Esas otras páginas de la libreta
(o del ordenata)

El objetivo de estas breves páginas que siguen es muy concreto: acomodar un pequeño rincón reservado a la creatividad personal, donde cada uno y cada una pueda anotar, a modo de libreta, todas aquellas creaciones propias destinadas al olvido en cualquier estantería, una vez terminado el curso.
Descubrir el placer de leer y escribir con los cinco sentidos: caminar sobre las palabras, las frases, los tonos y tonillos del texto, descubriendo o construyendo las sensaciones que encontramos o tropezamos de paso (colores, formas, aromas, sabores…, la piel de ese paisaje interior o exterior que vamos imaginando).
Con demasiada frecuencia esas pequeñas poesías, aquellas descripciones tan corregidas y cuidadas, las narraciones reales o fantásticas, no tienen otro destino en setiembre que la bolsa del reciclaje, pues hay que dejar sitio para los papeles y exámenes del curso que empieza.
Es decir, se van a la papelera las sensaciones más espontáneas, los sentimientos contenidos, las ilusiones puestas por un buen rato frente a un papel, a la hora de realizar cualquier trabajo para subir unas décimas la nota.
Pues no todos los textos creados (no los copiados, por supuesto) merecen igual trato: ¡cómo nos gustaría a muchos releer ahora en el ordenata (o en una libretina de rayas, ya amarilla con los años) aquella poesía que hice en 1 º para clase de Lengua, o aquella otra descripción que me salió tan poética un día de lluvia, aburrida tras los cristales!
No todo lo que escribimos merece igual olvido. Y si no, a releer algunos ejemplos en estas páginas que siguen. A lo mejor resulta que, después de un tiempo, el sabor añejo también mejora aquella libretina de rayas, y hasta con garabatos y todo; o con alguna que otra falta escurridiza al más purista…
En otras ocasiones son otros y otras los que escriben. Por esto, de vez en cuándo no está de más escuchar las creaciones de los demás: las lecturas en público de sus textos. O atender a las explicaciones que algún escritor o escritora nos pueda dar de sus experiencias con las ideas, con los sentimientos, con el boli o con el ordenata. La difícil tarea de seleccionar palabras, corregir y corregir lo escrito, tal vez para seguir encontrando cosillas que pulir hasta después de publicado. El durillo trabajo de la creatividad: también le pasa al carpintero, al escultor, al dibujente, al músico… A cualquiera que intenta crear algo, y recrearse creando.
¿Y si alguien con los años se conviertiera en escritor/a famoso/a? Pues hasta los grandes premios se sentaron un día en un pupitre de maera… Tal vez, la mayoría… En fin, por lo menos, disfrutemos con el boli, con la pluma o con el ordenata. Disfrutemos con los cinco sentidos sobre cualquier paisaje exterior o interior por el que vayamos pasando de tiempo en tiempo, como de senda en senda.
***
A modo de ejemplo, y para empezar por algún sitio.
Un poema de
Carmen Soledad Morenno“Si alguien se acercara,
y mirándome a los ojos,
con voz tranquila dijera:
¡Despacio! Todo llega.Si alguien se apoyara
con suave gesto
en la curva de mi hombro dolido;
y con ojos serenos
mirando a los míos dijera:
¡Despacio! Todo llega.Si alguien. .., aunque lejos,
me llevara en su pensamiento;
y mirando al cielo . .,
con la luz del día,
en la boca de la noche,
junto al río,
con los niños,
con su paz dijera:
¡Despacio! Todo llega.Si alguien,
con las manos llenas de tierra,
me enseñara el camino
que hay que dejar pasar . . .Si alguien quisiera saber. . .
conocer, oír, hablar;
dudar, darlo todo . ..,
quedarse vacío y lleno a la vez.
Ese alguien sería nuestro.Le harían una estatua,
¡sí! nos lo quitarían para hacerle una estatua
alta, limpia, floreada…
Una blanca estatua,
lejos de quien pudiera tocarla.
Sería del pueblo,
de la tierra, del agua,
del frío, de la tormenta. . .Y… ese alguien,
cuando yo pasara,
mirándome a los ojos diría:
¡Despacio! Todo llega.Y al comprender lloraría, porque,
cuando todo llega, algo se apaga”.***
O esta otra coplita,
tan inocente como preciosa,
de Evaristo Lorenzo,
van unas cuantas primaveras ya:
“Estrellita estrellada,
que siempre vas a la mar
a olvidar tus penas,
angustia y soledad.
Estrellita de mi alma,
estrellita de la caridad,
¿por qué no vienes un día
a estrellarte sobre mi soledad?”
Para ti, mamá,
en el día de la mujer
trabajadorapor Beatriz Torre
Para ti, mamá,
con todo mi amor,
te dedico estos versos,
poniendo en la mano
todo mi corazón.No es una canción,
sino un milagro
que ha nacido
del resplandor de tu esencia.Me diste vida, lo sé.
No está nada de más
dedicarte ahora mi amor,
por tantos años sentidos,
desde que nací yo.
Aquel nueve de marzo.Mamá, te dedico este poema,
que es un poco vivaracho,
en el día de la mujer trabajadora.No sé hasta cuándo
lo voy a seguir celebrando.
Será hasta que me faltes tú.
Mamá,
con todo mi amor.
Y aquel otro poema de
Irene Cifuentes del Corro
Sentimiento
Espero tu llegada,
viejo poeta.
Que mi mente fluya
sobre lienzos infinitos;
que mis ojos se desvelen,
una noche y otra noche;
que sienta
el murmullo del silencio.
Yo te buscaré
en el recóndito paisaje estival,
entre los lazos marchitos de la Aurora.
Te buscaré
en la niebla del recuerdo,
entre las risas de la infancia.
Porque yo no temo
tu mirada,
ni el caminar del tiempo.
***
O el otro de
Mercedes Díaz
Alguna vez te esperaré
“Alguna vez te esperaré,
oiré tu voz,
miraré tu cuerpo,
un grito desgarrado
saldrá del fondo de tu alma,
caminarás entre tinieblas,
recordarás mi llamada,
vendrás hacia mí despacio,
lentamente se borrará tu figura,
y, al final, cuando ya no quede nada,
escucharás un silencio largo:
dentro del silencio Amargura;
dentro de la amargura, Llanto.
En la penumbra de tu corazón,
encontrarás una llama de tristeza,
una fría ola de dolor
recorrerá los bordes de tu alma;
sentirás miedo…; gritarás;
y cuando llegue la hora de tu fin
lucharás por existir;
… y tal vez, después de todo..,
te sentirás feliz.
. Paseo metida en una caja de cristal,
giro alrededor de una luna vacía,
doy vueltas en torno al tiempo,
salto más alto que el viento,
hablo con las golondrinas,
y llorando mis penas al cielo,
escribo con tinta de fuego
una historia de la que nada recuerdo”.
La escapá de Pepín
por Jorge Delgado Sampedro
Nun diban ni venti cuatro hores cuando ya se arrepentía de lo que había fecho. Esto yera lo que taba pensando Pepín echéu encima la yerba d´un payar.
Facía dos días que Pepín había reñío con so pá. Pepín nun facía más que quexase de que ni el pá ni la ma tse agradeciesen to lo que él facía. Pa etsos, Pepín nun facía ná al drechas. Sin embargo Pepín yera muy trabayaor; diba a curiar les vaques, a por tseña’l monte, ayudaba a so ma a facer pan, pel verano diba a la yerba y na escuela aprobábalo too con munchu esfuerzu.
To esto contando tan sólo con 11 años. Toos los vecinos topaban a Xuan y Teresa pe las caleyas y tses decían: ” Ay que buenu ye Pepín… ¡y cómo trabaya! ya podían ser toos los guajes asina…! Pero Xuan siempre tenía algo que decir “Buenu buenu, eso ye lo que paez… ¡ye más vagu q’un usu n´a inverná…! Entós, caro…, a Pepín paecíatse mal…, y entristecía muncho por esto que decía so pá.
Entos un día enfadóse muncho, muncho, y entamó d´escapase de casa. Garró un palu y atótse una fardeluca na punta, na que guardó lo que más tse facía falta: un poco pan, un poco mantega pa comer al principiu, y un poco miel que tse había garrao a so güela. Con eso bastaría pa sobrevivir al principio, y tsueu, ya se las apañaría.
Caminó tsergu retu, fuera del puiblu, pel monte hasta llegar a Brañatsuenga. Atsí paró a descansar un ratín y a comer algo de mantega con pan, pues ya diban cinco o seis hores que taba caminando. Como el puerto yera muy grande, Pepín a veces pasaba pel mesmu sitiu dos veces pero él seguía caminando. Siguió caminando to la terdi, pero tampoco avanzaba muncho, pues yera piquinín, incluso pa la so edad.
Cansaba pronto y paraba ca poco. Cuando taba escureciendo, Pepín tuvo algo de mieo pues se contaban historias de tsobos que comían les oveyes y los xatinos, y si pintaba y tenían muncha fame, tamién tarían gustosos de comer a un guaje como Pepín.
Entos Pepín vu una cuadra debaxo una penasca y refuxióse atsi pa pasar la nuechi calentín ente la yerba. Entos foi cuando pensó nos tsobos, en si acaso vendrían a por él tando dientro la cuadra. Entos tsevantóse de onde taba echéu, y foi hasta la puerta pa asegurase de que taba bien trancá. Echótse l´aldaba a la puerta per dientro, y volvú a acostase ente la yerba.
Aún asina, Pepín tenía mieo y empezó a cavilar les mil maneres que tendría un tsobu de entrar: per un ventanucu que había nel payar, pel bocarón del payar que nun tenía aldaba… Entos Pepín díxose a si mesmu que eso que nun yera posible y tranquilizóse un poco. Pero Pepín taba incomalo porque nun taba a gusto tan tsueñe de casa. Y taba tou preocupéu pe la comía que había trayío con él. Había calculao mal, pues col cansancio de la caminata de tol día, había comío casi to lo que había trayío con él.
Taba pensando esto Pepín y tenía algo de frío, pues yera una nuechi de verano, pero corria´l fresco igual. Sonaban los bichos y una curuxa que debía tar bramente cerca. Ente´l cansanciu y el cantu suave de la nuechi, Pepín adormezúse ente la yerba después de haber entrao algo en calor tapándose con más yerba.
Amanezú Pepín sobresaltéu, pues oyú unes voces, y salú a cucar a ver quién yera: Y cuánto foi la so sorpresa, cuando vú a so pá y so má gritando “¡Pepín, Pepín! ¡Ay, Pepín onde andarás!” Entós mesmo, Pepín destrancó la puerta la cuadra y foi corriendo pa con so pa y so má. Éstos, tsocos de contentos, abrazaron a Pepín y tseváronlu pa casa. Y de ahí en adelante, los padres miraron más por Pepín y ésti, aprendiú algo muy importante: que nunca más diba a escapar de casa, pero que a veces convenía datse un susto a la xente pa que valorara más lo que tenía.
***
Caminos,
de Antonio Machado
Comentario ‘con los cincos sentidos’:
por Jorge Delgado Sampedro
De la ciudad moruna
tras las murallas viejas,
yo contemplo la tarde silenciosa
a solas con mi sombra y con mi pena.
El río va corriendo
entre sombrías huertas
y grises olivares,
por los alegres campos de Baeza.
Tienen la vides pámpanos dorados
sobre las rojas cepas.
Guadalquivir, como un alfanje roto
y disperso, reluce y espejea.
Lejos, los montes duermen
envueltos en la niebla,
niebla de otoño, maternal; descansan
las rudas moles de su ser de piedra
en ésta tibia tarde de Noviembre,
tarde piadosa, cárdena y violenta
El viento ha sacudido
los mustios olmos de la carretera,
levantando en rosados torbellinos
el polvo de la tierra.
La luna está subiendo
amoratada, jadeante y llena.
Los caminitos blancos
se cruzan y se alejan,
buscando los dispersos caseríos
del valle de la sierra.
Caminos de los campos…
¡Ay, ya no puedo caminar con ella!
***
Este poema de Antonio Machado, tiene como escenario Baeza, donde el autor vivió tras la muerte de su amada Leonor. Por este motivo, el poema “Caminos” como muchos otros posteriores está marcado por la pena. El ejemplo mas vivo de esto es cuando en la última frase dice: “¡Ay, ya no puedo caminar con ella!”. Además, en el poema se representa un paisaje de otoño de un día al atardecer, lo que simboliza su tristeza, su desánimo… en fragmentos como “a solas con mi sombra y con mi pena” se ve claramente esto.
El paisaje de otoño que se nos presenta en el poema sería el de una tarde de otoño, una tarde silenciosa, más bien al atardecer que se contempla desde la ciudad de Baeza, con sus murallas antiguas. El río corre entre olivares grises y huertas sombrías por el comienzo de la noche, que huelen a la tranquilidad, a la tradición y al trabajo si tuvieren olor.
Las vides tienen pámpanos dorados, que darían una suave fragancia, sobre cepas rojas y el autor hace una comparación del río Guadalquivir que disperso, reluce y refleja con un alfanje roto. Se oiría el correr del río incesante espumeando. A los lejos se ven los montes con sus rudas piedras dormidos al atardecer, envueltos en niebla de otoño, maternal.
El ambiente sería de calma, con una ligera sensación de la humedad que precede a la noche y un poco de fresco. La tarde, del mes de Noviembre, se presenta cárdena y violeta. El viento sacude los olmos mustios por el otoño a la orilla de la carretera, ser oye una brisa suave y el agitar de las hojas secas que aún están en el árbol. Se ve la luna, que empieza a subir y está llena y presenta un color amoratado.
Se ven los caminos blancos que se cruzan a lo lejos que conducen a caseríos o que se pierden en el valle. A pesar del otoño, define los campos de Baeza como alegres, en contraste con su tristeza. El poema termina con un lamento por la pérdida de Leonor.
En este poema, la mezcla del camino, el atardecer y el otoño, representa además de la tristeza del autor, la vida. La vida sería el camino que recorremos y el otoño y el atardecer representan la decadencia del camino, la pausa, tal vez, de caminar tras una larga jornada, en la que uno se siente cansado por el esfuerzo del día. Tal vez Antonio Machado se sintiera así tras la pérdida de Leonor; como un caminante de la vida que se encuentra cansado por los golpes de esta, y que necesita un respiro para seguir adelante pues ha llegado el atardecer y la noche y ya no tiene fuerzas para caminar mas.
Todo en el paisaje preconiza este descanso. A parte del otoño y el atardecer, los colores pardos, amarillentos, que representan tan bien el cansancio: por ejemplo “los mustios olmos” tras haber dado hojas todo el año ahora están en decadencia para descansar dormidos durante el invierno, estarían “cansados”. A parte del simbolismo de la tristeza y el cansancio, el autor se mantiene fiel a su estilo descriptivo pues hace un descripción perfecta (”tienen las vides pámpanos sobre las rojas cepas), en la que se puede imaginar fácilmente el paisaje representado.
Esta descripción del paisaje como muchas otras en diversos poemas busca presentar un cierto misticismo y encanto en el paisaje castellano, el paisaje Castellano de una España en decadencia, al igual que el otoño de este poema. También pretende hacer referencia a los antiguos orígenes de Castilla, una Castilla antigua y poderosa de antaño, ahora venida a menos (”de la ciudad moruna, tras las murallas viejas).
En definitiva, este poema, refleja los sentimientos de Antonio Machado así como también podría representar la conciencia española de la época, de gentes trabajadoras, en un ámbito rural, que al igual que el autor se ven envueltas en tragedias, enfermedades, y en definitiva, un gran desgaste emocional de los españoles de la época.
He escogido este poema por el gran simbolismo que conlleva, tan latente en todo el poema y que a la vez pasa tan desapercibido en algunos aspectos. Impresiona también la pesadumbre de Machado por el tema de Leonor sobre todo, pero también por la situación de la gente de aquella época. Además el simbolismo que utiliza (el otoño, los olmos mustios, los caminos) refleja a la perfección lo que pretende transmitir, además de ser éste un poema agradable de leer, tranquilo pero de fuerte valor simbólico.
***
Y leer con los cinco sentidos: un poema de Machado
Amanecer de otoño.
Una larga carretera
entre grises peñascales,
y alguna humilde pradera
donde pacen negros toros. Zarzas, malezas, jarales.
Está la tierra mojada
por las gotas del rocío,
y la alameda dorada,
hacia la curva del río.
Tras los montes de violeta
quebrado el primer albor;
a la espalda la escopeta,
entre sus galgos agudos, caminando un cazador.
Lectura comentada de Lorena.
Las sensaciones que me produce el texto, a mi parecer, son contrarias. En los dos primeros párrafos hay tranquilidad, sosiego, suavidad…, ya que las descripciones detalladas del poeta (”gotas de rocío”, línea 6) nos llevan hacia un paisaje idílico, de ensueño. Este paisaje perfecto contrasta con el tercer y último párrafo del poema, que nos producen una sensación de violencia, de muerte, al imaginarnos un cazador con sus galgos.
En consecuencia poética, las vocales palatales (e, i) predominan en las dos primeras estrofas, y conllevan connotaciones positivas, como si cada palabra hubiera sido escogida a conciencia y puesta en un determinado lugar. Ello dota al texto de una gran complejidad y belleza, al concordar tanto las vocales como el sentimiento que nos quiere transmitir el autor
Por el contrario, las vocales velares (o, u) aparecen principalmente en el párrafo tercero, ya que estas vocales tienen connotaciones negativas.
Podríamos decir que la tristeza acompaña al poeta en el espacio del poema, esperando la muerte. Sería escrito tras el fallecimiento de su esposa Leonor, lo que explicaría esos sentimientos. Por ello también predominan los colores oscuros como el gris, grado intermedio del ánimo, que refleja el interior humano sobre el paisaje: la propia vida.
El color negro que también aparece (negros toros, línea 4) se enmarca junto al gris en los grados luminosos que reflejan las luces y las sombras. Pero el negro dota al poema de un matiz mucho más pesimista.
En contraposición a los colores oscuros se encuentra el dorado (”alamedas doradas”, línea 7), que viene a significar la vida, la ilusión. Quizá aquí el poeta recuerda la etapa más feliz de su vida con Leonor.
En el poema predomina el sentido de la vista, que parece significar la vida que fluye y no se detiene (entre grandes peñascales, línea 2; negros toros, línea 4). La parte relacionada con el oído pudiera significar el entorno vacío, el silencio estéril. Ello queda perfectamente reflejado en el poema, ya que las partes auditivas se asocian con los sentimientos violentos del tercer párrafo. La parte olfativa se refleja en el aroma de las primaveras /tierra mojada, línea 5).
Todo hace pensar en la lectura del texto que el poeta era un hombre anclado en el recuerdo, y esperando paciente la llegada de la muerte. La parte que más me ha gustado del poema ha sido la etapa de la alegría, de la fuerza de vivir, del renacer…, ya que emplea más tiempo y recursos al describirla.
***
(sigue la página en construcción)
Ver algunos textos:
paisajes y lecturas