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LA CASA DE ELROND: CINE

EL SISTEMA DE PRODUCCION DETERMINA LA IDEOLOGIA

Comenzamos nuestro análisis del la filosofía de Karl Marx (1818-1883) haciendo un pequeño repaso a su modo de entender la Economía Política, basada en el concepto de “sistema de producción”, que constituye la base “real”, “material”, “económica”, sobre la que se sostiene la sociedad, y de cómo esté determina el modo de pensar y actuar en un determinado “momento histórico”, esto es, determina la superestructura social, política y jurídica, que Marx denomina “ideología”. Para ello, nada mejor que echar un vistazo a tres películas que nos muestren los tres momentos históricos, tal y como son definidos por Marx siguiendo los modos de producción que le son propios, a saber: el “modo de producción esclavista”, el “modo de producción feudal y el “modo de producción capitalista”. Y como queremos quitar un poco de hierro al asunto, lo haremos a partir de tres películas del genial grupo de cómicos ingleses Monty Python.

En “La vida de Brian” (Universal 1979) de Terry Jones, podemos disfrutar de una corrosiva recreación de la Judea del siglo I, y seguir las peripecias del Brian, que es sistemáticamente confundido con Jesucristo desde su nacimiento. Pero en realidad, Brian es un joven revolucionario que “odia a los romanos” y que lucha contra su forma de imperialismo, que pretende quitarles la libertad y modificar su “forma de vida” (su “ética”) imponiendo un modo de producción diferente, más avanzado, a costa de la sumisión de los menos favorecidos (los judíos). Como parte de un grupo de acción, pretende dar un gran golpe raptando a la mujer de Pilatos para hacer valer sus reivindicaciones. En la reunión del grupo, el cabecilla se pregunta “¿qué han hecho los romanos por nosotros?”… y lo que viene a continuación es un relato de porqué los romanos dominaron el mundo en este periodo histórico con tanta facilidad.

En “Los caballeros de la mesa cuadrada” (universal 1974) de Terry Jones y Terry Gilliam, nos encontramos con una interesante reflexión sobre el modo de producción feudal. Seguimos a un más que cómico rey Arturo por toda Inglaterra tratando de hacer valer su autoridad ante sus súbditos, cuando dos de ellos, repentinamente, le acusas de opresión, de privación de libertad y de abuso de autoridad (podéis conslutarlo en este enlace). “Yo soy el rey”, dice Arturo; “¿Y quién te ha elegido rey?” contestan los campesinos. La forma de gobierno es tiránica, y no garantiza la vida de los trabajadores: sólo un gobierno “democráticamente constituido”, a partir del “voto de la mayoría”, puede garantizar el “principio de soberanía popular” y permitir reducir la opresión de clase y la mejora de vida de los súbditos. Pero claro, para eso faltan aún unos cuantos siglos antes de que Inglaterra se conforme como la primera monarquía parlamentaria conocida en la modernidad u promueva el principio de la “división de poderes”. Deberemos esperar un poco.

El sentido de la vida” (Universal 1983) de Terry Jones, (los guiones de todas estas películas fueron escritos por los seis Monty Python: Terry Jones, Terry Gilliam, Eric Idle, John Cleese, Michael Palin y Graham Chapman. un obrero regresa de la fabrica tras un agotador día de trabajo cuando la cigüeña le saluda con una pequeña sorpresa: un nuevo hijo. Pero el caso es que éste, que es católico y, por tanto, no puede permitirse el uso de técnicas de planificación familiar, ya tiene un número considerable de hijos a los que tiene que mantener (puedes jugar a contarlos, que no es tarea fácil). Y consecuentemente, se ve obligado a “deshacerse” de alguno de ellos para poder seguir viviendo del triste salario que percibe por desarrollar su trabajo. El propio trabajador se consuela a sí mismo con una canción, tratando de humanizar su “miserable situación económica”, que, por supuesto, el no puede cambiar… ¿o tal vez si? (podéis consultarlo en este enlace).

Por supuesto, las tres películas son comedias de marcado carácter anacrónico: las tres hablan en realidad de la sociedad actual, del “modo de producción capitalista” y de las distintas formas de opresión del poder, basadas todas ellas en la “ideología dominante” (la de las clases adineradas), que generan esa “falsa conciencia” en los oprimidos. ¿Por qué ir contra los romanos si nos han traído la paz? ¿Por qué asumir que con la llegada democracia representativa como forma de gobierno ya está todo solucionado? ¿Por qué considerar nuestras condiciones de vida injustas cuando la cosa podría ir mucho peor? Trátese de imperialismo, de dominio feudal o de sometimiento al capital, siempre hay alguien que hace pasar esta forma de pensar, esta ideología, como la única posible para alcanzar el progreso de la humanidad (ideología que, curiosamente, en lugar de generar progreso busca “detener la historia” para que las cosas sigan como están, para que los opresores mantengan su posición de dominio y sus privilegios y los oprimidos acepten su papel dentro del engranaje social. Pero el verdadero “motor de la historia”, nos dice Marx, es el “conflicto”, la “oposición”, la “lucha de las clases”.

LAS CONDICIONES REALES DE LA CLASE PROLETARIA

Pongámonos ahora un poco más serios para tratar de comprender las ideas desarrolladas por Karl Marx (1818-1883) en sus múltiples textos bajo el nombre genérico de Materialismo histórico. Ya hemos hablado de ideología y de los modos de producción. Nos toca ahora hablar de “alienación” y de “lucha de clases”. Os he seleccionado dos películas clásicas que abordan el tema.

La primera de ellas, a partir de una novela de Emile Zola, lleva por título “Germinal” (Suevia 1993) de Claude Berri, en alusión al comienzo de la lucha obrera en las minas del norte de Francia a finales del siglo XIX. Estamos ante una película portentosa, de una claridad de ideas notable y que expone las “infames condiciones de la clase proletaria” como argumento para justificar la “lucha contra la opresión” (un argumento marcadamente marxista, pues el materialismo histórico entiende que son las “condiciones materiales de vida” de los seres humanos las que determinan la “conciencia”, y no al revés, como pensaban los idealistas alemanes). Fueron precisamente los idealistas, en especial Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831), los que introdujeron el concepto de “alienación” en su sentido positivo, a saber: al trabajar, al desarrollar su actividad productora, el trabajador se proyecta sobre los productos de su trabajo; pone en cada producto algo de su ser, toda su energía humana, sus cualidades, su imaginación, su esfuerzo, su mente; en definitiva, el producto es una “objetivación” del trabajador, y tiene un rostro humano: al “exteriorizarse” el hombre en la naturaleza, ésta queda “humanizada“, mientras que el hombre “se hace naturaleza“, queda “objetivado“.

Pero Marx invierte esta definición, afirmando que, al desarrollar su actividad productora, y debido a la producción basada en la “propiedad privada”, los productos elaborados por el trabajador y en los que este se “exterioriza”, no han retornado a él: no le han servido para la “producción social de la vida”, se han quedado en manos de unos pocos, los propietarios de los medios de producción, mientra que los no propietarios se quedan sin la mayoría de los productos que sirven para la vida. El trabajador se encuentra entonces “vaciado de sí mismo”, “desdoblado”, “roto”: los productos de su trabajo los vivencia como algo que es propiedad de otro y no propia. Y por ello, el objeto producido, el bien que el capitalista vende en el mercado, le parece “extraño”, “ajeno”. Incluso el propio trabajo, que es la actividad específica del ser humano, es para él un simple medio para poder reproducir su existencia material. La alienación distorsiona al hombre haciendo que se sienta hombre cuando realiza funciones que son sólo animales (comer beber, procrear, etc…), y haciendo que se sienta animal cuando realiza funciones humanas (en el trabajo).

En el segundo de los vídeos seleccionados podemos comprobar cuál es el paso natural ante esta situación. En la película “Novecento” (Coproducción 1976) de Bernardo Bertolucci, tenemos un claro ejemplo de la situación del proletariado frente al abuso de poder de los capitalistas. Hemos sustituido a los mineros por campesinos, pero la situación es igualmente infame: el propietario de la tierra “encierra” a los obreros como si fuesen ganado (poniendo cadenas en la entrada de la finca para que los trabajadores no puedan salir), y les impone unas condiciones de trabajo miserables que, finalmente, los obreros no están dispuestos a tolerar. Se produce, pues, un alzamiento contra el patrón, que trae consigo una “radicalización de las acciones” (también se pueden apreciar en los anexos de la película anterior, que son considerablemente más “salvajes”) y “una inevitable lucha de clases” (como algún personaje llega a decir en algún momento del metraje).

Queremos incidir en este punto: el materialismo histórico de Marx contempla la historia como un juego de “oposición entre contrarios”, de modo tal que el progreso sólo puede venir con la cancelación de esa oposición, esto es, con la lucha. Lucha que, en opinión de Marx, es “necesaria e inevitable”, y que es, y debe ser, revolucionaria. Las contradicciones históricas son las que tienen lugar en el nivel de la “estructura económica”: en las relaciones entre los propietarios de los “medios de producción” y las “fuerzas productivas”. Las contradicciones a nivel humano son producidas por la distinta posición de unos con otros en el proceso productivo. La supresión de esos contrarios sólo se puede dar a través de la “lucha”, porque la “dialéctica” implica “supresión de uno de los contrarios”. Por eso dice Marx que la lucha es la “comadrona de la historia”: sin lucha, no hay progreso; la lucha es la “mediación” necesaria para que haya progreso histórico.

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