Paisajes y páginas

6 Mayo 2007
Leer y escribir:
ambas actividades a la par
 

por Xulio Concepción Suárez.

Crear y recrearse creando

En los últimos tiempos se viene insistiendo, ciertamente, en que hay que leer y leer mucho: y ello lo mismo entre los más pequeños que entre los medianos y mayores. Numerosas frases lo confirman: “más libros, más libres”, “soy lo que he leído “… Y tantas otras. Pero también hay frases que destacan oportunamente la otra cara de la moneda: “saber leer es saber andar; saber escribir es saber ascender”. Habría que concluir que tendríamos que equlibrar, por lo menos, la balanza: 50%, leer; 50%, escribir. Con las tecnologías del ordenata, la caligrafía no va a mejorar aquella letra del palillero antiguo y la libreta de rayas. Pero sí ha de crecer el estímulo personal por leer y escribir con más gusto: el placer de la lectura, que tanto florece ahora como título de tantas cosas.

Sería una doble actividad complementaria, simétrica, creativa en los dos casos, lúdica, verdaderamente productiva lo mismo para los más pequeños, que para los medianos, o para los mismos abuelos con tanto tiempo libre, y con tantas experiencias vividas (sabiduría, para ser exactos). Una inestimable terapia ocupacional gratis y al alcance de todos. La oportunidad de crear algo ya desde la luz del alba. Y, además, como diría Lazarillo: “pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade y a los que no ahondaren tanto los deleyte”.

Pues, así en principio, sin demasiadas pretensiones de notoriedad, la cosa podría resultar más sencilla de lo que parece: “escribo como hablo” -decía Juan de Valdés. Es decir, tanto para leer como para escribir, no tengo más que situarme en el entorno de cada situación concreta: sobre las páginas abiertas en el gran libro del paisaje; o en el gran paisaje que se abre sobre las páginas de un libro. Pensemos en cualquier texto de Garcilaso, Machado, J. R. Jiménez, Azorín, Delibes, Julio Llamazares, Ruiz Zafón…. Al tiempo que vamos leyendo, caminamos sobre el paisaje que levantamos en la lectura página tras página. Incluso vamos cambiando de paisaje a lo largo de la obra.

“¿Por qué murmuras, arroyo?
¿y tú, flauta, por qué cantas?
¿Qué bocas duermen en la
sombra del aire y del agua?”.
(Juan Ramón Jiménez).

Del paisaje al texto y del texto al paisaje 

El paisaje geográfico contemplado, en fin, es un tejido de sensaciones: colores, formas, sonidos, sabores, tersuras… Y el texto de cualquier libro no deja de producir un paisaje semejante, a poco que vayamos tejiendo las palabras y sensaciones seleccionadas por el autor. Ese gran tejido verbal de la creatividad como lector y como escritor: ese gran juego que vamos adquiriendo desde los primeros años, y que bien podría recrearnos hasta que la vista nos abandonara finalmente agotada por la edad. Crear un texto es crear un paisaje: pintarlo con palabras. Hasta el dibujo aparece muy nítido en muchos casos: lo saben bien los lectores dibujantes (o los dibujantes lectores).

Escribir (describir, narrar, contar, dialogar…) resulta así el juego más creativo de los cinco sentidos sincronizados en el lenguaje. Y los datos, al alcance de todos y de todas: cada uno y cada una es el protagonista principal de lo que escribe. Como a sí mismo uno/a se conoce bien, no ha de faltarle de qué escribir. Y si nos diera por novelar, el truco de todos los autores desde tiempo inmemorial: el cambio de los nombres personales, de los nombres de lugar… La tranformación de lo conocido y trillado en lo extraño y novedoso. Y nadie me reconcerá ya. Una autobiografía bien disimulada, tan sencilla como práctica; tan real como virtual. Tan común, como fantástica. El juego inmemorial de las palabras.

Los paisajes de Machado.

Pocos textos tan sencillos para sentir un paisaje como los que podemos imaginar por las sendas de Machado en cualquiera de sus páginas: encinares, robledales, hayedos… Y colores: grises, cárdenos, verdes, dorados…, según el paisaje del alma. Y todos los sentidos en la andadura, según la estación del año, y según el ánimo: aromas, abejas y miel, el cierzo de la serranía, el olor del eucalipto, unas violetas perfumadas, el silencio de la tarde, la monotonía de un reloj. La vida que fluye como el río entre los árboles.


“Lluvia y sol. Ya se oscurece
el campo, ya se ilumina;
allí un cerro desaparece,
allá surge una colina”
 

***

 ”Bajo una nube de carmín y llama
en el oro fluido y verdinoso
del Poniente las sombras se agitan”

***

“Son en abril las aguas mil.
Sopla el viento achubascadao,
y entre nublado y nublado
hay trozos de cielo añil”.

***

“Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la enda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en el mar”

***

“En estos pueblos ¿se escucha
el latir del tiempo? No.
En estos pueblos se lucha
sin tregua con el reló,
con esa monotonía
que mide el tiempo vacío.
Pero ¿tu hora es la mía?
¿Tu tiempo, reló, el mío?
(Tic-tic, tic-tic…) Era un día
(tic-tic, tic-tic…) que pasó,
y lo que más yo quería
la muerte se lo llevó”

***

“Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí. ¿Qué has hecho?
La muerte no respondió.
Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón.
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!

***

“¡Encinares castellanos
en laderas y altozanos,
serrijones y colinas
llenos de oscura maleza,
encinas, pardas encinas:
humildad y fortaleza!”

***

“Las hayas son la leyenda.
Alguien en las viejas hayas,
leía una historia horrenda
de crímenes y batallas.
¿Quién ha visto sin temblar
un hayedo en un pinar?”

***

“Los chopos son la ribera,
liras de la primavera,
cerca del agua que fluye,
pasa o huye,
viva o lenta,
que se emboca turbulenta
o en remanso se dilata”

***

“Tiene el manzano el olor
de su poma,
el eucalipto el aroma
de sus hojas, de su flor
y el naranjo la fragancia”

***

“Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena”

***

“Tic-tac, tic,  tic-tic… Ya pasó
un día como otro día,
dice la monotonía
del reló”

***

“Yo, para todo viaje
-siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera-
voy ligero de equipaje.
Si es de noche, porque no
acostumbro a dormir yo,
y de día, por mirar
los arbolitos pasar,
yo nunca duermo en el tren,
y sin embargo, voy bien”

***


ÊTRE JEUNE

Samuel Ullman

La jeunesse n’est pas une période de la vie, elle est un état d’esprit, un effet de la volonté, une qualité de l’imagination, une intensité émotive, une victoire du courage sur la timidité, du goût de l’aventure sur l’amour du confort.

On ne devient pas vieux pour avoir vécu un certain nombre d’années, on devient vieux parce qu’on a déserté son idéal. Les années rident la peau, renoncer à son idéal ride l’âme. Les préoccupations, tes doutes, les craintes et les désespoirs sont tes ennemis qui, lentement, nous font pencher vers la terre et devenir poussière avant la mort.

Jeune est celui qui s’étonne et s’émerveille. Il demande comme l’enfant insatiable : et après? il défie les événements et trouve de la joie au jeu de la vie.

Vous êtes aussi jeune que votre foi. Aussi vieux que votre doute. Aussi jeune que votre confiance en vous-même. Aussi jeune que votre espoir. Aussi vieux que votre abattement.

Vous resterez jeune tant que vous resterez réceptif. Réceptif à ce qui est beau, bon et grand. Réceptif aux messages de la nature, de l’homme et de l’infini.

Si un jour, votre cœur allait être mordu par le pessimisme et rongé par le cynisme, puisse Dieu avoir pitié de votre âme de vieillard.


 

Ser joven

La juventud no es un período de la vida, ella es un estado del espíritu, un efecto de la voluntad, una cualidad de la imaginación, una intensidad emotiva, una victoria del coraje sobre la timidez, del gusto de la aventura sobre el amor del confort.

No se convierte uno en viejo por haber vivido un cierto número de años: se vuelve uno viejo cuando ha desistido de su ideal. Los años arrugan la piel; renunciar al propio ideal arruga el alma. Las preocupaciones, las dudas, los temores y las desesperanzas son los enemigos que, lentamente, nos hacen inclinarnos hacia la tierra y convertirnos en polvo antes de la muerte.

Joven es aquel que se extraña y se maravilla. Él pregunta como el niño insaciable: ¿y después? Él desafía los acontecimientos y encuentra alegría en el juego de la vida.

Eres tan joven como tu fe. Tan viejo como tu duda. Tan joven como tu confianza en ti mismo. Tan joven como tu esperanza. Tan viejo como tu abatimiento.

Permanecerás joven mientras permanezcas receptivo. Receptivo a lo que es bello, bueno y grande. Receptivo a los mensajes de la naturaleza, del hombre y del infinito.

Si un día tu corazón fuera mordido por el pesimismo y minado por el cinismo, que Dios se apiade de tu alma de viejo.

Samuel Ullman

***


“Carta de despedida”
Gabriel García Márquez (texto atribuido)

“Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría más valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.

Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen. Escucharía cuando los demás hablan, y ¡cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma. Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, esperaría a que saliera el sol.

Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna. Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos…

Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida… No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.

A los hombres les probaría cuan equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse! A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido.

Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres… He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por vez primera, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.

He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse. Son tantas las cosas que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esta maleta, infelizmente me estaré muriendo”.

Algunas noticias, opiniones, actividades…
Leer, escribir, escuchar, sentir…
Charla en la biblioteca:
Día de la mujer 
 ”Los efectos de la literatura escrita por mujeres”
por Socorro Suárez Lafuente

Con motivo del “Día de la mujer”,  los alumnos de Bachillerato y algunos profesores/as tuvimos el gusto de escuchar la interesante charla amablemente ofrecida por la catedrática de la Universidad de Oviedo, Socorro Lafuente. En ella expuso sus opiniones y datos acerca de la literatura femenina con el paso del tiempo. Habló del origen del Día de la mujer, del feminismo, del machismo…, y de todos los problemas que ello fue originando en el campo de la creatividad literaria.

En el animado coloquio que siguió a la charla varios alumnos/as colaboraron en la aclaración de una serie de matices de moda: términos masculinos y femeninos, oportunidad de crear oposiciones del tipo miembro / miembra…, y cuestiones parecidas. Finalmente, Socorro nos dejó un artículo suyo en el que resume de forma muy sencilla, concreta y completa, sus opiniones en este campo. Por ello, reproducimos aquí algunos fragmentos del artículo completo.

Artículo publicado en
la revista PLATERO, nº 134, año XIX, febrero 2003.
Edita CAJASTUR.
Oviedo.
M. Socorro Suárez Lafuente.

(Extracto de algunos fragmentos)

“A lo largo de la historia de la literatura ha habido una escasa presencia de mujeres escritoras porque ni en las familias ni en los lugares en que se impartía la educación se educaba a las mujeres para el saber. Ni siquiera en los monasterios medievales, que fue donde se preservó la cultura escrita, copiando, cuidando y ampliando el conocimiento, se enseñaba a las monjas a leer y escribir; éstas cantaban en Latín “de oído”, pero no tenían acceso a códices ni manuscritos.

Así, cuando la abadesa germana Hil­egard von Bingen, en el siglo XII, quiere escribir sus visiones místicas, el obispo de su diócesis tiene que buscar un monje que le sirva de secretario. Las cosas no mejorarán en este terreno hasta el siglo XVIII, lo que lleva a la autora inglesa Virginia Woolf a escribir en su libro Una habitación propia (1929) que nunca sabremos si la hermana de William Shakespeare tuvo tanto talento literario como él, y si el talento literario lo hubiera tenido ella nunca hubiéramos tenido un Shakespeare, porque las mujeres eran educadas para estar en casa, les estaba vetado el mundo exterior y era impensable y, por tanto, imposible, que Ann Shakespeare hu biera viajado sola a un Londres que desconocía para introducirse en el mundo del teatro como hizo su hermano.

Con la industrialización de la sociedad y el establecimiento de la clase media muchas mujeres tienen, desde finales del siglo XVIII, tiempo de ocio, que aprovecharán para leer, para hablar en tertulias que organizan en sus casas y para escribir. Algunas escriben cartas, que hoy nos sirven como documentación de su tiempo, como es el caso de Lady Montagu o Madarne de Sévigné,otras escriben ya novelas, poemas y obras de teatro.

Las mujeres burguesas son las propulsoras del surgir de la novela: pronto descubren el potencial de entretenimiento de la literatura y se convierten en lectoras voraces de largas historias en las que se podían sumergir durante horas y “vivir” dramas y aventuras con los personajes. Su afición a la lectura propiciará la publicación de la novela por entregas, generalmente en tres partes, lo que da estabilidad comercial y económica a las editoriales, origina el préstamo bibliotecario por necesidad social y, lo que es más importante, crea una demanda de novelistas que permite a muchas mujeres probar suerte como autoras, con gran éxito, en este terreno nuevo.

De la misma manera que las mujeres francesas fueron las que mejor organizaron sus tertulias privadas, hasta el punto de que tal actividad recibe el nombre de “salonié­res” (salonistas), las inglesas son las más importantes en el campo de la novela. De una amplísima nómina de novelistas británicas reconocemos inmediatamente a Mary Shelley por su creación de un mito con Frankestein (1817) y a Jane Austen porque algunas de sus novelas han sido llevadas al cine recientemente: Orgullo y prejuicio (1813), Sentido y sensibilidad (1811) y Emma (1816). A los premios Oscar de este año se presenta Las horas, película que trata de la vida de Virginia Woolf y de una de sus novelas, Mrs Dalloway (1925). De esta misma autora también triunfó en el cine hace unos años Orlando, escrita en 1928.

La sociedad española incorpora lentamente a sus escritoras al canon literario, y en el siglo XIX ya podemos contar con Fernán Caballero, Emilia Pardo Bazán y Rosalía de Castro, entre las más destacadas. En los inicios del siglo XX las mujeres acceden a la enseñanza media reglada y, consiguientemente, a los estudios universitarios, en una proporción aceptable y creciente; en 1903 se funda en Madrid un instituto “para señoritas” que cuenta en 1912 con 125 matriculadas, y sólo dieciséis años después, en 1928, con 1.681 alumnas, una buena parte de las cuales ingresarán en la universidad.

De aquí que durante la II República haya mujeres dedicadas a la política y parlamentarias como Victoria Kent y Clara Campoamor,que pueden discutir pública y oficialmente sobre un tema que les incumbe de manera directa: el voto de las mujeres. Las intelectuales abundan ya en España desde principios del siglo XX, y aunque, con frecuencia, han estado subsumidas en la obra de sus maridos, la investigación contemporánea les está otorgando su justa valía. […]”

“Las mujeres incorporan su experiencia al mundo literario de varias maneras: haciéndose presentes en todos los momentos históricos en que, estando, compartiendo y contribuyendo, fueron ignoradas por los documentalistas e historiadores oficiales; haciendo explícito su punto de vista en todas y cada una de las múltiples ocasiones en que otros se expresaron en su nombre y pusieron palabras en su boca, y optando por caminos alternativos a los que la sociedad les tenía prefijados en cada momento. Para llevar a cabo esta tarea, que habría de cambiar los modelos arquetípicos al uso, las mujeres se aprestan no sólo a escribir desde un punto de vista nuevo y diferente (re/visión), sino a volver a escribir (re/escribir) el cánon literario establecido” […]”

“Celebremos, pues, la abundancia de palabras que se escriben para registrar nuestra individualidad y nuestra importancia, y hagamos de la esencia de ser persona la fuerza de ser mujer”

***

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(foto del Museo de la Escuela Rural
de Cabranes)

Día del libro

Con motivo del “Día del libro”,  se organizaron en la biblioteca algunas actividades de lectura también. Durante una semana, algunos grupos bajaron a leer en la sala una serie de textos previamente seleccionados y trabajados en clase con los profesores/as correspondientes. Algunas lecturas estuvieron muy adecuadamente animadas con la música de fondo correspondiente: ello facilitó ese tipo de “lectura con los cinco sentidos”, objetivo en el lema del Concurso literario de este año.

Otros grupos no bajaron esa semana a leer a la biblioteca, sino que dedicaron la sesión correspondiente al otro tipo de lectura posible también ahora: la lectura virtual (digital) de numerosos textos por internet, posibles ya en las diversas aulas de informática (verdaderas biblotecas reconvertidas ahora). En todo caso, unos cuantos alumnos y alumnas habrán descubierto un poco más el placer de la lectura. Y esperamos que el de la escritura también para en adelante. Leer y escribir con los cinco sentidos. A modo de ejemplo, sirva uno de los textos descubiertos con gusto.

“Nunca olvidaré cómo aprendí a leer…”

Texto de Margaret Mahy

“Nunca olvidé cómo aprendí a leer. Cuando era niña, las palabras correteaban frente a mis ojos como pequeños escarabajos escurridizos. Pero yo era más inteligente que ellas. Aprendí a reconocerlas sin importar su veloz carrera. Por fin, por fin pude abrir libros y entender lo que estaba escritos. Fui capaz de leer cuentos y chistes y poemas yo sola.

Por supuesto hubo sorpresas. La lectura me dio poder sobre los cuentos y de alguna manera también les dio a los cuentos poder sobre mí. Nunca he podido escapar de ellos. Eso hace parte del misterio del a lectura.

Uno abre el libro, acoge las palabras y la historia, que es buena, explota en nuestro interior. Aquellos escarabajos que corren en línea recta de un lado al otro de la página en blanco, se convierten primero en palabras y luego en imágenes y sucesos mágicos. Aunque ciertas historias parecieran no tener nada que ver con la vida real… aunque se transformen en sorpresas de todo tipo y estiren sus posibilidades de una lado al otro como una goma elástica, al final los cuentos que son buenos nos devuelven a nosotros mismos. Están hechos de palabras y todos los seres humanos queremos tener aventuras con las palabras.

Casi todos empezamos como oyentes. Cuando somos bebés nuestras madres y nuestros padres juegan con nosotros, nos recitan rimas, nos tocan los dedos de los pies (Este dedito compró un huevito) o aplauden con nosotros (palmas, palmitas). Los juegos con palabras resuenan en voz alta y como niños, los escuchamos y reímos con ellos. Luego aprendemos a leer la tinta negra sobre la hoja blanca e inclusive cuando leemos en silencio, una voz está presente. ¿De quién es esa voz? Puede ser tu propia voz, la voz del lector. Pero es más que eso. Es la voz de la historia hablando desde el interior del lector.

Desde luego hay distintas formas de contar historias estos días. Las películas y la televisión tienen historias que contar aunque no usen el lenguaje de la misma manera que los libros. Los autores que trabajan en guiones de televisión o cine a menudo deben usar pocas palabras. “Que las imágenes cuenten la historia”, dicen los expertos. Vemos televisión con otros, pero cuando leemos, casi siempre estamos solos.

Vivimos en un época en el mundo está lleno de libros. Es parte de la travesía del lector encontrar en la jungla de los textos alguna historia que salte de manera mágica… alguna historia tan emocionante y misteriosa que lo transforme. Creo que cada lector vive por aquel momento en que la palabra cotidiana cambia para dar paso a una nueva broma, a una nueva idea, a una nueva posibilidad con una nueva verdad dada por el poder de las palabras. “¡Si, cierto, dice la voz en nuestro interior. “¡Te reconozco!” ¡qué emoción leer!”

Pasar a página creativa:
textos de alumnos/as

 

Con los cinco sentidos

23 Abril 2007
 Esas otras páginas de la libreta
(o del ordenata)

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El objetivo de estas breves páginas que siguen es muy concreto: acomodar un pequeño rincón reservado a la creatividad personal, donde cada uno y cada una pueda anotar, a modo de libreta, todas aquellas creaciones propias destinadas al olvido en cualquier estantería, una vez terminado el curso.

Descubrir el placer de leer y escribir con los cinco sentidos: caminar sobre las palabras, las frases, los tonos y tonillos del texto, descubriendo o construyendo las sensaciones que encontramos o tropezamos de paso (colores, formas, aromas, sabores…, la piel de ese paisaje interior o exterior que vamos imaginando).

Con demasiada frecuencia esas pequeñas poesías, aquellas descripciones tan corregidas y cuidadas, las narraciones reales o fantásticas, no tienen otro destino en setiembre que la bolsa del reciclaje, pues hay que dejar sitio para los papeles y exámenes del curso que empieza.

Es decir, se van a la papelera las sensaciones más espontáneas, los sentimientos contenidos, las ilusiones puestas por un buen rato frente a un papel, a la hora de realizar cualquier trabajo para subir unas décimas la nota.

Pues no todos los textos creados (no los copiados, por supuesto) merecen igual trato: ¡cómo nos gustaría a muchos releer ahora en el ordenata (o en una libretina de rayas, ya amarilla con los años) aquella poesía que hice en 1 º para clase de Lengua, o aquella otra descripción que me salió tan poética un día de lluvia, aburrida tras los cristales!

No todo lo que escribimos merece igual olvido. Y si no, a releer algunos ejemplos en estas páginas que siguen. A lo mejor resulta que, después de un tiempo, el sabor añejo también mejora aquella libretina de rayas, y hasta con garabatos y todo; o con alguna que otra falta escurridiza al más purista…

En otras ocasiones son otros y otras los que escriben. Por esto, de vez en cuándo no está de más escuchar las creaciones de los demás: las lecturas en público de sus textos. O atender a las explicaciones que algún escritor o escritora nos pueda dar de sus experiencias con las ideas, con los sentimientos, con el boli o con el ordenata. La difícil tarea de seleccionar palabras, corregir y corregir lo escrito, tal vez para seguir encontrando cosillas que pulir hasta después de publicado. El durillo trabajo de la creatividad: también le pasa al carpintero, al escultor, al dibujente, al músico… A cualquiera que intenta crear algo, y recrearse creando.

¿Y si alguien con los años se conviertiera en escritor/a famoso/a? Pues hasta los grandes premios se sentaron un día en un pupitre de maera… Tal vez, la mayoría… En fin, por lo menos, disfrutemos con el boli, con la pluma o con el ordenata. Disfrutemos con los cinco sentidos sobre cualquier paisaje exterior o interior por el que vayamos pasando de tiempo en tiempo, como de senda en senda.

*** 

A modo de ejemplo, y para empezar por algún sitio.

Un poema de
Carmen Soledad Morenno

“Si alguien se acercara,
y mirándome a los ojos,
con voz tranquila dijera:
¡Despacio! Todo llega.

Si alguien se apoyara
con suave gesto
en la curva de mi hombro dolido;
y con ojos serenos
mirando a los míos dijera:
¡Despacio! Todo llega.

Si alguien. .., aunque lejos,
me llevara en su pensamiento;
y mirando al cielo . .,
con la luz del día,
en la boca de la noche,
junto al río,
con los niños,
con su paz dijera:
¡Despacio! Todo llega.

Si alguien,
con las manos llenas de tierra,
me enseñara el camino
que hay que dejar pasar . . .

Si alguien quisiera saber. . .
conocer, oír, hablar;
dudar, darlo todo . ..,
quedarse vacío y lleno a la vez.
Ese alguien sería nuestro.

Le harían una estatua,
¡sí! nos lo quitarían para hacerle una estatua
alta, limpia, floreada…
Una blanca estatua,
lejos de quien pudiera tocarla.
Sería del pueblo,
de la tierra, del agua,
del frío, de la tormenta. . .

Y… ese alguien,
cuando yo pasara,
mirándome a los ojos diría:
¡Despacio! Todo llega.

Y al comprender lloraría, porque,
cuando todo llega, algo se apaga”.

*** 

O esta otra coplita,
tan inocente como preciosa,
de Evaristo Lorenzo,
van unas cuantas primaveras ya:

“Estrellita estrellada,
que siempre vas a la mar
a olvidar tus penas,
angustia y soledad.

Estrellita de mi alma,
estrellita de la caridad,
¿por qué no vienes un día
a estrellarte sobre mi soledad?”


Para ti, mamá,
en el día de la mujer
trabajadora

por Beatriz Torre

Para ti, mamá,
con todo mi amor,
te dedico estos versos,
poniendo en la mano
todo mi corazón.

No es una canción,
sino un milagro
que ha nacido
del resplandor de tu esencia.

Me diste vida, lo sé.
No está nada de más
dedicarte ahora mi amor,
por tantos años sentidos,
desde que nací yo.
Aquel nueve de marzo.

Mamá, te dedico este poema,
que es un poco vivaracho,
en el día de la mujer trabajadora.

No sé hasta cuándo
lo voy a seguir celebrando.
Será hasta que me faltes tú.
Mamá,
con todo mi amor.


Y aquel otro poema de
Irene Cifuentes del Corro
Sentimiento

Espero tu llegada,
viejo poeta.

Que mi mente fluya
sobre lienzos infinitos;
que mis ojos se desvelen,
una noche y otra noche;

que sienta
el murmullo del silencio.
Yo te buscaré
en el recóndito paisaje estival,
entre los lazos marchitos de la Aurora.

Te buscaré
en la niebla del recuerdo,
entre las risas de la infancia.
Porque yo no temo
tu mirada,
ni el caminar del tiempo.

***

O el otro de
Mercedes Díaz
Alguna vez te esperaré 

“Alguna vez te esperaré,
oiré tu voz,
miraré tu cuerpo,
un grito desgarrado
saldrá del fondo de tu alma,

caminarás entre tinieblas,
recordarás mi llamada,
vendrás hacia mí despacio,
lentamente se borrará tu figura,

y, al final, cuando ya no quede nada,
escucharás un silencio largo:
dentro del silencio Amargura;
dentro de la amargura, Llanto. 

En la penumbra de tu corazón,
encontrarás una llama de tristeza,
una fría ola de dolor
recorrerá los bordes de tu alma;
sentirás miedo…; gritarás;

y cuando llegue la hora de tu fin
lucharás por existir;
… y tal vez, después de todo..,
te sentirás feliz.

. Paseo metida en una caja de cristal,
giro alrededor de una luna vacía,
doy vueltas en torno al tiempo,
salto más alto que el viento,
hablo con las golondrinas,

y llorando mis penas al cielo,
escribo con tinta de fuego
una historia de la que nada recuerdo”.



La escapá de Pepín

por Jorge Delgado Sampedro  

Nun diban ni venti cuatro hores cuando ya se arrepentía de lo que había fecho. Esto yera lo que taba pensando Pepín echéu encima la yerba d´un payar.

Facía dos días que Pepín había reñío con so pá. Pepín nun facía más que quexase de que ni el pá ni la ma tse agradeciesen to lo que él facía. Pa etsos, Pepín nun facía ná al drechas. Sin embargo Pepín yera muy trabayaor; diba a curiar les vaques, a por tseña’l monte, ayudaba a so ma a facer pan, pel verano diba a la yerba y na escuela aprobábalo too con munchu esfuerzu.

To esto contando tan sólo con 11 años. Toos los vecinos topaban a Xuan y Teresa pe las caleyas y tses decían: ” Ay que buenu ye Pepín… ¡y cómo trabaya! ya podían ser toos los guajes asina…! Pero Xuan siempre tenía algo que decir “Buenu buenu, eso ye lo que paez… ¡ye más vagu q’un usu n´a inverná…! Entós, caro…, a Pepín paecíatse mal…, y entristecía muncho por esto que decía so pá.

Entos un día enfadóse muncho, muncho, y entamó d´escapase de casa. Garró un palu y atótse una fardeluca na punta, na que guardó lo que más tse facía falta: un poco pan, un poco mantega pa comer al principiu, y un poco miel que tse había garrao a so güela. Con eso bastaría pa sobrevivir al principio, y tsueu, ya se las apañaría.

Caminó tsergu retu, fuera del puiblu, pel monte hasta llegar a Brañatsuenga. Atsí paró a descansar un ratín y a comer algo de mantega con pan, pues ya diban cinco o seis hores que taba caminando. Como el puerto yera muy grande, Pepín a veces pasaba pel mesmu sitiu dos veces pero él seguía caminando. Siguió caminando to la terdi, pero tampoco avanzaba muncho, pues yera piquinín, incluso pa la so edad.

Cansaba pronto y paraba ca poco. Cuando taba escureciendo, Pepín tuvo algo de mieo pues se contaban historias de tsobos que comían les oveyes y los xatinos, y si pintaba y tenían muncha fame, tamién tarían gustosos de comer a un guaje como Pepín.

Entos Pepín vu una cuadra debaxo una penasca y refuxióse atsi pa pasar la nuechi calentín ente la yerba. Entos foi cuando pensó nos tsobos, en si acaso vendrían a por él tando dientro la cuadra. Entos tsevantóse de onde taba echéu, y foi hasta la puerta pa asegurase de que taba bien trancá. Echótse l´aldaba a la puerta per dientro, y volvú a acostase ente la yerba.

Aún asina, Pepín tenía mieo y empezó a cavilar les mil maneres que tendría un tsobu de entrar: per un ventanucu que había nel payar, pel bocarón del payar que nun tenía aldaba… Entos Pepín díxose a si mesmu que eso que nun yera posible y tranquilizóse un poco. Pero Pepín taba incomalo porque nun taba a gusto tan tsueñe de casa. Y taba tou preocupéu pe la comía que había trayío con él. Había calculao mal, pues col cansancio de la caminata de tol día, había comío casi to lo que había trayío con él.

Taba pensando esto Pepín y tenía algo de frío, pues yera una nuechi de verano, pero corria´l fresco igual. Sonaban los bichos y una curuxa que debía tar bramente cerca. Ente´l cansanciu y el cantu suave de la nuechi, Pepín adormezúse ente la yerba después de haber entrao algo en calor tapándose con más yerba.

Amanezú Pepín sobresaltéu, pues oyú unes voces, y salú a cucar a ver quién yera: Y cuánto foi la so sorpresa, cuando vú a so pá y so má gritando “¡Pepín, Pepín! ¡Ay, Pepín onde andarás!” Entós mesmo, Pepín destrancó la puerta la cuadra y foi corriendo pa con so pa y so má. Éstos, tsocos de contentos, abrazaron a Pepín y tseváronlu pa casa. Y de ahí en adelante, los padres miraron más por Pepín y ésti, aprendiú algo muy importante: que nunca más diba a escapar de casa, pero que a veces convenía datse un susto a la xente pa que valorara más lo que tenía.

***

Caminos,
de Antonio Machado

Comentario ‘con los cincos sentidos’:
por Jorge Delgado Sampedro

De la ciudad moruna
tras las murallas viejas,
yo contemplo la tarde silenciosa
a solas con mi sombra y con mi pena.

El río va corriendo
entre sombrías huertas
y grises olivares,
por los alegres campos de Baeza.

Tienen la vides pámpanos dorados
sobre las rojas cepas.
Guadalquivir, como un alfanje roto
y disperso, reluce y espejea.

Lejos, los montes duermen
envueltos en la niebla,
niebla de otoño, maternal; descansan
las rudas moles de su ser de piedra
en ésta tibia tarde de Noviembre,
tarde piadosa, cárdena y violenta

El viento ha sacudido
los mustios olmos de la carretera,
levantando en rosados torbellinos
el polvo de la tierra.
La luna está subiendo
amoratada, jadeante y llena.

Los caminitos blancos
se cruzan y se alejan,
buscando los dispersos caseríos
del valle de la sierra.
Caminos de los campos…
¡Ay, ya no puedo caminar con ella!

***

Este poema de Antonio Machado, tiene como escenario Baeza, donde el autor vivió tras la muerte de su amada Leonor. Por este motivo, el poema “Caminos” como muchos otros posteriores está marcado por la pena. El ejemplo mas vivo de esto es cuando en la última frase dice: “¡Ay, ya no puedo caminar con ella!”. Además, en el poema se representa un paisaje de otoño de un día al atardecer, lo que simboliza su tristeza, su desánimo… en fragmentos como “a solas con mi sombra y con mi pena” se ve claramente esto.

El paisaje de otoño que se nos presenta en el poema sería el de una tarde de otoño, una tarde silenciosa, más bien al atardecer que se contempla desde la ciudad de Baeza, con sus murallas antiguas. El río corre entre olivares grises y huertas sombrías por el comienzo de la noche, que huelen a la tranquilidad, a la tradición y al trabajo si tuvieren olor.

Las vides tienen pámpanos dorados, que darían una suave fragancia, sobre cepas rojas y el autor hace una comparación del río Guadalquivir que disperso, reluce y refleja con un alfanje roto. Se oiría el correr del río incesante espumeando. A los lejos se ven los montes con sus rudas piedras dormidos al atardecer, envueltos en niebla de otoño, maternal.

El ambiente sería de calma, con una ligera sensación de la humedad que precede a la noche y un poco de fresco. La tarde, del mes de Noviembre, se presenta cárdena y violeta. El viento sacude los olmos mustios por el otoño a la orilla de la carretera, ser oye una brisa suave y el agitar de las hojas secas que aún están en el árbol. Se ve la luna, que empieza a subir y está llena y presenta un color amoratado.

Se ven los caminos blancos que se cruzan a lo lejos que conducen a caseríos o que se pierden en el valle. A pesar del otoño, define los campos de Baeza como alegres, en contraste con su tristeza. El poema termina con un lamento por la pérdida de Leonor.

En este poema, la mezcla del camino, el atardecer y el otoño, representa además de la tristeza del autor, la vida. La vida sería el camino que recorremos y el otoño y el atardecer representan la decadencia del camino, la pausa, tal vez, de caminar tras una larga jornada, en la que uno se siente cansado por el esfuerzo del día. Tal vez Antonio Machado se sintiera así tras la pérdida de Leonor; como un caminante de la vida que se encuentra cansado por los golpes de esta, y que necesita un respiro para seguir adelante pues ha llegado el atardecer y la noche y ya no tiene fuerzas para caminar mas.

Todo en el paisaje preconiza este descanso. A parte del otoño y el atardecer, los colores pardos, amarillentos, que representan tan bien el cansancio: por ejemplo “los mustios olmos” tras haber dado hojas todo el año ahora están en decadencia para descansar dormidos durante el invierno, estarían “cansados”. A parte del simbolismo de la tristeza y el cansancio, el autor se mantiene fiel a su estilo descriptivo pues hace un descripción perfecta (”tienen las vides pámpanos sobre las rojas cepas), en la que se puede imaginar fácilmente el paisaje representado.

Esta descripción del paisaje como muchas otras en diversos poemas busca presentar un cierto misticismo y encanto en el paisaje castellano, el paisaje Castellano de una España en decadencia, al igual que el otoño de este poema. También pretende hacer referencia a los antiguos orígenes de Castilla, una Castilla antigua y poderosa de antaño, ahora venida a menos (”de la ciudad moruna, tras las murallas viejas).

En definitiva, este poema, refleja los sentimientos de Antonio Machado así como también podría representar la conciencia española de la época, de gentes trabajadoras, en un ámbito rural, que al igual que el autor se ven envueltas en tragedias, enfermedades, y en definitiva, un gran desgaste emocional de los españoles de la época.

He escogido este poema por el gran simbolismo que conlleva, tan latente en todo el poema y que a la vez pasa tan desapercibido en algunos aspectos. Impresiona también la pesadumbre de Machado por el tema de Leonor sobre todo, pero también por la situación de la gente de aquella época. Además el simbolismo que utiliza (el otoño, los olmos mustios, los caminos) refleja a la perfección lo que pretende transmitir, además de ser éste un poema agradable de leer, tranquilo pero de fuerte valor simbólico.

***

Y leer con los cinco sentidos: un poema de Machado
 Amanecer de otoño.

Una larga carretera
entre grises peñascales,
y alguna humilde pradera
donde pacen negros toros. Zarzas, malezas, jarales.

Está la tierra mojada
por las gotas del rocío,
y la alameda dorada,
hacia la curva del río.

Tras los montes de violeta
quebrado el primer albor;
a la espalda la escopeta,
entre sus galgos agudos, caminando un cazador.

Lectura comentada de Lorena.

Las sensaciones que me produce el texto, a mi parecer, son contrarias. En los dos primeros párrafos hay tranquilidad, sosiego, suavidad…, ya que las descripciones detalladas del poeta (”gotas de rocío”, línea 6) nos llevan hacia un paisaje idílico, de ensueño. Este paisaje perfecto contrasta con el tercer y último párrafo del poema, que nos producen una sensación de violencia, de muerte, al imaginarnos un cazador con sus galgos.

En consecuencia poética, las vocales palatales (e, i) predominan en las dos primeras estrofas, y conllevan connotaciones positivas, como si cada palabra hubiera sido escogida a conciencia y puesta en un determinado lugar. Ello dota al texto de una gran complejidad y belleza, al concordar tanto las vocales como el sentimiento que nos quiere transmitir el autor

Por el contrario, las vocales velares (o, u) aparecen principalmente en el párrafo tercero, ya que estas vocales tienen connotaciones negativas.

Podríamos decir que la tristeza acompaña al poeta en el espacio del poema, esperando la muerte. Sería escrito tras el fallecimiento de su esposa Leonor, lo que explicaría esos sentimientos. Por ello también predominan los colores oscuros como el gris, grado intermedio del ánimo, que refleja el interior humano sobre el paisaje: la propia vida.

El color negro que también aparece (negros toros, línea 4) se enmarca junto al gris en los grados luminosos que reflejan las luces y las sombras. Pero el negro dota al poema de un matiz mucho más pesimista.

En contraposición a los colores oscuros se encuentra el dorado (”alamedas doradas”, línea 7), que viene a significar la vida, la ilusión. Quizá aquí el poeta recuerda la etapa más feliz de su vida con Leonor. 

En el poema predomina el sentido de la vista, que parece significar la vida que fluye y no se detiene (entre grandes peñascales, línea 2; negros toros, línea 4). La parte relacionada con el oído pudiera significar el entorno vacío, el silencio estéril. Ello queda perfectamente reflejado en el poema, ya que las partes auditivas se asocian con los sentimientos violentos del tercer párrafo. La parte olfativa se refleja en el aroma de las primaveras /tierra mojada, línea 5).  

Todo hace pensar en la lectura del texto que el poeta era un hombre anclado en el recuerdo, y esperando paciente la llegada de la muerte. La parte que más me ha gustado del poema ha sido la etapa de la alegría, de la fuerza de vivir, del renacer…, ya que emplea más tiempo y recursos al describirla.

***

(sigue la página en construcción)

Ver algunos textos:
paisajes y lecturas

Y sirvan las páginas lenenses
sobre estos y otros temas
de la cultura en torno a las aulas

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