Sin argumentos
18 06 2010Escribía hace un tiempo sobre la “reencarnación de los átomos“. Suelo contar el tema del enlace químico hablando de amores atómicos: los que comparten, los que lo dan todo, los que se apuntan a una orgía de núcleos en un mar de electrones… Me pierdo por las estrellas y busco la paz en el crepúsculo. Pienso que la ciencia me ayudará a comprender el sinsentido de la vida. Pero hay días, quizás muchos, en que la única respuesta está en los abrazos y en las palabras.
Decían en la radio que se nos está muriendo el siglo XX. Esta vez le tocaba a Saramago. Le dedicarán acertados panegíricos, no cabe añadir nada mejor. La cabeza, cansada de viernes y de opos, barrunta cómo se juntarán los átomos para producir bondad y belleza, cuál es la fuerza, cuál la energía, cuál el misterio de sentir, pensar, vivir… “Escribo para desasosegar“, afirmaba Saramago.
Hay días para la poesía. Y los abrazos.
No volveré a ser joven
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
(Jaime Gil de Biedma, “Poemas póstumos”, 1968)
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