Horizontes Lejanos

Revista Escolar del IES Rosario de Acuña

DISCURSO DE GRADUACIÓN DE BACHILLERATO, PROMOCIÓN 2006-07

Publicado por serafingf el 14 Junio 2007

portada25Francisco Rodríguez Menéndez 

LA VIDA HUMANA… SEGÚN ORTEGA Y GASSET 

El propósito de estas lecciones no es otro que incitarles a tener cuidado de su vida, porque no tienen más que una y esa una se compone de un número dado, muy limitado de instantes, de ahoras, y emplearlo mal es como destruirlo, como matar un poco de su vida.

José Ortega y Gasset: Unas lecciones de metafísica

 

Introducción

Me vais a perdonar todos, alumnas y alumnos, madres y padres, colegas de filosofía, colegas de otras disciplinas y demás público asistente a este acto… el atrevimiento de complicarme la vida hablándoos de un tema, LA VIDA HUMANA, que me es, que nos es, a un tiempo, muy próximo… (¿quién no se ha parado en algún momento de soledad, a pensar sobre qué sea eso que llamamos “vida”, “mi vida”?); y a la vez, muy ajeno, puesto que es asunto grave que entra en el ámbito de la Filosofía, en el que, por cierto, me declaro, desde ya, sólo un simple aficionado o amateur.

De todos modos, antes de que, decepcionados tras esta sincera confesión de mis escasos conocimientos filosóficos- empecéis a revolveros en las butacas pensando con disimulo algo así como: “desde luego hay que fastidiarse… el morro que le echan algunos profes”, atended a las siguientes consideraciones que quizá, si tengo suerte, os llamen la atención lo suficiente como para seguir escuchando.

Decía el gran filósofo y matemático francés Pascal:

Pasar de la filosofía, es ya ciertamente filosofar1

En efecto, estamos todos atrapados: incluso quienes pasan de la Filosofía o la menosprecian, también esos están ya, de alguna manera, filosofando… bien que a su pesar. Por ello no es extraño que muchos, que no somos más que aficionados, nos interesemos, con nuestras escasas luces, por los temas que a ella ocupan y preocupan y que son temas fundamentales que afectan a toda nuestra breve, asombrosa, terrible a veces y misteriosa siempre, existencia.

Todos los grandes filósofos han pensado y hablado también para mí, profe de latín cuarentón; para ti, chavala o mozuelo dieciocho-añero o teenager, que de pronto un día me di, te diste, perfecta cuenta de lo tremendo que es morirse, viejo y feo hábito de la humanidad; o descubrí, descubriste que Tempus fugit, el tiempo huye y fluye sin sentir; o que otro día entendí, entendiste que no es lo mismo hacer las cosas bien o hacerlas mal, facilitar la existencia a los demás o hacerles la puñeta… etc.
Cosas, como veis, de lo más cotidianas y vulgares.

La segunda cita que quería recordar aquí son las palabras con las que el gran filósofo helenístico Epicuro iniciaba la carta que dirigió a su discípulo Meneceo y que decían así:

Nadie por ser joven dude en filosofar, ni por ser viejo de filosofar se hastíe. Pues nadie es joven o viejo para la salud del alma. El que dice que aún no es edad de filosofar o que la edad ya pasó es como el que dice que aún no ha llegado o que ya pasó el momento oportuno para la felicidad. De modo que deben filosofar tanto el joven como el viejo.2

Epicuro nos invita a todos, sea cual sea nuestra edad, a pensar, a meditar. Tal humanísima actividad no está reservada a una etapa concreta de nuestra vida, como pensaban otros filósofos. En cualquier ocasión y tiempo es saludable la reflexión. Y así como cualquier instante de la vida es adecuado para la felicidad, así también para pensar y repensar.

La última cita que me vino a la memoria a la hora de preparar el enfoque que debía dar a esta intervención fue una agudeza de uno de los escritores españoles más ingeniosos, el increíble Enrique Jardiel Poncela, quien dejó escrito que:

La Historia y la Filosofía se diferencian en que la Historia cuenta cosas que no conoce nadie con palabras que sabe todo el mundo, en tanto que la Filosofía cuenta cosas que sabe todo el mundo con palabras que no conoce nadie.

Es muy posible que Jardiel exagerara. De todos modos -que nadie se asuste- intentaré ahora y aquí, rectificando a don Enrique, tratar de cosas que, aparentemente, sabe todo el mundo con palabras que todos conozcamos y entendamos.

Por la premura de tiempo y la consabida brevedad de vuestra paciencia no me voy a detener en la biografía del nuestro filósofo, que un brillante historiador español ha calificado como “la figura más determinante de la vida española del siglo XX”.3

Sólo mencionaré unos pocos datos de su vida que nos sitúen al pensador en su tiempo y circunstancia.

  • José Ortega y Gasset nació y murió en Madrid.

  • Su vida trascurrió entre 1883 y 1955, coincidiendo su apogeo como pensador con uno de los períodos más fértiles y a la vez más convulsos y trágicos de la historia española: la primera mitad del siglo XX.

  • Estudió en la Universidad de Madrid y completó su formación en Alemania.

  • Su primera obra importante Meditaciones del Quijote data de 1914.

  • Se le ha encuadrado en la generación del 14, la generación intelectual también llamada Novecentista, que siguió a la Generación del 98, junto con el magnífico escritor asturiano Ramón Pérez de Ayala, Gregorio Marañón, Ramón Gómez de la Serna, Eugenio D´Ors, Gabriel Miró, etc…

  • Fue un gran pensador, ensayista y periodista. Fue, además, un magnífico escritor, en posesión de un estilo literario personalísimo e inconfundible. Se puede afirmar, sin exagerar que ha escrito una de las mejores prosas ensayísticas en lengua española.

  • En su preocupación por difundir la filosofía entre el gran público dio a conocer muchas de sus obras en los periódicos y repetía que la claridad era la cortesía del filósofo.

Concluyo estos datos con el juicio de un gran pedagogo4 , coetáneo suyo,

Ortega reunía en sí condiciones difíciles de encontrar reunidas en una persona: fue pensador, escritor, orador, profesor, todo de un modo eminente. […] Después de don Francisco Giner de los Ríos no ha habido nadie en España que haya realizado una labor de reconstrucción espiritual semejante.

Y ya, antes de entrar en materia, dos advertencias previas:

  • Vamos a omitir puntos fundamentales de la filosofía de don José Ortega y Gasset que son cimiento y justificación de todo lo que aquí se va a decir. Espero que lo que se pierda en rigor, se gane en claridad.

  • Como resulta más interesante oír las palabras de Ortega que las mías, lo que sigue está trufado de citas de textos suyos.

Concepción del hombre

Aunque el tema principal de estas palabras sea la vida humana según Ortega y Gasset, creo imprescindible decir antes algo acerca de su concepción del hombre, sobre su antropología.
Nuestro pensador considera que las ciencias naturales, deudoras de la razón físico-matemática, (biología, química, incluso la psicología, etc.) nos ofrecen explicaciones parciales e insuficientes sobre qué sea el hombre. Y así dice:

Mal podía la razón físico-matemática en su forma crasa de naturalismo, o en su forma beatífica de espiritualismo afrontar los problemas humanos. Por su misma constitución no podía hacer más que buscar la naturaleza del hombre. Y, claro está, no la encontraba. Porque el hombre no tiene naturaleza. El hombre no es su cuerpo, que es una cosa; ni es su alma, psique, conciencia o espíritu, que es también una cosa. El hombre no es cosa ninguna,…5
El prodigio que la ciencia natural representa como conocimiento de cosas contrasta brutalmente con el fracaso de esa ciencia natural ante lo propiamente humano. Lo humano se escapa a la razón físico-matemática como el agua por una canastilla…. […]
La causa tiene que ser profunda y radical; tal vez, nada menos que esto: que el hombre no es una cosa, que es falso hablar de la naturaleza humana, que el hombre no tiene naturaleza.6

Ahora bien, si el hombre no se puede considerar y estudiar como una cosa, si el hombre no tiene naturaleza: si no es, a la manera que es o existe un planeta, una piedra o un tronco, hay que buscar por otro camino qué demonios es.

Esa capacidad de ser, una tras otra, infinitas cosas diferentes, sin que haya una sola imaginable que pueda en principio excluirse de sus posibilidades, es el verdadero significado de la palabra hombre.7

Y llegamos aquí al fondo de la novedosa concepción orteguiana del hombre: el hombre no es naturaleza, sino que es historia. O lo que es lo mismo: La “vida humana” no es biología, sino biografía8. De ahí que, cuando yo quiero decir a alguien quién soy, tengo que empezar por contar una historia, mi historia. ¡Quizás, por eso, si nos paramos a pensar un momento, no haya nada tan despectivo como decirle a alguien “no me cuentes tu vida”!.

Y continúa Ortega:

Ahí está, esperando nuestro estudio, el auténtico ’ser’ del hombre -tendido a lo largo de su pasado. El hombre es lo que le ha pasado, lo que ha hecho. Pudieron pasarle, pudo hacer otras cosas, pero he aquí que lo que efectivamente le ha pasado y ha hecho constituye una inexorable trayectoria de experiencias que lleva a su espalda, como el vagabundo el hatillo […]. Ese peregrino del ser, ese sustancial emigrante, es el hombre. Por eso carece de sentido poner límites a lo que el hombre es capaz de ser. En esa ilimitación principal de sus posibilidades, propia de quien no tiene una naturaleza, sólo hay una línea fija, restablecida y dada, que puede orientarnos; sólo hay un límite: el pasado. Las experiencias de vida hechas estrechan el futuro del hombre. Si no sabemos lo que va a ser, sabemos lo que no va a ser.
En suma, que el hombre no tiene naturaleza, sino que tiene… historia. O, lo que es igual: lo que la naturaleza es a las cosas, es la historia [… ] al hombre.9

Por eso, porque no tiene naturaleza ha podido ser cazador paleolítico, general romano, obispo o astronauta…, ha podido ser Platón, Cleopatra, Cristóbal Colón, Marie Curie, Albert Einstein o … incluso, Sara Montiel.

Los atributos de la vida humana

Abordemos, pues, ya, sin más preámbulos, el tema principal de esta disertación: sus ideas sobre la vida humana.
Para Ortega, “el problema radical de la filosofía es definir ese modo de ser, esa realidad primaria que llamamos “nuestra vida”, teniendo siempre presente que “… vivir es lo que nadie puede hacer por mi - la vida es intransferible- no es un concepto abstracto, es mi ser individualísimo”.10
Él considera que la vida es la realidad radical, realidad fundamental, básica, porque “Todas las demás cosas las encuentro en mi vida, dentro de ella, como detalle de ella y referido a ella”11 : ya sean las matemáticas, los padres, la discoteca o las estrellas.

Ortega sale, pues, a la caza de los atributos de la vida, esa nueva realidad radical. Ese es su método y vamos ahora nosotros a seguirlo con atención para ver hasta dónde nos lleva.
¿Qué es, pues, la vida humana? Y la primera respuesta es de lo más simple -vamos que se le ocurre a cualquiera-: Vida es lo que hacemos y nos pasa. Hasta aquí, imagino, que estaremos todos de acuerdo: parece una obviedad, pero es así. En efecto,

Si somos sinceros- nos dice Ortega- reconoceremos que la mayor porción de nuestra existencia está hecha de parejas insignificancias: vamos, venimos, hacemos esto o lo otro, pensamos, queremos o no queremos, etc.
De cuando en cuando nuestra vida parece cobrar súbita tensión, […] concentrarse y densificarse: es un gran dolor, un gran afán que nos llama: nos pasan, decimos, cosas de importancia. Pero noten ustedes que para nuestra vida esta variedad de acentos, este tener o no tener importancia es indiferente, puesto que la hora culminante y frenética no es más vida que la plebe de nuestros minutos habituales.

Vivir es lo que hacemos y nos pasa: hacer un examen de inglés, beberse un colacao, ir al cine, enamorarse, sufrir una grave enfermedad, obtener el título de Bachiller o incluso ver “Aquí hay tomate”…
Ahora bien, todo lo que hacemos y nos pasa es nuestra vida porque nos damos cuenta de ello: por eso nos advierte Ortega de que

Este es el primer atributo decisivo con que topamos: vivir es esa realidad extraña, única, que tiene el privilegio de existir para sí misma. Todo vivir es vivirse, sentirse vivir, saberse existiendo -donde saber no implica conocimiento intelectual ni sabiduría especial ninguna, sino que es esa sorprendente presencia que su vida tiene para cada cual.12

Somos muy conscientes de nuestra vida. Nos enteramos perfectamente cuando nos duele una muela y, en cambio, la piedra no parece enterarse cuando le damos una patada. Por eso podemos decir con toda propiedad mi vida, como algo completamente diferente, diverso de todo lo demás, incluidas las vidas de los otros.

El segundo aspecto con que se topa Ortega en esta investigación emprendida a la caza de qué sea la vida, la vida de cada uno, sin prejuicios ni prevenciones, es, aunque no lo parezca a primera vista, tremendo:
Vivir es encontrarse en el mundo, en unas circunstancias determinadas. Ese mundo, esas circunstancias en que al vivir nos encontramos se componen para todos nosotros de cosas… y personas agradables y desagradables, simpáticas y horribles, beneficiosas y perjudiciales; de ahí que defina al mundo como todo aquello que nos afecta para bien o para mal.

Pero estaremos todos de acuerdo en que nuestra forma de encontrarnos con el mundo, de empezar a vivir es, si nos paramos a pensarlo, algo sorprendente, asombroso y, por qué no decirlo, traumático. Ortega lo explica de forma insuperable, sirviéndose de una comparación:

Nuestra vida empieza por ser la perpetua sorpresa de existir sin nuestra anuencia previa, náufragos en un orbe impremeditado. No nos hemos dado a nosotros la vida sino que nos la encontramos justamente al encontrarnos con nosotros.

Es como si

alguien que dormido es llevado a los bastidores de un teatro y allí, de un empujón que lo despierta, es lanzado [al escenario], delante del público. ¿Al hallarse allí, qué es lo que halla ese personaje? Pues se halla sumido en una situación difícil sin saber cómo ni por qué; la situación difícil consiste en que hay que resolver de algún modo decoroso aquella exposición ante el público, que él no ha buscado ni preparado ni previsto.13

En efecto, es cosa sabida que nadie tuvo el detalle de preguntarnos si queríamos empezar a existir - reproche ocasional y comprensible de los hijos a los padres.

Nos encontramos, pues, a la vez con nuestra vida y con todo lo que no es ella, es decir, con el mundo. Y, encima, sin haber podido elegir ninguno de los dos. No querías taza, pues taza y media. En su raíz, cada vida es siempre imprevista e involuntaria.
Pero es que, además, y tal como decíamos hace un momento, vivir va a consistir en:

ocuparse con lo otro que no es uno mismo, todo vivir es convivir con una circunstancia.14
[…]
Nuestra vida, según esto, no es sólo nuestra persona, sino que de ella forma parte nuestro mundo: ella -nuestra vida- consiste en que la persona se ocupa de las cosas o con ellas, y evidentemente lo que nuestra vida sea depende tanto de lo que sea nuestra persona como de lo que sea nuestro mundo.15

A esto se refiere, sin duda, don José con esa famosa frase tan conocida cuanto mal empleada: Yo soy yo y mi circunstancia… (Cuya formulación más correcta debiera ser quizá: Mi vida soy yo y mi circunstancia).

En esa circunstancia, además de todas las cosas de nuestro alrededor - nuestro mundo- hay que incluir, sobre todo, a las personas que nos rodean y conocemos. Nuestro prójimo es también un ingrediente principal de nuestra vida, nos dirá Ortega.
De ahí que se pueda comprender, que en casos extremos, alguien pueda llegar a decir: Mi vida sin ti no tiene sentido o No puedo vivir sin ti.

Y, como apuntaba antes, esto es lo tremendo: el mundo en el que y con el que nos encontramos no lo hemos podido elegir. Es el que nos ha tocado. No es lo mismo nacer en España que en Etiopía, ni en una familia rica que en una pobre, ni en el siglo XX que en el siglo XV, etc.

La vida, en efecto, deja un margen de posibilidades dentro del mundo, pero no somos libres para estar o no en este mundo que es el de ahora. Cabe renunciar a la vida, pero si se vive no cabe elegir el mundo en que se vive. Esto da a nuestra existencia un gesto terriblemente dramático.16

Así pues, cada uno de nosotros tiene que torear el toro que le toca y en la plaza que le ha tocado. Hay que vivir hic et nunc, decían los latinos: aquí y ahora. En efecto, la vida de cada cual se hace con y desde sus propias e incanjeables circunstancias.

Pero, si lo dicho hasta ahora es ya, si bien se mira, sorprendente, todavía hay más. He aquí, como en el circo, el más difícil todavía. La vida que nos es dada, no nos es dada ya hecha. Somos nosotros quienes tenemos que hacerla. Cada uno tiene que hacer su vida. La vida, así pues, se constituye como quehacer. Vivir da mucho quehacer - nos repetirá Ortega.

El hombre, quiéralo o no, tiene que hacerse a sí mismo, tiene que inventar su propia vida, tiene que fabricársela.17
Llegados a este punto, resulta curioso comprobar que esta manera de concebir la vida humana, la idea de que el destino de cada uno es hacerse su propia vida, de que cada uno ha de “buscarse la vida”, la encontramos admirablemente expresada en un poeta amigo y contemporáneo de Ortega, don Antonio Machado. Con la profundidad propia de los grandes poetas don Antonio, en unos versos muy famosos nos advierte:

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino
Sino estelas en la mar.18

Si nos emocionan tan hondamente estas palabras siempre que las oímos es, sin duda, porque aquí el poeta ha rozado, con su intuición infalible, uno de los misterios más íntimos de la vida humana, de la vida de cada uno.

Pero sigamos haciendo nuestro camino de esta tarde. Y así llegamos, como era inevitable, al tema de la libertad. En efecto, Ortega constata que:

Si no nos es dado escoger el mundo en que va a deslizarse nuestra vida -y ésta es su dimensión de fatalidad- nos encontramos con un cierto margen, con un horizonte vital de posibilidades -y ésta es su dimensión de libertad-; vida es, pues, la libertad en la fatalidad y la fatalidad en la libertad19

O dicho de otra manera: Vida[…] es ser libre dentro de una fatalidad dada.20

En efecto, teniendo presente todo lo que no hemos podido elegir en nuestra vida (fecha de nacimiento, país, familia, constitución física, carácter, etc.), existe para nosotros siempre un margen de libertad; y no es sólo que tengamos una cierta posibilidad de libertad, es que estamos condenados a ser libres, estamos condenados a tener que elegir.

[…] la circunstancia nos presenta siempre diversas posibilidades de hacer, por tanto, de ser. Esto nos obliga a ejercer, queramos o no, nuestra libertad. Somos a la fuerza libres. Merced a ello es la vida permanente encrucijada y constante perplejidad. Tenemos que elegir en cada instante si en el instante inmediato o en otro futuro vamos a ser el que hace esto o el que hace lo otro. Por tanto, cada cual está eligiendo su hacer, por tanto, su ser - incesantemente.21

Ortega, nos aclara lo anterior con la siguiente metáfora, que confieso que siempre me ha parecido una magnífica definición del ser humano:

Alguien, al ponernos sobre el planeta, ha tenido el prοpόsitο de que sea nuestro cοrazόn una máquina de preferir. Nos pasamos la vida eligiendo entre lo uno ο lo otro. ¡Un penoso destino!22

(Es penoso porque siempre que se elige, se abandonan caminos que podrían ser muy interesantes, pero a los que tenemos que renunciar.)

En ocasiones son decisiones intrascendentes, como qué ropa ponerse o qué refresco pedir, pero en otras tenemos que afrontar la enorme responsabilidad de elegir una profesión, un modo de vida, un lugar donde quedarse a vivir, alguien con quien compartir la vida… En toda situación vital nos encontramos con constricciones, barreras, obstáculos, determinaciones, necesidades, pero siempre - afirma Ortega- hay un cierto margen, una cierta holgura para nuestra libre actuación.

Todos, aquí, conocemos numerosos ejemplos, quizá en la propia familia, de vidas de hombres y mujeres que teniendo las condiciones, las circunstancias de partida más adversas, han conseguido logros que nadie, ni siquiera ellos mismos, soñaron nunca: pongamos un ejemplo conocido: José Saramago, de origen humilde, tuvo que abandonar la escuela para ponerse a trabajar. En el año 1998 obtuvo el premio Nobel de literatura.

Nos hace notar Ortega, pues, que en cada momento

…nuestra vida es nuestro ser. Somos lo que ella sea y nada más -pero ese ser no está predeterminado, resuelto de antemano, sino que necesitamos decidirlo nosotros, tenemos que decidir lo que vamos a ser; por ejemplo, lo que vamos a hacer al salir de aquí.23

Por lo tanto, al mismo tiempo que estamos eligiendo lo que vamos a hacer estamos eligiendo, de algún modo, lo queremos ser. Podemos elegir esforzarnos por mejorar o pasar de todo, preferir hacer las cosas bien o conformarnos con hacerlas de cualquier manera, empeñarnos en perder el tiempo o en aprovecharlo,… es decir, podemos ser diligentes o pasotas, perfeccionistas o despreocupados, etc.

Mi vida -escribe Ortega- antes que simplemente hacer es decidir un hacer, es decidir mi vida. Nuestra vida se decide a sí misma, se anticipa. (…) consiste en decidirse porque vivir es hallarse en un mundo no hermético sino que ofrece siempre posibilidades. El mundo vital se compone en cada instante para mí de un poder hacer esto o lo otro, no de un tener que hacer por fuerza esto y sólo esto.
Por otra parte, esas posibilidades no son ilimitadas (…). Para que haya decisión tiene que haber a la vez limitación y holgura, determinación relativa. (…) Vivir es vivir aquí, ahora; el aquí y el ahora son rígidos, incanjeables, pero amplios. Toda vida se decide a si misma constantemente entre varias posibles.24

Y llegados a este punto, nuestro filósofo se detiene para darnos un toque de atención ante tan asombrosa constatación:

El gran hecho fundamental (…) está ya ahí, lo hemos expresado ya: vivir es constantemente decidir lo que vamos a ser. ¿No perciben ustedes -nos advierte- la fabulosa paradoja que esto encierra? ¡Un ser que consiste, más que en lo que es, en lo que va a ser; por tanto, en lo que aún no es! Pues esta esencial, abismática paradoja es nuestra vida.25

Mas si continuamos tirando del hilo que venimos siguiendo, debemos reconocer una conclusión lógica que se deriva de lo dicho.

… si nuestra vida consiste en decidir lo que vamos a ser, quiere decirse que en la raíz misma de nuestra vida hay un atributo temporal: decidir lo que vamos a ser -por tanto, el futuro. Y, sin parar, recibimos ahora, una tras otra, toda una fértil cosecha de averiguaciones. Primera: que nuestra vida es ante todo toparse con el futuro. He aquí otra paradoja. No es el presente o el pasado lo primero que vivimos, no; la vida es una actividad que se ejecuta hacia adelante, […]. La vida es futurición, es lo que aún no es.26

Y, en consecuencia, nuestra vida es preocupación, tomada esta palabra en su sentido originario, sacándole todo su jugo etimológico, que Ortega explica así:

… vida es preocupación y lo es no sólo en los momentos difíciles, sino que lo es siempre y, en esencia, no es más que eso: preocuparse. En cada instante tenemos que decidir lo que vamos hacer en el siguiente, lo que va a ocupar nuestra vida. Es, pues, ocuparse por anticipado, es preocuparse.27

Si nos detenemos a meditar en estas palabras de Ortega, veremos que se corresponden con la experiencia vital de cada uno: vivimos siempre volcados hacia lo que vamos a hacer en los próximos minutos, días, meses, años.
Somos especialistas en hacer planes, en hacer proyectos, en lanzar nuestro pensamiento hacia adelante - eso significa la etimología de esta palabra. Estamos constantemente proyectando nuestra vida, como el arquitecto proyecta el edificio que luego va a construir.
Tan es así, que muchos, a veces, disfrutamos más haciendo proyectos, preparando viajes, encuentros, fiestas,… etc. que viviéndolos efectiva, realmente.

Estoy ya casi terminando, pero permitidme, antes, hacer referencia a dos temas de gran trascendencia. Dos temas que, tengo que confesar, fueron el motivo primero de que me pareciera útil tratar hoy ante vosotros, alumnos que termináis un capítulo inicial, pero determinante, de vuestra biografía, el modo orteguiano de entender la vida humana.
Me estoy refiriendo a los conceptos vocación y responsabilidad. No hay que entender aquí el término vocación sólo y exclusivamente, en su significado laboral o profesional, sino que incluye y abarca todo un programa de vida.

La vida es quehacer, proyecto en su misma constitución; porque es proyecto, hacemos proyectos concretos en vista de la circunstancia. ¿Quién impone ese primario quehacer? ¿Por qué en vista de la circunstancia hacemos unos proyectos y no otros? Esto depende de dos cosas: primero, de las posibilidades que la circunstancia nos brinda; segundo, de quién seamos nosotros; a este juego de destino e inclinación o proyecto personal de vida se llama vocación.28

Como es posible que con el pasaje anterior no haya quedado suficientemente explicado, veamos si con la siguiente aclaración podemos precisar algo más esta nueva forma de entender la vocación:

La vida que nos es dada - nos recuerda Ortega - tiene sus minutos contados y, además, nos es dada vacía. Queramos o no, tenemos que llenarla por nuestra cuenta; esto es tenemos que ocuparla - de este o del otro modo-. Por ello la sustancia de cada vida reside en sus ocupaciones.
Al animal no sólo le es dada la vida, sino que también el repertorio invariable de su conducta. Sin intervención suya los instintos le dan ya resuelto lo que va a hacer y evitar […]. Su vida no ha estado nunca vacía, […]. Pero el hombre es un animal que perdió el sistema de sus instintos […]. Al encontrarse existiendo se encuentra ante un pavoroso vacío. No sabe qué hacer; tiene él mismo que inventarse sus quehaceres y ocupaciones. Si contase con un tiempo infinito ante sí, no importaría mayormente: podría ir haciendo cuanto se le ocurriese, ensayando, una tras otra, todas las ocupaciones imaginables. Pero […] la vida es breve y urgente: consiste sobre todo en prisa, y no hay más remedio que escoger un programa de existencia con exclusión de los restantes; renunciar a ser una cosa para poder ser otra. En suma, preferir unas ocupaciones a las demás. […].29

E insiste, en este pasaje, en estas consideraciones acerca del tema de la vocación o proyecto vital:

Mas una vida es, por excelencia intimidad. Aquella realidad que solo existe para sí misma y. por lo mismo, solo puede ser vista desde su interior. Si cambiamos de óptica y de fuera pasamos adentro, se transforma por completo el espectáculo.
La vida deja de ser una serie de acontecimientos que se producen sin otro nexo que la sucesión, y nos aparece como un drama, es decir, como una tensión, un proceso dinámico cuyo desarrollo es perfectamente inteligible.
El argumento del drama consiste en que el hombre se esfuerza y lucha por realizar en el mundo que al nacer encuentra, el personaje- imaginario que constituye su verdadero yo. […]. Este personaje ideal que cada uno de nosotros es se llama “vocación”. Nuestra vocación choca con las circunstancias, que en parte la favorecen y en parte la dificultan. […].30

Por lo tanto, en la creación de nuestra vida tampoco podemos elegir cualquier proyecto, debemos elegir aquél que corresponda a nuestro más profundo ser, y, por tanto, a nuestro destino; así, la vida es libertad pero, además, debe ser autenticidad.
Por eso, Ortega, gran conocedor del mundo clásico, gustaba de citar para ilustrar esto último, el famoso verso del poeta griego Píndaro que dice:

Llega a ser el que eres31

Y así pasamos a abordar el último aspecto de la vida humana, según la concebía Ortega y Gasset, del que quería hablaros hoy: la responsabilidad.

Sólo puede hablarse de responsabilidad, es decir, de la obligación de responder de los propios actos, de tener que dar razón de lo que uno ha hecho, cuando se reconoce la existencia de libertad para actuar. Dada la noción orteguiana de la libertad humana, es lógico que sea un tema importante para él y sus concepciones éticas.

La vida es intransferible. Nadie puede sustituirme en esta faena de decidir mi propio hacer […]. Mi vida es, pues, constante e ineludible responsabilidad ante mí mismo. Es menester que lo que hago - por tanto, lo que pienso, siento, quiero - tenga sentido y buen sentido para mí.32

Así pues, Ortega entiende por responsabilidad que el conjunto de nuestras decisiones, de nuestras acciones no sea algo caprichoso, sino que tenga un sentido y una coherencia.Pero casi prefiero que el propio Ortega y Gasset en persona lo explique:

La vida es quehacer, y la verdad de la vida, es decir, la vida auténtica de cada cual, consistirá en hacer lo que hay que hacer y evitar el hacer cualquiera cosa. Para mí, un hombre vale en la medida que la serie de sus actos sea necesaria y no caprichosa, pero en ello estriba la dificultad del acierto…33

http://www.e-torredebabel.com/OrtegayGasset/Grabaciones/Grabacion-ElQuehacerDelHombre.htm

Por último recordaré, por parecerme muy sugerente, este último fragmento en el que Ortega pone en relación el tema de la vocación, del proyecto vital y el de la responsabilidad.

Ahora bien, el acto de dedicar su vida a algo determinado es un privilegio de la condición humana. La piedra, la planta, el animal cuando empiezan a ser son ya lo que pueden ser y, por tanto, lo que van a ser. El hombre, en cambio, cuando empieza a existir no trae prefijado o impuesto lo que va a ser, sino que por el contrario trae prefijada e impuesta la libertad para elegir lo que va a ser dentro de un amplio horizonte de posibilidades. […]
De donde resulta que esa libertad para elegir, que es su privilegio en el universo de los seres, tiene a la vez el carácter de condenación y trágico destino, pues al estar condenado a tener que elegir su propio ser está también, condenado a hacerse responsable de ese su propio ser, responsable, por tanto, ante sí mismo, cosa que no acontece con la piedra, la planta ni el animal, que son lo que son inocentemente, con una envidiable irresponsabilidad. […] De aquí que el acto más íntimo y a la vez más […] solemne de nuestra vida es aquel por el cual nos dedicamos a algo, y no es mero azar que denominemos esa acción con el vocablo «dedicar», que es un término religioso de la lengua latina.34

Ortega, como se ha dicho, gustaba de comparar la situación del hombre con la de un náufrago, que si no bracea se hunde. Creo que se puede precisar la metáfora añadiendo que el hombre es un náufrago pero mejor que en el ancho mar, en el raudo río de Heráclito: el hombre es un náufrago en ese río, todo tiempo, que nos lleva sin cesar por miles de momentos que vivimos una sola vez y para nunca jamás.

Importa, pues, en toda fugaz circunstancia estar atento para procurar acertar y no errar. Esa es la tarea de cada cual, esta es su responsabilidad. Por eso en vez de desdramatizar- fea palabra tan de moda- la vida, creo que hay que dramatizarla, es decir, tomársela en serio y darle la importancia que tiene para uno y para los demás. Vivirla con alegría y placer, sí, pero también con seriedad y responsabilidad.

Conclusión

Hemos llegado ya casi al final y tengo la impresión de que he querido abarcar mucho y por ello he apretado poco. Que me disculpen sobre todo los colegas de Filosofía. Aún así, quedan infinidad de temas en el tintero o, mejor dicho, en el teclado, p. e:

  • su idea acerca de la naturaleza del hombre

  • su concepto de la felicidad,

  • su idea acerca de la radical soledad humana,

  • el papel de la razón en nuestra vida, etc., etc.

No importa. Si alguno sale de aquí con cierta curiosidad por seguir leyendo a don José Ortega y Gasset, quedo contento y satisfecho. Hay que leer y releer a los grandes maestros, para estar de acuerdo con ellos o para discrepar y criticarlos, pero hay que leerlos. Su lectura siempre es sugerente y enriquecedora …y dicen muchas menos tonterías que las que se pueden oír en cualquier programa de televisión.

Termino ya.
Como en toda disertación que ha pretendido ser útil y pedagógica, se hace necesario recoger el meollo, lo más importante de lo que se ha dicho. El propio filósofo nos hace el favor de redactar un resumen, me limitaré yo a hacer la glosa.

La vida humana es una realidad extraña, de la cual lo primero que conviene decir es que es la realidad radical, en el sentido de que a ella tenemos que referir todas las demás, ya que las demás realidades, efectivas o presuntas, tienen de uno u otro modo que aparecer en ella.
La nota más trivial, pero a la vez la más importante de la vida humana, es que el hombre no tiene otro remedio que estar haciendo algo para sostenerse en la existencia.
La vida nos es dada; puesto que no nos la damos a nosotros mismos, sino que nos encontramos en ella de pronto y sin saber cómo. Pero la vida que nos es dada no nos es hecha, sino que necesitamos hacérnosla nosotros, cada cual la suya. La vida es quehacer. Y lo más grave de estos quehaceres en que la vida consiste, no es que sea preciso hacerlos, sino, en cierto modo, lo contrario -quiero decir que nos encontramos siempre forzados a hacer algo, pero no nos encontramos nunca estrictamente forzados a hacer algo determinado, que no nos es impuesto este o el otro quehacer, como le es impuesta al astro su trayectoria o a la piedra su gravitación [caída].
Antes que hacer algo, tiene cada hombre que decidir por su cuenta y riesgo, lo que va a hacer. Pero esta decisión es imposible si el hombre no posee algunas convicciones sobre lo que son las cosas en su derredor, los otros hombres, él mismo. Sólo en vista de ellas puede preferir una acción a otra, puede en suma, vivir.35

Precisamente esto último - y ahora arrimo el ascua a mi sardina - ayudaros a tener algunas ideas verdaderas, algunos valores auténticos, algunos sentimientos profundos sobre las cosas y sobre los demás hombres, nuestros compañeros - no lo olvidéis- de naufragio, es lo que hemos intentado, es lo que intentamos, en el fondo, curso tras curso, todos los que hemos dedicado nuestra vida a la educación.

Con todo este bagaje de conocimientos, esperamos haberos ayudado a descubrir vuestra vocación, a saber elegir siempre lo mejor de modo que seáis capaces de vivir con seriedad, responsabilidad y honradez.

Estimados alumnos de la promoción del curso 2006-07 del Instituto Rosario de Acuña, tenéis aún, privilegio de la juventud, casi toda la vida por delante o, lo que es lo mismo, tenéis casi toda la vida por hacer. No la viváis frívola ni caprichosamente. Es una sola y de duración breve, pero es una gran aventura, vuestra gran aventura.

¡¡ Ojalá que acertéis y la hagáis lo mejor posible!!

Bibliografía

Notas

[1] B. Pascal. « Se moquer de la philosophie, c´est vraiment philosopher » Pensées. 4-513

[2]  Epicuro. Carta a Meneceo (D. L. X, §§122-135)   Μτε νος τις ν μελλτω φιλοσοφεν, μτε γρων πρχων κοπιτω φιλοσοφν. οτε γρ ωρος οδες στιν οτε πρωρος πρς τ κατ ψυχν γιανον. δ λγων μπω το φιλοσοφεν πρχειν ραν παρεληλυθναι τν ραν μοις στι τι λγοντι πρς εδαιμοναν μ παρεναι τν ραν μηκτι εναι. στε φιλοσοφητον κα νωι κα γροντι,… [4] Lorenzo Luzuriaga[5] Historia como sistema.  O.C. VI, p. 32.

[6] Ibidem. P. 24.

[7] Prólogo a 20 años de caza mayor. O.C. VI, p. 472

[8] Misión de la Universidad. Vol. IV. P. 341[9] Historia como sistema.  Vol.  VI, p. 41.

[10] ¿Qué es filosofía? O. C. Vol. VII, p. 405

[11] Ibidem

[12] ¿Qué es filosofía? O. C. Vol. VII, p. 414

[13] ¿Qué es filosofía? O. C. Vol. VII, p. 417

[14] Ibidem p. 418

[15] Ibidem p. 416

[16] Ibidem p. 417

[17] Ensimismamiento y alteración. O. C. Vol. V. p. 141

[18] Antonio Machado: Campos de Castilla (1907-1917). Proverbios y cantares XXIX

[19] ¿Qué es filosofía? O. C.. VII, p. 418

[20] Ibidem p. 431[21] El hombre y la gente. O. C.. VII. p. 114.[22] El Espectador I, O.C. II, p. 46

[23]¿Qué es filosofía? O. C.. VII, p. 418

[24] ¿Qué es filosofía? O. C. Vol. VII, p. 430-1

[25] Ibidem. p. 419

[26] Ibidem p. 420

[27] Ibidem p. 436

[28] Ciriaco Morón Arroyo, El sistema de Ortega y Gasset. pp.404-5

[29] Prólogo a 20 años de caza mayor. O. C. VI. P. 421-2[30] Velázquez. O. C. VIII, pp.467-8.

[31] Píticas, II, 72.

[32] El hombre y la gente. O. C. Vol. VII. p. 114.

[33] Texto leído por Ortega y Gasset para la colección “Archivo de la Palabra”, en el Centro de Estudios Históricos de Madrid (1931-1933).

[34] O. C. IX, p.14

[35] Historia como sistema. O.C. VI,  p.13

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