POSTSCRIPTUM: MIRANDO HACIA ATRAS CON IRA
4 04 2009Me he tomado la libertad de encabezar este articulo con el título de una clásica película británica de los años 60 (una de mis favoritas) porque, ciertamente, ¡que rabia! tener que volvernos a Asturies: nos encanta nuestro pequeño lugar en el mundo, pero al mirar atrás, al recordar todo lo visto, lo compartido, todo lo recorrido y soñado… al recordar todo lo vivido, nos puede un sentimiento de tristeza por dejar finalmente este maravilloso lugar que es Bohemia, un lugar de cuento de hadas que nos ha entusiasmado a todos y que se ha ganado nuestro corazón para siempre.
Luce el sol en la ciudad de Praha, como no podía ser menos en esta primavera radiante que nos ha tocado en suerte esta última semana, y mientras los lideres mundiales se acercan a la rivera del río Moldava, nosotros decimos adiós desde la ventanilla de nuestro avión con un pesar en el corazón, y tal vez con una lágrima: ¡pronto volveremos a verte! Dicen que a los buenos amigos hay que llamarles de vez en cuando, aunque estén lejos, para recordarles que seguimos aquí, que pensamos en ellos, que nos importan… Así haremos nosotros con nuestra nueva amiga, la vieja ciudad de Praga, y con todos los que han compartido con nosotros esta experiencia: los compañeros de cuarto, los que se sentaron junto a nosotros en los aviones, los que comieron con nosotros, los que cantaron, bailaron y se divirtieron a nuestro lado. Tenemos nuevos amigos. Disfrutemos de ello.
Hace una semana empezaba la aventura, con dificultades, como todo lo bueno. Parece que ha pasado un siglo cuando aterrizamos en la ciudad soñada, sin equipaje la mayoría, asustados por un lugar que desconocíamos, impacientes por lo que nos deparaba el futuro más inmediato. Recordamos ahora como disfrutamos la primera noche en compañía entre nuestros iguales, como imaginamos estratagemas y urdimos planes. Recordamos nuestro primer contacto con la ciudad, de la mano de nuestros dos magníficos guías, Pauline y Radek, también dos amigos. Recordamos la primera vez que los pelos se nos pusieron de punta al contemplar el puente de Carlos, el castillo, la plaza del reloj, la avenida de Wenceslao…
Recordamos nuestra visita a la ciudad balneario de Karlovy Vary, a sus fuentes de aguas termales, a sus arcadas y columnatas, sus edificios góticos, sus paseos junto al río… Recordamos la ciudad de Ceské Budojevice y su plaza mayor, hermosa bajo el sol de la incipiente primavera. Recordamos la cuidad mágica de Ceský Krumlov, el encanto de sus calles medievales, de su río serpenteante, de su inespugnable castillo.
Recordamos la cuidad pequeña, nuestra querida Mala Strana, tomadas ya sus calles y embajadas por las fuerzas del orden ante la inminente visita de los grandes mandatarios. Recordamos Hradcany, la cuidad fortificada, con sus iglesias y conventos, sus museos y callejones, su poderosa catedral… Recordamos nuestra “noche loca” en la discoteca Duplex, al lado de la estatua del héroe nacional, con el Museo iluminado guardándole las espaldas. Recordamos el puente de Carlos tendido sobre el río infinito. Recordamos la ciudad vieja y su viejo reloj, puntual a su cita cada hora. Recordamos el barrio judío, sus sinagogas, su cementerio… Recordamos, en fin, todo lo bueno que nos a pasado en esta última semana, en lo que nos parece ha sido un parpadeo. Recordamos.
Decía Leonardo Da Vinci: “Contemplad el sol, y considerad su belleza. Parpadead… y volved a mirarlo”.
Adiós, Praga querida: puede que sólo te encuentres detrás de nuestros párpados, quizá reaparezcas de nuevo tras un simple parpadeo.
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