Vamos dejando ¿para cuándo? lo que no podemos hacer hoy. Por más que conozcamos las teorías, la vida vuela entre plazos y planes que ora no salen, ora no nos atrevemos a cumplir. En el siguiente cumpleaños, en la próxima Navidad, al inicio del curso que viene, nos remorderán las mismas carencias que prometeremos, ¡esta vez también!, enmendar en adelante. Si los años nos hicieran más sabios, tentaríamos las sendas de la voluntad y la libertad, para no acabar sintiendo que otro día se acaba y el destino era esto. Lástima que el arrebato de existir se olvide tan a menudo, imponiéndose la rutina de ir sobreviviendo. Al rescate vienen fogonazos, instantes que son belleza (paisajes, sonidos, abrazos, palabras). Retales, para remendar jirones.
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Como bien dice Punset, lo que es evidente es que hay vida antes de la muerte, así que procuremos no desperdiciarla (*), sin esperar a que ninguna enfermedad o contratiempo dé un revolcón a nuestras prioridades. Los de Luarca, que presumimos de tener uno de los cementerios más bonitos del mundo mundial, nos preocupamos también del depués. Por si acaso…
Hay días que empiezas pisando mierda de perro en la calle. Luego tienes que ir a clase, y piensas si te habrás limpiando bien el playero, o todo aquello es una ídem. Para tutoría, te proponen una actividad que pretende conseguir que los chavales se pongan en la piel del otro.
Hacia finales de octubre, además del decaer de la luz, las hojas y algún ánimo, en un trocito arrugado de tierra verde y mar sucede la entrega de los Premios Príncipe de Asturias. En la edición de 2011, han sido galardonados (entre otros*) el estadounidense Howard Gardner, en la categoría de Ciencias Sociales, y el italiano Giacomo Rizzolatti, en Investigación Científica y Técnica.
A través de la psicología el primero y de la neurobiología el segundo, ambos premiados se han ocupado de redescubrirnos la relevancia de la empatía como característica del ser humano. Desde la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner y por el papel de las neuronas espejo, según Rizzolatti, deberíamos de esperar de los humanos una civilización empática. Parece que mayormente es antipática.
Pero al interior del que sufre sólo cabe acercarse deseando conseguir lo que la primavera hace con los cerezos. Tendré que aplicarme en la tutoría, a ver si apruebo alguna competencia básica.
P.S. ¡Cuánto me gustaría que el responsable del can pisara donde yo!
P.D. El premio de Comunicación y Humanidades a la Royal Society, cuya impresionante documentación puede ser consultada ya en Internet, merecería un artículo en exclusiva. Tal vez otro día.
Hay penumbras que no son grises, como las pensamos siempre. Dichosos (y más científicos) son los que creen habiendo visto, así que busquemos un rincón tranquilo para tumbarnos contemplando el horizonte, y aguardemos el sonrojo de la luna.
Si se trata de orgullo por lo nuestro, toca quitarse el sombrero, dar las gracias y mostrar la admiración más grande por científicos como Don Carlos López Otín, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Oviedo, que está al frente de los grupos de investigación sobre el cáncer, la secuenciación del genoma y la relación entre los genes y el envejecimiento.
Ha sido noticia reciente la identificación de un gen que causa envejecimiento prematuro hereditario, a cargo de un equipo de trabajo liderado por Otín. La investigación científica es básica para el desarrollo del conocimiento y el avance del bienestar; además de personas entregadas y entusiastas, necesita también financiación. Leyendo al Doctor López Otín (un sabio sensible), poniéndonos en la piel de Néstor, nos gustaría tener la certeza de que el dinero de nuestros impuestos tiene mejores destinos que el bolsillo de tantos corruptos y megalómanos.
Aquí, en Asturias, se está haciendo algo por los niños aquejados de progeria. Eso sí que nos alegra.
Cuesta encontrar, a veces, relación entre lo que una quiere expresar y la ciencia (por aquello de que el blog no se convierta en diván digital). Pero la ciencia forma parte de la vida hasta donde no nos damos cuenta.
Tardó este año en llegar la Semana Santa, y con ella el necesario paréntesis tras la segunda evaluación (en eso algo tienen que ver la luna y el equinoccio). Días para descansar un poco, recuperar el trabajo atrasado, disfrutar lo que se pueda e incluso PENSAR, esa actividad para la que casi nunca encontramos tiempo.
Entre las tareas pendientes está el hacer el enésimo curso de formación en nuevas tecnologías (que obvio es me interesan y procuro fomentar): WEB 2.0en los centros educativos (o algo así de título). Llevo tantos análisis de ventajas y desventajas de las wikis, los blogs, Google etc. etc. etc. que empiezo a estar confusa y perdida.
Para hacer más de lo mismo no se necesitan ordenadores ni internetes. Eureka se va a tomar un tiempo, cerrado por reflexión.
Para intentar ir (de verdad) más allá de la tiza.
P.S. Las dos geniales viñetas que ilustran este artículo pertenecen a Néstor Alonso, El profesor Potâchov de Moldavia. La foto, lamentablemente, no es un montaje caricaturesco. Despair.
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