Horizontes Lejanos

Revista Escolar del IES Rosario de Acuña

LO QUE DURE UN PARA SIEMPRE

Publicado por serafingf el 1 Junio 2011

portada29reducida

Laura González García

Primer premio 2011, prosa, primer ciclo de ESO

 

 

 

Verano. La playa. El sonido de las olas que disimuladas rompen en la orilla. La arena, cálida, fina, ligera, empujada por la suave brisa que relaja el ambiente. El sol, resplandeciente y dañino para mis ojos que, vergonzosos, se esconden tras unas Ray-Ban negras. Los mechones despeinados caen divertidos por mi cara y, con ellos, una lágrima que se derrama por mi mejilla ligeramente sonrojada, hasta desembocar en el mentón, desde donde se precipita al vacío. Y en ese momento los recuerdos se abalanzan sobre mí. Recuerdos. Recuerdos de él. De los momentos pasados a su lado, junto a sus amigos o solos; de sus besos; de sus caricias; de sus abrazos. Él. Pero en ese instante algo hace despertar de mi pasado. Sus risas. Tres risas alegres, felices, extrovertidas. Ellas. Corriendo, se acercan a mí mientras intento disimular, secándome lo que queda de aquella gota que, como tantas, se habían desprendido a causa de aquel rostro que durante mucho tiempo me había hecho feliz. Sonrío. Se acercan y se tumban en sus toallas, quietas para que el sol haga desaparecer las miles de minúsculas gotitas de agua salada de su piel, ya morena.

Las miro. ¿Cómo pueden ser tan espectaculares? ¿Tan…así? Son las personas que he elegido como amigas para el resto de mis días. Para ahora, pequeña mariposa que poco a poco aprende a volar, y para el futuro, del que no se sabe nada. Solo que ellas estarán a mi lado, que formarán parte de mí, que entrarán cuando todo el mundo haya salido. Como fieles amigas. Lo sé. Sé que ellas reirán cuando yo llore para sacarme una sonrisa en mis peores momentos, sé que harán lo que les sea posible para no hacerme daño, sé que me querrán como solo ellas saben, sé que respirarán por mí cuando me falte el aire. Y sí, una puede ser rubia, otra morena; una de pelo liso, otra rizado; una con ojos azules, otra con ojos almendrados. Pero a pesar de esta mezcla que nos separa, hay un estrecho vínculo, una compatibilidad que nadie deja escapar: la amistad. Porque es la que acude sin que se la llame. Es ella la que tiene remedios para cualquier herida, rasguño, espina que pueda causarte dolor. Es la que hace que los días sean más atrevidos. Mágicos. Es el mejor sentimiento. El que apenas hace estragos y fracasos. El que, además del amor, te hace sentir viva y única. Diferente. Feliz. Entonces, ¿qué más puedo pedir? Nada.

Aparto mis pensamientos y, junto a ellas, decido tomar un helado mientras observo el cielo azul cyan que me atecha. Preso del verano. Sin nubes blancas que se puedan percibir. Solo su color. Centro mi atención en sus palabras. Charlan. Como hacen siempre. De anécdotas, de chicos, de hobbies, de música… Pero su único objetivo es mantener una conversación en la que participemos todas. Hasta yo lo hago, la más ausente de todas por los últimos acontecimientos ocurridos. Ellas lo saben, saben que no estoy bien, y por eso no me presionan. Me dan tiempo, justo el que necesito para recuperarme. Pero no por eso mi vida carece de sentido. Es más, quizá ahora sea el momento de pararse a pensar, y reflexionar qué hice mal para no volver a cometer el mismo error. Me percato de que me están observando. Sus miradas se clavan en mi cara, como agujas. Entorno los ojos y sonrío. Es mi única respuesta. Y me doy cuenta de que no puedo seguir así. No puedo afectarlas a ellas también. Así que me dispongo a jugar con ellas a voleibol, nuestro deporte favorito.

Jugamos durante largo rato, riendo anecdóticamente, gritando, siendo aquel partido amistoso. Como lo que somos. Al terminar nos abrazamos. Todas juntas. Como un equipo. Y me gustaría no despegarme de aquellos brazos nunca. Los que me sujetan para no caerme al vacío.

Entonces me doy cuenta de que, solo cuando estoy con ellas, solo con su presencia, dejo de pensar en él.

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