Remedio sin recortes
16 01 2012
Categorías : General
Hay días que empiezas pisando mierda de perro en la calle. Luego tienes que ir a clase, y piensas si te habrás limpiando bien el playero, o todo aquello es una ídem. Para tutoría, te proponen una actividad que pretende conseguir que los chavales se pongan en la piel del otro.
Hacia finales de octubre, además del decaer de la luz, las hojas y algún ánimo, en un trocito arrugado de tierra verde y mar sucede la entrega de los Premios Príncipe de Asturias. En la edición de 2011, han sido galardonados (entre otros*) el estadounidense Howard Gardner, en la categoría de Ciencias Sociales, y el italiano Giacomo Rizzolatti, en Investigación Científica y Técnica.
A través de la psicología el primero y de la neurobiología el segundo, ambos premiados se han ocupado de redescubrirnos la relevancia de la empatía como característica del ser humano. Desde la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner y por el papel de las neuronas espejo, según Rizzolatti, deberíamos de esperar de los humanos una civilización empática. Parece que mayormente es antipática.
Pero al interior del que sufre sólo cabe acercarse deseando conseguir lo que la primavera hace con los cerezos. Tendré que aplicarme en la tutoría, a ver si apruebo alguna competencia básica.
P.S. ¡Cuánto me gustaría que el responsable del can pisara donde yo!
P.D. El premio de Comunicación y Humanidades a la Royal Society, cuya impresionante documentación puede ser consultada ya en Internet, merecería un artículo en exclusiva. Tal vez otro día.
Hay penumbras que no son grises, como las pensamos siempre. Dichosos (y más científicos) son los que creen habiendo visto, así que busquemos un rincón tranquilo para tumbarnos contemplando el horizonte, y aguardemos el sonrojo de la luna.
Sobre lunas y eclipses hay información para dar y tomar, ver y trabajar en clase. Cerca ya las vacaciones, dejémonos arrebatar por los sentidos.
Líderes en la producción de ácido acetilsalicílico, a la cabeza en la construcción de los fustes de generadores eólicos (aunque igual hay más vendaval que viento en este tema), punteros en la fabricación de fibras sintéticas, enganchados a las nuevas tecnologías… Con titulares parecidos se pregonaban las bondades del Principado en los promos de la campaña Hecho aquí, en Asturias.
Si se trata de orgullo por lo nuestro, toca quitarse el sombrero, dar las gracias y mostrar la admiración más grande por científicos como Don Carlos López Otín, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Oviedo, que está al frente de los grupos de investigación sobre el cáncer, la secuenciación del genoma y la relación entre los genes y el envejecimiento.
Ha sido noticia reciente la identificación de un gen que causa envejecimiento prematuro hereditario, a cargo de un equipo de trabajo liderado por Otín. La investigación científica es básica para el desarrollo del conocimiento y el avance del bienestar; además de personas entregadas y entusiastas, necesita también financiación. Leyendo al Doctor López Otín (un sabio sensible), poniéndonos en la piel de Néstor, nos gustaría tener la certeza de que el dinero de nuestros impuestos tiene mejores destinos que el bolsillo de tantos corruptos y megalómanos.

Aquí, en Asturias, se está haciendo algo por los niños aquejados de progeria. Eso sí que nos alegra.
P.S. 1 Cuarenta años de un chute de energía, que nunca sobra
. Porque la vida es linda, pero no fácil, que bien dice Mafalda.
P.S. 2 Otra satisfacción de la ciencia asturiana: la curación de úlceras de la piel con células madre. ¡Que se lo digan a él!
P.D. Llegan noticias esperanzadoras del equipo de Otín.
Cuesta encontrar, a veces, relación entre lo que una quiere expresar y la ciencia (por aquello de que el blog no se convierta en diván digital). Pero la ciencia forma parte de la vida hasta donde no nos damos cuenta.
Tardó este año en llegar la Semana Santa, y con ella el necesario paréntesis tras la segunda evaluación (en eso algo tienen que ver la luna y el equinoccio). Días para descansar un poco, recuperar el trabajo atrasado, disfrutar lo que se pueda e incluso PENSAR, esa actividad para la que casi nunca encontramos tiempo.
Entre las tareas pendientes está el hacer el enésimo curso de formación en nuevas tecnologías (que obvio es me interesan y procuro fomentar): WEB 2.0 en los centros educativos (o algo así de título). Llevo tantos análisis de ventajas y desventajas de las wikis, los blogs, Google etc. etc. etc. que empiezo a estar confusa y perdida.

Para hacer más de lo mismo no se necesitan ordenadores ni internetes. Eureka se va a tomar un tiempo, cerrado por reflexión.

Para intentar ir (de verdad) más allá de la tiza.
P.S. Las dos geniales viñetas que ilustran este artículo pertenecen a Néstor Alonso, El profesor Potâchov de Moldavia. La foto, lamentablemente, no es un montaje caricaturesco. Despair.
Hola, me llamo Inma, y soy editora de un blog. En mis ratos “libres”, doy clase de Física y Química. Tiendo a la exageración (de la adicción al curro en blogs aún no ha surgido el grupo de Blogueros anónimos, que yo sepa), y así empecé esta semana a impartir un curso de edición de bitácoras en el CPEB de Boal. Les dije a los profes participantes, entre otras cosas, que el objeto de un blog educativo debía ser el de ayudar a enseñar y a aprender, que convenía tener claro qué y para qué se quería escribir, que había que evitar usar el blog como terapia personal de desfogue o altavoz para nosotros y nuestras circunstancias. Pues en la próxima sesión tendré que decirles que sigan mis consejos, aunque no mi ejemplo.
Sí, hace calor. Sí, tardan en llegar las vacaciones (¡muchísimo!) y estamos todos cansados, con el ánimo fácilmente alterable. Pero ser profe implica convertirse en actor tantas horas al día como clases haya; llegar al aula aparcando afuera las buenas o malas emociones que arrastres, y representar un papel para una mayoría de público casi siempre desganado, forzado a estar allí, inconsciente de que, quiera o no, también forma parte de la obra. De hecho, ellos son los protagonistas principales. El guión bien claro les deja cuál es su sitio y su frase: ninguna, salvo que se les pregunte o que levanten la mano para preguntar, y sentados (que no desparramados) en la silla, dispuestos a atender.
Claro que hace mucho que no se lo repasan. Y llegan sudorosos del recreo, a medio vestir, más de cinco minutos después de que suene el timbre, pican (algunos), pasan, te ignoran… Cuando les recuerdas que así no es, que uno no asalta la casa de otro sin pedir permiso para entrar, que tienen obligación de saludar, de sentarse, de ponerse diligentemente a sacar su libro, libreta, carpeta o lo que sea, y prepararse ¡EN SILENCIO! para seguir las instrucciones del profesor, entonces se sorprenden. Se les han consentido tantas cosas tantas veces (nostra culpa) que desconocen lo improcedente de su mala educación; la batalla está perdida. Pero no en el aula o los pasillos en que yo esté dando clase o de guardia, aunque sea a costa de quedarme sin voz, de tener que cubrir papeles de amonestaciones, de perder tiempo con los insumisos, de quemarme y traer a casa, ya sin el maquillaje de la actuación, las lágrimas que allí han de ser contenidas.
Todos los profes podríamos describir mil sucedidos de esos en los que la insolencia de algún alumno nos desborda. Hoy recriminé a uno que estuviera comiendo chicle en clase; su respuesta, ya en tono sobradillo, fue que no era un chicle, sino una pastilla para la garganta, a lo que le dije que algo blanco en una boca ostentosamente abierta no tenía que estar viéndolo. “Pues no mires”, me largó tan pancho. En peores me he visto (bien a menudo), y acaso el incidente no parezca tan ofensivo, pero basta una gota de más para reventar los flejes de un tonel (Pascal dixit). ¡Hala la clase interrumpida, el papeleo para expulsar al chaval del aula, la incomodidad en el ambiente, el malestar que no te abandona ni cuando vas camino de meterte en la cama!
¿Es un espejismo el anhelo de vivir a distinta velocidad? Escucho una y otra vez mi droga, para ahorrarme el dinero del psicólogo y llegar el lunes con el maquillaje perfecto. Menos mal que pronto las procesiones también irán por fuera.
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