Filosofía

Pensar y actuar en el siglo XXI

Filosofía y LOMCE

Publicado por rosafg el 22 Abril 2016

Para muchos habrá sido una excelente noticia. “Por fin han arrinconado de una vez al muermo de la Filosofía”, se habrán dicho con esa íntima satisfacción que se produce cuando los que deciden han subsanado un antiguo disparate. Hay dos argumentos que utilizan quienes celebran marginar a Platón, Kant, Nietzsche y compañía de las aulas —la LOMCE ha reducido sus contenidos sustancialmente: ya solo es obligatoria la Filosofía en 1º de Bachillerato—. Uno es visceral: no hay quien soporte tanta cháchara conceptual, son aburridos. El otro es pragmático, y viene a decir que cuanto pensaron y escribieron no sirve para nada, es absolutamente inútil.

Ni uno solo de los políticos y pedagogos que ha participado en esta aberración reconocerá jamás que ha colaborado en mandar a la Filosofía al purgatorio porque la consideran tediosa. Pero serán muchos los que estén encantados de haber defendido la otra razón.

Las cosas están muy mal, sentencian en ese caso: los chavales no encuentran trabajo ni locos, y eso que cada vez estudian más y tienen más deberes, lo que ocurre es que este país se anda por las ramas, los masacran con las humanidades que no tienen futuro y no les dan herramientas para que sean de verdad competitivos en el mercado, no saben inglés, van dando traspiés con las nuevas tecnologías, viven de espaldas a los cambios de las costumbres, etcétera. Conclusión: acabemos con la Filosofía.

No hace falta ser un lince para llegar a la conclusión de que no tiene ningún sentido fabricar filósofos si lo que el mercado reclama son informáticos, médicos, ingenieros, electricistas, panaderos o, pongamos por caso, trapecistas. Todo el mundo sabe, además, que con el cogito ergo sum de Descartes no se arregla una cañería. Pero no es esa la cuestión. Lo que importa es que haya un plan. Y con siete leyes de educación no universitaria en los últimos 35 años una única conclusión se impone: los políticos de este país no saben lo que quieren.

O lo saben demasiado bien: servirse de la educación para la greña ideológica, para favorecer intereses gremiales, para ganar votos o para hacer patria. Lo que se olvida con demasiada frecuencia es que, durante esos años decisivos, los estudiantes no solo aprenden unas materias sino que se forman como personas. Y en esa formación hay dos cuestiones que los educadores deberían cuidar con especial esmero: que construyan sus propios criterios y que aprendan a disfrutar. Vaya, que cultiven el espíritu crítico y que sean creativos. Que lean y que piensen, que discutan, que le encuentren la gracia a un cuadro o a una sinfonía. Si no lo han hecho antes, y no lo hacen entonces, están perdidos. Ningunear la Filosofía es un mensaje contundente. Viene a decir que a esta ley le importa poco ocuparse del lado inútil de la formación: el que nos permite tener criterio, ideas, afán crítico, curiosidad. Cierto que pueden servir otras asignaturas. Pero la eficacia de la Filosofía en estos menesteres viene acreditada de lejos. ¿Por qué despreciarla ahora? Ahora, cuando tanta falta hace.

José Andrés Rojo (El País)

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Emilio Lledó: premio de Comunicación y Humanidades.2015

Publicado por rosafg el 25 Octubre 2015

Una experiencia incesante, la vida. Vamos aprendiendo a mirar, a asombrarnos de la naturaleza que nos rodea: los árboles, las nubes, la luz, el mar, la tierra, los frutos de la tierra. Fueron los primeros filósofos los que nos iniciaron en ese asombro y empezaron a especular, a «teorizar», -que es una forma de mirar- sobre lo que llamaron stoijeia, los «elementos», los principios fundamentales de la vida: el agua, el aire, la tierra.

No podríamos imaginar en nuestro mundo tecnológico –fruto, en sus orígenes, de la ciencia, de la pasión por conocer- que, de pronto, nos dijera algo así como: mañana no habrá aire, mañana, nunca más habrá agua. Nos sobraría ya todo, no habría prodigio técnico capaz de compensarlo. Y también la luz: esa posibilidad de experimentar el asombro y, en él, la unión con el mundo en el que estamos, y transformarnos en esa luz interior, en la que nos vemos y en la que somos.

Pero esta luz interior, este descubrimiento del «gozo de los sentidos, (aistheséom agápesis) (Met. I.980a) estuvo determinada por una nueva forma de mirar, y unos nuevos objetos «ideados» «mirados», que la tradición latina llamará conceptos, o sea algo concebido por la mente y que habrían de forjar un nuevo universo de palabras «elementales». Palabras que ya no indicaban el mundo entorno, que no señalaban la realidad: la dureza de la tierra, el soplo del aire, el contacto fluyente, viviente, del agua.

En esa constelación de significados se hizo presente algo que no podíamos tocar, no podíamos percibir con los sentidos, sino con esa luz interior, nacida en el corazón del lenguaje y que nos ha hecho comunicación y humanidad, que nos ha transformado en palabra. Esos elementos se llamaron «Verdad», «Bien», «Belleza» (Alétheia, Agathón, Kalón). Puras voces, puro aire semántico que nada señalaban fuera de sí mismo, pero cuya mismidad empezó a hacerse tan imprescindible como el aire o el agua.

Los elementos de la cultura irradiaron hacia un horizonte ideal de la vida humana y están, por ello, en el origen de ese también sorprendente concepto: Humanidades. Un término que se nos ha hecho familiar, y que, por esa misma familiaridad, podríamos resbalar, sin darnos cuenta, por el fecundo territorio de sus significados.

Aunque no es el momento de adentrarnos por ese dominio semántico, y descubrir algo de su historia y de su aliento, me gustaría anticipar que esa palabra, llena de vida, las «humanidades», es fruto de un largo proceso cultural. Es un ideal en la memoria colectiva y, sobre todo, resultado no sólo de la «teoría», de la mirada, sino que es fuerza, dinamismo, riqueza para la sociedad. Las humanidades se aprenden, se comunican. Las necesitamos para hacernos quienes somos, para saber qué somos y, sobre todo, para no cegarnos en lo que queremos, en lo que debemos ser.

La verdad era fundadora de convivencia, estructura esencial en el comportamiento de la sociedad: un espejo que refleja en lo dicho la conformidad y el acuerdo del ser que lo decía.

Pero el cielo ideal de las Humanidades, está en la realidad lleno de nubarrones violentos. Basta abrir los periódicos o escuchar las noticias. Y esa oscuridad nos lleva a pensar si esa prodigiosa invención de las «humanidades» no se nos ha deteriorado y si, a pesar de los indudables progresos reales, el género humano no ha logrado superar la ignorancia y su inevitable compañía, la violencia, la crueldad. El «género humano», esa trivializada expresión, convertida en «desgénero humano», en una degeneración.

Hay otro concepto, en ese territorio ideal, en esos elementos inventados por la cultura y su lenguaje, que se llamó «Bien» «Bondad». Si analizamos los primeros textos donde aparece esa palabra, descubrimos que el Bien –tò agathón– la excelencia, la virtud, la conciencia moral y todo lo que se encerraba en la palabra areté, fue surgiendo y evolucionando desde el cobijo del clan familiar. El bien se levantó desde ese espacio de mutua ayuda y protección con que la naturaleza asimila, alienta y sostiene sus propios productos.

Efectivamente el bien suponía, frente a la idea de un bien absoluto, una perspectiva humana. Una mirada, pero desde dentro de uno mismo. Un texto de la Ética aristotélica dice que todos los hombres buscan el bien; pero ese bien está determinado por la «apariencia» (phainómenon) con la que se nos hace presente. La apariencia es, pues, lo que ve nuestra mente, lo que siente nuestro corazón, lo que construye la mirada interior que forja la propia humanidad. Y ese bien, como la verdad, se aprende en la cultura que no es, en su origen, sino pedagogía, educación.

No es extraño que la belleza fuera unida a la bondad (kalós kaì agathós). Todo ello implicaba el despertar, ante nuestros ojos, ante nuestros oídos de ese horizonte de las Humanidades.

II

Una famosa intuición de la filosofía griega, atribuida a Protágoras, nos dice que «el hombre es la medida de todas las cosas». Y sabemos que es cierto, que nuestra intimidad es el misterio que oculta esa perspectiva con la que nos acercamos al mundo.

Pero ese homo mensura que manifiesta la esencia de nuestra personalidad, del ser que somos o que estamos llegando a ser, nos enfrente a otras cuestiones sustanciales:

¿Quién mide en nosotros?

¿Qué medimos?

¿Cómo medimos?

Y en definitiva:

¿Quién nos enseña a medir?

La educación, la paideía, inicia, ya en la infancia, ese proceso de construir el «quien» que mide en nosotros. Los reflejos mentales, los posibles reflejos condicionados que, como en el famoso experimento de Pavlov, inyecta en las neuronas, el lenguaje de los medios de comunicación, de nuestros, digamos, educadores, determina, condiciona, esclavizándola o liberándola, nuestra vida y nuestra persona. Aunque lo importante no son tanto los medios, sino las fuentes, los orígenes, los manantiales de los que brota todo lo que esos medios «mediatizan».

Estoy convencido de que los maestros, los profesores, son conscientes de ese privilegio de la comunicación, de esa forma suprema de «humanidades». Ese anhelo de superación, de cultura, de cultivo es, tal vez, la empresa más necesaria en una colectividad, en una «polis» y en su memoria. En ella, en esa educación de la libertad, alienta el futuro, el de la verdad, el de la lucha por la igualdad, por la justicia, por la inteligencia.

Quisiera recordar, en este momento un poema de Brecht que habla del nacimiento del libro de Lao-tsé cuando iba a la emigración. Al pasar una frontera, el aduanero le pregunta si tiene alguna cosa que declarar. Ninguna, dice. Y el joven que le acompañaba añade: «Er hat gelehrt». Ha podido hablar, comunicarse, enseñar, existir en las palabras. «Y así quedó todo claro».

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La Filosofía en el Bachillerato

Publicado por rosafg el 8 Mayo 2015


Evolución histórica de la enseñanza de la Filosofía en Bachillerato 

En el Bachillerato la organización del estudio de la Filosofía en dos materias, una de carácter sistemático y otra de carácter histórico, se da desde mediados del pasado siglo. El Plan de 1953 establecía como obligatorias dos asignaturas de filosofía (Nociones de Filosofía e Historia de la Filosofía) en dos años del Bachillerato Superior. En el Plan de 1957, que tenía como objetivo la reducción del número de materias pero no de los contenidos del Bachillerato, se concentró su estudio en una única asignatura de 6 horas semanales, bajo el rótulo genérico de Filosofía. Con la Ley General de Educación (LGE) de 1970 se incrementó el peso de los estudios filosóficos al disponer cada una de las dos asignaturas de 4 horas semanales de clase. El estudio de la Filosofía alcanzaba entonces la cota más alta que había alcanzado nunca en la Educación Secundaria en España.

Pero con todo el desarrollo legislativo iniciado por la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE) de 1992 se redujo considerablemente el papel de la Filosofía en el Bachillerato. 

Se establecía como obligatoria sólo la Filosofía del primer curso (con 3 horas semanales), quedando relegada la Historia de la Filosofía (con 4 horas semanales) al papel de asignatura sólo obligatoria para la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales. Así quedó gravemente mermado el estudio de la Filosofía hasta que en el año 2001 un nuevo Real Decreto volvía a establecer como obligatoria para todas las modalidades las dos asignaturas (esta vez con la denominación de Filosofía I y Filosofía II). Los Decretos asociados a la nueva Ley Orgánica de Calidad en la Educación (LOCE) en la Comunidad de Madrid pretendían afianzar esta situación, pero jamás llegaron a traducirse a la práctica educativa al ser derogada esta ley por el nuevo Gobierno salido de las urnas en 2004.

La nueva Ley Orgánica de Educación (LOE) de 2006 ha introducido importantes cambios en la asignatura de 1º de Bachillerato, considerada ahora como la culminación del conjunto de asignaturas comprendidas bajo la denominación común de “Educación para la Ciudadanía”. La anterior Filosofía I pasa ahora a denominarse Filosofía y Ciudadanía y en ella han quedado especialmente disminuidos los contenidos vinculados a la Filosofía Teórica. Por otro lado, el Real Decreto de 2007 que establece las enseñanzas mínimas para el Bachillerato sólo reserva un mínimo de 2 horas semanales tanto para esta asignatura como para la Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato.

Pero desde  la transferencia de las competencias educativas a las Comunidades Autónomas les corresponde a éstas el establecimiento de entre un 35% y un 45% (según si tienen o no lengua cooficial) del currículo del Bachillerato. Algunas Comunidades Autónomas, como Castilla – La Mancha o las Islas Baleares, han optado por utilizar su potestad legislativa para añadir una hora más a cada una de las asignaturas de Filosofía. Otras, como la Comunidad Valenciana o Cataluña, optan por sólo aumentar una hora en 2º de Bachillerato, dejando dos raquíticas horas para la asignatura de 1º. En Asturias tanto la Filosofía como la Historia de la Filosofía mantendrán las 3 horas lectivas.

Para la formación integral del alumnado es necesaria la incorporación del pensamiento crítico, de la abstracción, de la capacidad de argumentación, etc… competencias que se abordan en Filosofía. No es adisible que dependa de la orientación ideológica de los políticos de turno que los y las futuras ciudadanas sean más o menos competentes a la hora de pensar.

Fuente: filosofía.net. De la Defensa por la Filosofía y la educación pública de Madrid

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Denisovanos. Los últimos humanos descubiertos

Publicado por rosafg el 21 Octubre 2013

Un equipo científico internacional, descubrió en 2011 en Siberia los restos de una nueva especie humana que no se conocía hasta ahora, y que compartió el planeta hace unos 30.000 años con los neandertales, los ’sapiens’ modernos y los ‘Homo floresiensis’ de Indonesia.
 El nuevo linaje, bautizado como los denisovanos, porque sus restos se encontraron en la cueva siberiana de Denisova, es el primero descrito gracias a una investigación genética: en concreto, la secuencuación de ADN nuclear de la falange de un dedo de una hembra infantil de esta nueva especie.

 Tras comparar su genoma con el de los neandertales (que se conoció este año) y el de ‘Homo sapiens’ actuales de Europa, África y Asia, se comprobó que los denisovanos no eran ninguna especie conocida, aunque parte de su ADN (menos del 3%) está presente en las poblaciones de Melanesia. La paleogenética ha revelado, según se publica en la revista Nature, que estos homínidos son más parecidos a los neandertales que a nosotros, lo que significa que descienden de la misma población ancestral, que se dividió en estas dos ramas hace unos 600.000 años. Antes de ello, hace unos 800.000 años, su rama común se habría separado de la que dió origen a nuestra especie.

Hasta ahora los únicos restos conocidos del homínido denisovano –que pudieron pertenecer a una niña– son una falange del dedo meñique y dos molares descubiertos en la cueva Denisova en los montes Altai en el sur de Siberia. Pero una nueva secuencia genómica en alta resolución –similar a la realizada en los genomas de personas vivas– ha permitido obtener información detallada sobre estos humanos arcaicos.
 
El equipo de Svante Pääbo, autor principal del estudio que publica la revista Science y director del departamento de Genética del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig (Alemania), demuestra que los denisovanos pudieron haber contribuido al genoma humano moderno, pero no de igual manera en todos.
 
“El nuevo análisis infiere en que los grupos de humanos modernos de Oceanía (o sus antepasados) debieron haber hibridado con grupos de humanos arcaicos cercanos genéticamente al individuo secuenciado”, señala a SINC Fernando Racimo, uno de los autores del estudio que reconfirma este hallazgo con mayor seguridad, e investigador en el departamento de Genética Evolutiva del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva.
 
Los investigadores compararon el genoma denisovano con el de neandertales y el de 11 humanos modernos de todo el mundo para confirmar lo que ya suponían: las poblaciones de grupos humanos aborígenes de las islas del sureste asiático como Papua Nueva Guinea, y de Australia, comparten más variantes genéticas con Denisova que otras poblaciones humanas.
 
El análisis recoge además que los genomas de las poblaciones del este de Asia y América del Sur incluyen ligeramente más genes procedentes de neandertales que los europeos. “El exceso de material arcaico en el este de Asia está más relacionado con neandertales que con denisovanos, por lo que estimamos que la proporción de la ascendencia neandertal en Europa es más baja que en el este de Asia”, comentan desde el instituto alemán.
 
La secuenciación del ADN demuestra también que el antepasado de humanos modernos y denisovanos pudo haber vivido hace unos 800.000 años, “si estimamos que el antepasado de los humanos y el chimpancé vivió hace 6.5 millones de años”, señala Racimo.

Una muela, localizada en la misma cueva, confirmaría también que su morfología es mucho más primitiva que la nuestra. Se parece a la dentadura que tuvieron los ‘Homo erectus’, otros homínidos del intricado árbol evolutivo humano de hace 1,8 millones de años. «Todo parace indicar que los denisovanos se dispersaron ampliamente en el pasado», argumentó el jefe del equipo científico, Svante Pääbo, en referencia a los 7.000 kilómetros que separan la región rusa de Siberia de la isla de Nueva Guinea, en Oceanía. Mientras estos homínidos se extendían por Asia, los neandertales lo hicieron por Eurasia durante cientos de miles de años, hasta que los ’sapiens’ abandonaron África, momento en el que también se cruzaron, dejando su marca de ADN en todos los humanos actuales no africanos. «Como se ve, la historia es mucho más compleja de lo que se pensaba. Ya no se trata de una clara historia de humanos saliendo de África y reemplazando a los neandertales. Ahora vemos que hay linajes entrelazados con más jugadores y más interacciones de las que conocíamos», apunta Richard Green, de la Universidad de California, otros de los firmantes del artículo.

Brazaletes
Craneos encontrados en la cueva siberiana

Para Manuel Domínguez Rodrigo, que excava en la Garganta de Olduvai (Tanzania), «muestra que en el Pleistoceno medio las poblaciones humanas euroasiáticas no establecieron barreras reproductivas entre ellas y el descubrimiento abre el misterio de cómo unos homínidos en las estribaciones occidentales de Siberia pudieron haberse mezclado con los ancestros de una población geográficamente tan distante como la Melanesia actual». Antonio Rosas, experto en neandertales del Museo Nacional de Ciencias Naturales, cree que planteará «la reconsideración de lo que es un ser humano porque la condición humana es un laberinto cada vez más complejo. Debemos acostumbrarnos a que hubo un gran diversidad de especies humanas en un periodo muy reciente», afirma el paleontólogo.

Tecnología moderna para humanos arcaicos
 
Aunque sus huesos poco pueden decir de la niña denisovana que, según el trabajo, habitó en Siberia hace unos 80.000 años, una novedosa técnica –desarrollada por los investigadores Matthias Meyer y Marie-Theres Gansauge– ha permitido revelar detalles con una precisión sin precedentes para un homínido arcaico. El equipo internacional de investigación ha logrado secuenciar cada posición del genoma de denisovano hasta 30 veces.
 
Los resultados obtenidos recalcan que la variación genética de los denisovanos era muy baja comparada a los humanos actuales. Y esto se debe a que inicialmente una pequeña población de estos homínidos creció “rápidamente mientras se expandía en un amplio rango geográfico”, informan.
 
Más parecidos neandertales
 
Además de confirmar que la chica tenía el pelo y los ojos marrones y la piel oscura, la información genética revela que era más parecida a los neandertales que a los humanos modernos. “El grupo al que pertenecía era más cercano genéticamente a los neandertales que al hombre moderno”, indica a SINC el investigador del Max Planck.
 
A esto se añade que los molares de Denisova son “mucho más grandes que los de neandertales o del hombre moderno (e incluso de otros humanos arcaicos más antiguos) por lo que se presume que quizá hayan tenido una dieta muy diferente”, certifica el experto.

 
La secuencia del genoma ha permitido generar una lista con unos 100.000 cambios recientes en el genoma humano tras la separación de los denisovanos. Según el equipo de científicos, algunos de estos cambios afectan a genes asociados al desarrollo de la función cerebral y el sistema nervioso “y permite entender qué es lo que nos hace tan únicos”, observa Racimo. Otros afectan a la piel, los ojos y la morfología dental.
 
“Este estudio ayudará a determinar cómo las poblaciones de humanos modernos se expandieron tanto en tamaño junto a una cultura compleja, mientras que las poblaciones de humanos arcaicos menguaron y se extinguieron”, concluye Svante Pääbo.

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Muere el filósofo Eugenio Trias

Publicado por rosafg el 14 Febrero 2013

El filósofo y escritor Eugenio Trias (Barcelona, 1942) ha muerto este domingo a los 70 años de edad en Barcelona a causa de una grave enfermedad. Trías, considerado uno de los pensadores más importantes del panorama español, estudió en las universidades de Barcelona, Pamplona, Madrid, Bonn y Colonia, y centró el desarrollo de su trabajo en los ámbitos de la filosofía de la religión, el arte y la estética.

En 1976 fundó, junto a Xavier Rubert de Ventós, el Colegio de Filosofía. Como docente, desarrolló su trabajo en las Universidades Central y Autónoma de Barcelona, y desde 1992, en la Pompeu Fabra, en la que ocupaba la cátedra de Historia de las Ideas. Era Doctor Honoris Causa por las universidades de Santo Domingo (República Dominicana), San Marcos (Lima), y Autónoma de Madrid.

Autor multidisciplinar, publicó diversos libros, entre ellos, Creaciones filosóficas, Tratado de la pasiónLos límites del mundo o Lo bello y lo siniestro. Su último trabajo publicado es La imaginación sonora, en 2010, que recibió el Premio Internacional de Ensayo Caballero Bonald. Su obra recibió múltiples galardones, entre ellos el Premio Anagrama de Ensayo (El artista y la ciudad, 1975), el Premio Nacional de Ensayo (Lo bello y lo siniestro, 1983), o el Premio Internacional Friedrich Nietzsche, en 1995, que valoraba toda su obra filosófica.

Conocido por su concepto de la “filosofía al límite”, Trías desarrolló su actividad intelectual en campos tan diversos como la ética, la reflexión cívico-política, la filosofía de la religiones y la ontología. Su pensamiento atravesó las escalas del estructuralismo heterodoxo de Michel Foucault, el marxismo y Nietzsche hasta encontrar una filosofía y un lenguaje propios, que Trias resumió en el concepto de “límite”, sobre el que asentó a partir de los años ochenta su razonamiento, sintetizado en La aventura filosófica (1988).

Fuente: La Vanguardia

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Pienso, luego existo en La2 de tve

Publicado por rosafg el 20 Octubre 2011

Pienso, luego existo’ es un programa que retrata en primer persona a algunos de los principales filósofos, ensayistas y pensadores del panorama español contemporáneo. A partir de sus propias voces, se realiza un recorrido por su vida y, sobre todo, por sus ideas. Gracias a este programa podemos conocer su trayectoria, su visión del mundo y sus reflexiones sobre las grandes cuestiones e inquietudes del ser humano, así como sus referentes filosóficos y artísticos, y los momentos y revelaciones que han marcado su pensamiento.

Para ver los programas emitidos pinchar aquí.

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Entrevista a Franco Berardi, “Bifo”

Publicado por rosafg el 29 Enero 2011

Entrevista con Franco Berardi (Bifo) publicada el 29 de enero de 2011 en Público

Franco Berardi (Bifo) es filósofo, escritor y teórico de los medios de comunicación. Implicado en los movimientos autónomos en los años setenta, preconizó en los ochenta la futura explosión de la Red como vasto fenómeno social y cultural, y fundó en 2005 la primera“televisión de calle”en Italia. En castellano ha publicado La fábrica de la infelicidad o El sabio, el mercader y el guerrero. Ha lanzado recientemente el sitio de comunicación th-rough.eu, una plataforma comunicativa transeuropea donde se dan cita la política, la filosofía y la crítica literaria y de arte.

La primera entrevista de esta sección, hace ya dos años, se la hicimos a él. En ella hablamos sobre la crisis que recién comenzaba y Bifo apuntó tres claves de orientación teórica y práctica: en primer lugar, no estamos ante una crisis puramente financiera, sino de un modelo entero de civilización; en segundo lugar, el desenlace del cataclismo económico es incierto: puede derivar hacia un “sálvese quien pueda” generalizado, o bien hacia la creación de una nueva cultura de la solidaridad y el compartir; por último, la disolución de la izquierda europea es un dato positivo, porque nos empuja a pensar y experimentar fuera de un marco conceptual y práctico que pertenece al siglo XX. Dos años después retomamos la conversación con Bifo sobre el mismo asunto.

¿Qué ha pasado en estos últimos dos años?

Sobre todo dos cosas: la esperanza Obama se ha disuelto y la crisis europea ha estallado. Una nueva lógica se ha instalado en el corazón de la vida europea a partir de la crisis financiera griega: Merkel, Sarkozy y Trichet han decidido que la sociedad europea debe sacrificar su nivel de vida actual, el sistema de la educación pública, las pensiones, su civilización entera, para poder pagar las deudas acumuladas por la elite financiera.

¿Y qué es lo que no ha pasado? Me refiero a la ausencia de las grandes luchas sociales que todos esperábamos. ¿Cómo lo explicas?

Durante los últimos diez años, la precarización general de la vida no sólo ha fragmentado el tiempo de vida y reducido el salario, sino que sobre todo ha instalado en la vida social el dominio del espíritu competitivo, con sus consecuencias de agresividad, aislamiento y soledad en las personas, sobre todo entre los jóvenes. Los efectos sobre la sensibilidad han sido devastadores y están a la vista de todos: depresión de masas, crisis de pánico, enfermedades del vacío, etc. Esa des-empatía generalizada explica el actual “sálvese quien pueda” ante la crisis.

¿Ves ahora alguna salida?

Me temo que la catástrofe presente no tiene ninguna solución, la barbarie es el nuevo orden social europeo. Eso no se puede cambiar, ya sólo podemos desertar. Tenemos que olvidar la palabra democracia, porque no hay ninguna posibilidad de restaurarla, y en su lugar escribir la palabra autonomía. Autonomía de las fuerzas de la producción técnica, cultural, creativa: lo que yo llamo ‘cognitariado’. Autonomía significa abandono y vaciamento del imaginario y los lugares del trabajo, el consumo, la competencia, la acumulacion y el crecimiento. Y la creacion de un nuevo espacio mental y social separado definitivamente del económico. Ese es para mí el sentido profundo al que apuntan las primeras movilizaciones contra la crisis en Europa (Londres, Roma, etc.).

Pero los estudiantes han salido a la calle para protestar sobre todo contra el desmantelamiento del sistema educativo.

Desde luego, los estudiantes no pueden tolerar el fomento organizado de la ignorancia en los países europeos. Pero yo veo además otro elemento a tener en cuenta en la movilización furiosa y creativa del mes de diciembre: una tentativa de re-activación de la dimensión corpórea, física, deseante y sensible de las personas que componen la clase cognitaria europea. Es decir, los millones de estudiantes, investigadores, ingenieros, informáticos, periodistas, poetas y artistas que constituyen ese cerebro colectivo que es la fuerza de producción crucial y decisiva en el tiempo presente.

Pones mucho énfasis en la cuestión de la sensibilidad.

Sensibilidad es la capacidad de entender señales que no son verbales, ni verbalizables. Es la facultad de discernir lo indiscernible, aquello que es demasiado sútil para ser digitalizado.  Ha sido siempre el factor primario de la empatía: la comprensión entre los seres humanos siempre se da en primer lugar a nivel epidérmico. Y ahí está hoy el campo de batalla político. La intensificación del ritmo de explotación de los cerebros ha colapsado nuestra sensibilidad, por eso la insurrección que viene será ante todo una revuelta de los cuerpos. Pienso en un nuevo tipo de acción política capaz de tocar la esfera profunda de la sensibilidad mezclando arte, activismo y terapia.

¿Por qué el arte?

Hay una expresión artística importante en la última década que se dedica a la comprehension de la fenomenología del sufrimiento psíquico. Pienso en escritores como Jonathan Franzen y Miranda July, en vídeoartistas como Lijsa Ahtila o en cineastas como Gus Van Sant y Kim Ki-Duk. Pero el arte por sí solo no consigue modificar la realidad, sólo conceptualizarla y denunciarla. El arte debe mezclarse con la política y la política con la terapia.

Terapia y política, una extraña pareja, ¿no?

Cuando el primer efecto de la explotación capitalista del trabajo cognitivo es el agotamiento nervioso y el sufrimiento psíquico, la acción social tiene que proponerse antes que nada como terapia mental y relacional. Pero cuando hablo de terapia no me refiero a una técnica que reintegre al individuo roto a la normalidad del consumo compulsivo y la competición económica, sino a la práctica que reactiva la sensibilidad y la empatía. La terapia que propongo no es otra cosa que revuelta y solidaridad, el placer de los cuerpos mezclándose con otros cuerpos. Las movilizaciones de diciembre en Londres y Roma han sido las mejores acciones auto-terapéuticas que pueden imaginarse. Mejor que un millón de psicoanalistas.

Para acabar, te pido unas palabras sobre la situación italiana.

Dos procesos de barbarización se suman en Italia. Por un lado, un grupo de criminales notorios, de fascistas mafiosos y racistas están desmontando la estructura institucional y moral del país. Y por otro, hay una aplicación sistemática de las directrices neoliberales y monetaristas de la Union Europea. No hay solución italiana a la situación italiana. Pero yo ya no soy italiano. Los estudiantes italianos ya no son italianos, muchos han dejado el país y viven en Londres, Berlín, Barcelona o París. Somos europeos, porque sabemos muy bien que sólo a nivel europeo se puede crear una nueva forma política adaptada a la riqueza de la inteligencia colectiva. Sólo una insurrección europea puede abrir un nuevo horizonte a la sociedad italiana.

“La felicidad es subversiva”

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Jacqueline de Romilly, adiós a una gran humanista

Publicado por rosafg el 31 Diciembre 2010

El 18 de diciembre murió Jacqueline de Romilly, indudable gran dama de las letras y la cultura francesa,  en París. Tenía 97 años.

Nació con el nombre de Jacqueline David, el 26 de marzo de 1913. Era hija de un profesor de filosofía judío que murió un año después de la I Guerra Mundial.

Estudiosa infatigable del mundo griego, ha dejado una obra escrita impresionante, tanto por su extensión (cuarenta y tantos libros) como por su aguda inteligencia y su claro estilo.

Escribió mucho sobre los grandes autores clásicos: Tucídides, Esquilo, Eurípides y Homero, y sobre los progresos y hazañas de los griegos y su perdurable vigencia actual.Fue profesora durante más de 60 años -muchos en la cátedra de la Sorbona- y mantuvo siempre un incansable fervor por la enseñanza del griego antiguo y una profunda preocupación por el declive triste de las humanidades en los últimos tiempos. (Pensaba sobre todo en Francia, donde el deterioro de la educación ha sido tremendo: el abandono de las lenguas clásicas la angustiaba mucho).

También sobre esto escribió una y otra vez, sobre todo en su última etapa. Aun en sus últimos años, ya ciega, seguía pensando y publicando con la misma pasión por lo helénico que en sus años de juventud (también escribió una novela y relatos cortos).

Tenía una gran memoria, muy precisa en su dominio admirable de todos los textos clásicos; y no solo conocía los griegos. También podía citar con soltura unos versos de Racine. Decía estar satisfecha de haber vivido compartiendo muchos años con Esquilo y Pericles, y no lamentaba, a fin de cuentas, su balance vital: “Haber sido judía bajo la ocupación, acabar sola, casi ciega, sin hijos ni familia, ¿es sensacional? Pero mi vida de profesora ha sido, de un cabo al otro, lo que yo deseaba”.

Consiguió numerosos premios y merecidos homenajes y honores: fue la primera mujer profesora en el Collège de Francia (donde, tras la muerte de Claude Lévi-Strauss, era el miembro más antiguo) y la segunda en entrar en la Academia Francesa (después de Marguerite Yourcenar); tenía la Gran Cruz de la Legión de Honor francesa (y otras muchas medallas); Grecia le otorgó la nacionalidad griega, y ahora ha lamentado oficialmente su muerte como “una gran pérdida para el país”; había recibido el doctorado honoris causa de las más prestigiosas universidades (en Oxford, Atenas, Heidelberg, Dublín, Montreal y Yale).Entre sus libros traducidos al español podemos recordar ¿Por qué Grecia?, El tesoro de los saberes olvidados, Los fundamentos de la democracia, Alcibíades, Los grandes sofistas en la Atenas de Pericles y La Grecia antigua contra la violencia. En Francia son muchos los que se han reeditado en ediciones de bolsillo.

Y recuerdo su voz en una lejana charla. Había hablado -era 1973, más o menos- sobre la tragedia griega en la Universidad de Salamanca. A la salida se detuvo en los escalones que dan a la plaza de Anaya, se quitó su abrigo de pieles, lo dobló y se sentó sobre él, como cualquier estudiante, y hablamos de mitos y viajes un buen rato.

Era una intelectual rigurosa y brillante, una escritora comprometida con la tradición clásica hoy; es decir, una humanista auténtica, en el mejor sentido del término, algo ya muy poco frecuente.

Autor para el Pais.com: Carlos García Gual es escritor, filólogo, crítico y traductor.

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Diálogo con el filósofo francés Alain Badiou

Publicado por rosafg el 9 Noviembre 2010

Desde París

La figura esbelta, la firmeza juvenil de la voz y el apretón de manos sólido –poco común en Francia– introducen al personaje real de Alain Badiou. Este filósofo original es el pensador francés más conocido fuera de las fronteras de su país. Su obra, extensa y sin concesiones, abarca una crítica férrea a lo que Alain Badiou llama “el materialismo democrático”, es decir, un sistema humano donde todo tiene un valor mercantil. Badiou no ha renunciado nunca a defender un concepto al que muchos creen quemado por la historia: el comunismo.

En su pluma, Badiou habla más bien de “la idea comunista” o de la “hipótesis comunista” antes que del sistema comunista en sí. Según el filósofo francés, todo lo que estaba en la idea comunista, su visión igualitaria del ser humano y de la sociedad, merece ser rescatado. La idea comunista “aún está, históricamente, en sus inicios”, dice Badiou.

El horizonte de su filosofía es polifónico: sus componentes no son la exposición de un sistema cerrado sino un sistema metafísico exigente que incluye las teorías matemáticas modernas –Gödel– y cuatro dimensiones de la existencia: el amor, el arte, la política y la ciencia. Pensador crítico de la modernidad numérica, Badiou ha definido los procesos políticos actuales como una “guerra de las democracias contra los pobres”. El filósofo francés es un excelso teórico de los procesos de ruptura y no un mero panfletista. Badiou convoca con método a repensar el mundo, a redefinir el papel del Estado, traza los límites de la “perfección democrática”, reinterpreta la idea de República, reactualiza las formas posibles y no aceptadas de oposición y pone en el centro de la evolución social la relegitimización de las luchas sociales.

Alain Badiou propone un principio de acción sin el cual, sugiere, ninguna vida tiene sentido: la idea. Sin ella toda existencia es vacío. A sus más de 70 años, Badiou introdujo en su reflexión el tema del amor en un libro brillante y conmovedor que acaba de salir en Francia y en el cual el autor de El ser y el acontecimiento define al amor como una categoría de la verdad y al sentimiento amoroso como el pacto más elevado que los individuos puedan plasmar para vivir. Leer más »

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Discurso de Zygmunt Bauman

Publicado por rosafg el 24 Octubre 2010

Discurso de Zygmunt Bauman, premio Príncipe de Comunicación y Humanidades junto a Alain Touraine

Alteza Real, Sr. Presidente de la Fundación Príncipe de Asturias, damas y caballeros:

Hay muchas razones para estar inmensamente agradecido por la distinción que me han concedido, pero tal vez la más importante de ellas es que hayan considerado mi obra dentro de las humanidades y como una aportación relevante para la comunicación humana. Toda mi vida he intentado hacer sociología del modo en que mis dos profesores de Varsovia, Stanisław Ossowski y Julian Hochfeld, me enseñaron hace ya sesenta años. Y lo que me enseñaron fue a tratar la sociología como una disciplina de las humanidades, cuyo único, noble y magnífico propósito es el de posibilitar y facilitar el conocimiento humano y el diálogo constante entre humanos.

Y esto me lleva a otra de las razones cruciales de mi alegría y mi gratitud: el reconocimiento que han otorgado a mi trabajo proviene de España, la tierra de Miguel de Cervantes Saavedra, autor de la novela más grande jamás escrita, pero también, a través de esa novela, padre fundador de las humanidades. Cervantes fue el primero en conseguir lo que todos los que trabajamos en las humanidades intentamos con desigual acierto y dentro de nuestras limitadas posibilidades. Tal como lo expresó otro novelista, Milan Kundera, Cervantes envió a Don Quijote a hacer pedazos los velos hechos con remiendos de mitos, máscaras, estereotipos, prejuicios e interpretaciones previas; velos que ocultan el mundo que habitamos y que intentamos comprender. Pero estamos destinados a luchar en vano mientras el velo no se alce o se desgarre. Don Quijote no fue conquistador, fue conquistado. Pero en su derrota, tal como nos enseñó Cervantes, demostró que «la única cosa que nos queda frente a esa ineludible derrota que se llama vida es intentar comprenderla». Eso fue el gran descubrimiento sin parangón de Miguel de Cervantes; una vez hecho, jamás se puede olvidar. Todos los que trabajamos en las humanidades seguimos el camino abierto por ese descubrimiento. Estamos aquí gracias a Cervantes.

Hacer pedazos el velo, comprender la vida… ¿Qué significa esto? Nosotros, humanos, preferiríamos habitar un mundo ordenado, limpio y transparente donde el bien y el mal, la belleza y la fealdad, la verdad y la mentira estén nítidamente separados entre sí y donde jamás se entremezclen, para poder estar seguros de cómo son las cosas, hacia dónde ir y cómo proceder. Soñamos con un mundo donde las valoraciones puedan hacerse y las decisiones puedan tomarse sin la ardua tarea de intentar comprender. De este sueño nuestro nacen las ideologías, esos densos velos que hacen que miremos sin llegar a ver. Es a esta inclinación incapacitadora nuestra a la que Étienne de la Boétie denominó «servidumbre voluntaria». Y fue el camino de salida que nos aleja de esa servidumbre el que Cervantes abrió para que pudiésemos seguirlo, presentando el mundo en toda su desnuda, incómoda, pero liberadora realidad: la realidad de una multitud de significados y una irremediable escasez de verdades absolutas. Es en dicho mundo, en un mundo donde la única certeza es la certeza de la incertidumbre, en el que estamos destinados a intentar, una y otra vez y siempre de forma inconclusa, comprendernos a nosotros mismos y comprender a los demás, destinados a comunicar y de ese modo, a vivir el uno con y para el otro.

Esa es la tarea en la cual las humanidades intentan ayudar a nuestros conciudadanos; al menos, es lo que deberían estar intentando, si desean permanecer fieles al legado de Miguel de Cervantes Saavedra. Y por eso estoy tan inmensamente agradecido, Alteza y Sr. Presidente, por distinguir mi trabajo como una contribución a las humanidades y a la comunicación humana.

Más información en la web de los Premios Príncipe de Asturias

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