Filosofía

Pensar y actuar en el siglo XXI

René Descartes

La obra del filósofo francés René Descartes (S. XVII) quedó incabada a causa de su fallecimiento inesperado cuando ejercía como profesor particular de la reina Cristina de Suecia. Una lástima, pues estaba en el punto álgido de su carrera. Habitualmente los manuales informan de que la causa de la muerte fue una pulmonía, provocada por los madrugones (¡la reina quería las clases a las 5 de la mañana!) y el frío intenso que su nueva experiencia como docente en Suecia le estaba deparando.

No obstante, en las últimas semanas ha vuelto a circular la tesis de que Descartes fue asesinado. La osadía de enfrentarse a las teorías establecidas pertenece al profesor de filosofía Theodor Ebert, quien ha realizado una investigación titulada La enigmática muerte de René Descartes, en la que asegura que Descartes fue envenenado por el capellán ultraconservador François Viogué. En opinión de Ebert, Descartes se alojó en la residencia del embajador de Francia, donde Viogué, temeroso de la influencia de las teorías del célebre filósofo francés en la joven mente de la reina, propensa a convertirse al catolicismo, pudo envenenarle con una hostia bañada en veneno, posiblemente arsénico. El hecho habría sucedido cuando Descartes se confesó y comulgó antes de ir a palacio a impartir sus lecciones.

Para fundamentar su tesis, Ebert se basa en los síntomas que sufrió Descartes durante los días que precedieron a su muerte. Parece ser que dichos síntomas aparecen reflejados en una carta del médico de la corte que le atendió. En dicha carta se describen los típicos síntomas de alguien que ha sido envenenado, y no de alguien con una enfermedad respiratoria. Para colmo,  se sospecha que el embajador sabía que la muerte de Descartes había sido fruto de una reacción integrista ante sus teorías, por lo que grabó en la lápida de Descartes la siguiente inscripción: “Expió los ataques de sus rivales con la inocencia de su vida”.

No fueron estas las únicas desdichas del filósofo, ya que actualmente sus restos están diseminados por París, de manera que su corazón reposa en la iglesia de Saint Germain-de-Prés mientras que su cabeza está en el Museo del Hombre, pues el cráneo había sido sustraído por un oficial de palacio que lo llevó a subastar en Suecia, y al recuperarlo Francia no fue llevado a donde estaba el cuerpo. En fin, parece que la teoría del envenenamiento va ganando cuerpo, veremos cómo queda el asunto.

PRINCIPALES OBRAS, que podéis consultar pinchando en los enlaces siguientes:

El discurso del método

Las meditaciones metafísicas

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