Domingo 6 Mayo 2007
Leer y escribir:
ambas actividades a la par
por Xulio Concepción Suárez.
Crear y recrearse creando
En los últimos tiempos se viene insistiendo, ciertamente, en que hay que leer y leer mucho: y ello lo mismo entre los más pequeños que entre los medianos y mayores. Numerosas frases lo confirman: “más libros, más libres”, “soy lo que he leído “… Y tantas otras. Pero también hay frases que destacan oportunamente la otra cara de la moneda: “saber leer es saber andar; saber escribir es saber ascender”. Habría que concluir que tendríamos que equlibrar, por lo menos, la balanza: 50%, leer; 50%, escribir. Con las tecnologías del ordenata, la caligrafía no va a mejorar aquella letra del palillero antiguo y la libreta de rayas. Pero sí ha de crecer el estímulo personal por leer y escribir con más gusto: el placer de la lectura, que tanto florece ahora como título de tantas cosas.
Sería una doble actividad complementaria, simétrica, creativa en los dos casos, lúdica, verdaderamente productiva lo mismo para los más pequeños, que para los medianos, o para los mismos abuelos con tanto tiempo libre, y con tantas experiencias vividas (sabiduría, para ser exactos). Una inestimable terapia ocupacional gratis y al alcance de todos. La oportunidad de crear algo ya desde la luz del alba. Y, además, como diría Lazarillo: “pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade y a los que no ahondaren tanto los deleyte”.
Pues, así en principio, sin demasiadas pretensiones de notoriedad, la cosa podría resultar más sencilla de lo que parece: “escribo como hablo” -decía Juan de Valdés. Es decir, tanto para leer como para escribir, no tengo más que situarme en el entorno de cada situación concreta: sobre las páginas abiertas en el gran libro del paisaje; o en el gran paisaje que se abre sobre las páginas de un libro. Pensemos en cualquier texto de Garcilaso, Machado, J. R. Jiménez, Azorín, Delibes, Julio Llamazares, Ruiz Zafón…. Al tiempo que vamos leyendo, caminamos sobre el paisaje que levantamos en la lectura página tras página. Incluso vamos cambiando de paisaje a lo largo de la obra.
“¿Por qué murmuras, arroyo?
¿y tú, flauta, por qué cantas?
¿Qué bocas duermen en la
sombra del aire y del agua?”.
(Juan Ramón Jiménez).
Del paisaje al texto y del texto al paisaje
El paisaje geográfico contemplado, en fin, es un tejido de sensaciones: colores, formas, sonidos, sabores, tersuras… Y el texto de cualquier libro no deja de producir un paisaje semejante, a poco que vayamos tejiendo las palabras y sensaciones seleccionadas por el autor. Ese gran tejido verbal de la creatividad como lector y como escritor: ese gran juego que vamos adquiriendo desde los primeros años, y que bien podría recrearnos hasta que la vista nos abandonara finalmente agotada por la edad. Crear un texto es crear un paisaje: pintarlo con palabras. Hasta el dibujo aparece muy nítido en muchos casos: lo saben bien los lectores dibujantes (o los dibujantes lectores).
Escribir (describir, narrar, contar, dialogar…) resulta así el juego más creativo de los cinco sentidos sincronizados en el lenguaje. Y los datos, al alcance de todos y de todas: cada uno y cada una es el protagonista principal de lo que escribe. Como a sí mismo uno/a se conoce bien, no ha de faltarle de qué escribir. Y si nos diera por novelar, el truco de todos los autores desde tiempo inmemorial: el cambio de los nombres personales, de los nombres de lugar… La tranformación de lo conocido y trillado en lo extraño y novedoso. Y nadie me reconcerá ya. Una autobiografía bien disimulada, tan sencilla como práctica; tan real como virtual. Tan común, como fantástica. El juego inmemorial de las palabras.
Los paisajes de Machado.
Pocos textos tan sencillos para sentir un paisaje como los que podemos imaginar por las sendas de Machado en cualquiera de sus páginas: encinares, robledales, hayedos… Y colores: grises, cárdenos, verdes, dorados…, según el paisaje del alma. Y todos los sentidos en la andadura, según la estación del año, y según el ánimo: aromas, abejas y miel, el cierzo de la serranía, el olor del eucalipto, unas violetas perfumadas, el silencio de la tarde, la monotonía de un reloj. La vida que fluye como el río entre los árboles.
“Lluvia y sol. Ya se oscurece
el campo, ya se ilumina;
allí un cerro desaparece,
allá surge una colina”***
”Bajo una nube de carmín y llama
en el oro fluido y verdinoso
del Poniente las sombras se agitan”***
“Son en abril las aguas mil.
Sopla el viento achubascadao,
y entre nublado y nublado
hay trozos de cielo añil”.***
“Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la enda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en el mar”***
“En estos pueblos ¿se escucha
el latir del tiempo? No.
En estos pueblos se lucha
sin tregua con el reló,
con esa monotonía
que mide el tiempo vacío.
Pero ¿tu hora es la mía?
¿Tu tiempo, reló, el mío?
(Tic-tic, tic-tic…) Era un día
(tic-tic, tic-tic…) que pasó,
y lo que más yo quería
la muerte se lo llevó”***
“Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí. ¿Qué has hecho?
La muerte no respondió.
Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón.
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!***
“¡Encinares castellanos
en laderas y altozanos,
serrijones y colinas
llenos de oscura maleza,
encinas, pardas encinas:
humildad y fortaleza!”***
“Las hayas son la leyenda.
Alguien en las viejas hayas,
leía una historia horrenda
de crímenes y batallas.
¿Quién ha visto sin temblar
un hayedo en un pinar?”***
“Los chopos son la ribera,
liras de la primavera,
cerca del agua que fluye,
pasa o huye,
viva o lenta,
que se emboca turbulenta
o en remanso se dilata”***
“Tiene el manzano el olor
de su poma,
el eucalipto el aroma
de sus hojas, de su flor
y el naranjo la fragancia”***
“Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena”***
“Tic-tac, tic, tic-tic… Ya pasó
un día como otro día,
dice la monotonía
del reló”***
“Yo, para todo viaje
-siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera-
voy ligero de equipaje.
Si es de noche, porque no
acostumbro a dormir yo,
y de día, por mirar
los arbolitos pasar,
yo nunca duermo en el tren,
y sin embargo, voy bien”***
ÊTRE JEUNE
Samuel Ullman
La jeunesse n’est pas une période de la vie, elle est un état d’esprit, un effet de la volonté, une qualité de l’imagination, une intensité émotive, une victoire du courage sur la timidité, du goût de l’aventure sur l’amour du confort.
On ne devient pas vieux pour avoir vécu un certain nombre d’années, on devient vieux parce qu’on a déserté son idéal. Les années rident la peau, renoncer à son idéal ride l’âme. Les préoccupations, tes doutes, les craintes et les désespoirs sont tes ennemis qui, lentement, nous font pencher vers la terre et devenir poussière avant la mort.
Jeune est celui qui s’étonne et s’émerveille. Il demande comme l’enfant insatiable : et après? il défie les événements et trouve de la joie au jeu de la vie.
Vous êtes aussi jeune que votre foi. Aussi vieux que votre doute. Aussi jeune que votre confiance en vous-même. Aussi jeune que votre espoir. Aussi vieux que votre abattement.
Vous resterez jeune tant que vous resterez réceptif. Réceptif à ce qui est beau, bon et grand. Réceptif aux messages de la nature, de l’homme et de l’infini.
Si un jour, votre cœur allait être mordu par le pessimisme et rongé par le cynisme, puisse Dieu avoir pitié de votre âme de vieillard.
Ser joven
La juventud no es un período de la vida, ella es un estado del espíritu, un efecto de la voluntad, una cualidad de la imaginación, una intensidad emotiva, una victoria del coraje sobre la timidez, del gusto de la aventura sobre el amor del confort.
No se convierte uno en viejo por haber vivido un cierto número de años: se vuelve uno viejo cuando ha desistido de su ideal. Los años arrugan la piel; renunciar al propio ideal arruga el alma. Las preocupaciones, las dudas, los temores y las desesperanzas son los enemigos que, lentamente, nos hacen inclinarnos hacia la tierra y convertirnos en polvo antes de la muerte.
Joven es aquel que se extraña y se maravilla. Él pregunta como el niño insaciable: ¿y después? Él desafía los acontecimientos y encuentra alegría en el juego de la vida.
Eres tan joven como tu fe. Tan viejo como tu duda. Tan joven como tu confianza en ti mismo. Tan joven como tu esperanza. Tan viejo como tu abatimiento.
Permanecerás joven mientras permanezcas receptivo. Receptivo a lo que es bello, bueno y grande. Receptivo a los mensajes de la naturaleza, del hombre y del infinito.
Si un día tu corazón fuera mordido por el pesimismo y minado por el cinismo, que Dios se apiade de tu alma de viejo.
Samuel Ullman
***
“Carta de despedida”
Gabriel García Márquez (texto atribuido)“Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría más valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen. Escucharía cuando los demás hablan, y ¡cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma. Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, esperaría a que saliera el sol.
Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna. Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos…
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida… No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuan equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse! A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres… He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por vez primera, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse. Son tantas las cosas que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esta maleta, infelizmente me estaré muriendo”.
Algunas noticias, opiniones, actividades…
Leer, escribir, escuchar, sentir…
Charla en la biblioteca:
Día de la mujer
”Los efectos de la literatura escrita por mujeres”
por Socorro Suárez Lafuente
Con motivo del “Día de la mujer”, los alumnos de Bachillerato y algunos profesores/as tuvimos el gusto de escuchar la interesante charla amablemente ofrecida por la catedrática de la Universidad de Oviedo, Socorro Lafuente. En ella expuso sus opiniones y datos acerca de la literatura femenina con el paso del tiempo. Habló del origen del Día de la mujer, del feminismo, del machismo…, y de todos los problemas que ello fue originando en el campo de la creatividad literaria.
En el animado coloquio que siguió a la charla varios alumnos/as colaboraron en la aclaración de una serie de matices de moda: términos masculinos y femeninos, oportunidad de crear oposiciones del tipo miembro / miembra…, y cuestiones parecidas. Finalmente, Socorro nos dejó un artículo suyo en el que resume de forma muy sencilla, concreta y completa, sus opiniones en este campo. Por ello, reproducimos aquí algunos fragmentos del artículo completo.
Artículo publicado en
la revista PLATERO, nº 134, año XIX, febrero 2003.
Edita CAJASTUR.
Oviedo.
M. Socorro Suárez Lafuente.
(Extracto de algunos fragmentos)
“A lo largo de la historia de la literatura ha habido una escasa presencia de mujeres escritoras porque ni en las familias ni en los lugares en que se impartía la educación se educaba a las mujeres para el saber. Ni siquiera en los monasterios medievales, que fue donde se preservó la cultura escrita, copiando, cuidando y ampliando el conocimiento, se enseñaba a las monjas a leer y escribir; éstas cantaban en Latín “de oído”, pero no tenían acceso a códices ni manuscritos.
Así, cuando la abadesa germana Hilegard von Bingen, en el siglo XII, quiere escribir sus visiones místicas, el obispo de su diócesis tiene que buscar un monje que le sirva de secretario. Las cosas no mejorarán en este terreno hasta el siglo XVIII, lo que lleva a la autora inglesa Virginia Woolf a escribir en su libro Una habitación propia (1929) que nunca sabremos si la hermana de William Shakespeare tuvo tanto talento literario como él, y si el talento literario lo hubiera tenido ella nunca hubiéramos tenido un Shakespeare, porque las mujeres eran educadas para estar en casa, les estaba vetado el mundo exterior y era impensable y, por tanto, imposible, que Ann Shakespeare hu biera viajado sola a un Londres que desconocía para introducirse en el mundo del teatro como hizo su hermano.
Con la industrialización de la sociedad y el establecimiento de la clase media muchas mujeres tienen, desde finales del siglo XVIII, tiempo de ocio, que aprovecharán para leer, para hablar en tertulias que organizan en sus casas y para escribir. Algunas escriben cartas, que hoy nos sirven como documentación de su tiempo, como es el caso de Lady Montagu o Madarne de Sévigné,otras escriben ya novelas, poemas y obras de teatro.
Las mujeres burguesas son las propulsoras del surgir de la novela: pronto descubren el potencial de entretenimiento de la literatura y se convierten en lectoras voraces de largas historias en las que se podían sumergir durante horas y “vivir” dramas y aventuras con los personajes. Su afición a la lectura propiciará la publicación de la novela por entregas, generalmente en tres partes, lo que da estabilidad comercial y económica a las editoriales, origina el préstamo bibliotecario por necesidad social y, lo que es más importante, crea una demanda de novelistas que permite a muchas mujeres probar suerte como autoras, con gran éxito, en este terreno nuevo.
De la misma manera que las mujeres francesas fueron las que mejor organizaron sus tertulias privadas, hasta el punto de que tal actividad recibe el nombre de “saloniéres” (salonistas), las inglesas son las más importantes en el campo de la novela. De una amplísima nómina de novelistas británicas reconocemos inmediatamente a Mary Shelley por su creación de un mito con Frankestein (1817) y a Jane Austen porque algunas de sus novelas han sido llevadas al cine recientemente: Orgullo y prejuicio (1813), Sentido y sensibilidad (1811) y Emma (1816). A los premios Oscar de este año se presenta Las horas, película que trata de la vida de Virginia Woolf y de una de sus novelas, Mrs Dalloway (1925). De esta misma autora también triunfó en el cine hace unos años Orlando, escrita en 1928.
La sociedad española incorpora lentamente a sus escritoras al canon literario, y en el siglo XIX ya podemos contar con Fernán Caballero, Emilia Pardo Bazán y Rosalía de Castro, entre las más destacadas. En los inicios del siglo XX las mujeres acceden a la enseñanza media reglada y, consiguientemente, a los estudios universitarios, en una proporción aceptable y creciente; en 1903 se funda en Madrid un instituto “para señoritas” que cuenta en 1912 con 125 matriculadas, y sólo dieciséis años después, en 1928, con 1.681 alumnas, una buena parte de las cuales ingresarán en la universidad.
De aquí que durante la II República haya mujeres dedicadas a la política y parlamentarias como Victoria Kent y Clara Campoamor,que pueden discutir pública y oficialmente sobre un tema que les incumbe de manera directa: el voto de las mujeres. Las intelectuales abundan ya en España desde principios del siglo XX, y aunque, con frecuencia, han estado subsumidas en la obra de sus maridos, la investigación contemporánea les está otorgando su justa valía. […]”
“Las mujeres incorporan su experiencia al mundo literario de varias maneras: haciéndose presentes en todos los momentos históricos en que, estando, compartiendo y contribuyendo, fueron ignoradas por los documentalistas e historiadores oficiales; haciendo explícito su punto de vista en todas y cada una de las múltiples ocasiones en que otros se expresaron en su nombre y pusieron palabras en su boca, y optando por caminos alternativos a los que la sociedad les tenía prefijados en cada momento. Para llevar a cabo esta tarea, que habría de cambiar los modelos arquetípicos al uso, las mujeres se aprestan no sólo a escribir desde un punto de vista nuevo y diferente (re/visión), sino a volver a escribir (re/escribir) el cánon literario establecido” […]”
“Celebremos, pues, la abundancia de palabras que se escriben para registrar nuestra individualidad y nuestra importancia, y hagamos de la esencia de ser persona la fuerza de ser mujer”
***

(foto del Museo de la Escuela Rural
de Cabranes)
Día del libro
Con motivo del “Día del libro”, se organizaron en la biblioteca algunas actividades de lectura también. Durante una semana, algunos grupos bajaron a leer en la sala una serie de textos previamente seleccionados y trabajados en clase con los profesores/as correspondientes. Algunas lecturas estuvieron muy adecuadamente animadas con la música de fondo correspondiente: ello facilitó ese tipo de “lectura con los cinco sentidos”, objetivo en el lema del Concurso literario de este año.
Otros grupos no bajaron esa semana a leer a la biblioteca, sino que dedicaron la sesión correspondiente al otro tipo de lectura posible también ahora: la lectura virtual (digital) de numerosos textos por internet, posibles ya en las diversas aulas de informática (verdaderas biblotecas reconvertidas ahora). En todo caso, unos cuantos alumnos y alumnas habrán descubierto un poco más el placer de la lectura. Y esperamos que el de la escritura también para en adelante. Leer y escribir con los cinco sentidos. A modo de ejemplo, sirva uno de los textos descubiertos con gusto.
“Nunca olvidaré cómo aprendí a leer…”
Texto de Margaret Mahy
“Nunca olvidé cómo aprendí a leer. Cuando era niña, las palabras correteaban frente a mis ojos como pequeños escarabajos escurridizos. Pero yo era más inteligente que ellas. Aprendí a reconocerlas sin importar su veloz carrera. Por fin, por fin pude abrir libros y entender lo que estaba escritos. Fui capaz de leer cuentos y chistes y poemas yo sola.
Por supuesto hubo sorpresas. La lectura me dio poder sobre los cuentos y de alguna manera también les dio a los cuentos poder sobre mí. Nunca he podido escapar de ellos. Eso hace parte del misterio del a lectura.
Uno abre el libro, acoge las palabras y la historia, que es buena, explota en nuestro interior. Aquellos escarabajos que corren en línea recta de un lado al otro de la página en blanco, se convierten primero en palabras y luego en imágenes y sucesos mágicos. Aunque ciertas historias parecieran no tener nada que ver con la vida real… aunque se transformen en sorpresas de todo tipo y estiren sus posibilidades de una lado al otro como una goma elástica, al final los cuentos que son buenos nos devuelven a nosotros mismos. Están hechos de palabras y todos los seres humanos queremos tener aventuras con las palabras.
Casi todos empezamos como oyentes. Cuando somos bebés nuestras madres y nuestros padres juegan con nosotros, nos recitan rimas, nos tocan los dedos de los pies (Este dedito compró un huevito) o aplauden con nosotros (palmas, palmitas). Los juegos con palabras resuenan en voz alta y como niños, los escuchamos y reímos con ellos. Luego aprendemos a leer la tinta negra sobre la hoja blanca e inclusive cuando leemos en silencio, una voz está presente. ¿De quién es esa voz? Puede ser tu propia voz, la voz del lector. Pero es más que eso. Es la voz de la historia hablando desde el interior del lector.
Desde luego hay distintas formas de contar historias estos días. Las películas y la televisión tienen historias que contar aunque no usen el lenguaje de la misma manera que los libros. Los autores que trabajan en guiones de televisión o cine a menudo deben usar pocas palabras. “Que las imágenes cuenten la historia”, dicen los expertos. Vemos televisión con otros, pero cuando leemos, casi siempre estamos solos.
Vivimos en un época en el mundo está lleno de libros. Es parte de la travesía del lector encontrar en la jungla de los textos alguna historia que salte de manera mágica… alguna historia tan emocionante y misteriosa que lo transforme. Creo que cada lector vive por aquel momento en que la palabra cotidiana cambia para dar paso a una nueva broma, a una nueva idea, a una nueva posibilidad con una nueva verdad dada por el poder de las palabras. “¡Si, cierto, dice la voz en nuestro interior. “¡Te reconozco!” ¡qué emoción leer!”
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