Revolución feminista y violencia de género

Una revolución puede definirse como un cambio drástico, incluso violento, en las instituciones de una sociedad. En este sentido, creo que se puede perfectamente considerar al feminismo un movimiento social revolucionario, que intenta cambiar de raíz la injusticia de las tradicionales relaciones entre hombres y mujeres en nuestra sociedad. Ha sido y es, eso sí, una revolución que, al contrario de otras –Estados Unidos, 1776; Francia, 1789; México 1910; Rusia, 1917; México; Cuba, 1959; Portugal, 1974– no se puede estimar circunscrita a un tiempo y lugar concretos, sino geográficamente globalizada y extendida por toda la Era Contemporánea.

Suele también decirse que la revolución feminista ha sido el único movimiento revolucionario contemporáneo incruento, es decir, que se ha llevado a cabo o se está produciendo de forma pacífica y sin violencias. Pero mucho me temo que eso no sea del todo cierto. La peculiaridad de la revolución de la mujer, en este sentido, tiene que ver más con su pacifismo activo prácticamente generalizado que con su falta de violencia pasiva, también prácticamente generalizada. En toda revolución, las estructuras sociales retadas y presionadas a cambiar, y sus élites, se resisten a ese cambio en las relaciones de poder, recurriendo a la fuerza, de la que, como élites, poseen recursos en suficiente abundancia. Y esa fuerza se manifiesta en la revolución de la mujer polimórficamente: desprecio, grosería, burla, insulto, amenaza, silenciamiento, explotación laboral, secuestro, explotación sexual, agresión, violación… En el caso del feminismo, mucho me temo, repito, que las víctimas de la reiterada violencia de género de la actualidad sean el pago en sangre de su revolución; mártires sin buscarlo, activistas anónimas y protagonistas involuntarias de una lucha revolucionaria por denunciar y terminar con desigualdades e injusticias ejercidas contra un colectivo humano, únicamente a causa de su sexo, por las estructuras sociales machistas del patriarcado tradicional, que se ve amenazado y se resiste al cambio con uñas y dientes.

Y ante esta revolución, y su represión, que ha estado y se está produciendo a nuestro alrededor quizá ya sólo quepa hacerse una pregunta clara y directa: ¿de qué parte estamos?

 

Mario Francisco Villa.

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1 comentario para “Revolución feminista y violencia de género”

  1. Irene Álvarez González escribe:

    Estoy totalmente de acuerdo con el artículo. Esta revolución es pacífica, pero se nos contesta con violencia, tanto física como psicológica. El feminismo busca la igualdad entre hombres y mujeres, y no su superioridad, como mucha gente cree.

    La respuesta a la pregunta en muy fácil: hay que estar de parte del feminismo. Aunque no se crea, el patriarcado también afecta a los hombres. Un hombre no puede hacer muchas cosas o comportarse de muchas formas simplemente porque son “actitud de mujer”; y “debe” hacer unos trabajos y no otros, sólo porque se consideran propios, o no, de hombres. En conclusión, aquellos que no sigan esta revolución deberían reflexionar: ¿por qué no la sigo?

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