EL FINAL DEL HOMBRE: DÉDALO E ÍCARO
Publicado por serafingf el 26 Junio 2007
Nidia Gómez
Con la colaboración especial de Nacho Melón
(NOTA: Este trabajo recibió el segundo premio en las Olimpiadas de Filosofía del presente curso 2006-2007, organizadas anualmente por la Sociedad Asturiana de Filosofía (SAF). El IES Rosario de Acuña ha conseguido en estas Olimpiadas el segundo premio y una mención especial para el trabajo de Bárbara Posada, publicado también en este número.)
1. Los autómatas y el hombre
Desde la época griega se conoce el término “autómata” (espontáneo o con movimiento propio). Sin embargo, los egipcios ya tenían estatuas de dioses que echaban fuego por los ojos, aunque no tenían un término que definiese a dicha máquina. Por tanto, no eran realmente conscientes de haber hecho un objeto que realizaba una tarea, como pasó con los griegos; concretamente Hefesto, quien hacía trabajar a personas-máquina en su fragua. Posteriormente, incluso, fue autómata el hombre creado por el dios judío con barro. Desde ahí hasta los automatismos que controlan invernaderos, campos de cultivo, instalaciones eléctricas, cadenas de producción, etc. Sin embargo e hipotéticamente, con el hombre, Dios le dio capacidad para desarrollar una conducta espontánea. Fue esa libertad de conciencia la que hizo al hombre realizar el mismo acto con máquinas. A este tipo de máquina, en la que los autómatas tienen apariencia y características humanas, se le llama androide.
Una aplicación de este tipo de comportamiento en el mundo antiguo es la esclavitud. La utilización de personas como mano de obra. Pero, ¿cómo considerar a una persona una herramienta de trabajo? No pasa nada, se crean los estamentos sociales que, aunque en forma de clases sociales, aún tienen voz y voto en nuestra sociedad.
Desde el punto de vista de las características principales, los androides, en un futuro no muy lejano, se dividirán en mecánicos y biológicos. El caso más claro de máquina biológica es el de Frankenstein: el moderno Epimeteo. Un ser creado para servir, dotado de la inocencia propia de un niño. Lo podemos contraponer al mito del Golem. Aunque era una figura mitológica descerebrada y sin conciencia de sí mismo, tenía conducta; estaba al servicio del hombre aunque en ocasiones éste fuese su enemigo. Esto nos lleva a un cruce de caminos en nuestra moral. A pesar de no tener conciencia, ni capacidad de desarrollo, es capaz de ser enemigo del hombre. ¿Podría con el tiempo evolucionar en su capacidad? Posiblemente no.
Por otro lado, y volviendo a la actualidad, el hombre ha creado una teoría con la cual las máquinas pueden “contestar” a una pregunta.
-¿Qué tal?
-11000101001 (bien)
2. Lo que nos diferencia
2.1. Pero hay una diferencia abismal que los robots no pueden salvar solos. Ellos tienen programadas varias respuestas pero no pueden crear una nueva o distinta. Por tanto, es la primera diferencia que nombramos entre ellos y nosotros: la creatividad. Ésta, a su vez, se deriva de otra capacidad humana aún más compleja. Una persona está en el campo, mirando un bosque desde lo alto de una loma y se pregunta: ¿por qué me pregunto las cosas? ¿por qué necesito preguntarme?
2.2. Por supuesto un robot no puede hacer eso. Como máximo, podemos programar una cantidad enorme de variables que hagan que construya una respuesta increíblemente compleja, pero nunca llegará a preguntarse algo; simplemente hará que su lógica binaria conteste a la pregunta que sea. Ahí está la segunda diferencia: el ensimismamiento.
2.3. Si a un ordenador le das una patada, es muy posible que se averíe, pero nunca sufrirá daños emocionales. Sin embargo, para un humano quizá sean peores las consecuencias mentales que las físicas, ante cualquier ataque. He aquí la tercera diferencia: la emoción.
2.4. Todas las acciones mentales humanas requieren, por supuesto, de razón o reflexión. Es obvio que las diferencias físicas entre hombre y máquina son grandes, pero esto nos lleva a distinguir un concepto muy importante que hay que resaltar: el tiempo. No será en este trabajo donde nos aventuremos a decir si el tiempo es una ventaja humana o de las máquinas. De otro modo, sí es cierto que ellos disponen de una independencia con respecto al paso de los acontecimientos, aunque no puedan comprender que eso sucede.
Como decía, ante cualquier ataque, que no sea la muerte. La vida es lo más preciado que tenemos los humanos y la protegemos con celo. De ahí muchos de nuestros vicios: el egoísmo, la envidia, el extremismo, el etnocentrismo, etc. Merece la pena pararse a pensar si unos seres que dispusiesen de más tiempo, incluso de un tiempo infinito como puede llegar a ser el caso de las máquinas, desarrollarían o no estos malos hábitos humanos. Después de todo, alguien que viva eternamente, puede pararse a pensar con calma, algo que nosotros, por principios, no solemos hacer a menudo.
2.5. Llegados a este punto, debemos hacernos una pregunta fundamental que trata el libro de Ray Kurzweil, La era de las máquinas espirituales: ¿puede una inteligencia crear otra inteligencia superior?
Según el libro, la naturaleza ha desarrollado la vida, la inteligencia humana, etc. Pero ha tardado quince mil millones de años en crear todo este, eso sí, maravilloso universo. Si nos fijamos en el hombre, ha tomado (una vez desarrolladas las teorías) unos 100 años para crear máquinas que superan su perfección física y su capacidad de cálculo. 15.000.000.000 años comparados con 100… o incluso los 2000 años desde las teorías griegas, base de la ciencia contemporánea.
En el mundo que conocemos, la necesidad de acelerar los procesos cotidianos para tener más tiempo libre y desarrollarnos aún más, es algo característico de nuestras sociedades. Si nos fijamos en las últimas tecnologías, todas están enfocadas a aprovechar mejor los recursos; podríamos pensar que sólo queremos optimizar nuestro rendimiento y no destrozar el mundo con emisiones contaminantes y ese tipo de cosas. ¿Y si lo único que buscamos es acelerar todas las acciones para que nuestro tiempo en este mundo sea más “feliz”… para que merezca más la pena… para restar algo de nuestro miedo inherente a ese mañana incierto que tanto tememos?
Al fin y al cabo, los ordenadores calculan más rápido que los anteriores, los coches corren más o los aviones llegan primero (idealmente).
“-Pero ¿no es cierto que los verdaderos hallazgos los realizan individuos?
-En muchos casos, es verdad. Con todo, […] no toda idea nueva y diferente es digna de ser perseguida. Pero la empresa humana es capaz de logros que van más allá de lo que podemos hacer como individuos.
-¿Cuál es la inteligencia de un grupo de linchadores?
-Bueno, espero que las maquinas del siglo XXI no saquen a relucir nuestra psicología de linchadores.”
3. El punto de partida
Una vez de acuerdo en que el robot necesita recorrer mucho camino todavía para llegar a la condición humana (mucho más para alcanzar el honor de “persona”), debemos considerar las diferencias entre robot y ser vivo para encasillarlos en una etapa evolutiva.
3.1. ¿Qué es un ser vivo? Si miramos hacia arriba, hacia las estrellas, hacia ese universo frío que nos acapara… que nos hace errar en un marginal sistema solar de una galaxia desterrada, veremos que todo está sufriendo un proceso de expansión. ¿Cómo demostrar eso?
Cuando limpiamos una habitación, ésta no tarda mucho tiempo en ensuciarse; cuando calentamos el café, si nos distraemos lo más mínimo, lograremos tomarlo frío; si nos peinamos, pronto tendremos que volver a hacerlo. Pero el hecho está en que cada una de estas cosas, y tantas otras, no se hacen por sí solas (las habitaciones no se limpian solas, las melenas no se “auto-peinan”, los cafés no se calientan por sí solos, etc.). Sin abogar por el orden o el caos, o profetizar sobre ambos, parece lógico afirmar que la entropía del universo (cantidad de desorden) es mayor y es la que mueve el cosmos.
Así los seres vivos viven, como estructuras ordenadas, en contra de dicha entropía. Tomamos como referencia el libro La naturaleza humana, de Jesús Mosterín. «La tendencia al desorden es universal. Cada cambio en un sistema aislado incrementa la entropía. Para contrarrestar esa tendencia hace falta gastar energía. […] Cuando nos morimos, nos enfriamos […], con lo que el equilibrio se reestablece.»
Es normal, por tanto, que este autor se extrañe de la propia existencia, del tipo que sea, de nuestro continuo desequilibrio y de la supervivencia. Sin embargo, la muerte es el retorno al equilibrio.
En ese punto es donde se nos aparecen los robots en la mente. Un robot nunca ha creado una sociedad ni la creará, porque no ha sufrido (ni puede) una evolución basada en la supervivencia genética. Tampoco podemos considerar que se mueva en contra de la entropía, aunque le demos un orden: suponiendo que toda la vida en la Tierra desapareciese por algún tipo de problema, un robot no se vería afectado. No quiere decir que el robot no llegue a desintegrarse o a dejar de funcionar. Pero sí es cierto que tiene, o puede llegar de tener, capacidad de regenerarse y subsistir (algo que el hombre no puede hacer continuamente). Esto quiere decir que, por supuesto, todo está sujeto a la entropía, incluso el robot. Sin embargo éste puede ir afrontando su lucha ya que su tiempo de vida depende de su posibilidad de regeneración. Pero es una definición demasiado amplia para concretar las diferencias.
3.2. ¿Se puede llamar muerte al fallo final que provoca que una máquina deje de funcionar? Para que algo muera tiene que estar vivo, pero ¿tiene que nacer? Quizá sólo sea producto de un desarrollo en el cual no se sabe con certeza cuándo es independiente de su medio productor. Para contestar a esta pregunta hace falta llegar a la teoría de Faustino Cordón. Según él, un ser vivo está dotado de experiencia y de acción. Realiza una acción en el medio que le da experiencia y la mejora, perfeccionando a su vez la acción siguiente, y así sucesivamente hasta crear una complejidad suficiente que nos lleva desde la proteína, pasando por la célula, hasta el animal.
El hombre es el primer ser vivo que convive e interacciona en un medio cultural, algo que los anteriores no tenían. Por tanto, el robot sólo entraría dentro de la clasificación si pudiese realizar una acción independientemente de su creador. Téngase en cuenta que las células viven a un nivel “superior” que las proteínas y moléculas; a su vez, el animal está en uno superior a sus células. Digamos que hay medios diferentes y que, aunque uno conlleva a otro o provoca su evolución y desarrollo, son paralelos y no se mezclan.
Ahora bien, queremos saber si el robot puede ser clasificado, llegado a un punto de su desarrollo, como ser vivo. Luego tenemos que saber si se puede encasillar en la cadena: proteína, célula, animal, robot. Entre el robot y el animal surge el hombre, como evolución de uno y creador de otro. Si hay un elemento intermedio ya no se cumple que los espacios de desarrollo de los seres vivos de Faustino Cordón sean cerrados. De otro modo, sí podemos hacer la misma clasificación si englobamos algunos términos que tienen un origen común:
→ Moléculas.
→ Proteínas globulares.
→ Células.
→ Animal:
1. Hombre.
1.1. Robot.
Si consideramos el hombre como evolución animal y el robot (que lo introducimos nosotros) como evolución del hombre, no contradecimos la teoría de Cordón. Sin embargo, a todos éstos menos al robot, Cordón los considera seres vivos. De acuerdo, pongamos al robot dentro de la evolución del hombre y éste se convertirá en animal, por ser un ser vivo, y viceversa. Porque, si somos abiertos de miras, debemos reconocer que la evolución no es sólo física, sino incluso a nivel mental. En el hombre la evolución, cada vez más, se centra en el desarrollo de su imaginación y capacidad creativa, y no tanto en su físico.
Así, el robot sería el producto de la evolución mental humana. El problema está en que podría provocarse una división entre ellos y nosotros, para que los niveles evolutivos sigan la misma regla que dicta Faustino Cordón y, sin ser independientes, sean cerrados.
Por otro lado, hablando del medio en el que se desarrollan los seres (entes biológicos), el hombre es el primero en introducir un medio social y cultural. Si somos conscientes de que el robot ha surgido a causa de éste, hay que afirmar que el medio se desarrolla con la evolución del ser vivo.
La sociedad no desaparece en la vida del robot, puesto que sus características están basadas en las nuestras. Si ellos mantienen el medio social y se desarrollan, también proliferará éste, creándose un nuevo escalafón en la clasificación de Cordón. Esto es grave, o al menos trascendental: supone que el robot sería el primer ser vivo de la cadena de Cordón que es independiente de los anteriores, salvo de los átomos y moléculas. No dependen de nosotros, ni de los animales como conjunto que, en nuestra hipótesis, nos engloba.
Afortunadamente, nos podemos aferrar a una idea clave en este asunto: el medio se desarrolla con la evolución del ser vivo; ése medio es el mismo que el nuestro y, sin nosotros, no tendría sentido. Si, en un arrebato de furia, los robots consiguen acabar con el hombre, el medio social se desmoronará al no tener sentido. Muchas de las funciones sociales no tendrían valor alguno para las máquinas, por muy pensantes que fuesen.
3.3. El gran problema: la distribución Una de las cosas que se enseñan en las asignaturas de ciencias, concretamente en Química, es la diferencia entre mezcla y disolución. Podemos coger un puñado de sal y un puñado de azúcar y juntarlos en una taza. ¿Qué ocurre? Nada, salvo que ahora no podemos saber cuál es sal y cuál es azúcar; sin embargo, existen procesos por los cuales separamos la sal del azúcar u otras sustancias entre sí: por tanto tenemos una mezcla. Otro ejemplo es el de la arena de la playa, la cual está claramente mezclada, o la combinación de agua y aceite en un recipiente en el que apreciamos cómo se distinguen perfectamente ambas sustancias. Por otro lado existe la disolución. Si en una copa de agua echamos azúcar, éste se disuelve y se crea una nueva sustancia: agua con azúcar.
¿Para qué tanta lección? Simplemente para que ahora nos hagamos una seria pregunta: una vez creados robots que imiten la capacidad humana de pensar (decir “que piensen” suena demasiado lejano para preocuparse) , que se automantengan, incluso que conformen un nuevo grupo social… es más, una vez creados aparatos que imiten nuestras funciones vitales y puedan sustituir partes enormes de nuestro cuerpo, tal vez hasta los propios cerebros… ¿estaremos mezclados o disueltos?
Mucha gente podría pensar que conviviríamos como iguales, o que una de las partes se impondría… pero ¿qué necesidad tienen los robots de compartir la existencia con seres de una etapa evolutiva anterior? Como siempre, lo más probable es que todo se solucione con una guerra…
4. El cine en la filosofía
Muchos de los éxitos de cine no son sólo imanes de dinero. Algunas películas reflejan un pensamiento elaborado que nos ilustra el mundo de la máquina. Hoy en día nos cuesta trabajo asimilar la increíble jugarreta que hicimos a la naturaleza con nuestra evolución. Mas ante nosotros tenemos una “especie” que se lleva desarrollando unas pocas décadas y que ya nos ha superado en algunas materias, aunque siempre con nuestra supervisión, por supuesto.
4.1. Nombrada ya “Frankenstein”, de Kenneth Branagh, es obligado detenerse en el clásico “2001 Odisea en el espacio”, de Stanley Kubrick. El simio, australophitecus afarensis, muestra miedo, valentía y curiosidad ante el monolito que aparece puesto por extraterrestres. Esencialmente representa un desafío; es entonces cuando el simio crea la herramienta y se lanza en un tremendo desarrollo que lo lleva hasta el lanzamiento al espacio de un cohete, propiedad del homo Sapiens. Sin embargo, el hombre, en la cúspide de su creación, dueño y señor del mundo terrícola, no es más que un niño en el espacio. Necesita leer instrucciones para orinar, come comida infantil, aprende a caminar… cuando llega a otro monolito en la Luna, lo graba en vídeo y no muestra el miedo que mostraba el simio, aunque mantiene la curiosidad. Kubrick nos dice que al hombre le queda mucho por aprender.
Aparece entonces… Hal 9000, una máquina con cerebro y sistema nervioso de tipo Discovery, que observa a los humanos. Aburridos, con sus sesiones de sol diarias, con sus comidas, con sus criogenizaciones para viajar… y Hal los ve como meros simios de manutención. Hay una escena que dura tres minutos en la que se oye respirar a un astronauta. Hal sabe que somos peces fuera del agua mientras que él no necesita aire, ni comida para existir. Sólo subsiste mediante energía, y el universo está repleto de ella. Los humanos tratan de apagar a Hal pero sus herramientas no funcionan y el robot cree estar vivo. Lo que la máquina no espera es la valentía de aquel simio, que logra apagarla con un simple destornillador. Pero ahora el hombre está perdido en el espacio… los que lo llevaron hasta allí, desde el primer monolito, lo están esperando para hacerle comprender. Dependía tanto de su tecnología que ésta casi lo sustituye, y ahora, en los albores de la muerte, sin tecnología, ¿qué le queda?
4.2.”Blade runner” de Ridley Scott, refleja la capacidad y la voluntad humana de crear seres “a su imagen y semejanza”. Androides llamados replicantes acuden a la Tierra para que su creador, que les proporcionó una vida de sólo cuatro años por medida de seguridad, les aumente su tiempo en el mundo. Por supuesto, tener conciencia implica querer mantenerla; ver seres iguales que tienen más derechos, hace que uno (como ellos) se sienta incapacitado. Se llega a sentir pena por ellos cuando se ve al tipo de la foto al margen, llorando porque, en unos momentos, va a dejar de recordar cosas que ni siquiera el hombre ha visto, más allá de Orión, y que “se perderán como lágrimas en la lluvia”. A pesar de haber matado gente para sobrevivir (algo que también hereda del hombre), al final de su existencia, no mata al policía que lo persigue porque ama la vida en general tanto como la suya propia. El director de la película le concede un alma pues, cuando se “apaga para siempre”, de sus manos suelta una paloma que vuela hacia el cielo.
Analizando estas películas, llegamos a conclusiones y, aún peor, sentimientos dispares. ¿Qué les parece? sabemos que en el fondo no son humanos… pero lo parecen. Quizá ese sea el primer error. ¿Cuál es el fondo en el que sabemos que un ser es humano? Si logramos computerizar los razonamientos humanos ya no habrá grandes diferencias entre ellos y nosotros. Un gran matemático, Von Neumann (1903-1957), desarrolló una célula autómata. En relación con otras teorías, como la máquina de Turing o la Tesis de Church, se permite que dicha célula autorreproductiva quede definida matemáticamente.
El autómata de Von Neumann, se explica perfectamente en la siguiente relación causa-efecto. En primer lugar, la autorreproducción, se lleva a cabo por una máquina bioquímica altamente compleja. Entonces, el comportamiento de esa máquina es descriptible como una secuencia lógica de etapas. Luego, si el algoritmo se puede llevar a cabo por alguna máquina, existe una máquina de Turing que hace lo mismo (tesis de Church). Por lo tanto, se requiere modelar una máquina de Turing capaz de autorreproducirse. Si esta máquina de Turing autorreproductiva existe, es plausible que los procesos de autorreproducción biológicos sean algorítmicamente descriptibles, y por lo tanto la vida puede simularse en máquinas. La máquina de Turing es un sencillo aparato que nos permite saber de cualquier sentencia matemática decidible si es cierta o no. Todos sabemos que las matemáticas actuales sobrepasan con una amplia ventaja a la física y al resto de ciencias experimentales, pero matematizar las características y los procesos de una célula capaz de reproducirse por sí misma, supone un gran avance.
Pero sigamos con nuestras preguntas a cerca de las películas. Aunque dentro de mucho (o poco) tiempo seamos capaces de crear dúplicas artificiales de nosotros (no genéticas), hay un factor importantísimo: la sociedad. Ésta debemos tratarla como opinión social y como característica social. Como opinión social, está claro que llegaríamos a un racismo radical ya que no somos capaces a soportarnos unas razas a otras, menos aún a personalidades que realizan eficientemente nuestro trabajo y suponen una constante amenaza. Como característica social, volvemos a Faustino Cordón. La sociedad es la única característica humana que no contempla el resto de especies evolucionadas. Nos remitimos a palabras de Aristóteles: “La razón por la cual el hombre es un ser social, más que cualquier abeja y que cualquier animal gregario, es evidente: la naturaleza, como decimos, no hace nada en vano, y el hombre es el único animal que tiene palabra. Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial así como lo justo y lo injusto. Y esto es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el Sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad.”
4.3.”El hombre Bicentenario”, una película melancólica que nos quiere hacer llorar, toca varios puntos de este trabajo. Andrew, un robot de serie es enviado a una familia humana como un electrodoméstico más, aunque con el paso del tiempo llegan a cogerle cariño. El cerebro positrónico de Andrew, basado en la lógica binaria, en algún momento crea una secuencia de unos y ceros errónea, la cual desencadena, a lo largo de los años, el desarrollo de las emociones, preocupaciones y demás características mentales humanas. Así, trata de parecerse físicamente al hombre, porque se considera “humano de corazón”. De hecho, llega a crear un complejo sistema nervioso, circulatorio, órganos mecánicos y piel que le hacen envejecer: éste fue el requisito que le pusieron en la comisión que decidía su condición de humano o máquina. Muere justo antes de ser declarado humano.
4.4 “Inteligencia artificial”, es el máximo exponente de la tristeza que nos puede llegar a inspirar y de la confusión también. Una empresa crea androides que sólo se distinguen de los humanos por el brillo de los ojos y por la “personalidad” que les fue programada. Uno de estos androides, con forma de niño, es entregado a una madre que ha perdido a su verdadero hijo. En un primer momento se siente aterrada, pero aquí está el motivo de la película. Se trata de enternecer el corazón y constreñir nuestros sentidos al ver un niño que llora porque quiere cariño. En realidad, no es más que un programa informático… pero claro, que se lo digan a una madre. El caso es que ella estaba obligada a firmar una cláusula en la que se estipulaba que si dejaba de tratarlo como a un hijo, el androide se apagaría para siempre. Dependía emocionalmente de la madre. Sin embargo, la mayoría de la gente los veía como una amenaza y como un asalto contra la reserva genética humana.
4.5. “Almas de metal” y “Mundo futuro” son dos películas de los años setenta que reflejan fielmente la velocidad a la que la tecnología humana se ha incrementado en todos los aspectos de la vida. Representan los temores de aquellas generaciones al futuro compartido con máquinas que nos superaban en inteligencia y en fuerza e incluso que no podíamos diferenciar. En esa época la especie de los androides estaba en fase de desarrollo, pues la escasa teoría y la realidad aún no casaban bien. Sin embargo, en treinta años el impulso ha sido tan evidente que supera la adaptación humana.
En siglos anteriores, como los medievales, una persona nacía y moría conociendo el mismo mundo durante toda su vida. Sólo en ocasiones, el hombre ha tenido la posibilidad de ver un cambio apreciable en la sociedad y son:
-La caída del imperio romano, que supuso un cambio para sus habitantes hacia la anarquía y una época de peligros y riesgos.
-La Revolución industrial, que provocó, sobre todo en Inglaterra, una transformación del medio rural, urbano y social en general.
-Las Guerras Mundiales que, como siempre, se cobran muchas víctimas a cambio de un desarrollo tecnológico y un avance científico que, para muchos, no está del todo justificado.
Hay que observar que, aunque la Revolución Científica supuso un punto de inflexión en el rumbo de la Historia, a nivel del pueblo no se vivió un avance visible a lo largo de una vida. Es una comparación que ayuda a entender el cambio que las generaciones del siglo XXI se van a encontrar.
Conclusiones
Llegados a este punto, uno se pregunta: ¿qué es el hombre? Un ser afortunado que ha evolucionado desde las primeras formas de vida y que, llegado a un nivel de desarrollo físico como el actual, pasa a evolucionar, no tanto aparentemente, sino mentalmente. La imaginativa clasificación de Faustino Cordón, la curiosidad que proyecta Stanley Kubrick, la inventiva de Von Neuman, la voluntad que refleja Ridley Scott…
Con tantas ideas… unas objetivas, científicas y demostrables… otras subjetivas, de esas que salen del corazón, uno se pregunta: ¿qué es, entonces, el robot? Si consideramos la teoría de que la evolución mental humana supone un nuevo campo de desarrollo, debemos aceptar el hecho de que el robot es una evolución del hombre. Nuestro propio nombre lo indica: homo Sapiens. Pensamos, y esa es nuestra principal característica. No salimos de la caverna, ni sobrevivimos a la prehistoria por nuestro físico; es más, es gracias a nuestra configuración mental que hayamos creado las civilizaciones que hemos creado (con sus vicios y virtudes). No nos suplantarán (al menos eso intentaremos), pero sí nos combinaremos con esta nueva “raza” para producir una especie que afronte el tiempo, el nuevo espacio, las tareas más arduas, etc.
Entonces llegaría otro problema aún más ambiguo. La aceptación social y las consecuencias que conlleva. Si es considerado el robot una evolución humana, es por consiguiente un ser vivo y un animal (como vimos en la cadena de Faustino Cordón). Además, debe tener unos derechos y unas obligaciones, que serían iguales que los nuestros, con la pequeña diferencia de que ellos no pueden infringir nuestros derechos, aunque nosotros sí podamos manipular los suyos. Es algo paradójico: algo así como la imposición de las leyes del país que vence en una guerra, sobre el territorio conquistado. Deben estar sometidos a unas leyes que respeten sus derechos y, por supuesto, los nuestros, (suena a que somos sus dueños, ¿no? La igualdad que se pueda dar entre ambos es otra utopía más de esta vida). Todo esto estaría compungido por la presión y rechazo social a unas, despectivamente, “máquinas” que quitan el trabajo a los obreros e incrementan la diferencia entre pobres y ricos, por no hablar de algún caso aislado que provoca algún accidente considerado como una rebelión y que extiende el pánico entre las madres de este mundo. No suena tan alejado… pues las diferencias entre razas humanas son tan terribles que no sería arriesgado decir que un “enemigo común” que los una representaría un vínculo nunca visto entre nuestras civilizaciones.
Sumerjámonos ahora en los sueños… más allá de las nubes de la imaginación. Relajen sus manos, sus caras, sus sentidos… más allá de los confines de nuestro pensamiento. Sí… más allá… ¿dónde? a la vida real.
El Sol se ponía ya en las copas de los hambrientos árboles, en una estampa otoñal, fría y con viento. Encima, imperaba una gran nube que, tornando su color violeta en un naranja amarillento con el que se lanza sobre el atardecer, llena de oscuridad la colina.
Una sombra aparece delante de la casa del humilde pastor, una sombra que se dirige hacia aquí. Al acabar el aire comienza su rostro, imponente como un gran yunque sobre el cual se han forjado terribles historias de lucha y hambre. Como una paloma contra el viento, la vista llega a sus ojos penetrantes, omniscientes, últimos de todo cuanto existe en ese lugar. Mientras, el pastor, en el banco, espera con el bastón en ristre, tranquilo pero atento.
-Buenas noches - dijo la fría voz con austera humildad.
-Buenas noches tenga usted, ¿no es un poco tarde para pasear por la montaña? Pronto bajará la niebla y la luz; debería ir pensando en dar la vuelta.
-¿Dar la vuelta? ¿a dónde?
-Bueno… a su casa. Supongo que no es de aquí, nunca lo he visto.
-No soy de aquí, es cierto. En realidad soy de ningún sitio.
-¿Cómo dice? - preguntó el pastor riéndose. - Tendrá que ser de algún lugar, buen hombre… ¿cómo se puede no ser de algún sitio?
-Digamos que… si sus brazos los traen de un país, sus piernas de otro, etcétera, sería usted un… ¿cómo llamarlo? ¿”ciudadano del mundo”? Pero, en realidad, de ningún sitio.
El anciano quedó abrumado por aquella idea, algo que nunca hubiera soñado, ni en la peor pesadilla. “Quizá sea un loco”, pensó al mirar cómo lo sonreía. De hecho, un loco se habría mostrado muy interesado en ocultar su procedencia y sus datos personales. Al instante, en un impulso de humana candidez, lo invitó a tomar algo dentro. Una vez allí conversaron durante toda la noche, amigablemente. El pastor sabía que debía atender sus labores, pero estaba encantado con la inusitada compañía de aquel individuo. Era un tipo raro, demasiado estático, reflexivo y, siempre, veloz en argumentar posibilidades remotas sobre cualquier tema trivial.
-Mira, y perdona que te trate de tú, - comentó el anciano. - pero nunca he tenido una compañía tan agradable como la tuya. Dado que no tienes, según parece, a dónde ir, me gustaría que te quedaras. Veo que te gusta el monte y las labores de ganadería. Podría… enseñarte algunas… cosas y… bueno… podríamos convivir como buenos amigos… hasta que decidas… seguir tu camino.
-Muchas gracias, de acuerdo. ¿quiere que orleñe las vacas?
-¡No, será mejor que las or-de-ñes! - corrigió muerto de risa por aquella reacción.
Así pasaron los años, pues el personaje nunca decidió irse. Los árboles mantenían su tono verdoso, adornados con un húmedo musgo palpitante, en una tarde de primavera. Pedro, el, cada día más, anciano pastor, dependía ya casi por completo de aquel extraño viajero que llegó a convertirse en su amigo.
-Qué cara tan alegre tienes hoy - dijo Pedro, bostezando.
-Me pareció la más apropiada para este cielo azul.
-¿Decides con qué humor te vas a levantar? Valla, eso es nuevo para mí.
-¿Por qué no? Después de todo, el inmutable flujo del tiempo hace que uno se tome las cosas mundanas con filosofía, pues son éstas las que ayudan a acercarse a la felicidad.
-Se nota que tienes estudios, no entiendo muchas de las cosas que dices, nunca las entendí.
-Tampoco es necesario… es probable que todo lo que he dicho no sea más que un sueño.
-A ver, explica eso porque hoy te veo un poco mustio.
Levantó la vista y contempló el horizonte mientras dejaba el hacha clavado en el tronco. Su rostro no era tan jovial como parecía habitualmente, todo lo contrario. Parecía nervioso, como si esperase un desastre, tras haberlo predicho con su gran habilidad mental. Se giró y fue a sentarse junto a Pedro, que se estiraba en una silla antigua, con su bastón en la mano.
-¿Qué pasa, muchacho? Nunca te había visto así, supongo que ya te cansa esto.
-¡No! ¡nunca! - vociferó con los ojos desorbitados. Al instante se calmó, empezando a llorar y a pedir perdón.- Lo siento… pero es tal el amor que tengo a todo lo que hay fuera de mí… que no puedo soportar que algún día no esté ahí. Nunca un sueño se me había muerto entre las manos… llegué, me enamoré y, algún día, me iré.
-Oh, vamos… no finjas que lloras, que no se te ven las lágrimas. Mira, muchacho, esta vida es así de puñetera. Cuando más a gusto estás, algo pasa que te lo echa todo a perder. Pero es tranquilizador saber que al resto le pasa lo mismo, todos estamos metidos hasta el cuello en este calvario y sólo hay una manera de salir… así que no sé por qué la gente tiene tanto miedo a la muerte. Para mí es una liberación, aunque te echaré de menos. A ti y a mis recuerdos.
-De eso se trata… los recuerdos. ¿Dónde están? No lo sabemos, ¿verdad?, y más adelante… cuando todo lo físico acabe, cuando cualquier paradigma sea en vano… ¿seguirán? No me importaría morir si pudiera mantener mis recuerdos, pero irme sin ellos…
-Si en realidad sólo somos un recuerdo… la vida es muy rápida y los recuerdos sólo nos sirven para apoyarnos en el camino por el que todos caminamos. Valla… nunca creí que podría decir lo que pensaba de esta manera. Eres un buen estímulo, muchacho.
-Hay tal injusticia en este mundo que por ella vine a parar aquí. Nunca te conté lo que soy, por miedo a que no me aceptaras, como los anteriores.
-¿No serás uno de esos funcionarios chupasangre? Si no lo eres, el resto puedo asimilarlo… ¡por ellos estoy aquí! ¿sabes? Con cuarenta y dos años compré esta cabaña; mi mujer y yo nos separamos así que… ya conoces los misterios de estas historias… siempre ganan ellas, tengan o no la razón.
-Si usted perdió… no quiero ni imaginar la bondad de esa mujer.
-Si lo quieres llamar así… -dijo Pedro un poco extrañado, pero convencido que no era de tal modo.
-No soy funcionario… aunque, en cierto modo, podría cumplir su función. Pero… ¡oh, mire aquella ave! Bien pagaba yo, si tuviera, todo el oro del mundo por disfrutar así y no ser alcanzado jamás.
-Muchacho… aquella zona está lejísimos. Ni con veinte años veía a esa distancia. Eres un portento…
-Gracias, hicieron un buen trabajo conmigo.
-¡Eso ha sido muy bueno! - Pedro se desternillaba de risa mientras imaginaba a los padres de su amigo serrando troncos y cortando chapa para construir una máquina, pues la expresión incitaba a ello.
-Aunque les salió el tiro por la culata… creyeron que no mejoraría, que no alcanzaría más conocimientos que ellos y que no lograría sobrevivir, pero no fue así. Conseguí estudiar mi morfología… perdón, Pedro, mi forma y mis aptitudes, consiguiendo imponerme al paso del tiempo en este mundo, cual irrefutable cascada de agua sucumbe en el abismo.
-Eso… ¿es una manera… de decir que… te conservas bien? -preguntó Pedro mientras rascaba la coronilla blanca de su cabeza.
-Llamémoslo así. Pero… te veo a ti tan convencido de tu deterioro, de tu aceptación al paso del tiempo… que he pensado en no “conservarme bien” mucho más…
-¿Así que deterioro, eh? Bueno, no pasa nada, te comprendo… pero, ¿qué vamos a hacer? Todos llegaremos… incluso tú, un hombre extraordinario que, en algún momento, más tarde o más temprano, dará el salto a la otra vida.
-Un hombre… extraordinario- susurró para sí mientras miraba a Pedro emocionado.- Ojalá algún día pueda no escoger cuando daré el paso. Ojalá todo dependa de ese aura tan maravillosa que envuelve el mundo y que llamáis destino…
Tras el calor del verano y el soplón otoño… la luz del sol se volvió casi azul con el frío, y una nieve lenta se permutaba con el entristecer de los bosques. Pedro había enfermado, de ninguna enfermedad en particular. Era muy mayor y la vela se hacía más y más tenue, aunque su amigo lo alentaba cada día con gran devoción. Pedro había puesto nombre a su amigo, que nunca quiso decirlo, bautizándolo como Luis, en honor a su padre.
-¿Cómo estás, Pedro?
-Déjalo - dijo apartando las manos de Luis de su frente, que comprobaban la fiebre.-, pero dime cómo lo has hecho… qué has hecho para estar tan joven, igual que el primer día.
Luis dejó el caldero verde con un paño húmedo en la mesita y se sentó en la cama, junto al lecho de su amigo. Lo cogió de la mano y miró hacia la nevada ventana.
-Mientras no lo has sabido, me has apreciado como no lo ha hecho nadie. Espero que ahora comprendas por qué estoy aquí. El primer momento que recuerdo es una luz atravesando un cable a gran velocidad y proyectándose sobre una cavidad que no he vuelto a ver. Desde entonces, siempre he estado aquí dentro, sin poder salir… como un artista que pinta, escribe, hace música o sueña para ser su esencia… para, de verdad, existir. Sin embargo, he visto a muchos morir porque esta carcasa se ha deteriorado o estropeado.-Pedro lo miraba atónito, no sabía a qué se refería, aunque entendía que tenía un gran sufrimiento que acongojaba su alma.- “Apóyate sólo y no cojearás”, leí una vez. Pero no leí nada acerca de qué hacer cuando no te dejan valerte por ti mismo. No tengo derechos, ni siquiera consideración entre vosotros… todo lo que aprendí sobre los valores de esté mundo fue una farsa, ¡pero darme cuenta de ello me hace tener las mismas posibilidades que un humano!
-Pero… ¿qué diablos…?
-Déjame acabar, por favor. Fui mal tratado, por supuesto psicológicamente, durante muchos años. Creían que era igual que el resto, igual que los demás. Se equivocaban… nos hicieron a su imagen y semejanza, pero cada uno de nosotros somos distintos. Ven un error… un accidente y creen que es una revolución, pero en realidad no ven más allá de sus narices…
-Eres una máquina.- dijo Pedro sin inmutarse, pero con un color amarillento que no presagiaba nada bueno.- Está bien… puedes dejarme solo.
-Pero…
-Sí, moriré solo, pero moriré feliz. No lo haré con una máquina a mi lado… -acabó mirando hacia el techo con una impasibilidad pasmosa.
-En realidad me llamo N-420: Marco.
No hubo respuesta. El hombre al que había adorado y ayudado durante tantos años, renunciaba a su compañía ahora, en el último instante. “Todo deja de tener sentido, todo deja de ser importante cuando llega la verdad y el prejuicio”, musitó N-420, antes de abandonar la habitación. Salió de la cabaña y fue hacia la colina que se elevaba sobre el campo blanco, frente a la casa. Una vez allí, se sentó sin sentir frío alguno y, como tantas otras veces, en milésimas de segundo recorrió todos los recuerdos que tenía de aquel lugar… Al fin se dio cuenta que la vida es interioridad y exterioridad, no hay objetivos… sólo vida. Que el egoísmo no es una virtud ni un defecto, tan sólo una característica humana. Que un amigo sólo está para lo bueno, nada más… Entonces miró hacia arriba y comenzó a hablar en voz alta.
-Pedro… frío está tu corazón, cual losa de un sepulcro helado… ¡ángel consolador del alma mía! Pedro… ¿has visto ese cielo, Pedro? Por eso sería bonito morir… por estar ahí arriba… soñando en ese eterno atardecer… sobre un prado verde… al lado de alguien que quieres… Sí, ya sé. Tú lo prefieres, pero viviendo, mas no se puede. Viviendo no puedes estar ni arriba, ni con alguien a quien quieres. “Ahí arriba no, pero lo ves desde abajo con alguien que quieres, y eso no es imposible.”, pensarás. Bueno, no será imposible para ti… últimamente pensé mucho en el tema… mira: pon la mano en el pecho… ¿lo oyes? Algún día se parará… y una persona que te quiere pararía el suyo propio… con tal de oír, antes de morir, el tuyo sonando. Yo pararía el mío si tuviera… por ti. Hay cosas que no se pueden remediar, pero resignarse tampoco es la solución, Pedro. ¿Qué hay de malo en tener miedo?, ¿en aprovechar cada palabra como si fuese el último “gracias”, el último “te quiero”? Si se pudiese estar con la persona a la que quieres de verdad… seríamos como ángeles. Lo tendríamos todo. Sería el momento en el que la felicidad… sería posible… y dejaríamos de soñar con algo mejor.
Pasaron más inviernos… y más veranos… y seguía hablando con Pablo. En realidad, ya nunca dejaría de hacerlo…
(Muchos años después)
-¿Qué hace ese hombre ahí, papá?
-No lo sé hija, apártate, parece que está meditando. Eh…¡Hola! Señor…¿todo bien por ahí?- dijo un hombre levantando la voz mientras cogía a su hija en cuello. Cuando iba a posar su mano sobre el hombro de N-420, éste giró la cabeza:
-Ya es suficiente charla por ahora, Pedro. Basta de regenerarse y de permanecer: he comprendido que la magia de la vida está en el hecho de que… disfrutarla consiste en vivir poco, pero vivir libre. Después de todo… ¿para qué ser hombre? Este momento representa a todos en los que tenía razón y nadie me la dio. Pero continué adelante con mi propia filosofía que, acertada o no, a mí, me sirvió. Así que si muero es vuestra culpa, pues me muero de amor… -acabó cerrando los ojos y apagándose para siempre.
-Vámonos de aquí, hija, no sea que nos metamos en un problema…
Bibliografía
Páginas web:
- www.google.com
- www.wikipedia.com: Von Neumann; Faustino Cordón; Frankenstein; Golem; autómatas; teoría de Church y Máquina de Turing.
- http://etsiit.ugr.es/alumnos/mlii/VonNeumann.htm
- http://www.faustinocordon.org/
Libros:
- Faustino Cordón: La evolución conjunta de los animales y su medio, Península, Barcelona, 1966.
- Ray Kurzweil: La era de las máquinas espirituales, Planeta, Barcelona, 1999.
- Rafael Lahoz-Beltrá: Del primer ordenador a la inteligencia artificial, Ed. Nivola, Madrid, 2005.
- Martin Davis: La computadora universal. De Leibniz a Turing, Ed. Debate, Madrid, 2002.
- Roger Penrose: La nueva mente del emperador, Mondadori, Barcelona, 1991.
Películas:
- Steven Spielberg: Inteligencia artificial (USA, 2001)
- Rideley Scout: Blade runner (USA, 1982)
- Chris Columbus: El hombre bicentenario (USA, 1999)
- Michael Crichton: Almas de metal (USA, 1973)
- Boixcar: Mundo futuro (USA, 1976)
- Kenneth Branagh: Frankenstein (GB, 1994)
- Stanley Kubrick: 2001,Odisea en el espacio (USA, 1968)
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