Primer premio, prosa, primer ciclo de ESO, 2008
Publicado por serafingf el 22 Mayo 2008
Sonia Santa Cruz (2ºC)
La Luna ha desaparecido…
Sonó el despertador. Como siempre, a la misma hora. Y como todos los días estaba increíblemente cansada. Otra noche sin dormir lo debido, una noche más. Encendí el televisor. También como siempre. Me gustaba despertar oyendo al mundo. Y eso que con las noticias tan terribles era imposible empezar un nuevo día con ilusiones, habiendo escuchado desde primera hora las cosas que ocurrían. Pero yo era así. Y esto era simplemente una costumbre.
Me duché. Casi no me apetecía. Era imprescindible que el próximo verano lo pasara estudiando, pero este era uno de los muchos planes que todavía estaban sin cumplir; deberes, estudiar, tareas…volverme responsable. Es que eran demasiados planes para las siete de la mañana. Y a estas horas el único plan que se puede tener es el de no volver a llegar tarde de nuevo. Me sentí perezosa. No quería ir a clase, ni ver de nuevo las caras de siempre, ni hablar con la misma gente, ni ser creativa, ni ser responsable…Me apetecía vaguear y quedarme todo el día en la cama. Quizá para comprobar simplemente que el mundo seguía y que yo en esta ocasión era la única persona que se había parado. Por lo menos, durante unos instantes. Volví a la cama de nuevo. Siempre hacía lo mismo. Me quedaba ensimismada mirándome al espejo y pintándome un poco para cubrir los efectos de una noche en la que no había dormido demasiado.
Pero en este día, algo era distinto. Me fijé en las noticias y en esta ocasión no hablaban ni de Irak, ni de terrorismo, ni de violencia doméstica. Antes de echarme la base del maquillaje, intenté comprender lo que estaba escuchando en la televisión. Las imágenes mostraban el cielo y se turnaban noticias de los distintos corresponsales que trabajaban en las principales capitales del mundo. Todas las cámaras apuntaban al cielo. De pronto, el teléfono sonó. Era mi madre, que ya estaba en su trabajo.
-¿Has oído las noticias? Hija, creo que hoy no deberías ir al instituto.
-¿Qué pasa? – Le respondí- Mamá, no me asustes.
-Hija, están hablando desde primera hora. Resulta que no se sabe cómo ni por qué, pero esta noche ha desaparecido la luna.
-¿Qué?- exclamé- eso es imposible. A ver, mamá, ¿cómo va a desaparecer la luna? Será una broma.
-No creo. Bueno, ya veremos lo que dicen, pero de momento las informaciones que tienen desde los distintos observatorios es que la luna ha desaparecido. No se sabe cómo. No hay satélites, ni misiles. Nada de nada. Es como si nunca hubiera existido.
Me asomé a la ventana después de colgar y miré al cielo. No observé nada extraño. Todo era igual que siempre. Volví hacia la cama para seguir mirando las noticias. La información de mi madre era cierta. El mundo estaba en alerta. ¿Quién nos podría asegurar que so hoy había desparecido la luna no podríamos ser nosotros los siguientes? Me sentí desconcertada. No sabía si ir al instituto o aprovechar y quedarme en la cama, no tenía ni idea. Pero me decidí a llamar a una compañera y acudir a clase como siempre. Realmente, ese día nadie atendía a los profesores. Estábamos nerviosos, alterados…Nos faltaba una referencia clara para saber actuar.
El día transcurrió sin más novedades y llegó la noche. Me asomé a la ventana a ver el cielo, y de pronto…la vi. Estaba allí, como casi siempre. La noche era clara y se veían además algunas estrellas. La vista era preciosa. Respiré profundamente y pensé e cómo era posible que las personas creyeran que había desaparecido la luna. Yo podía notar en ese instante su luz, su calma, su belleza…Estaba segura de que me miraba y que incluso me sonreía como ella solía hacer, como yo lo hacía con ella. Me sorprendí entonces pidiéndole un deseo:
-Luna, no desaparezcas nunca. No dejes que me encuentre sola y no tenga a quien pedirle un deseo. Estate ahí. Mírame eternamente como tú sólo sabes hacerlo. Guarda mis secretos.
Fui de nuevo a la habitación. Estaba a oscuras. Como siempre, la cama deshecha, la luz de la lámpara de la mesilla de noche y ropa sin recoger. Me tiré en la cama. Estaba contenta. La luna no se había ido, seguía ahí, contemplando mi vida. Cuando miré el televisor, me sorprendió que siguieran con la misma noticia. Parecía que la luna no había aparecido. ¿Cómo era posible que se viera desde mi ventana? Volví a asomarme y estaba allí. La historia me parecía una locura. ¿Mis ojos eran distintos? ¿Era una broma de os periodistas? ¿El mundo se había vuelto loco? ¿O quizá la luna tenía más vida que la que nosotros creíamos? Mientras me encontraba absorta en estos pensamientos, me di cuenta de una cosa. No sólo había sido un día especial porque la luna había desparecido. Hoy no se hablaba de guerras, de armas, de gobiernos, ni de economía. Sólo se hablaba de la luna, o de su ausencia. Era bonito, ¿no?
¿Era un juego o una ilusión? Lo importante era que todo el mundo por un día se encontraba mirando al cielo. Entorné los ojos y me descubrí en una sonrisa entreabierta. Tomé aire, respiré profundamente y la observé de nuevo.
Esta noche, cuando vayas a acostarte, asómate y mírala. Obsérvala, cierra tus ojos y respira profundamente. Que esa imagen permanezca siempre en tu corazón, sólo por si algún día no puedes verla. Quizá descubras entonces que lo más importante de todo es su recuerdo. Así siempre permanecerá en tu cielo.
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