El rompimiento de gloria

30 09 2009

Se imagina una que si Dios existe, bien escondido anda. No ya porque las noticias hablen de más terremotos y tsunamis devastando siempre a los mismos, ni porque sus criaturas más amadas, nosotros, vaguemos a menudo dolientes por este valle de lágrimas; es también por los recuerdos difusos de la infancia, cuando veíamos en los libros cómo el ojo de dios se abría paso desde el cielo, destellando esa luz que abrazaba el mundo…

En aquellos tiempos de catecismos y colegio, me habrían contado que Dios ya tenía a su lado a José Antonio Muñoz Rojas, para referirse a la muerte del poco reconocido (pero sublime) escritor andaluz. El artículo que hoy publica Andrés Trapiello en “El País” define como nadie al hombre del campo que fue Muñoz Rojas, cuyo descubrimiento debo a uno de esos compañeros de trabajo que acaban siendo imprescindibles amigos, y a quien oí hablar, por primera vez, del rompimiento de gloria.

En esas mezcolanzas mentales andaba cuando reparé en que ya se nos iba septiembre y Eureka seguía sin haber comenzado el curso, así que hilé “Muñoz Rojas -  Alberto - rompimiento de gloria” y… ¡Zás!, inspiración sobrevenida.

rompimiento de gloria

 

Resulta que el glorioso rasgamiento (presente en numerosas obras de arte) tiene explicación científica. ¡Ay, qué poco sitio le va quedando a Dios! Se trata de un fenómeno de esparcimiento de la luz, provocado por la singular suma de la posición de las nubes (bajas), en relación con la posición del Sol (bastante alta), en el recorrido de la eclíptica. Y como la eclíptica algo tiene que ver con las estaciones, hasta podemos aprovechar para entender un poco más esas fechas divinas de solsticios y equinoccios

Llegó el otoño, y toca volver a clase (pero del otro lado). ¡Qué duro es hacerse mayor! Se rompe a veces el cielo; seguimos sin noticias de dios.  Menos mal que se acordó de poner amigos en el valle.