Horizontes Lejanos

Revista Escolar del IES Rosario de Acuña

Artículos de Mayo, 2009

OLIMPIADAS MATEMÁTICAS

Publicado por serafingf el 30 Mayo 2009

portada27.jpgPor Patricia Entrialgo Díaz-Caneja,
Gabriel Flórez Meana,
Marta González Luengo y
Aída Menéndez Parrón

 

El pasado día 27 de abril, acudimos al centro de enseñanza “Emilio Alarcos”, en el cual participamos en la semifinal de las Olimpiadas Matemáticas Asturianas. En primer lugar, dimos nuestros datos y comenzamos la prueba colectiva, denominada “Relevos”. Nos dividimos en dos parejas; una se ponía a resolver un problema en el menor tiempo posible y, cuando acababa, la segunda pareja cogía otro ejercicio, lo terminaba… y así hasta completar el tiempo permitido.

A continuación, tuvimos un descanso de media hora, durante el cual nos dieron un bocadilo y un refresco, para después finalizar las pruebas con el examen individual, que constaba de cuatro problemas.

Animamos a todos los alumnos del centro a participar en estas olimpiadas. Es una forma de conocer gente nueva y divertirte con tus compañeros de grupo. Además te regalan una bonita camiseta. Queremos reslatar que no hace falta ser un “cerebrito”, pues sólo un componente del grupo pasó a la final y, aún así, repetiremos el año que viene.

 

 

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CONCURSU N´ ASTURIANU, 2009

Publicado por serafingf el 22 Mayo 2009

portada27.jpgJennifer Priede Blanco 1u. ESO B

 

 

 

 

TOO MOS PASA NUN XARDÍN

 

1. Nel xardín de la so güela

13. Volvió a buscar

2. ente la yerba y flores roses

14. Y al llau del ríu

3. una neña mui guapina

15. una ratina fue alcontrar

4. buscaba dos mariposes.

16. que taba comiendo un figu.

5. Nun fueron asina les coses,

17. La ratina llevaba munchos figos

6. embaxo d’un árbol fue mirar

18. na so cestina collorada

7. y salió una abeya enfadá

19. mirábala con rabia

8. direuta a picar.

20. por si-yos los quitaba.

9. La probe nenina marchó asustá

21. Darréu mordióla.

10. nun sabía qué facer,

22. la nenina escapó

11. Y taba tan atristayá

23. Con un bon sustu

12. que púnxose a llorar.

24. y enxamás volvió.

 

L’ESTROPICIU DE TINTÍN

Esto yera un bon día que finó nunu malu.

Yera la boda de la mio collacia y tábamos vistiéndonos cuando nos dinos cuenta de qu’esi día adelantaben una hora’l reló. Tábamos toos faciendo esparabanes porque llegábamos tarde.

Salimos a les carreres pero’l nuestru coche yá marchara y fuimos corriendo. Cuando llegamos a la ilesia la misa yá acabara y la novia echómos una bronca porque pensó que llegábamos solo pa la comilona.

La ilesia taba al llau la playa y ficimos dalgunes fotos na mar, mientres Tintín, el mio perrín, taba bañándose y xugando cola so pelotina.

Cásique yá nun quedaben fotos por facer cuando vino una fola y moyó-y tol traxe a la novia.

¡Agora sí que pue dicise que somos los del culu moyáu! Porque ella taba toa moyá.

Cuando llegamos al restaurante yá yera pela nueche. Tintín taba muertu fame y gustáben-y muncho les tartes de chicolate.

De la que nos punxeron la comida Tintín casi se tira a por ello, comió mui poco, taba reservándose pa la tarta.

Llegó la tarta. Probe’l camareru que-y tocó llevala. El perru llanzóse y tirólo too.

Otra vez manchóse’l traxe la novia pero agora fue de chicolate.

Tola xente marchó, los camareros y los novios gritáben-y al perru y yo taba enllena vergoña.

Marchamos d’ellí a les carreres.

Cómo vuelva facer otra vez dalguna cosa d’estes regálolu.

 

¿QUERÉIS LLEVALU CON VOSOTROS?

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TABLÓN DE ANUNCIOS 27

Publicado por serafingf el 21 Mayo 2009

portada27.jpgAlumnos/as de 4º B
  

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Fotos de los grupos. Curso 2008-2009

Publicado por pablohm el 13 Mayo 2009

portada27.jpg

 

 

 

 

 

VAMOS JUNTOS

Con tu puedo y con mi quiero
Vamos juntos compañero.

Compañero te desvela
La misma suerte que a mí
Prometiste y prometí
Esconder esta candela.

 Con tu puedo y con mi quiero
Vamos juntos compañero.

 La muerte mata y escucha
La vida viene después
La unidad que sirve es
La que nos une en la lucha.

 Con tu puedo y con mi quiero
Vamos juntos compañero.

 La historia tañe sonora
Su lección como campana
Para gozar el mañana
Hay que pelear el ahora.

Con tu puedo y con mi quiero
Vamos juntos compañero.

 Ya no somos inocentes
Ni en la mala ni en la buena
Cada cual en su faena
Porque en eso no hay suplentes.

 Con tu puedo y con mi quiero
Vamos juntos compañero.

 Algunos cantan victoria
Porque el pueblo paga vidas
Pero esas muertes queridas
Van escribiendo la historia

 Con tu puedo y con mi quiero
Vamos juntos compañero.

 Mario Benedetti

ESO

Esta película necesita Flash Player 7

BACHILLERATO

Esta película necesita Flash Player 7

 

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Primer premio, prosa, bachillerato, 2009

Publicado por serafingf el 7 Mayo 2009

portada27.jpgRoberto Hevia Roquer (2ºC bachillerato)

 

MARÍA PERFECTA

 

En mitad del áspero calor que azota sin piedad las horas centrales del estío castellano avanzaba por su férreo cauce un rápido tren de línea que, haciendo gala de una puntualidad propia de las antípodas de Gran Bretaña, llegaba a una pequeña estación situada con exactitud sobre el polo magnético de ninguna parte. Del otro lado de las puertas que se abrían automáticamente sólo salió una persona, el joven Pepe Rey. Era éste un muchacho con el típico aspecto que caracteriza a los jóvenes que ahora moldean las universidades, con esa mirada y ese comportamiento que refleja a la perfección una idiosincrasia progresista en la que el carácter es domado por una lógica tan inteligente como pueril. Cuando, en mitad de una estruendosa nube de polvo, el tren se alejó, Pepe sacó del bolsillo de su pantalón su teléfono móvil para solamente comprobar la ausencia absoluta de cobertura en aquel  paraje. Tras unos minutos de espera se percató de que en el horizonte se perfilaba la inequívoca silueta de un coche que avanzaba entre las piedras de un camino que pretendía imitar una carretera. Este vehículo se detuvo justamente tras aquella edificación que el báculo del tiempo se había encargado de deteriorar a conciencia, mientras Pepe se aventuraba a dejar su refugio en la sombra para introducirse en su interior. Ya dentro, su mirada se cruzó con la de Rosario, una joven de igual aspecto que Pepe. A los dos les habría gustado charlar amenamente, pero el asfixiante calor que impedía respirar les obligó a dejar aquel lugar lo más rápidamente posible, dejando solamente espacio para un corto saludo acompañado por un beso.

Ya pasadas las soporíferas horas de la tarde de aquel sábado, en las que el calor únicamente invita a reposar con una siesta los alimentos digeridos con anterioridad, el pueblo de Orbajosa comenzaba a desperezarse. Se escuchaba su despertar, anunciado con el ruido de motores de coches que se reunían en la plaza central. Era ésta una de las típicas plazas que se desperdigan por tantos puntos de la geografía española, en cuyo centro se había colocado años atrás una estatua en conmemoración de cierto escritor que otrora se había inspirado en ese pueblo para una novela o algo así y que uno de los habitantes del lugar había tenido la feliz idea de tirar con la intención de aprovechar el podio para la colocación de una antena parabólica que permitiese recibir la señal de televisión en las casas con absoluta nitidez, y presidida por los restos de lo que antaño fuese una iglesia y que ahora apenas servía para dar en las mañanas de los domingos cobijo a los pocos fíeles que todavía se reunían para escuchar misa. Pero la mayor parte de los habitantes de Orbajosa dedicaban esas mañanas al reposo de los excesos de la noche anterior, ritual que con la máxima escrupulosidad se respetaba cada sábado al oscurecerse el cielo, y consistía éste en la reunión de los mozos y las mozas del lugar en la ya mencionada plaza. Formábanse entonces dos grupos, uno compuesto de una marabunta de coches tuneados y terriblemente estruendosos que rugían al capricho de sus dueños, muchachos uniformados con sudaderas en los días invernales que daban paso a camisetas de no muy grandes tallas al aproximarse el calor veraniego. A la par de este grupo surgía otro, en el cual las mozas del lugar, que bien de invierno o de verano se permitían lucir al descubierto sus carnes, que más que partes del cuerpo, daban la impresión a quien lo viere de tratarse de género a la venta. Mantenían ellos conversaciones sobre temas que en verdad no eran insustanciales, pues para que una conversación sea insustancial ha de al menos existir, y en cambio ellos se limitaban a pronunciar una larga retahíla de frases inacabadas que hacían vaga referencia a su trabajo en la cooperativa agraria “OrbaAjos”, empresa que empleaba a un amplio sector de la juventud de Orbajosa. Era el “jefe” de este grupillo un muchacho cuyo nombre importa poco, pero que bien por sus modales, bien por ciertos vicios o negocios poco lustrosos, había recibido el sobrenombre de Caballuco. Nuestro amigo Caballuco alardeaba de unos modales propios de cualquier miembro de la sociedad Bovina del lugar. A lo largo de los años habían prendido en él las enseñanzas de los hombres de Orbajosa, para los que era criticable y muestra de un peligroso afeminamiento el masticar con la boca cerrada, hablar correctamente, mostrar algún resquicio de sensibilidad, emplear la cabeza para algo que no fuese el llevar gorra y otras muchas cosas más propias de aquellos imbéciles desgraciados de las ciudades que de los jóvenes de Orbajosa, que consideraban que por mantenerse al margen de estas corrientes imperantes eran libres y mejores que los otros. Por el otro grupo, el femenino, cabía destacar a la joven Inocencia (casualmente hermana de Caballuco), que años atrás se había proclamado la jefa del grupo y había establecido importantes reglas de convivencia (ninguna joven podía estar más guapa o mejor arreglada que ella, ninguna podía estar convenientemente arreglada con ningún mozo si ella se encontraba sola, Inocencia tenía preferencia a la hora de encontrar pareja, etc.) que si bien no estaban escritas sí eran férreamente respetadas. Hablaban estas muchachas conversaciones que no por tener una mejor estructura comunicativa mostraban un más interesante contenido. La mayor parte del tiempo se dedicaban a recrear las conversaciones que habían tenido con sus novios, rememorar los momentos más impactantes de las emisiones televisivas del día anterior, o, las más veces, criticar a aquellas que se encontraban ausentes. La fauna de aquella plaza se completaba con pequeños grupos de niños que jugaban a fútbol en improvisadas porterías y grupos de ancianas que desempolvaban viejos recuerdos de tiempos mejores, mientras la cantina comenzaba a recibir la afluencia de los hombres del lugar. Cuando comenzaba a oscurecer, los dos grupos arriba mencionados se reunían y los muchachos, acompañados por sus respectivas, iban en sus coches a un polígono industrial situado en las cercanías de la gran ciudad que se levantaba algunos kilómetros más allá. Allí, como cada semana, los jóvenes echaban las horas tomando alcohol (en el mejor de los casos) y manteniendo actitudes y comportamientos que si tanto por obvios como por poco decorosos no será conveniente mencionar. Pero en aquella tarde de sábado, un tema concreto había atraído como un imán las plomizas conversaciones de los mozos y las mozas de Orbajosa. Al parecer, la joven Rosario, una muchacha que años atrás se había ido del pueblo para estudiar en la universidad y que se había instalado definitivamente en Madrid había vuelto para pasar unas semanas de verano con su madre. María Perfecta, y lo que era peor, con ella venía un novio que había conocido mientras estudiaba. Esto había prendido las iras de todos los habitantes del lugar. Ellos no paraban de repetir los prejuicios que tenían contra todo aquel nacido más allá de su pueblo “-Seguro que es…un…un Joder, qué asco que me dan esa gente-” “-Solo pensar en ese imbécil y es que… que… que… me se calienta la sangre-” mientras que ellas elucubraban sobre lo que había podido pasarle a la pobre Rosario “Ya desde pequeña esa cabra tiraba al monte, se la veía venir” “Yo no sé qué ven en los de fuera, ella es de Orbajosa y ha de buscar a un chico de Orbajosa, es lo normal, y seguro que luego dice que está muy bien la muy… Querrá darnos envidia” “-Pero al tiempo, que en menos de dos días esa viene aquí con el rabo entre las piernas, te lo digo yo ¡Pues en mi casa que no entre!” Cabe destacar que entre todos los allí presentes el más enfurecido era Caballuco, pues para pocos era secreto que aquel provocador aire de mujer cosmopolita y moderna que desde siempre había tenido Rosario, y que en los últimos años había eclosionado convirtiéndola en una mujer diferente de las demás mozas de Orbajosa, nunca le había dejado indiferente, pero esta era la primera vez que ni su fuerza bruta, ni el que su padre fuese el dueño de la mitad de las tierras de Orbajosa, le podían dar aquello que quería. La aparición en el horizonte del coche de Rosario calló de inmediato todas las voces de los jóvenes. Dando muestra de la enorme práctica que con los años habían ido forjando en el arte de la hipocresía, recibieron a la pareja con ciertas muestras de afecto, si bien no era necesario un gran observador para apreciar que muchos sonreían apretando los dientes. Cuando del coche se hubo detenido en medio de la plaza y sus dos ocupantes descendieron, se formó un gran círculo alrededor de los dos recién llegados, quienes se habían convertido en el centro de atención de todos los allí presentes. Pero el colmo para los mozos de Orbajosa fue que al declinar la tarde los dos recién llegados se negasen a acompañarles en su ritual semanal. Si alguna vez existió alguna posibilidad de que se pudiese dar un conato de paz entre Pepe y el pueblo de Orbajosa, desapareció en aquel momento.

María Perfecta, madre de Rosario, era el vivo reflejo de lo que serían la mayoría de las muchachas de Orbajosa en veinte años y de lo que su abuela había sido cincuenta años atrás. Cierto es que algunas cosas habían cambiado, pero en esencia todo se mantenía. El lugar que había dejado la antigua educación, lo ocupaban ahora los programas de corazón y la telebasura, lo que antes eran las mañanas de los domingos eran ahora las noches de los sábados, pero todo seguía diseñado de tal manera que se evitaba la molesta tarea de pensar. Pero volvamos con María Perfecta, que estaba ahora maldiciendo el momento en el que dejó a su hija irse a Madrid. La viuda estaba encantada de que Rosario pudiese estudiar, pero no podía soportar los cuchicheos que hacían a sus espaldas sus vecinas, quienes se esmeraban en que María Perfecta no fuese ajena a sus comentarios. Huelga decir que estos cuchicheos se dispararon en el momento en el que Rosario y Pepe entraron en la casa de ésta. En el interior del lugar, María perfecta no cejó en su empeño por menospreciar a Pepe. Siempre que la conversación se lo permitía, soltaba algún comentario de esos especialmente dañinos que caracterizan a quienes tienen práctica en el herir sobre las cualidades de los jóvenes de Orbajosa, en especial aquello que era alabar las virtudes de Caballuco, pues cualquier madre de Orbajosa desearía que su hija se casase con quien tiene en herencia casi la mitad de los campos. Ni a Pepe ni a Rosario se les escaparon estos comentarios, pero no quisieron reparar en ellos. Esto enfureció terriblemente a María Perfecta, que no estaba acostumbrada a que nadie hiciese caso omiso de sus ataques. Durante todo ese tiempo, sin embargo, Pepe no pudo evitar que las manifiestas hostilidades que durante todo el día había viniendo sufriendo le afectasen en el ánimo, eliminando en él cualquier conato de ganas de permanecer en aquel lugar más de lo necesario. Esta sensación aumentó cuando, llegada la noche, María Perfecta le indicó a Pepe que; para su mayor comodidad, evitase el tener que compartir con Rosario la minúscula cama en la que dormía cuando era pequeña, y pasase aquella noche durmiendo en el incómodo sofá de la sala principal. Así pasó la noche, sin demasiados sobresaltos, mientras María Perfecta se mordía ansiosa las uñas en la cama y Caballuco intentaba ahogar la rabia en el alcohol.

A la mañana siguiente toda Orbajosa era caldo de cultivo de habladurías y comentarios. Puntuales como un reloj, todas las vecinas se reunieron en la plaza para chismorrear sobre la nueva noticia. Habría sido imposible contar todo el número de mentiras y embustes que en aquel día se vertieron sobre Pepe Rey. Pero mientras las invenciones volaban de aquí para allá, Inocencia trataba de calmar a su hermano.
-No lo soporto, es que, no lo… Mierda, mierda. A ese tengo que cogerlo un día y… Darle un susto, sólo eso, para que se vaya caliente.
-Deja de decir idioteces, ¿En qué estás pensando?
-Nada, solamente… Darle un buen susto, lo que merece
- ¿Por qué no tratas de usar por una vez la cabeza?
- 0ye, a mí no me hables así, que soy tu hermano
-Tranquilízate, ya me encargaré yo de que María Perfecta la meta en cintura y de que ese ponga pies en polvorosa.

Así las cosas, Inocencia acudió aquella misma mañana, aprovechando que Rosario y Pepe estaban fuera, a la casa de María Perfecta. En pocos momentos pasaron de ser pocos a ser muchos, y toda Orbajosa luego, quienes estaban pendientes de esta conversación. En el fondo, el odio mutuo que en todos los habitantes del lugar había surgido con el paso de los años causaba que nadie desease que aquel conflicto se solucionase favorablemente para la vieja señora, pero era más fuerte el odio al recién llegado. En el interior de la casa, Inocencia empleaba todas las artimañas para envenenar los oídos de María Perfecta sobre Pepe Rey, involucrándole en todo tipo de comportamientos deleznables, negocios turbios y otros muchos improperios. Si María Perfecta se creía estas patrañas o simplemente las quería creer, nunca nadie lo sabrá, pero lo cierto es que de aquella casa salió Inocencia con una mueca de satisfacción en su rostro que daba poco espacio a las conjeturas. Esa misma tarde, cuando Rosario y Pepe llegaron a la casa de la madre, ésta se mostraba arisca, es decir, más arisca de lo común. Rehuía con ágiles reflejos cualquier tipo de conversación y cortaba cualquier conato de diálogo por medio de algún seco monosílabo. Todo tenía que ir según lo planeado. En mitad de aquella calurosísima y somnolienta tarde de domingo, mano anónima introdujo en la casa una nota dirigida a Pepe. Por lo ilegible se sus caracteres y lo peculiar de su ortografía era evidente que la había escrito uno de los muchachos de Orbajosa. En ella se “invitaba” a Pepe Rey a marcharse dejando en el pueblo a Rosario. María Perfecta no apreció en el joven ningún gesto, simplemente se deshizo del papel sin darle aparentemente mayor importancia. La vieja se retorcía las manos, le habían dado a ese bastardo su oportunidad y la había arrugado y tirado a la basura. No cabía otra opción. Era inevitable. Aquella misma tarde, salió de casa con alguna tonta excusa para dirigirse a la casa de Inocencia y Caballuco. Explicó la situación y, con una admirable resolución, los tres se dispusieron a hacer aquello que habían acordado. Esperaron a la noche. Caballuco apuñalaba las horas comiendo, bebiendo y preparando su escopeta de caza mientras que las dos mujeres guardaban silencio, maquinando sobre aquello que iban a hacer. Finalmente se fue el sol, y los tres salieron de la casa. No era secreto alguno para muchos de los habitantes de Orbajosa lo que iba a ocurrir, pero no tenían la menor intención de impedirlo. Silenciosamente entraron en la casa. Caminaron a lo largo del oscuro y angosto pasillo. La madera chillaba con cada paso. Parecía tratar de alertar a alguien. Los tres se acercaron a la puerta. Caballuco extendió la mano para accionar la manilla. La puerta de la estancia en la que Pepe dormía se abrió. Los tres se acercaron al sofá, Caballuco apuntó con la mano más férrea que la ocasión le permitía hacia la oscuridad. María Perfecta encendió las luces. Entonces se encontraron aquellos tres personajes con lo único que jamás se habrían esperado encontrar. En el lugar en el que debía estar durmiendo Pepe Rey solamente había un libro, “Doña Perfecta” era su título, de un tal “Benito Pérez Galdós”. AI parecer, Pepe y Rosario estaban ya a kilómetros de Orbajosa, rumbo a Madrid. Fue en aquel preciso instante cuando Caballuco, María Perfecta e Inocencia descubrieron el grandísimo valor que tiene la literatura.

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Primer premio, prosa, 3º y 4º de ESO, 2009

Publicado por serafingf el 7 Mayo 2009

portada27.jpgSara María Llerandi Méndez (4º B)

“¿QUÉ SE DEBE HACER…?”

 

“¿Qué se debe hacer…?” Una pregunta estúpida. La típica pregunta por la que empiezan los exámenes de matemáticas. La primera pregunta de mi examen. Sin embargo, en vez de concentrarme, mi mirada se dirige a la ventana, desde la que puedo contemplar los verdes alrededores de mi instituto. Un espléndido color azul coloreaba el cielo. El azul más brillante y más hermoso que había visto nunca.

Agradecí enormemente el silencio que por entonces reinaba en la clase. Además de que raramente podía gozar de él en mi instituto, me ayudaba a pensar en aquella maldita pregunta, que me abrumaba desde hacía casi un año.

“¿Qué se debe hacer…?” Miré mi reloj, apesadumbrada. En unos minutos sonaría el timbre, anunciando el final de la clase, y yo aún no había leído más allá de la primera pregunta. Le eché un último vistazo y se lo entregué a la profesora, intentando huir de su alarmada mirada. Llevaba un trimestre, y un curso, desastroso. Mi tutor me había hecho notar sus preocupaciones por mis notas más de una vez, pero, ¿qué podía hacer yo? Con más remordimientos de los que me hubiese gustado en mi conciencia, salí de clase.

“¿Qué se debe hacer…? Ni siquiera bajo las cálidas caricias que el sol vertía sobre mi piel era capaz de alejar ese pensamiento de mi mente. Como cada día, me acerqué a la salida, con paso lento, buscando con la mirada sus ojos cobrizos. Como cada día, él salió tarde, acompañado de sus amigos. En cuanto lo vi., mi corazón dio un vuelco, como cada vez que le veía.

“¿Qué se debe hacer…?” Sí, ahora algo me distraía. Ya no solo había espacio en mi mente para la pregunta. También lo tenía para él. Mi mejor amigo, el mejor amigo que jamás había existido… No obstante, su amistad no era suficiente…

Se acercó a mí, sonriente. Ahora, la pregunta y él se relacionaban en mis pensamientos.

“¿Qué se debe hacer…?” Sonreí a su vez, mientras se acercaba a mí. Poco a poco la pregunta se iba desvaneciendo, cediendo todo su espacio al chico.

“¿Qué se debe hacer…si sólo escuchas su nombre a lo largo del cielo azul?”

Mi cielo azul. Mi maravilloso, espléndido, adorado cielo azul. Ese mismo cielo azul que me grita, me susurra, me dice… Me dice su nombre. Ese mismo cielo azul que lanza sus brisas contra mi cuerpo, empujándome más cerca de él.

Mi amado cielo azul…

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Primer premio, prosa, 1º y 2º de ESO, 2009

Publicado por serafingf el 7 Mayo 2009

portada27.jpgIván Llanos Lamuño (1º C ESO)

 

EL LORO

 

Esta es la historia de un loro muy contradictorio. Desde hacía años vivía enjaulado y coartado de toda libertad. Su propietario era un anciano al que el animal hacía compañía pues el pobre estaba muy solo después del fallecimiento de su esposa.
Normalmente vivía con su hijo, pero una vez terminados los estudios se fue al extranjero por unos meses. Tenía un loro que le regaló su difunta esposa, era de los únicos recuerdos que le quedaron de ella aparte de una reliquia milenaria y sus cartas de cuando eran novios. Cierto día, el anciano invitó a un amigo a su casa a deleitar una sabrosa comida.
Los dos hombres pasaron al salón donde, cerca de la ventana y en su jaula, estaba el loro, acurrucado al lado de la comida, muy atento a aquel extraño personaje que se acercaba al salón.
Se acercaba cada vez más, y observó por su aspecto y estado de ánimo, que el animal no era feliz en aquel entorno, a pesar de los mimos y regalos de su amable dueño. Mientras se encontraban los dos hombres comiendo, el loro comenzó a gritar insistente y desgarradoramente:
- ¡Libertad, libertad, libertad!
No cesó de pedir libertad durante todo el tiempo en que el invitado estuvo en casa. El animal no dejó de reclamar libertad. Hasta tal punto era desgarradora su solicitud, que el invitado se sintió muy triste y ni siquiera pudo terminar de saborear su comida pues esos gritos cerraban el estómago, y cuanto más agudo era el chirrido, más dolor sentía en el alma. Estaba saliendo por la puerta y el loro seguía gritando: “¡Libertad, libertad!”
Pasaron dos días. El invitado no podía dejar de pensar con compasión en el loro. Tanto le preocupaba el estado del animalillo que decidió que era necesario ponerlo en libertad.
- ¿Quién no hubiera sentido piedad por el animalillo?- pensó.
Esperó a que, como cada sábado, el ancianito salieses a comprar. En cuanto salió del edificio, el amigo entró y abrió la puerta con una ganzúa.
Inmediatamente se acercó a la jaula y abrió la puertecita de la misma. Entonces el loro, aterrado, se agarró a los barrotes de la jaula y se aferró con su pico y uñas a los barrotes de la jaula negándose a abandonarla.
El loro seguía gritando: “¡Libertad, libertad!”
Al ver aquello, él cerró la puertecita de la jaula y se fue con una gran duda. No podía entender cómo, si el loro no paraba de intentar escapar, en cambio cuando le liberó, no quería salir. Quiso entender que sólo había entendido esa palabra, pero algo en su interior le hacía dudar de ello por lo que sólo le quedaba una opción, preguntárselo al dueño. Se fue a casa y al día siguiente acudió a la casa del hombre y una vez allí le comentó:
- ¿Qué le pasa a tu loro que siempre que vengo no cesa de pedir la libertad?
- No eres la primera persona que me cuestiona esto y, en vez de contarte una larga historia, lo resumiré en un refrán que me dijo mi abuelo en su lecho de muerte: Como este loro son muchos los seres humanos que dicen querer madurar y hallar la libertad interior, pero que se han acostumbrado a su jaula interna y no quieren abandonarla.
Con estas profundas palabras se retiró meditando sobre lo que había pasado en estos últimos minutos.

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Primer premio, poesía, 3º y 4º de ESO, 2009

Publicado por serafingf el 7 Mayo 2009

portada27.jpgCarolina Hevia Getino (4º B)

DOLOR, OLVIDO Y AMOR

No sé si mirar atrás y
dejar todo como está
o dar la vuelta atrás y borrar
todo lo malo que me ha pasado.
Imaginar que nada
ni nadie me hace daño.
Pensar que una sonrisa en mi cara
no está fingida, dejar de llorar
como una tonta, dejarme llevar
por mi gente. Hacer una vida y
volar hacia otro mundo en el que
la felicidad es lo único
que está permitido y saber
que el dolor y la tristeza están
prohibidos, prohibido llorar, prohibido morir
de dolor, solo ser feliz y
vivir con amor.
Necesito levantarme
un día y pensar
por un momento que
no voy a llorar, que
no lo voy a pasar mal.
Necesito que alguien me arrope
y me dé fuerzas cuando yo
ya no puedo ni caminar.
No puedo vivir
con esa angustia
que me come por dentro.
Pensar en cada cuchicheo
en cada palabra
que una persona
pueda soltar contra mí.
Pero no mirar y
pisar con fuerza
mi camino,
es adentrarme en un mundo
en el que las malas
personas no existen.
Fuerza es la palabra
que se necesitra
voluntad es su acompañante.
Porque nada vale ya
si caes en un vacío
en el que nadie
te va a recordar
que nadie
te va a extrañar
y que te van a olvidar.

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Primer premio, poesía, 1º y 2º de ESO, 2009

Publicado por serafingf el 7 Mayo 2009

portada27.jpgJoana Navarro Acuña (2º A ESO)

EL ATARDECER

Observo cómo poco a poco
el día se marchita,
cómo lentamente
Desgarras mi corazón.
Es esta vida que no me pertenece, pues te la doy toda.
Cada segundo es para ti.
Tú tienes todo de mí.

Dos viejas golondrinas se acurrucan juntas,
hasta qué punto te amo,
que me dan envidia dos pájaros.
Juntas, año tras año.
Cómo te anhelo yo…
Pequeñas, frágiles,
como nosotros dos.
Una acaricia tiernamente a la otra,
y la cubre con un ala.
Entonces, una lágrima se me escapa,
cuánto tiempo llevaba la maldita,
esperando para rodar por mi mejilla.
Cuánto te quiero, qué débil soy…

Poco a poco la noche se cierne sobre el mundo,
y sobre mi inquieto corazón.
Esta noche la almohada será testigo de mis sollozos.
Qué insoportable es esta espera
que me mata de tu amor,
si sólo necesito de ti,
tú que me quitas el apetito.
¿Qué es la vida si no estás tú?

Pero a pesar de todo sonrío,
sólo porque sé que a ti
no te gusta verme triste
aunque después no me veas llorar…
Cómo deseo estar contigo,
aunque sólo por un día fuera.
Aunque sólo en una noche no te fueras.
Sólo eso…

Y sólo puedo llorar,
preguntándome por qué,
lo que esta vida une,
el destino lo separa.
Porque estamos tan solos,
porque tan lejos,
y tan dolorosamente vivos…
Porque sentimos más allá de lo soportable,
y morimos por este amor.
Recuerda siempre a las viejas golondrinas,
construye tus alas con este corazón
que hoy te entrego
fruto de mi pasión.

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