando en el interior de las cosas. Nuestros modos de pensar son disímiles, pero esta diversidad aumenta nuestra satisfacción al reflexionar juntos sobre algo. La cita tiene algo de compromiso laboral: trabajadores de la reflexión, inmersos en un mundo en el que predomina la incomunicación. Actividad semanal en la que se combina la lucha contra el tedio con el deseo de propiciar la esperanza. Suelen comenzar las tertulias con una exposición dubitativa pero a la vez clarificadora. Pronto, cada tertuliano, adopta un posicionamiento. La realidad está ahí y nosotros en ella, entendiéndola a nuestra manera, pero en ella. Una vez agotados todos los puntos de vista, sin ningún tipo de premeditación, se van superponiendo nuevos focos de controversia. Con frecuencia, se cuestionan acaloradamente, los más diversos temas, a veces, en un tono más elevado de lo deseable, de lo que dictan “las buenas maneras”. Es en esos momentos cuando sería necesaria la intervención de un moderador, que salvaguarde el equilibrio y mesura que caracterizan nuestras charlas.

No faltan en los debates el chiste y la anécdota como elementos plenos de sabiduría y verdad expositiva. Los contertulios necesitamos comunicarnos con la herramienta principal que nos separa de las demás especies, el lenguaje. Pero “La Perala”, no es sólo un sitio de  tertulia. Podemos encontrar, colgadas de sus paredes, fotos de personajes antiguos de Gijón, actrices y cantantes, que tuvieron su esplendor en un pasado no muy lejano; en especial recuerdo las fotos, envejecidas por el tiempo, de Victoria Vera, Luis Eduardo Aute y el hombre de las pérgolas.

   El local dispone de una segunda planta, donde se pueden ver pinturas de Jorge Tello y en el que se hacen exposiciones. En los últimos años Fernando Labrador nos sorprendía  con sus esculturas de cerámica. Este año lleva su exposición a la Fundación Alvargonzález, en Cimadevilla, te echaremos de menos, aunque sabemos que “La Perala”, siempre será tu nido.

   Hay noches en las que Jorge nos anima con su guitarra, pegando un repaso a viejos boleros. También escuchamos música de los grandes y las grandes divas del jazz y la bossa: Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, Frank Sinatra, Carlos Jobim, Vinicius de Moraes y de un cantante de Vegadeo, ya fallecido, Pachico. La música es la vela de la noche, la culpable de los distintos estados anímicos de los humanos, el eco de nuestra vida.

    Antiguo nido de bohemios, esos individuos, transeúntes del olvido, que ya no existen, porque su condición es un mito, su riqueza un enigma, que no se sabe dónde viven, porque no tienen lugar adónde ir; que son ricos hoy, hambrientos mañana; que cenan faisán y al día siguiente desayunan sus jodidas plumas.

   El viernes pasado nos resultó difícil acceder al local, estaba vallado, debido a  las obras que están realizando en el callejón. Lo que demuestra que es un local que no existe para los que pusieron las barreras, ni existe para todos aquellos que no saben que “La Perala” es uno de los legendarios sitios que quedan todavía en la ciudad de Gijón.          Estas líneas pretenden ser un homenaje a esos locales, que cambian nuestra manera de ver las calles de una ciudad, que tiene que guardar conciencia de su devenir, recordando sus estados anteriores.

 

  

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Nostalgia de Vegadeo

Publicado por jcarlosrf el 5 Enero 2012

                        NOSTALGIA DE VEGADEO

   El pasado mes de Junio visité de nuevo Vegadeo, aprovechando que se celebraba, como todos los años, su 48ª Feria de Muestras. Viví allí dos años por cuestiones de trabajo, y nunca pensé que sería un lugar al que me vería condenado a retornar cada cierto tiempo. El ser humano es un animal nostálgico porque ama lo que ha concluido. Mi paso por este pueblecito del occidente de Asturias fue breve y tal vez por eso, se ha convertido en mi mayor fuente de nostalgia.

   Cada vez que vuelvo me bombardean los recuerdos, la añoranza por un tiempo que ya pasó y  me vuelvo a descubrir a mi mismo paseando por la orilla del Río Suarón. El pueblo son los amigos, muchos de ellos antiguos alumnos, hoy, ya adultos, con los que compartí vivencias intensas. También es el paisaje, la nostalgia por la ría del Eo. Es la bruma que se mete en los atardeceres del invierno en ese paisaje mítico, de ensueño. He regresado a ese lugar al que pertenezco y se que pertenezco porque casi nunca hablo de él. Es el misterio de la distancia lo mismo que el del amor, lo que me permite asistir a una nueva iniciación en el ritual del yo, con una nueva identidad. Soy un yo más mayor que ha vivido, ha consumido sus años y ha adquirido más sabiduría o más desesperación. Cada viaje “me quedó con lo que importa y prescindo de lo superfluo. Cada vez es más lo superfluo, cada vez menos lo que importa. Cada vez es más lo que se deja, cada vez menos lo que uno lleva” por decirlo con palabras de Chantal Maillard.

   Regresar a Vegadeo es retornar al camino del Eros, viaje sentimental, esfuerzo inútil por recuperar lo vivido. Superar la finitud y la temporalidad por la infinitud y la eternidad.

   He vuelto a encontrar las bellezas de las mujeres que se me escaparon y no lo saben. Las bellezas acudieron de manera imprevista, me acecharon pero yo no sabía que me vigilaban. Por eso me cogieron desprevenido y sus ataques fueron arrolladores, bebí con ellas hasta el amanecer, charlamos ignorando la noche y mientras transcurría perdimos la edad y volvíamos a  ser aquellos jóvenes que teníamos toda la vida por delante. Y aunque no nos lo dijimos supimos que éramos felices porque amordazamos el tiempo. Y nos contamos historias llenas de “mentiras verdaderas”, con palabras errantes de viejos viajeros en un encuentro que fue ocasional. Mentiras llenas de Eros y de memoria cargada de recuerdos. Me dijeron: “no rompas nunca el vínculo que nos une, y que ha hecho que se creen estos lazos de afecto entre nosotros”.

   Eché de menos en mi recorrido por la noche el pub de Pachico, porque ya no existe ni el bar, ni el dueño. Pero quedan sus canciones y su aura, porque la música es la culpable de los distintos estados anímicos de los humanos. Las últimas investigaciones han revelado que la música, al actuar sobre el sistema nervioso central, aumenta los niveles de endorfinas, los opiáceos propios del cerebro, así como los de otros neurotransmisores, como la dopamina, la acetilcolina y la oxitocina. De las endorfinas se ha descubierto que dan motivación y energía ante la vida, que producen alegría y optimismo, que disminuyen el dolor, que contribuyen a la sensación de bienestar y que estimulan los sentimientos de gratitud y satisfacción sentimental.

   Experimenté mi ser presente en mi ser pasado, porque somos lo que fuimos; eterno retorno de un fluir indefinido y circular. Recordamos lo que fuimos a través de los otros que nos recuerdan y los recordamos como fuimos. Luchar contra el tiempo mediante los recuerdos, sustentos de lo que hoy somos, aunque sepamos que nuestra lucha está perdida porque los tiempos cambian y nosotros, los de antes, ya no somos los mismos.

   Estamos condenados con la constante obligación de unir un segundo al anterior y el siguiente. Nuestro “mundo” es fundamentalmente memoria y ésta queda modificada con la aparición de esta memoria, vuelta sobre si misma, que es la escritura.  Remedio que da vida a la memoria. Platón en el diálogo “Fedro” nos decía que la escritura puede llevar a los hombres a perder la memoria. Si los hombres comienzan a escribir aquello que piensan y lo que merece ser recordado, acabarán por perder esa capacidad de recordarse a si mismos. La escritura sustituyó al sabio por el filósofo. Memoria y olvido se asocian, el olvido es la ausencia, la inexistencia de algo que se le opone: la memoria como río que recoge las experiencias vividas.

    Como no recordar o escribir sobre aquellas noches de San Juan, en las que alrededor del fuego y la queimada nos contábamos historias, escuchándonos atentos, mientras el fuego crepitaba y las llamas avivaban el pensamiento despertando a la imaginación. La luz del fuego y del orujo nos atraía y nos juntaba en una ceremonia mitológica. El occidente asturiano tiene llama y magia. Todo fluye, pero al fluir se transforma. El fuego como elemento primordial, afirmaba el viejo Heráclito. Fuego es la memoria, unas imágenes se apagan y luego surgen otras. Las imágenes no son idénticas a las anteriores porque las imágenes del recuerdo se apagan para luego volver a arder, pero no son idénticas a las anteriores porque la memoria es imaginativa.    

    Ahora, que ya ha comenzado el verano rememoro la noite celta, que se celebra en Agosto; la comida campestre, donde se comparte lo que cada uno lleva, en la fiesta de la Gira; la “vuelta a Piantón”; el mercado de los sábados, cuando bajan a Veiga los habitantes de Los Oscos y de los pueblos colindantes, para aprovisionarse de fruta y productos de la huerta para el resto de la semana y donde algunos lugareños se quedan tomando vinos hasta muy entrada la tarde. El día de mercado que nos convertía en transeúntes arrastrados por la multitud, que se acababan dirigiendo al Mesón del Veigueño para comer callos con garigolos…

   En fin, el viaje a Vegadeo, que ya no existe en la señalización de la autopista entrando por Asturias, pero si existe entrando por Galicia, me ha hecho ir al encuentro de mi ser en el tiempo. Parafraseando a Borges, tratándose de Vegadeo sólo una cosa no hay. Es el olvido.

  

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