Primer premio, prosa, 3º y 4º de ESO, 2009
Publicado por serafingf el 7 Mayo 2009
Sara María Llerandi Méndez (4º B)
“¿QUÉ SE DEBE HACER…?”
“¿Qué se debe hacer…?” Una pregunta estúpida. La típica pregunta por la que empiezan los exámenes de matemáticas. La primera pregunta de mi examen. Sin embargo, en vez de concentrarme, mi mirada se dirige a la ventana, desde la que puedo contemplar los verdes alrededores de mi instituto. Un espléndido color azul coloreaba el cielo. El azul más brillante y más hermoso que había visto nunca.
Agradecí enormemente el silencio que por entonces reinaba en la clase. Además de que raramente podía gozar de él en mi instituto, me ayudaba a pensar en aquella maldita pregunta, que me abrumaba desde hacía casi un año.
“¿Qué se debe hacer…?” Miré mi reloj, apesadumbrada. En unos minutos sonaría el timbre, anunciando el final de la clase, y yo aún no había leído más allá de la primera pregunta. Le eché un último vistazo y se lo entregué a la profesora, intentando huir de su alarmada mirada. Llevaba un trimestre, y un curso, desastroso. Mi tutor me había hecho notar sus preocupaciones por mis notas más de una vez, pero, ¿qué podía hacer yo? Con más remordimientos de los que me hubiese gustado en mi conciencia, salí de clase.
“¿Qué se debe hacer…? Ni siquiera bajo las cálidas caricias que el sol vertía sobre mi piel era capaz de alejar ese pensamiento de mi mente. Como cada día, me acerqué a la salida, con paso lento, buscando con la mirada sus ojos cobrizos. Como cada día, él salió tarde, acompañado de sus amigos. En cuanto lo vi., mi corazón dio un vuelco, como cada vez que le veía.
“¿Qué se debe hacer…?” Sí, ahora algo me distraía. Ya no solo había espacio en mi mente para la pregunta. También lo tenía para él. Mi mejor amigo, el mejor amigo que jamás había existido… No obstante, su amistad no era suficiente…
Se acercó a mí, sonriente. Ahora, la pregunta y él se relacionaban en mis pensamientos.
“¿Qué se debe hacer…?” Sonreí a su vez, mientras se acercaba a mí. Poco a poco la pregunta se iba desvaneciendo, cediendo todo su espacio al chico.
“¿Qué se debe hacer…si sólo escuchas su nombre a lo largo del cielo azul?”
Mi cielo azul. Mi maravilloso, espléndido, adorado cielo azul. Ese mismo cielo azul que me grita, me susurra, me dice… Me dice su nombre. Ese mismo cielo azul que lanza sus brisas contra mi cuerpo, empujándome más cerca de él.
Mi amado cielo azul…
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