El director de un colegio tenía un problema con algunas de las alumnas mayores que empezaban a usar pintura de labios. Cuando se maquillaban en el baño, ellas ponían sus labios en el espejo y dejaban marcas.
Antes de que se convirtiera en un problema mayor, el director consultó y pensó en cómo detenerlo.
Reunió a todas las alumnas que usaban pintura de labios y les dijo que las quería ver en el baño de chicas a las 12 en punto. Las chicas, puntuales, se encontraron al director y a la señora de la limpieza esperándolas.
El director les explico que se estaba convirtiendo en un problema para la persona del aseo en limpiar el espejo cada noche. Les dijo que probablemente no entendían cuanto problema realmente le estaban causando y quería que fueran testigos de lo que la buena señora hacía cada noche durante más de media hora y de lo difícil que era.
La limpiadora, con gran ceremonia, tomó uno de los cepillos de los inodoros y procedió a quitar la pintura de labios con él.
Cuentan que ese fue el último día que hubo pintura de labios en el espejo.