El voto en blanco es una opción

Este mayo muchos de nosotros ya podremos votar. Es una decisión muy importante: debemos meditar acerca de quién representa los valores que perseguimos, contrastar información, leernos los programas electorales, etc.

En este momento no voy a posicionarme sobre ningún partido, simplemente quiero concienciar sobre una medida demasiado frecuente: la abstención de voto. Muchos no votan, porque no les importa quién les gobierne. En ese caso, puedo entender que no ejerzan su derecho. Pero también hay gente que no vota, porque no se identifican con ningún partido político. A estas personas les pregunto: ¿por qué dejar de votar cuando tienes la oportunidad de votar en blanco demostrando tu descontento?

Esto es debido a la idea generalizada de que, así, se le está dando el voto al partido más votado y no es así. El sistema de reparto de votos en blanco que utilizamos en España es proporcional a los votos recibidos. Para conseguir esto aplicamos la Ley d’Hondt: método matemático para convertir los votos en escaños.

En España, siguiendo el procedimiento de divisores correspondiente a la Ley d´Hondt, la atribución de los escaños en función de los resultados del escrutinio sigue estas reglas:

  • No se tienen en cuenta candidaturas que no obtuvieran, al menos, el 3% de los votos válidos.
  • Se ordenan de mayor a menor las cifras de votos obtenidos por las candidaturas.
  • Se divide el número de votos obtenidos por 1, 2, 3, etc. y se reparten los escaños por orden del mayor al menor de los cocientes.

    Este reparto proporcional beneficia tanto a los grandes partidos políticos como a los partidos nacionalistas y permite un acceso más sencillo a las formaciones más pequeñas.

    Irene Álvarez González

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