Filosofía

Pensar y actuar en el siglo XXI

Valores éticos

“Todos tenemos problemas. Demasiados, sin duda. Hay problemas de niños, de adolescentes, de adultos, de mujeres, de hombres, de países subdesarrollados y de países industrializados. Necesitamos muchas cosas: sobrevivir, ser felices, vivir con dignidad. Cuando no sabemos cómo alcanzar la meta que necesitamos o queremos, aparece el problema. Y la inteligencia se emplea a fondo para proporcionarnos soluciones. Ésa es la finalidad de la ciencia, de la técnica, del arte.

A pesar de su eficacia y grandeza, dejan graves problemas por resolver. Son los que afectan a la felicidad de los seres humanos, a su convivencia familiar, social o política. Hay muchas cosas que nos angustian, desesperan o exaltan. Todos nos sentimos a la vez libres y determinados. El carácter, el aspecto físico, la situación social o económica en que hemos nacido, las presiones culturales o políticas nos condicionan seriamente. Pero también sentimos que podemos tomar decisiones, revelarnos o ceder, luchar o abandonarnos. ¿En qué quedamos? ¿Podemos construir el futuro o estamos sometidos a un destino implacable? La ciencia nos dice cómo son las cosas, pero necesitamos saber cómo deberían ser. (…)

Basta contemplar la historia de la humanidad para comprobar que hemos resuelto muy mal los asuntos que más profundamente afectan a nuestras vidas. Sabemos resolver mejor ecuaciones diferenciales que problemas de convivencia. Si fuéramos más inteligentes, la ética se convertiría en el saber fundamental de toda la cultura. Los demás temas son secundarios e incluso triviales. Es más importante saber vivir bien que saber matemáticas, física, biología, historia, etc.”

José Antonio Marina “Prólogo para linces”, en Perspectivas: vida moral y reflexión ética

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