Hoy. Y siempre.

21 03 2011

No hay mal que cien años dure, y nunca llovió que no parara. Aunque el saber del refranero dista bastante del rigor de la ciencia, la experiencia es un grado. Y detrás del largo invierno, siempre llega la primavera, la estación de los amores, que la sangre altera (la mía se vuelve musical, je, je). Habrá que disfrutar cuanto se pueda de los días crecientes, así que, además de cultivar el intelecto con el fenómeno astronómico (el equinoccio), ¡a reverdecer el espíritu!

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