LA FELICIDAD SEGÚN HELEN KELLER

7 Junio 2007

Hellen Keller nació el 27 de junio de 1880, en Tuscumbia (Alabama). A la temprana edad de 19 mnmeses sufrió una grave enfermedad, a raíz de la cual quedó ciega y sorda. A partir de los siete años de edad recibió una educación especial. En el año 1900 fue aceptada fue en la Universidad de Radcliffe, en la qjuese graduó con todos los honores cuando años después trabajó en la Comisión de Ciegos de Massachussettes y dió conferencias por todo el mundo.

Hellen Keller fue sin duda una de las mujeres más admirables del S.XX. A pesar de sus dificulatdes, llegó a ser autora, activista, oradora y gran viajera. DE todos es conocido El milagro de Ana Sullivan  (1962), impresionante película que cuenta la vida de esta mujer inigualable que supo ver - pese a ser invidente-lo esencial de la  vida.

  

“La insensibilidad es la única oscuridad sin esperanza”(1956).

“Siendo ciega y sorda, la vida me divierte más que a muchas personas que conozco, que pìensan que ven pero que son ciegas como murciélagos en lo que respecta a la comprensión.”(1920).

“Cuando se cierra una puerta de felicidad, se abre otra  ; pero  a menudo miramos tanto tiempo a la puerta cerrada que somos incapaces de ver la que se ha abierto.”(1929)

 ”La felicidad es un estado de la mente, y depende muy poco de las circunstancias externas”. (1930)

“No hay nada valioso que pueda hacerse sin alegría. Cultive la felicidad en usted y en los demás y se quedará maravillado con la belleza, la riqueza y el poder que le llega a través de su brillante espítiru.”

” Se dice que el éxito es felicidad. Yo pienso que la buena voluntad y ser útil a los demás constituyen la verdadera felicidad. Son cosas que perduran . Aportan una riqueza que nunca desaparece y una felicidad que nunca decepciona”( 1932).

“Nunca somos realmente felices hasta que intentamos iluminar la vida de los demás”

“Me tomo la felicidad muy en serio. Es un credo, una filosofía y un objetivo.” (1935)

“Me parece que ser útil es la mayor alegría de la vida de una persona”.

“La realidad aún cuando sea triste es mejor que las ilusiones. Las ilusiones se encuentran a merced del primer viento que sopla. La verdadera felicidad debe porceder del interior de un propósito firme y de la fé en las personas que nos rodean. ” (1916) 

“Algunas personas son suficientemente insensatas para imaginar que la riqueza el poder y la fama nos satisfacen el corazón; sin embargo, nunca lo hacen a no ser que se utilicen para crear y distribuir felicidad en el mundo”. (1926)

“Creo que Dios nos porporcionó la vid apara la felicidad, no para la  miseria. Y pienso que la felicidad, cuando se alcanza, debería compartirse.” (1960).

“Si no nos gusta nuestro trabajo y no tratamos de obtene rla felicidad con él, somos una amenaza tanto para nuestra profesión como para nosotros mismos.” (1970).

EL SOL NOS DA FELICIDAD

30 Mayo 2007

Cuanta más cantidad de luz solar, más felicidad

ELMUNDOSALUD.COM

REUTERS

Por primera vez se ha demostrado que los cambios de la luz solar durante el año modifican los niveles de algunas sustancias cerebrales que juegan un papel esencial en los trastornos afectivos estacionales. Así cuanta más cantidad de horas de sol y más luminosidad, menos problemas afectivos se producen según confirman los resultados de un estudio publicado en ‘The Lancet’.

Hasta el momento se tenía sospecha que una baja concentración de serotonina, un neurotransmisor o sustancia cerebral, da lugar a la aparición de trastornos afectivos ya que la fototerapia y los fármacos que inhiben la recaptación de la serotonina producen un efecto beneficioso en este tipo de patologías. El problema es que la medición de serotonina y sus metabolitos a través del fluido cerebroespinal mostraba que en las personas con estas alteraciones afectivas su nivel de serotonina era normal.

Esta contradicción podría explicarse si la cantidad de serotonina que hay en el fluido cerebroespinal no correspondiera con el nivel de serotonina cerebral, por ser producida por otras terminales nerviosas, y por lo tanto fuera un indicador impreciso de la concentración de este neurotransmisor en el cerebro.

Investigadores del Instituto de Investigación Baker, en Melbourne (Australia), han desarrollado una técnica para colocar catéteres en el interior de las venas y arterias yugulares y recoger muestras de sangre procedente directamente del cerebro. Con este método, las diferencias entre las concentraciones de neurotransmisores en las arterias y en las venas pueden ser extrapoladas para estimar las cantidades producidas en el cerebro.

Para ello han analizado las muestras sanguíneas de 101 voluntarios sanos y han valorado la variación estacional de varios neurotransmisores (serotonina, norepinefrina y dopamina) en el cerebro de estos participantes y han investigado el efecto de la luz solar en estas sustancias. La presión atmosférica media, las temperaturas máxima y mínima, la cantidad de lluvia total y el número de horas de luz solar se han medido diariamente.

Cambios en las sustancias cerebrales, no en la extracerebrales

Tras el análisis de los datos, se ha observado que el volumen de serotonina se redujo en los meses de invierno. La duración media de luz solar durante el estudio fue de 6h. Los cambios agudos de la luminosidad afectaron al volumen de serotonina en el cerebro, así los niveles más altos se encontraron en los días soleados y no en los nublados.

No se encontró ninguna relación entre la cantidad de serotonina y otros factores ambientales. La serotonina extracerebral no cambió con la estación. Tampoco se encontraron modificaciones debidas a la estación del año en el volumen de los otros neurotransmisores, la norepinefrina o la dopamina, ni se vieron afectados por las fluctuaciones agudas en las horas de luz solar.

Los autores no vieron ninguna relación entre el volumen de serotonina y la luz solar del día previo. Por lo que piensan que la serotonina cerebral se ajusta de forma rápida a la intensidad de la luz solar.

Finalmente los autores concluyen que la cantidad de luz solar afecta a la actividad de la serotonina cerebral, y que esto provoca el desorden afectivo y del humor estacional. Queda pendiente estudiar si este efecto afecta de la misma forma a pacientes predispuestos a estos trastornos afectivos que a personas sanas

LA FELICIDAD por Daniel Baños

30 Mayo 2007

Para mi la felicidad es que las cosas que hago me salgan bien. Soy feliz con la familia: cuando mi madre me dijo que no volvería a Suiza sentí lo que era la felicidad.

Me hace feliz viajar y dormir la mañana los sábados; estar acompañado de amigos; la comida italiana.

Para mi la felicidad es sentirme libre.

 

FELICITAS: En Roma era la diosa de la fertilidad y de los acontecimientos felices. Se le ofrecía el sacrificio de una vaca el 1 de julio y el 9 de octubre.

 

 

LA MUJER: La búsqueda de un futuro más equitativo

27 Mayo 2007

vGioconda Belli

01 de enero de 2006

El filo del año nuevo es un buen tiempo para reflexionar sobre el desarrollo de nuestra especie. Si comparamos los avances tecnológicos con los avances sociales, habremos de decir que mientras por un lado hemos ingresado al futuro de las máquinas inteligentes, por el otro seguimos instalados en los mismos conflictos que han asolado a la humanidad por siglos. Si bien las guerras han cambiado de estilo, no gozamos todavía de la anhelada paz mundial. Si bien hoy nos comunicamos globalmente, las comunicaciones personales y comunitarias parecen haber dado paso a la despersonalización y al aislamiento. El contacto físico está siendo sustituido rápidamente por el correo electrónico, los mensajes instantáneos y los celulares. En un mundo dividido entre países ricos y países pobres, hay quienes avanzan hacia el futuro y otros que permanecen aferrados a un pasado tribal, estático y anacrónico, ya sea por razones religiosas o por una miseria económica que no les permite el acceso a los recursos necesarios para insertarse en lo que consideramos progreso.

En pocos grupos humanos esta dicotomía entre pasado y futuro es más evidente que entre las mujeres. Desde los años de la liberación femenina en los 60 hasta el presente, las mujeres hemos venido haciéndonos sentir a saltos y tumbos en el panorama de la humanidad. Aunque hoy más que nunca se reconozca que la humanidad debe incorporar lo femenino, los roles sexuales se resisten a ceder paso a una perspectiva más equitativa. La lucha en estos últimos años parece haber abandonado la esfera de los dos sexos: masculino y femenino, para reclamar los derechos de otros géneros marginados: los gays, las lesbianas, los transexuales. Mientras se avanza en los derechos de éstos, la lucha ancestral de las mujeres por su pleno reconocimiento social se ha estancado. El magnífico feminismo que desencadenó, en el siglo XX, una de las revoluciones menos reconocidas pero más fundamentales en nuestra historia universal, se ha quedado rezagado y su debate ha dejado los asuntos de fondo para concentrarse en reivindicaciones puntuales. El derecho al aborto, importante como es, ha pasado a ser -involuntariamente, me parece- el eje definitorio del feminismo moderno. Estar a favor del aborto es lo que identifica ahora a las mujeres feministas de las que no lo son. Esa mirada reduccionista y limitada, pero capaz de encender y agitar los ánimos, ha forzado al feminismo a atrincherarse y a asumir un discurso defensivo.

Nacidas con las ventajas con las que sus madres, con sus batallas desmesuradas e incansables, las proveyeron, las mujeres jóvenes, en su mayoría, no se sienten, ni se identifican con el feminismo. Más bien son presas fáciles de los discursos conservadores que satanizan el deseo de las mujeres de desarrollar al máximo su potencial, advirtiéndoles sobre el daño que su ausencia del hogar representará, no sólo para sus hijos, sino para sus propios deseos de amar y ser amada. Es así que hoy la mujer moderna reivindica sin problemas su derecho a la más superior y exquisita educación, pero no parpadea cuando se trata de archivar sus títulos y conocimientos para dedicarse a ser madre de familia. Al contrario, hay quienes renuncian al mundo público con una actitud incluso desafiante, convirtiendo el regreso al hogar y al rol tradicional en una especie de grito de guerra. ¿Dónde quedaron los planteamientos sobre la necesidad del equilibrio?, se pregunta uno. ¿Pueden acaso cambiar las relaciones sociales si las mujeres no nos encargamos de empezar por hacerle ver al hombre que la primera justicia por la que tiene que luchar es la que debe existir en el seno de su propia familia? ¿Por qué tiene que ser la mujer la que asuma casi por completo la responsabilidad por los hijos, si el hombre también los engendra y también se enriquecería como persona integral si se involucrara en su cuidado? ¿Cuánto bien no le haría al macho suavizar su testosterona con unas gotas de ternura maternal arrullando a sus hijos, cambiándoles pañales, dándoles de comer? Pero estas tareas, para el hombre, siguen siendo excepcionales. Los que las realizan lo hacen con la conciencia de que no les competen propiamente, lo hacen para demostrar cuán buenos son y cómo “ayudan” a sus esposas. La mayoría de las sociedades actuales, a excepción quizás de las escandinavas, aceptan la división del trabajo ancestral entre hombres y mujeres como un hecho inamovible, como un hecho natural. En las sociedades escandinavas esta situación ha cambiado porque las mujeres, presentes en la política en números inconcebibles en otros países, han forzado el cambio de mentalidad. Al nacer un niño, por ejemplo, a la pareja se le concede un año de licencia: seis meses para la mujer y seis meses para el hombre. El compromiso de cuidar a los hijos pasa a ser inherente así a la paternidad, igual que lo ha sido desde siempre para la maternidad. Tanto las empresas como sus empleados -hombres y mujeres- planifican sus horarios y edificios tomando en cuenta sus necesidades familiares, es decir, estructurando horarios flexibles y construyendo guarderías infantiles en sus instalaciones. Pero estos cambios destinados a promover un nuevo sistema de relaciones dentro de las familias, son sólo un sueño en el resto del mundo. En la mayoría de los países, las mujeres deben confrontar, al momento de decidir si se reproducen o no, la realidad de que la maternidad significará para ellas una reducción efectiva de sus ventajas en el mundo laboral. No es de extrañar que las tasas de natalidad hayan bajado tan estrepitosamente en los países industrializados.

Uno no puede menos que preguntarse si la tendencia actual a que las mujeres renuncien a la libertad que tanto les costó ganar, para volver a los roles tradicionales, no es el resultado de las barreras que han levantado los hombres dentro de sus mundos corporativos para proteger sus espacios y asegurarse de que esa competencia femenina, que se avizoraba como una potente marejada en los 70, se viera forzada a desistir de sus intentos de igualdad al verse de cara a realidades tales como la “doble jornada”, o la cacareada “soledad de la mujer exitosa”.

De más está decir que, en muchas regiones del mundo, este conflicto entre hogar y trabajo, vida pública o vida privada, ni siquiera representa una opción para tantas mujeres que aún viven sus vidas en condiciones de virtual esclavitud, sometidas arbitrariamente a bárbaras costumbres sancionadas por usos culturales o religiosos. Que en el siglo XXI la humanidad acepte aún los crímenes de “honor”, las lapidaciones, el encierro y falta de derechos con los que existen miles de mujeres en el Medio Oriente, Asia, África y América Latina, es una muestra de lo sesgado que es el concepto de civilización y desarrollo, y de la tolerancia con que el mundo patriarcal justifica su incapacidad de demandar un trato humanitario para las mujeres cuando es capaz de imponer embargos y desencadenar guerras en nombre de amenazas, a menudo fabricadas, que convienen a sus intereses políticos.

Paradójicamente, lo que podríamos considerar como la crisis del movimiento femenino o sea las dudas y angustias que llevan a la mujer hoy en día a renunciar frecuentemente a su vida pública en aras de las labores que le han valido reconocimiento universal ad eternum, contiene, desde un punto de vista optimista como el mío, la semilla de una nueva propuesta. Me he preguntado a menudo si un mundo femenino sería diferente; si haría falta, dentro de toda esta tendencia a globalizarnos y entrar a cualquier precio en el futuro tecnológico, introducir la ética femenina: una ética de compasión, de conciliación, de cuidarnos los unos a los otros, una ética maternal. Quizás las mujeres que hoy abandonan sus trabajos para retornar al hogar no estén dispuestas a renunciar a esa ética y equivocadamente, a mi manera de ver, pretenden tapar el sol con un dedo refugiándose en el solaz de una intimidad donde aún pueden pretender que sus cualidades matriarcales salvarán al menos a sus pequeñas familias. La realidad, sin embargo, es que ese tipo de comportamiento de avestruz sólo ayuda a perpetuar la problemática de la desigualdad y no librará a sus hijas de enfrentarse a esa desgarradora opción entre el desarrollo de su potencial o el sacrificio de éste en aras de la crianza de los hijos. A las mujeres de hoy, todavía en los inicios del siglo XXI, nos urge volver a refrescar los profundos contenidos emancipadores de las feministas de mediados del siglo XX y volver a plantearnos el asunto de la igualdad, no meramente como una lucha por la mejoría de nuestro género, sino como una necesidad vital de la humanidad de renovarse a partir de un pensamiento hasta ahora relegado a los espacios privados. El mundo moderno con su crisis de valores necesita de la experiencia acumulada de las mujeres en el terreno de la conciliación, del diálogo, de volver a priorizar las relaciones humanas, a ser buenos vecinos, a cuidar a los enfermos, defender a los débiles, de cuidarnos los unos a los otros. Pero no serán las estructuras actuales del mundo laboral o del estado las que nos permitirán a las féminas, porque sí, una mayor incidencia en la vida pública. Construír las condiciones que, sin obligarnos a desnaturalizarnos o masculinizarnos, nos permitan una plena participación en nuestras sociedades requiere de la redefinición de los roles paternales y maternales dentro de la familia; requiere de una agenda política que obligue a las sociedades modernas a concebir la reproducción y crianza de los futuros ciudadanos como una responsabilidad colectiva, esencial para la felicidad y armonía del conjunto, y que no puede depender del “sacrificio generoso” de la mitad de la humanidad. Para lograr el nivel de conciencia que estos cambios requieren, es preciso que las mujeres asumamos un papel más activo en las instancias de poder local y nacional. Somos las mujeres, con nuestra inventiva y creatividad, las que debemos volver a las trincheras que hemos abandonado. Sólo así seremos protagonistas en la construcción necesaria de un mundo mejor para todos.

Gioconda Belli es escritora y poeta nicaragüense

Me hace feliz…Yumerky Suero

24 Mayo 2007

 SonrienteSería más feliz si no hubiera  tanta contaminación,si en  el instituto sólo tuviéramos que estar 4 horas y que el uniforme fuera: una minifalda con medias partís,con zapatos, una camisa y un chaleco.Y seria más feliz estando con todas las personas que quiero. Chulo

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LA FELICIDAD PARA MOISÉS GABARRI LEÓN

21 Mayo 2007

Me hace feliz ir de boda (boda gitana)  y estar con la familia.   

Estoy contento cuando tiramos almendras a los novios, suena el cajón, la guitarra y empezamos a tocar las palmas. 

Me hace feliz pensar en el último día de instituto, quiero visitar Jefatura de Estudios por última vez y decirles:-     ¿Qué tal? Esta es la última vez que nos vemos. ¿Tienes un pitu?

Felicidá en asturiano

16 Mayo 2007

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La felicidad  Aroa García Bonet

A mí lo que me hace feliz es salir con mis amigos y pasármelo bien. Escuchar música, jugar a la play  y al ordenador. El día que faltan los profesores o que salimos una hora antes y una hora después para poder dormir más. Ir al cine con Móni, Dani y Sara porque son risas y lo pasamos bien. Un día íbamos por la calle saludando a los conductores de los coches y ellos también nos saludaban riéndose.

También me hace feliz cuando apruebo los exámenes o cuando me dan una buena noticia relacionada con los estudios o con otras cosas, por ejemplo cuando gano en bádminton. También cuando mi abuela no está enfadada y me deja salir. Me hace feliz ver a los demás contentos

Ευδαιμονια Felicidad en griego Paula Rodríguez

16 Mayo 2007
Para mi ser feliz son muchas cosas por ejemplo: vestir como quiero siempre y cuando esté a la moda y pueda permitírmelo. Cuidarme bien para no padecer ninguna enfermedad, ni ningún trastorno; también hacer de vez en cuando deporte para favorecer a la salud y así tener un buen cuerpo y estar delgada.    Salir por ahí con mis amigas, pasarlo bien, reírme, hacer cosas nuevas, pasar el día junto a ella siempre y cuando estemos aburridas.También ir de vez en cuando a alguna fiesta y divertirme, pasarlo en grande.Irme de vacaciones una vez al año a un sitio que tenga playa, parque acuático, piscina…Por el verano también me gusta ir a la playa con mis amigas, los días que hace mal tiempo, ponerme en el ordenador y hablar con ellas.Una cosa que me encanta es irme los fines de semana a mi pueblo. Allí suelo ir a andar con mi padre en moto y hacer alguna ruta y luego por la tarde ya me voy por ahí, con mis amigas.
Paula Rodríguez.

Štĕstí felcilidad en checoAdrián Rodríguez Rodríguez

16 Mayo 2007

Hoy me siento feliz por haber aprobado este trimestre y pasarme  las vacaciones haciendo todo lo que me gusta. Supongo que en el futuro serán otras las metas. Para lograr esto me ayuda tener una familia unida, donde las alegrías y los problemas se comparten.El tener muchos amigos, el llevarme bien con mis compañeros y profesores.El haber nacido en un país donde no hay guerras, el no conocer el hambre, el tener agua potable solo con abrir un grifo, el tener muchos medios de conocimientos al alcance, el poder estudiar y aprender sin tener que trabajar. Supongo que haya muchas cosas que disfruto y no me doy cuenta porque la mayoría de las cosas no se valoran hasta que se pierden.Me gustaría que se acabaran las mentes malvadas para que no hubiera guerras, ni desgracias familiares.

FELICIDADE

16 Mayo 2007

Para mí la felicidad es estar con mi familia y mis amigos, me gustaría ir a la Argentina. Sobre todo me haría feliz no separarme nunca de mis amigos, no de mis padres, porque es lo que más quiero en mi vida, los quiero mucho a todos. Me gustaría estudiar mucho y sacarme una buena carrera para que mis padres estén felices. Ser arqueóloga. También me gusta estar en el instituto, porque tengo algunas profesoras que me caen”pila” bien y por mis amigos. Jennifer Pérez