Auren dormía en su cama de la posada. De repente, un ruido le despertó. Se incorporó, pero no vio a nadie. Extrañado, miró en el pasillo. No se veía a nadie.
-¿Quién hay ahí?-. Preguntó, sacando su daga del cinto.
-Yo - Dijo una voz en algún lugar-.
Auren se volvió, miró hacia la habitación, pero no había nadie.
-¡Muéstrate!- Ordenó-.
Delante de él apareció un hombre con túnica y capucha negras.
El hombre tenía rasgos más bien ancianos, y Auren se fijó en que llevaba una daga enfundada en una vaina roja.
-Soy- Contestó el hombre-. Un portavoz de la Hermandad Oscura.
A Auren le dio un respigo: ¡LA HERMANDAD OSCURA ERA UN GREMIO DE ASESINOS! Acababan con gente que se oponía a ellos, a gente inocente. Auren se asustó. Eso era su final, pero ¿Por qué la Hermandad Oscura quería matarle?
- En cuanto a tu segunda pregunta- Continuó el hombre con serenidad-. Mi respuesta es que sí, esto es magia. He venido invisible y me he aparecido cuanto tú me lo has dicho.
¿Qué quieres de mi?- Preguntó Auren-. ¿Qué haces aquí?
- He venido a preguntarte si quieres unirte a la Hermandad Oscura.
-¿Por qué queréis reclutarme?
-Te hemos estado observando durante nueve años, creo que es suficiente para saber si vales para la Hermandad Oscura.- replicó el hombre-.Te explicaré todo sobre la Hermandad Oscura, si te quieres unir a ella.
- Me uniré a la Hermandad Oscura cuando los pollos críen pelo.- Repuso Auren, desafiante-.
- Cuando oígas lo que tengo que decir no dirás eso.- Dijo el hombre, impasible.- Te lo explicaré.
- De acuerdo. Explícame, pero con cuidado…
- Bien, ahora escucha con atención, y ni se te ocurra interrumpirme.
- De acuerdo, puedes empezar.
- La Hermandad Oscura – Dijo el hombre-. Es, simplemente, una defensa del pueblo, pero ese maldito traidor del rey ha puesto a casi todo el pueblo en nuestra contra. Veo confusión en tus ojos, pues sí, el rey era antes un miembro de la Hermandad Oscura. Luego nos traicionó y se convirtió en rey matando en secreto al príncipe. Al parecer, si el príncipe moría él debería convertirse en rey. Mandamos un mensajero para avisar al Consejo de Ancianos, pero el rey Olior, que ese es su verdadero nombre, y no Blanden, negó esos argumentos, puso al Consejo en nuestra contra, mató al mensajero y se las arregló para que el Consejo pusiese al pueblo en contra de la Hermandad Oscura. Sólo unos pocos, los que viven en el santuario de la Hermandad de Chorrol para protegerse de la furia del rey, nos apoyan. Nosotros conseguimos echarle un hechizo a Olior para que olvidase dónde se encuentran los santuarios. Bueno, desde entonces, Olior siempre ha perseguido a los miembros de la Hermandad Oscura y ha intentado disolver nuestra orden con muchas personas que le sirven. Ese es nuestro objetivo. Destronar a Olior, matar a los que le sirven voluntariamente, y liberar al pueblo de las mentiras del rey. Eso es lo que debes saber de la historia de la Hermandad Oscura, ¿Lo has entendido?
- Todo menos una cosa: ¿Cómo es que no he oído hablar nunca de lo que has dicho?
- Porque - Respondió el hombre-. Olior ha impedido que corran estos rumores verdaderos y los ha sustituido con mentiras sobre nuestra orden gracias a muchos otros que le apoyan, a los que cada vez es más difícil asesinar.
Y Auren le creyó. No sabía por qué, pero algo en su interior le decía que ese hombre le estaba hablando con sinceridad. Auren asintió con la cabeza.
- Bien, ahora te explicaré las normas, lo que debes hacer, los rangos… etc. Escucha con atención: Las normas son simples y fáciles de entender: Primera, nunca hieras a un inocente. Segunda: nunca robes ni mates a miembros de la Hermandad Oscura. Tercera: nunca desobedezcas a un superior de la Hermandad Oscura. Cuarta: no llames la atención en la calle ni dejes que te arresten. Y quinta: cumple los objetivos como consideres oportuno pero cuida que no sea abriéndose paso a espadazos, puesto que esto no es el gremio de luchadores. Esas cinco normas se llaman Los Cinco Principios. Respétalas. Bien, ahora te diré que, a función de los encargos con éxito que cumplas, subirás de rango. Si haces el encargo de una manera determinada que te dicen en el encargo conseguirás una bonificación, es decir, algún objeto que te pueden servir en otros encargos. Eso es todo lo que debes saber. Ahora, ¿Quieres unirte a la Hermandad Oscura?
-Sí- Contestó Auren, tras pensarlo un rato-. Me uniré a la Hermandad Oscura.
Recuerda que,-Le advirtió el hombre- No admitimos traidores, hace poco se descubrió un traidor que pasaba información a los soldados imperiales y tuvo un pequeño… incidente provocado.
-De acuerdo. ¿Qué debo hacer?
-Bien, ve a la posada de la Tercera Profecía. Allí hay un viejo llamado Rufio. No deja de intentar espiar el santuario de Brabil. Creemos que ha seguido a miembros de nuestra orden hasta el santuario. Por suerte, aún no ha podido informar a Olior. Elimínalo de forma sigilosa y podrás entrar en la Hermandad Oscura. Toma, que te sirva bien, te daré la cuchilla tragedia. Es muy útil.- El hombre le tendió una daga con adornos y Auren la cogió-. Ve, y la próxima vez que duermas con Rufio muerto apareceré y te diré lo que tengas que hacer. Ah, y por cierto, me llamo Lucius Lertricunts. La paz sea contigo, Auren.
Dicho esto, levantó una mano contra Auren y murmuró un hechizo. Acto y seguido, Auren tuvo un montón de conocimientos de la magia y sus poderes. Los podría usar cuando quisiese. Auren era un semimiembro de la Hermandad Oscura. Lucius desapareció.
Al día siguiente, Auren se levantó y partió hacia la posada de la Tercera Profecía. Una hora después ya estaba allí gracias a la magia. Entró y preguntó al posadero (utilizando contra él un hechizo de amistad):
- ¿Se aloja aquí Rufio?
- Sí, es un anciano, lleva varios días en la posada sin salir, creo que se está escondiendo de alguien o algo, pero, ¿Qué más da? Paga la cuenta. Su dormitorio está en el piso de abajo, en la tercera puerta, aquí tienes la llave- Le dijo tendiéndole una llave-.
Auren la cogió, le dio las gracias y bajó al piso de abajo. Por suerte, no había nadie. Auren se agachó, sacó a cuchilla tragedia, se hizo invisible y entró en la habitación. Rufio dormía en la cama. Auren se acercó y lo apuñaló en silencio. Rufio se quedó inmóvil, disfrutando el sueño de la muerte. Auren cerró la puerta y salió de la habitación, subió al piso de arriba y pidió una cama. La pagó y se fue a dormir. Después de dormir unas siete horas, apareció Lucius Letrincunts.
- Hola – Dijo- Te has ganado el derecho de entrar en la Hermandad Oscura. Buen trabajo. Bien, ahora ve a Chelindal. Hay un pozo detrás del palacio. Entra, no hay cerradura. Se te preguntará algo, contesta: Por la verdad, hermano.
-Sí.
- Bien, ve.
-De acuerdo.
Auren se encaminó hacia Chelindal, y pronto estuvo allí. Fue al palacio, procurando que no lo viera nadie. Cuando llegó, se metió en el pozo por la trampilla que había. Cuando entró, todo lo dejó sin respiración: todo, absolutamente, estaba lleno de adornos por las paredes y inscripciones. Pos desgracia, al parecer por algún tipo de magia, cada vez que intentaba leer una, esta desaparecía. Al final, había una puerta roja de piedra con una inscripción. Auren se acercó para leer la inscripción pero, antes de que pudiese leer, esta desapareció y en la puerta apareció una calavera gigante, que dijo:
-Bienvenido, soy la futura calavera de Olior. ¿Por que queremos que su cabeza se convierta en esto?
- Por la verdad, hermano.- Contestó Auren sin vacilar-.
-Excelente.- Repuso la calavera-.
Acto seguido, la calavera desapareció y la puerta se abrió. Allí estaba, el santuario de la Hermandad Oscura de Chelindal. Allí había gente. Eran hombres con armadura ligera marrón oscuro y capucha negra. No eran muchos, una docena. Había una puerta a la derecha, otra a la izquierda y un pasillo enfrente que giraba hacia la derecha. El suelo era de piedra mágica. A Auren se le acercó un hombre con una túnica toda raída, pero no era un hombre, era un vampiro.
- Por favor, no dejes que mi aspecto te intimide, me llamo Lestreng. Te daré tus primeros contratos. – Le dijo-.
- Hola, - Contestó Auren-. ¿Cuál es mi primer encargo?
- Así me gusta.- Repuso Lestreng-. Pues hay un capitán de barco, Honstrin, que hace esclavos y los obliga a trabajar. Debes eliminarlo, ten cuidado con sus marineros. Si no suena la alarma y matas a Honstrin, conseguirás una bonificación. Te aconsejo que te cueles metiéndote en una caja de mercancía de las que hay delante del barco. El barco está en la ciudad imperial, en el barrio de Wuarnigion, la ciudad flotante. ¿Alguna duda?
- Sí, ¿Tengo que traer alguna prueba de que lo he matado?
- Imaginaba que me lo preguntarías, no, no hace falta, la Hermandad Oscura tiene ojos en todas partes. Y toma, la armadura mágica y tu capucha.-Añadió dándoselas las dos.
- De acuerdo, volveré cuando haya cumplido mi misión.-terció Auren cogiendo la capucha y la armadura ligera. Eran como los del resto de miembros.
- Ve, y que tu cuchilla guíe tus pasos.- Dijo Lestreng.
- La paz sea contigo.-repuso Auren
Se hicieron una reverencia y se dieron la vuelta. Auren se cambió de ropa en un cuarto donde no había nadie, y después salió del santuario y se encaminó hacia la ciudad imperial, ciudad de reyes mentirosos, como era Olior. La llamaban ciudad de reyes, pero Auren creía que ciudad de reyes mentirosos era mejor mote, por las supuestas mentiras que había oído durante su infancia y adolescencia.
Cuando llegó a la ciudad imperial, fue a la ciudad flotante. La llamaban así porque era un muelle, pero de piedra, no de madera. Por eso, durante siglos, así se llamaba el barrio de Wuarnigion.
Buscó el barco y cuando lo encontró, se metió sin que le viese nadie en una caja de mercancía. Esperó, y después de unas horas notó que metían la caja en el barco. Salió sigilosamente y vio que tenía delante de espaldas un marinero. Le tapó la boca, le tiró al suelo haciendo el menor ruido posible y le preguntó en susurro poniéndole la cuchilla tragedia en el cuello:
- ¿Dónde está el camarote del capitán? ¡Contesta!
El hombre, aterrorizado, señaló hacia una habitación cercana.
- Muchas gracias.-Le dijo Auren.
Después le hizo un hechizo de dormir, y el hombre se sumió en un sueño profundo.
Auren se agachó, se hizo invisible y entró en la habitación. Era una especie de escobero. ¿Acaso el marinero le había mentido? Cuando iba a salir del lugar, se fijó en una trampilla justo encima de él. Auren sonrió con amargura. El capitán creía que esconder la trampilla haciéndola pasar por un trapo colgado, nadie la vería. No había contado con la vista de águila de la magia. Cerró la puerta. Calculó que sólo contaba con diez minutos antes de que el marinero se despertara y avisara a sus compañeros de que había un intruso en el barco, o hasta que otro marinero lo encontrase durmiendo y lo despertara. Entonces darían la alarma y Auren perdería su bonificación. Auren sabía que debía actuar deprisa. Entró por la trampilla. Estaba en un lujoso camarote llenó de adornos.
Auren comprendió que debajo debería ser la bodega. El capitán debería creerse muy listo pero era muy tonto. Con sólo un guardia en la bodega y su camarote facilísimo de acceder. El capitán estaba sentado en una mesa de plata. Tenía comida y bebida y estaba comiendo. Cuando vio que la trampilla se abría y no veía a Auren porque éste estaba invisible, se levantó y gritó:
- ¡Por todos los dioses! ¿Que es esto?
Auren dejó de hacerse invisible y saltó, con la cuchilla tragedia en mano, sobre Honstrin. El capitán reaccionó muy rápido. Sacó un sable y esquivó a Auren, llamando a gritos a sus guardias. Intentó darle una estocada a Auren, pero este último hizo un hechizo de escudo que hizo que el sable saliese por los aires. Honstrin retrocedió, y sacó una daga. Se abalanzó sobre Auren, pero este lo esquivó con facilidad, se puso detrás de él y le clavó la cuchilla tragedia. Justo entonces se oían pasos apresurados en el pasillo, pues además de la trampilla había una puerta. A Auren le dio tiempo a hacerse invisible y alejarse del cadáver de Honstrin.
Seis hombres, sables en mano, irrumpieron en el camarote. Uno de ellos, que parecía ser el jefe, iba diciendo:
- ¡Señor, hemos oído ruidos, donde est…!
Se quedó petrificado y se interrumpió al ver el cadáver de Honstrin, pero luego dijo:
- ¿Que hacéis ahí parados? ¡Buscad inmediatamente a quienquiera que sea que haya hecho esto y traérmelo, vivo o muerto! – El hombre hizo una pausa.- Preferiblemente muerto. ¡Y buscad a los guardias! ¡Yo debo suceder a Honstrin como capitán! Liberar a los esclavos. Ya no seremos piratas. Nos haremos mercaderes, o tal vez abriremos una posada. Sí. Venderemos el barco y abriremos una posada: La posada pirata. Sí. Bien. En marcha, y llevaos el cadáver.
Auren salió sigilosamente del camarote, para luego salir del barco y después salir de la ciudad imperial y salir hacia Chelindal. Había cumplido su misión y el cometido de esa misión. Ya no habría esclavos en la ciudad flotante, ni tampoco piratas. Auren se sentía orgulloso.
Cuando volvió a Chelindal, fue al santuario y la calavera le dejó pasar.
Lestreng le recibió y le dijo:
- Muy bien hecho, me he enterado de la misión, por los pelos, pero te has ganado una bonificación. Toma este anillo.- Dijo tendiéndole un anillo.- Te dará completa protección contra el fuego. Además, aumentará tus conocimientos de la magia.
Auren se puso el anillo.
- Ahora ve por el pasillo hacia la derecha.- Dijo Lestreng.- Habrá una mujer que te dará tus siguientes contratos.-
- De acuerdo, adiós.
- Cuídate.
Auren se dirigió hacia el pasillo y entró en una de las negras habitaciones.
Una chica, de unos veintitrés años, estaba esperándolo. Al verlo, se levantó. Auren se sentía muy incómodo con esos ojos penetrantes escrutándole el rostro. Después de una hora, la mujer por fin habló:
-¿Eres Auren, verdad? Sí, me parece que sí, puesto que has aprendido el arte de la paciencia.
Auren asintió.
-Entiendo, yo me llamo Katrina, me inicié en la Hermandad Oscura hace siete años y he escalado posiciones hasta convertirme en la jefa de este santuario.
Auren se asombró y le preguntó:
- ¿No estaba Lucius Letricunts al cargo del santuario?
- No.- Contestó Katrina.- Verás, Lucius es uno de los cuatro portavoces. Los cuatro portavoces forman parte de La Mano Negra, que son los jefes de la Hermandad. Mira, son como cuatro dedos de una mano. El oyente es el jefe de los portavoces. Como el dedo gordo. El oyente está al mando de toda la Hermandad. Pero al mismo tiempo obedece a El Águila Negra. El jefe de TODA la Hermandad Oscura. Siempre hay que obedecerle. Así, los portavoces tienen sus uñas, que son sus asesinos particulares, que normalmente son jefes de santuario.
- Impresionante.- Replicó Auren.- ¿Cuántos santuarios hay?
-En cada ciudad hay uno.-Contestó Katrina.- Bueno, excepto en la ciudad imperial. No hemos encontrado el lugar ideal.
-¿Y desde cuando existe la Hermandad Oscura?-preguntó Auren, deseoso de conocer el pasado de la Hermandad.-
-Desde hace ciento cuarenta años.-Respondió Katrina.- Al principio su objetivo era proteger al imperio. El Águila Negra era uno de los consejeros del rey. Cuando el rey murió y Olior ocupó su puesto, mató a todos los que pudieran afirmar eso. Poseyó a los consejeros para que no dijeran nada. Estuvo a punto de matar al Águila, pero éste logró escapar. Entonces el Águila hizo un cambio de régimen con el objetivo de matar a Olior, y liberar al…
-Pueblo de las mentiras del rey, lo sé.-Terminó Auren.-
-Exacto.-Coincidió Katrina.-¿Alguna otra pregunta?
-No.-Contestó Auren.- ¿Bueno, y mi encargo?
-Tienes que ir a Brabil. El jefe de la guardia. Manda ahorcar a inocentes. Mátalo.
- ¿Dónde puedo encontrarle?
- Ese es el problema. Todavía no tenemos suficientes datos. Pero tenemos la lisa de sus cómplices. Te aconsejo que los “persuadas” para que te digan donde está. Además, creemos que tendrá alguna reunión. Después de matar a sus cómplices, síguelo hasta el lugar de la reunión, y entonces podrás actuar. Ten la lista y ésta espada. La necesitarás.-Dijo entregándoselas.- En esta misión no hay bonificación posible. Tenemos hombres repartidos por todo Brabil. Encuéntralos y te dirán la posición de los cómplices de Jacobo, el jefe de la guardia. ¿Alguna duda?
- No, me ha quedado todo claro.
- Cuando termines, ven a verme. Quiero hablar contigo de ciertos asuntos. Y por Dios.- Katrina bajó el tono de voz.- No se lo digas a Lestreng.
- Por supuesto. Adiós.
- Adiós, Auren.
Auren se fue a Brabil, y llegó en menos de diez minutos.
Buscó a los miembros de la Hermandad y no tardó en localizar a uno. Se acercó a él y le dijo:
- Soy de la Hermandad, vengo a…
- Sí, lo sé.- Le interrumpió el hombre. Tenía la voz ronca y áspera.- Hemos encontrado a Antonio Marco de Barbarigo. Es el gobernante de Brabil. Está en el palacio.
- ¿Matar al gobernante?-Objetó Auren.- ¿Seguro que es un cómplice? Siempre da dinero a los pobres.
- Eso es lo que quiere hacer parecer. Pero es malvado. Es aliado de Jacobo.
- De acuerdo, pero, el palacio… ¿Cómo demonios se supone que voy a entrar hay?
El hombre sonrió y desapareció. Auren vio que había dejado aposta un pergamino tirado en el suelo. El chico lo cogió y lo leyó. Era un hechizo para poder atravesar paredes. Con eso seguro que podía infiltrarse en el palacio del gobernante de Brabil.
Auren tardó un buen rato en conseguir efectuar el hechizo. Era muy complicado. Tenía muchas variaciones. Además, era muy largo. Al final, logró efectuarlo.
Se volvió invisible y fue al palacio. Atravesó las paredes como si no existieran. Invisible, atravesó el palacio y llegó a la sala del trono. Nadie podía verlo. Auren esperó y se recuperó. Tanta magia lo había dejado exhausto.
Esperó hasta que el gobernante fuera al salón comedor. Entonces, con sus últimas fuerzas, le lanzó un hechizo de control. Hizo que dijera que iba a dar un paseo al jardín, e insistió en llevar pocos guardias. Los sirvientes se quedaron un poco asombrados a simple vista, pero obedecieron. Al final, salió con dos guardias y un sirviente. Auren se transformó en un sirviente e hizo que el gobernador le dijera que fuera él quien le llevase.
Una vez fuera, Auren hizo que Antonio se excusase para ir a hacer sus necesidades, y que dijera que Auren le acompañara. Los guardias estaban atónitos. Una vez allí, Auren cortó el flujo de la magia porque si no habría estado demasiado cansado para un posible duelo. Antonio, como Auren esperaba, caminó atontado, sin saber por qué estaba allí, como despertado de un gran trance. Auren sacó la cuchilla Tragedia y lo apuñaló. Auren le sacó el cuchillo cuando el gobernador cayó al suelo. Auren le agarró la cabeza con fuerza, para que su cara le mirase, y con magia hizo que no muriese en poco tiempo. Con ello hubo ruido. Auren oyó la voz de un guardia:
-¿Pasa algo, señor?
-No, nada.- Contestó Auren imitando la voz de Antonio.
Auren dirigió la mirada a Antonio, que lo miraba. Antonio miraba a Auren con los ojos muy abiertos.
-¿Dónde está Jacobo?-Preguntó Auren.
-Solo sale para ahorcar a los inocentes. Yo no soy su cómplice, de verdad, soy aliado de tu hermandad.
-No te creo.- Dijo Auren frunciendo el entrecejo.
-No lo hagas, pero Lucius me contrató. Le paso la información que necesita. Soy un agente doble. Si matas tú también a inocentes, serás un fiel reflejo de Jacobo.
-Si es verdad lo que dices, dime donde está.
-Vive en el cuartel. Mata a los supuestos delincuentes al mediodía. En la plaza. Mátalo, y compensarás mi muerte para que no sea en vano. Hay…
Antonio moría. El suministro de energía de Auren no era bastante.
-Hay… Un… Un… Un…En la… En…Hay un…Un…
Antonio se quedó inmóvil. Auren cortó el suministro de energía, le cerró los ojos y dijo:
-Descansa en paz, Antonio Marco de Barbarigo.
Auren se propuso volver a Chelindal, pero los dos guardias llegaron. Uno de ellos dijo:
-Señor, ¿por qué tarda tanto?
Auren se deshizo del atuendo de sirviente con magia y sacó la espada que le había dado Katrina. Un guardia sacó una espada similar, y el otro una espada de doble filo y a dos manos. Llegaron otros dos guardias, que sacaron sables. El de la espada a dos manos, que parecía ser el jefe, gritó:
-¡Pagarás por esto, asesino!
Auren se preparó y esquivó la espada del jefe justo cuando esta caía sobre su hombro. A continuación, los dos guardias que acababan de llegar flaquearon al último guardia, preparados para el combate.
Auren atacó a uno de los guardias con sable, pero los otros dos le obligaron a retroceder. El jefe, desde detrás de Auren, le atacó, pero Auren lo paró con su espada en el último momento. A continuación preparó un hechizo, pero antes de que pudiera efectuarlo los otros tres guardias saltaron sobre él. Inmediatamente se apartó y dejó caer la espada que había estado parando. La espada del jefe fue hacia delante y el hombre, al intentar volver a tomar su control, la espada cayó sobre el cuello de uno de los soldados de sable.
El jefe soltó una maldición y retiró la espada. Mientras tanto, Auren había sacado también a la cuchilla Tragedia con la mano que no sujetaba la espada. El otro guardia con sable fue a por él. Auren paró la espada con la suya la que el soldado usaba para intentar atacar su cabeza. A continuación, clavó la cuchilla tragedia en el abdomen de su enemigo. El soldado retrocedió, gritando y sangrando mucho, y Auren acabó con él clavándole la espada en el pecho. Auren retiró la espada y retrocedió. Los dos soldados restantes se habían librado de la confusión y avanzaban hacia Auren. Auren pensó que sería difícil vencer a esos dos a la vez, puesto que eran los jefes y parecían los más avezados y veteranos. Los dos lucían cicatrices en las manos y en la frente. Auren sabía que la ropa y la cota de malla ocultaban muchas más. Empezó a hacer todas las muecas que se ocurrían y a burlarse de los soldados. Con ello logró lo que quería. Con un grito de furia, el soldado de espada a dos manos le lanzó la espada a la cabeza. Auren la esquivó como pudo y la espada fue a clavarse contra el seto del jardín. El soldado, furioso, se dio la vuelta para coger uno de los sables que estaban tirados en el suelo, proporcionándole a Auren la posibilidad de luchar con ellos por separado. El otro guardia le atacó con una estocada por la izquierda. Auren lo paró con su espada, y le intentó dar con la cuchilla tragedia, pero el soldado retiró la espada y la esquivó. Antes de que Auren pudiera hacer nada, el soldado le dio una fuerte patada en el pecho que lo hizo caer y le cortó durante un momento la respiración.
El otro soldado avanzaba con el sable. El soldado que le había tirado al suelo levantó la espada para dar al pecho de Auren. A Auren se le habían caído la espada y la cuchilla tragedia. Auren tuvo una idea. Con sus fuerzas de magia casi agotadas, se estalló con magia a si mismo en llamas. Al tener el anillo que le había dado Lestreng, el fuego no le podía hacer ningún daño. El soldado se cayó hacia atrás del susto, y Auren cogió su espada y se la clavó. Se quitó las llamas y cogió también la cuchilla tragedia. El último soldado retrocedió, algo asustado. Auren se aprovechó de ello.
Guardó la cuchilla tragedia, cargó todo el peso del cuerpo en las piernas y saltó hacia delante. Se tiró sobre el soldado. El guardia cayó con Auren encima, y este último le clavó la espada en el costado. Acto y seguido acabó con él clavándole la espada en el corazón. Auren, jadeando, se levantó y salió corriendo de Brabil. Luego, con la magia, se dirigió hacia Chelindal. Antonio le había dado mucho que preguntar a Katrina.
Llegó a Chelindal tras unas horas. No podía ir más rápido porque estaba muy cansado. Llegó al pozo y la calavera le dejó entrar. Auren entró en el despacho de Katrina.
Auren,-dijo ella.- ¿Qué haces aquí? Aún no has cumplido tu misión.
-He matado a Antonio Marco de Barbarigo.-Contestó Auren.
- Pero tu objetivo principal es Jacobo, te faltan otros dos cómplices.
-Ya sé donde está, y como actuar.-Entonces Auren le contó su conversación con Antonio.
Katrina se quedó con la mano en la barbilla, aparentemente pensando la respuesta adecuada.
-Auren,-contestó al fin.- Ese hombre te mintió.
-¡No!-exclamó Auren dando un puñetazo a la mesa. El tintero cayó al suelo, dejándolo todo manchado de tinta, pero a Auren no le importó.- ¡Él hablaba en serio, me dijo que Lucius le había contratado, sabía su nombre!-gritó dando una patada al suelo.
-Auren, recuerda los Cinco Principios. “Nunca desobedezcas a un superior de La Hermandad Oscura.”
-Y también “Nunca hieras a un inocente” Y creo que Antonio Marco de Barbarigo era inocente. –Hizo una pequeña pausa en la que Katrina no dijo nada.- Quiero hablar con Lucius.
-No será necesario-. Dijo Katrina.- El Águila Negra, el oyente y los cuatro portavoces vendrán mañana al santuario a una reunión. Estará aquí media Hermandad.
Auren iba a decir algo, pero Katrina habló antes.
-El asesinato de Jacobo puede esperar. Quiero que estés. No hablemos más de esto.
-Sí, pero, ¿cómo entraran? ¿Vendrán todos por el pozo? Parecerá una procesión. Levantará sospechas.
Katrina rió.
-No, hombre, se aparecerán.
-¿Aparecer?-Se extrañó Auren.-
-Si, con magia te puedes aparecer en un sitio y luego volver a otro. Te puedes trasladar a cualquier sitio. Licrum, uno de los portavoces, da clases de ello. Puedes pedírselo mañana. Ve a descansar.
Auren se marchó a su habitación del santuario y durmió.
• • •
Al día siguiente Auren fue a la entrada del santuario, como todos los del santuario. Katrina estaba delante de la multitud, para recibirlos. De repente, aparecieron Lucius, Licrum, y los otros dos portavoces. El oyente, un hombre con túnica negra que parecía anciano, apareció también. Los cuatro portavoces se colocaron: dos a un lado y dos al otro, dentro del círculo que habían formado los miembros de la Hermandad. El oyente se puso a la derecha de Katrina y Lestreng a su izquierda. Todos aguantaron la respiración. De repente, un hombre anciano, con una larga túnica negra, sin capucha, una larga melena negra y una larga barba también negra, se apareció entre los portavoces.
Todos, incluidos los portavoces, el oyente, Katrina y Lestreng se arrodillaron ante el hombre que tenían delante. Auren les imitó. El hombre avanzó con paso amable hasta Katrina, la cogió de la mano y la levantó. Los portavoces y el oyente se pusieron en pie. Tras un instante, también lo hicieron Lestreng y el resto de los miembros de la Hermandad. Auren también se levantó.
-Hola, Katrina.-Dijo El Águila Negra sonriendo.- Cuanto tiempo.- Hablaba con voz amable y serena, sin ningún toque de autoridad.
-Águila.-Dijo Katrina con una pequeña inclinación de cabeza.
-¿Por qué usas ese tono y ese término?-Preguntó el Águila arqueando las cejas.
Katrina lo miró por primera vez a los ojos. Entonces, todo fue confusión. Katrina desapareció. Los presentes se giraron, buscándola, pero de repente hechizos y flechas surgieron de la nada. Hombres con túnicas rojas y soldados se habían aparecido en el santuario. Auren sacó la espada. La gente se movía en todas direcciones. Vio a un miembro de la Hermandad siendo alcanzado por una flecha. Intentó ver que ocurría, pero tuvo que agacharse para esquivar un hechizo. De repente, un soldado salió de la nada y le atacó. Auren le lanzó un hechizo y el hombre se quedó paralizado. Tras unos instantes un hechizo asesino le dio en el pecho y lo mató. Auren intentó abrirse paso entre los miembros de la Hermandad. Muchos morían a su alrededor a merced de los hechiceros enemigos, soldados, guardias y puede que también el mismísimo Olior. De repente, miró hacia el pasillo. Katrina estaba allí.
Katrina salió corriendo por el pasillo. Auren consiguió salir de la confusión y llegar al pasillo. Corrió detrás de ella. De pronto, Katrina se paró en seco y se volvió. Sacó su espada.
-¡Katrina! ¿Qué has hecho?-Exclamó Auren.-
-¿No lo sabes?-preguntó Katrina con voz burlona.- He desactivado los sistemas protectores del santuario y he revelado a Blanden la ubicación de este patético santuario.
-¿Ni siquiera pronuncias el verdadero nombre de tu amo?-preguntó Auren, indignado- ¡Nos has traicionado!
-¿Lo has descubierto tú solo? ¡Claro que había un traidor en la Hermandad! Eso es lo que te intentaba decir Antonio. ¡Claro que él no servía a Blanden! Servía a la Hermandad, y por eso murió. Esto es una trampa para destruir el santuario y destruirte a ti. No sabes la amenaza que…-Katrina se interrumpió.-
-He matado a un inocente.-Dijo Auren abatido.- ¡Por tu culpa!
-¡Estoy cansada de esta conversación!
Entonces a Auren le envolvió una extraña niebla. Intentó moverse, pero comprendió que le habían hecho un hechizo de confusión. Solo faltaban unos segundos para que la espada de Katrina se hundiese en su carne.
Pero la espada no llegó. Tras unos instantes la niebla se disipó y pudo ver y moverse. Se giró y vio que Lucius y Lestreng llegaban por el pasillo, espadas en mano. Lucius luchaba con un hombre de túnica gris, que parecía un hechicero. Intercambiaban hechizos y golpes de espada. Lestreng combatía con Katrina. Tan fuertes eran los golpes y hechizos de los dos duelos que a Auren se le ponían los pelos de punta.
Auren corrió hacia el combate, pero de repente una figura apareció ante él. Auren frenó en seco. El hombre era un soldado y llevaba una alabarda que cogía con las dos manos. El soldado le dio un golpe con el mango del arma en la cara y Auren cayó hacia atrás, con un fuerte golpe y con la nariz sangrándole. El soldado levantó la albarda y con el extremo opuesto al filo y le dio en el estómago. Auren gritó. Le dolía la barriga tras el golpe. El soldado, triunfante, levantó el filo para matar a Auren. Pero sin previo aviso, un filo de espada atravesó al soldado. El soldado cayó, muerto, encima de Auren. Auren se lo quitó de encima y vio que en el lugar donde había estado el soldado a punto de matarlo había aparecido Lucius. Tenía varias heridas en la cara. Lucius lo levantó y le curó con un hechizo la nariz.
-Gracias.-Dijo Auren.-
-De nada.-Respondió Lucius.
Entonces Auren miró hacia los duelos que antes había y vio al hombre con túnica gris muerto en el suelo, al parecer atravesado del hombro a la cintura por una espada. Vio que Lestreng, al parecer herido en una pierna, había vencido a Katrina y ésta estaba en el suelo estaba en el suelo. Su espada estaba tirada a varios metros de ella. Lestreng había colocado su espada rozando el cuello de Katrina.
De pronto, el Águila Negra entró corriendo en el pasillo, con una espada en la mano. Pero de repente, un hombre con armadura roja con bastantes arrugas pero menos que las de Lucius y el Águila, apareció entre ellos. Llevaba una espada roja. Era Olior.
Olior utilizó una magia que Auren no pudo identificar y Auren salió volando, como todos, varios metros. Luego vio que Katrina había huido desapareciéndose, y que Lucius y Lestreng estaban tirados en el suelo, como él. Olior estaba delante del Águila, al que no le había afectado el hechizo, al parecer preparado para el combate.
Auren intentó moverse, pero estaba paralizado. Los demás también lo estaban, porque forcejeaban con unas cuerdas invisibles. Desesperado, recordó lo que sabía de Olior. Sabía que era un gran espadachín y un hechicero tan poderoso que sólo se le podía comparar con el Águila Negra.
Olior levantó la espada hacia el Águila y un rayo de luz negro salió de la punta en dirección al Águila. Éste reaccionó muy rápido. Levantó la espada y de su punta salió un rayo de luz roja. Las dos luces se encontraron entre ellos, y los dos forcejearon para intentar dar con su rayo a su oponente.
Al final, el rayo rojo quedo a menos de un palmo de Olior. Éste usó una extraña magia negra que hizo que los dos rayos se sumieran en uno solo negro. Águila Negra lanzó de su mano una bola de fuego en dirección a Olior. Olior deshizo el rayo y levantó una mano, haciendo que, cuando la bola llegó hasta él, se desvaneció de improvisto. El Águila aprovechó ése momento de distracción para atacar con su espada. Olior la paró y ambos combatientes se batieron con los movimientos más complejos que Auren hubiera podido imaginar. También se lanzaban de vez en cuando hechizos, que no daban en el blanco, sino que se desviaban con un giro de muñeca del otro combatiente, o daban a la pared. En cierto momento de la pelea, Águila Negra retrocedió un momento y un resplandor de luz blanca inundó el pasillo, cegando a todos. Cuando Auren pudo volver a ver, vio que Olior se había refugiado en una burbuja de energía hecha con magia. Águila Negra estaba en la entrada del pasillo, encorvado y jadeando. Olior deshizo la bola de energía y la transformó en un rayo de luz negra que lanzó hacia el Águila. Éste se enderezó y levantó una mano, creando un escudo protector. El rayo se sumó a la improvisada barrera y un segundo después, el escudo desapareció.
-Estás en baja forma, anciano.- siseó Olior con una voz clara y con algo de enfado.-
El Águila Negra sonrió.
-Ah, es probable, pero mis años me han dado experiencias.-contestó, como si estuvieran llevando esa conversación sentados y charlando tranquilamente.
Olior frunció el ceño y lanzó otro rayo de energía de la palma de la mano. Águila Negra lo paró con la espada, que era mágica y estaba envuelta en muchas protecciones de magia.
-Fuiste imprudente al venir aquí esta noche, Olior.-continuó Águila Negra sin inmutarse.-Lo tenía previsto y…
-¡Basta de cháchara, anciano!-lo interrumpió, furioso, Olior.- Si no quieres combatir, ¡te obligaré a hacerlo!
Luego lanzó un rayo que fue parado por la espada del Águila, y después una ráfaga de magia tiró a Olior, quien se levantó de un salto.
-No está mal,-admitió Olior.- pero mis hombres están en el santuario. Estás perdido.-
-Me temo que no, mi joven amigo.-dijo Águila Negra con una sonrisa triste.- pronto comprenderás que no.-
Pasaron unos segundos, en los que los dos se miraron a los ojos, pero, tras un instante de silencio en el que Auren se asustó todavía más, cinco miembros de la Hermandad Oscura entraron a la carrera en el pasillo, armados.
-Como ves, he ganado.-dijo el Águila, como si hubieran terminado una partida de cartas.-
Olior frunció el entrecejo, pero de repente, dio un paso atrás, se desapareció y la presión de Auren desapareció. Él, Lestreng y Lucius se levantaron. Ya no se oían ruidos en la sala principal del santuario.
Águila Negra volvió sobre sus pasos y todos le siguieron. Llegaron a la sala principal y vieron a un montón de cuerpos inertes, entre soldados y hechiceros enemigos muertos, Auren vio a las bajas de la Hermandad en la batalla.
De los sesenta y nueve miembros de la Hermandad que había allí habían muerto diecisiete, y nueve estaban heridos, tres de ellos con gravedad. Usaron hechizos para reparar las zonas dañadas por la pelea y también para apartar a los muertos y enterrarlos en una sala, y para curar a los heridos. Entre los muertos estaba Barrus, un hombre con el que Auren había hablado mucho el día antes de la batalla. En los heridos estaba Glong, un hombre del norte envuelto en pieles que tenía una herida en el brazo. Auren se ofreció para curarlo. Pasó casi media hora hasta que todos los muertos fueran enterrados y el Águila Negra terminase de establecer nuevas protecciones alrededor del santuario. Auren terminó de usar hechizos con Glong. Le cambió el vendaje a un hombre que había recibido un hechizo que le había arrancado un dedo y no se podía curar con magia, y se acercó a la zona donde Lucius estaba ayudando a Lestreng a curarse la pierna.
No podía creer que Katrina los hubiera traicionado. Para distraer sus pensamientos llegó a la altura de Lucius y Lestreng y esperó pacientemente mientras Lucius murmuraba un hechizo y la herida de Lestreng se cerraba como si nunca hubiera existido. Después, se pasó el brazo de Lestreng por el cuello y lo ayudó a sentarse. A continuación, se dirigió a Auren.
-Hola, Auren.-saludó- ¿Estás herido?-preguntó-.
-No, estoy bien.-respondió Auren.-
-¿Necesitas algo? Parece que estás sumido en tus pensamientos.-observó-.
- Sí,-admitió Auren- me gustaría saber qué pasó cuando yo estaba en el pasillo. No pude ver lo que ocurría.
-En ese caso siéntate.- Le invitó Lucius, creando una silla por arte de magia-.
Auren ocupó su sitio y Lucius se sentó en otra silla.
-Necesitaremos que Lestreng nos cuente su parte.-dijo Lucius-.
-Sí, no hay problema.-dijo Lestreng-.
-Entonces podemos empezar.-dijo Lucius recostándose en el respaldo de su silla-. Verás, cuando comenzó un ataque, por el pozo entraron nueve soldados y un hechicero. Entre los portavoces, el oyente y Brom los derrotamos-.
-¿Brom?-Se extrañó Auren-.
-El Águila Negra.-Explicó Lucius.- Pero no le llames así porque tú debes ser más respetuoso.-le advirtió.- Llámale Águila.
-De acuerdo.-Aceptó Auren-.
-Bien,-continuó Lucius- los derrotamos y Brom me dijo que te buscara y te protegiera-.
Auren se asombró de que Brom se preocupase tanto por él.
-Durante el camino me encontré con Lestreng.-siguió Lucius.- Que estaba combatiendo en medio de la multitud.
Lestreng asintió con la cabeza.
-Le di las órdenes y llegamos al pasillo, buscándote.-dijo Lucius.- Cuando te vimos con el hechicero y Katrina llamamos su atención y comenzamos a luchar contra ellos, mientras luchábamos para liberarte del hechizo.
-Sí, fueron unos segundos.-murmuró Auren-.
-No fueron unos segundos.-lo contradijo Lucius.-fueron veinte minutos de combate intenso-.
-A mí me parecieron instantes.-objetó Auren-.
-Era por el efecto del hechizo.- explicó Lestreng.-combatimos durante veinte minutos. En un momento del combate Katrina me hirió en la pierna y me encorvé. Aproveché ese momento para tirarle la espada y, con ese instante de distracción, le di un empujón de costado para tirarla al suelo-.
-Yo logré vencer al hechicero con la espada. Gracias a eso te liberé del hechizo.-intervino Lucius.- Y después ocurrió todo lo que ya viste-.
Auren revisó su información, pero había algo que no encajaba.
-¿Cómo es que los soldados se aparecían?-preguntó.- ¿Eran todos magos?-.
-No,-contestó Lucius.- Un mago los transportaba. Pero ahora ya no podrá hacerlo porque, además de estar muerto, si estuviera vivo no podría porque Brom ha puesto protecciones-.
-Parecía como si estuvieran preparados para rechazar a algún enemigo.-observó Auren, refiriéndose a los miembros de la Hermandad-.
-Sí-dijo Lucius.- Sé poco del tema, pero Brom nos advirtió de que recibiríamos un ataque.-
-Ajá.
Al cabo de unos minutos de silencio, un hombre de túnica negra de cabello plateado se acercó a ellos.
-Brom ha convocado una reunión en el despacho de Katrina.-anunció-.
-Bien.-se limitó a decir Lucius-.
-Tú también debes ir, Lestreng.-añadió el hombre-.
Lestreng asintió en señal de entendimiento.
-Tú también debes ir, Auren-.dijo el hombre sin mirarlo.-Os están esperando-.
Dicho esto, se dio media vuelta y se marchó.
-Vamos Auren,-le indicó Lucius.- Sígueme-.
Auren siguió a Lucius por el pasillo y entró en el despacho al que ya había ido dos veces. El despacho de Katrina.
La verdad, esos nombres tan raros, ¿de dónde los sacas? Como sea algo friki te pego jaja. Me acuerdo cuando le enseñé a la profesora, cuando nos mandó hacer un cómic de 4 viñetas o algo así, mi historia de PerroMan o SuperPerro, perdí la libreta y no sé donde está, me gustaría volver a leer lo que puse.
YO TENGO UNA HISTORIA
habia una vez un plato, un día se rompió
FIN
aunque sea corto la gente con poco interes la lee
y le parece una bobada pero la lee, eso es lo imprtante
eso es un consejo de tomate y cojin
(no se a que vino lo de tomate y cojín)
Pues digamos algo así como no poder poner nada en el blog en tanto tiempo. Creo que deberíamos ponerlo, elvira, usando el filtro… y así la gente no ponía tonterías. Deberíamos añadirlo a las normas.
Sí, es una buena idea. Pero no solo con historias cortas y tontunas, también con comentarios normales. ok, lo añado.
¿que te parece una semana? pongo 1 semana
Este blog es de Pedro y Elvira. Nosotros, de 11 años, nos hemos comprometido a poner artículos y a divertirnos moderando comentarios. Quien entre a este blog y mande un comentario, será un nuevo amigo para nosotros...
Texto de Elvira
:-)
Espero que te guste este blog
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7) En caso de que alguien de la barrila demasiado será expulsado del blog... Espero que no tenga que pasar más veces ;-)
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LA HERMANDAD OSCURA
Auren dormía en su cama de la posada. De repente, un ruido le despertó. Se incorporó, pero no vio a nadie. Extrañado, miró en el pasillo. No se veía a nadie.
-¿Quién hay ahí?-. Preguntó, sacando su daga del cinto.
-Yo - Dijo una voz en algún lugar-.
Auren se volvió, miró hacia la habitación, pero no había nadie.
-¡Muéstrate!- Ordenó-.
Delante de él apareció un hombre con túnica y capucha negras.
El hombre tenía rasgos más bien ancianos, y Auren se fijó en que llevaba una daga enfundada en una vaina roja.
-¿Quién eres?- Preguntó Auren-. ¿Y cómo has aparecido aquí? ¿Es magia?
-Soy- Contestó el hombre-. Un portavoz de la Hermandad Oscura.
A Auren le dio un respigo: ¡LA HERMANDAD OSCURA ERA UN GREMIO DE ASESINOS! Acababan con gente que se oponía a ellos, a gente inocente. Auren se asustó. Eso era su final, pero ¿Por qué la Hermandad Oscura quería matarle?
- En cuanto a tu segunda pregunta- Continuó el hombre con serenidad-. Mi respuesta es que sí, esto es magia. He venido invisible y me he aparecido cuanto tú me lo has dicho.
¿Qué quieres de mi?- Preguntó Auren-. ¿Qué haces aquí?
- He venido a preguntarte si quieres unirte a la Hermandad Oscura.
-¿Por qué queréis reclutarme?
-Te hemos estado observando durante nueve años, creo que es suficiente para saber si vales para la Hermandad Oscura.- replicó el hombre-.Te explicaré todo sobre la Hermandad Oscura, si te quieres unir a ella.
- Me uniré a la Hermandad Oscura cuando los pollos críen pelo.- Repuso Auren, desafiante-.
- Cuando oígas lo que tengo que decir no dirás eso.- Dijo el hombre, impasible.- Te lo explicaré.
- De acuerdo. Explícame, pero con cuidado…
- Bien, ahora escucha con atención, y ni se te ocurra interrumpirme.
- De acuerdo, puedes empezar.
- La Hermandad Oscura – Dijo el hombre-. Es, simplemente, una defensa del pueblo, pero ese maldito traidor del rey ha puesto a casi todo el pueblo en nuestra contra. Veo confusión en tus ojos, pues sí, el rey era antes un miembro de la Hermandad Oscura. Luego nos traicionó y se convirtió en rey matando en secreto al príncipe. Al parecer, si el príncipe moría él debería convertirse en rey. Mandamos un mensajero para avisar al Consejo de Ancianos, pero el rey Olior, que ese es su verdadero nombre, y no Blanden, negó esos argumentos, puso al Consejo en nuestra contra, mató al mensajero y se las arregló para que el Consejo pusiese al pueblo en contra de la Hermandad Oscura. Sólo unos pocos, los que viven en el santuario de la Hermandad de Chorrol para protegerse de la furia del rey, nos apoyan. Nosotros conseguimos echarle un hechizo a Olior para que olvidase dónde se encuentran los santuarios. Bueno, desde entonces, Olior siempre ha perseguido a los miembros de la Hermandad Oscura y ha intentado disolver nuestra orden con muchas personas que le sirven. Ese es nuestro objetivo. Destronar a Olior, matar a los que le sirven voluntariamente, y liberar al pueblo de las mentiras del rey. Eso es lo que debes saber de la historia de la Hermandad Oscura, ¿Lo has entendido?
- Todo menos una cosa: ¿Cómo es que no he oído hablar nunca de lo que has dicho?
- Porque - Respondió el hombre-. Olior ha impedido que corran estos rumores verdaderos y los ha sustituido con mentiras sobre nuestra orden gracias a muchos otros que le apoyan, a los que cada vez es más difícil asesinar.
Y Auren le creyó. No sabía por qué, pero algo en su interior le decía que ese hombre le estaba hablando con sinceridad. Auren asintió con la cabeza.
- Bien, ahora te explicaré las normas, lo que debes hacer, los rangos… etc. Escucha con atención: Las normas son simples y fáciles de entender: Primera, nunca hieras a un inocente. Segunda: nunca robes ni mates a miembros de la Hermandad Oscura. Tercera: nunca desobedezcas a un superior de la Hermandad Oscura. Cuarta: no llames la atención en la calle ni dejes que te arresten. Y quinta: cumple los objetivos como consideres oportuno pero cuida que no sea abriéndose paso a espadazos, puesto que esto no es el gremio de luchadores. Esas cinco normas se llaman Los Cinco Principios. Respétalas. Bien, ahora te diré que, a función de los encargos con éxito que cumplas, subirás de rango. Si haces el encargo de una manera determinada que te dicen en el encargo conseguirás una bonificación, es decir, algún objeto que te pueden servir en otros encargos. Eso es todo lo que debes saber. Ahora, ¿Quieres unirte a la Hermandad Oscura?
-Sí- Contestó Auren, tras pensarlo un rato-. Me uniré a la Hermandad Oscura.
Recuerda que,-Le advirtió el hombre- No admitimos traidores, hace poco se descubrió un traidor que pasaba información a los soldados imperiales y tuvo un pequeño… incidente provocado.
-De acuerdo. ¿Qué debo hacer?
-Bien, ve a la posada de la Tercera Profecía. Allí hay un viejo llamado Rufio. No deja de intentar espiar el santuario de Brabil. Creemos que ha seguido a miembros de nuestra orden hasta el santuario. Por suerte, aún no ha podido informar a Olior. Elimínalo de forma sigilosa y podrás entrar en la Hermandad Oscura. Toma, que te sirva bien, te daré la cuchilla tragedia. Es muy útil.- El hombre le tendió una daga con adornos y Auren la cogió-. Ve, y la próxima vez que duermas con Rufio muerto apareceré y te diré lo que tengas que hacer. Ah, y por cierto, me llamo Lucius Lertricunts. La paz sea contigo, Auren.
Dicho esto, levantó una mano contra Auren y murmuró un hechizo. Acto y seguido, Auren tuvo un montón de conocimientos de la magia y sus poderes. Los podría usar cuando quisiese. Auren era un semimiembro de la Hermandad Oscura. Lucius desapareció.
Al día siguiente, Auren se levantó y partió hacia la posada de la Tercera Profecía. Una hora después ya estaba allí gracias a la magia. Entró y preguntó al posadero (utilizando contra él un hechizo de amistad):
- ¿Se aloja aquí Rufio?
- Sí, es un anciano, lleva varios días en la posada sin salir, creo que se está escondiendo de alguien o algo, pero, ¿Qué más da? Paga la cuenta. Su dormitorio está en el piso de abajo, en la tercera puerta, aquí tienes la llave- Le dijo tendiéndole una llave-.
Auren la cogió, le dio las gracias y bajó al piso de abajo. Por suerte, no había nadie. Auren se agachó, sacó a cuchilla tragedia, se hizo invisible y entró en la habitación. Rufio dormía en la cama. Auren se acercó y lo apuñaló en silencio. Rufio se quedó inmóvil, disfrutando el sueño de la muerte. Auren cerró la puerta y salió de la habitación, subió al piso de arriba y pidió una cama. La pagó y se fue a dormir. Después de dormir unas siete horas, apareció Lucius Letrincunts.
- Hola – Dijo- Te has ganado el derecho de entrar en la Hermandad Oscura. Buen trabajo. Bien, ahora ve a Chelindal. Hay un pozo detrás del palacio. Entra, no hay cerradura. Se te preguntará algo, contesta: Por la verdad, hermano.
-Sí.
- Bien, ve.
-De acuerdo.
Auren se encaminó hacia Chelindal, y pronto estuvo allí. Fue al palacio, procurando que no lo viera nadie. Cuando llegó, se metió en el pozo por la trampilla que había. Cuando entró, todo lo dejó sin respiración: todo, absolutamente, estaba lleno de adornos por las paredes y inscripciones. Pos desgracia, al parecer por algún tipo de magia, cada vez que intentaba leer una, esta desaparecía. Al final, había una puerta roja de piedra con una inscripción. Auren se acercó para leer la inscripción pero, antes de que pudiese leer, esta desapareció y en la puerta apareció una calavera gigante, que dijo:
-Bienvenido, soy la futura calavera de Olior. ¿Por que queremos que su cabeza se convierta en esto?
- Por la verdad, hermano.- Contestó Auren sin vacilar-.
-Excelente.- Repuso la calavera-.
Acto seguido, la calavera desapareció y la puerta se abrió. Allí estaba, el santuario de la Hermandad Oscura de Chelindal. Allí había gente. Eran hombres con armadura ligera marrón oscuro y capucha negra. No eran muchos, una docena. Había una puerta a la derecha, otra a la izquierda y un pasillo enfrente que giraba hacia la derecha. El suelo era de piedra mágica. A Auren se le acercó un hombre con una túnica toda raída, pero no era un hombre, era un vampiro.
- Por favor, no dejes que mi aspecto te intimide, me llamo Lestreng. Te daré tus primeros contratos. – Le dijo-.
- Hola, - Contestó Auren-. ¿Cuál es mi primer encargo?
- Así me gusta.- Repuso Lestreng-. Pues hay un capitán de barco, Honstrin, que hace esclavos y los obliga a trabajar. Debes eliminarlo, ten cuidado con sus marineros. Si no suena la alarma y matas a Honstrin, conseguirás una bonificación. Te aconsejo que te cueles metiéndote en una caja de mercancía de las que hay delante del barco. El barco está en la ciudad imperial, en el barrio de Wuarnigion, la ciudad flotante. ¿Alguna duda?
- Sí, ¿Tengo que traer alguna prueba de que lo he matado?
- Imaginaba que me lo preguntarías, no, no hace falta, la Hermandad Oscura tiene ojos en todas partes. Y toma, la armadura mágica y tu capucha.-Añadió dándoselas las dos.
- De acuerdo, volveré cuando haya cumplido mi misión.-terció Auren cogiendo la capucha y la armadura ligera. Eran como los del resto de miembros.
- Ve, y que tu cuchilla guíe tus pasos.- Dijo Lestreng.
- La paz sea contigo.-repuso Auren
Se hicieron una reverencia y se dieron la vuelta. Auren se cambió de ropa en un cuarto donde no había nadie, y después salió del santuario y se encaminó hacia la ciudad imperial, ciudad de reyes mentirosos, como era Olior. La llamaban ciudad de reyes, pero Auren creía que ciudad de reyes mentirosos era mejor mote, por las supuestas mentiras que había oído durante su infancia y adolescencia.
Cuando llegó a la ciudad imperial, fue a la ciudad flotante. La llamaban así porque era un muelle, pero de piedra, no de madera. Por eso, durante siglos, así se llamaba el barrio de Wuarnigion.
Buscó el barco y cuando lo encontró, se metió sin que le viese nadie en una caja de mercancía. Esperó, y después de unas horas notó que metían la caja en el barco. Salió sigilosamente y vio que tenía delante de espaldas un marinero. Le tapó la boca, le tiró al suelo haciendo el menor ruido posible y le preguntó en susurro poniéndole la cuchilla tragedia en el cuello:
- ¿Dónde está el camarote del capitán? ¡Contesta!
El hombre, aterrorizado, señaló hacia una habitación cercana.
- Muchas gracias.-Le dijo Auren.
Después le hizo un hechizo de dormir, y el hombre se sumió en un sueño profundo.
Auren se agachó, se hizo invisible y entró en la habitación. Era una especie de escobero. ¿Acaso el marinero le había mentido? Cuando iba a salir del lugar, se fijó en una trampilla justo encima de él. Auren sonrió con amargura. El capitán creía que esconder la trampilla haciéndola pasar por un trapo colgado, nadie la vería. No había contado con la vista de águila de la magia. Cerró la puerta. Calculó que sólo contaba con diez minutos antes de que el marinero se despertara y avisara a sus compañeros de que había un intruso en el barco, o hasta que otro marinero lo encontrase durmiendo y lo despertara. Entonces darían la alarma y Auren perdería su bonificación. Auren sabía que debía actuar deprisa. Entró por la trampilla. Estaba en un lujoso camarote llenó de adornos.
Auren comprendió que debajo debería ser la bodega. El capitán debería creerse muy listo pero era muy tonto. Con sólo un guardia en la bodega y su camarote facilísimo de acceder. El capitán estaba sentado en una mesa de plata. Tenía comida y bebida y estaba comiendo. Cuando vio que la trampilla se abría y no veía a Auren porque éste estaba invisible, se levantó y gritó:
- ¡Por todos los dioses! ¿Que es esto?
Auren dejó de hacerse invisible y saltó, con la cuchilla tragedia en mano, sobre Honstrin. El capitán reaccionó muy rápido. Sacó un sable y esquivó a Auren, llamando a gritos a sus guardias. Intentó darle una estocada a Auren, pero este último hizo un hechizo de escudo que hizo que el sable saliese por los aires. Honstrin retrocedió, y sacó una daga. Se abalanzó sobre Auren, pero este lo esquivó con facilidad, se puso detrás de él y le clavó la cuchilla tragedia. Justo entonces se oían pasos apresurados en el pasillo, pues además de la trampilla había una puerta. A Auren le dio tiempo a hacerse invisible y alejarse del cadáver de Honstrin.
Seis hombres, sables en mano, irrumpieron en el camarote. Uno de ellos, que parecía ser el jefe, iba diciendo:
- ¡Señor, hemos oído ruidos, donde est…!
Se quedó petrificado y se interrumpió al ver el cadáver de Honstrin, pero luego dijo:
- ¿Que hacéis ahí parados? ¡Buscad inmediatamente a quienquiera que sea que haya hecho esto y traérmelo, vivo o muerto! – El hombre hizo una pausa.- Preferiblemente muerto. ¡Y buscad a los guardias! ¡Yo debo suceder a Honstrin como capitán! Liberar a los esclavos. Ya no seremos piratas. Nos haremos mercaderes, o tal vez abriremos una posada. Sí. Venderemos el barco y abriremos una posada: La posada pirata. Sí. Bien. En marcha, y llevaos el cadáver.
Auren salió sigilosamente del camarote, para luego salir del barco y después salir de la ciudad imperial y salir hacia Chelindal. Había cumplido su misión y el cometido de esa misión. Ya no habría esclavos en la ciudad flotante, ni tampoco piratas. Auren se sentía orgulloso.
Cuando volvió a Chelindal, fue al santuario y la calavera le dejó pasar.
Lestreng le recibió y le dijo:
- Muy bien hecho, me he enterado de la misión, por los pelos, pero te has ganado una bonificación. Toma este anillo.- Dijo tendiéndole un anillo.- Te dará completa protección contra el fuego. Además, aumentará tus conocimientos de la magia.
Auren se puso el anillo.
- Ahora ve por el pasillo hacia la derecha.- Dijo Lestreng.- Habrá una mujer que te dará tus siguientes contratos.-
- De acuerdo, adiós.
- Cuídate.
Auren se dirigió hacia el pasillo y entró en una de las negras habitaciones.
Una chica, de unos veintitrés años, estaba esperándolo. Al verlo, se levantó. Auren se sentía muy incómodo con esos ojos penetrantes escrutándole el rostro. Después de una hora, la mujer por fin habló:
-¿Eres Auren, verdad? Sí, me parece que sí, puesto que has aprendido el arte de la paciencia.
Auren asintió.
-Entiendo, yo me llamo Katrina, me inicié en la Hermandad Oscura hace siete años y he escalado posiciones hasta convertirme en la jefa de este santuario.
Auren se asombró y le preguntó:
- ¿No estaba Lucius Letricunts al cargo del santuario?
- No.- Contestó Katrina.- Verás, Lucius es uno de los cuatro portavoces. Los cuatro portavoces forman parte de La Mano Negra, que son los jefes de la Hermandad. Mira, son como cuatro dedos de una mano. El oyente es el jefe de los portavoces. Como el dedo gordo. El oyente está al mando de toda la Hermandad. Pero al mismo tiempo obedece a El Águila Negra. El jefe de TODA la Hermandad Oscura. Siempre hay que obedecerle. Así, los portavoces tienen sus uñas, que son sus asesinos particulares, que normalmente son jefes de santuario.
- Impresionante.- Replicó Auren.- ¿Cuántos santuarios hay?
-En cada ciudad hay uno.-Contestó Katrina.- Bueno, excepto en la ciudad imperial. No hemos encontrado el lugar ideal.
-¿Y desde cuando existe la Hermandad Oscura?-preguntó Auren, deseoso de conocer el pasado de la Hermandad.-
-Desde hace ciento cuarenta años.-Respondió Katrina.- Al principio su objetivo era proteger al imperio. El Águila Negra era uno de los consejeros del rey. Cuando el rey murió y Olior ocupó su puesto, mató a todos los que pudieran afirmar eso. Poseyó a los consejeros para que no dijeran nada. Estuvo a punto de matar al Águila, pero éste logró escapar. Entonces el Águila hizo un cambio de régimen con el objetivo de matar a Olior, y liberar al…
-Pueblo de las mentiras del rey, lo sé.-Terminó Auren.-
-Exacto.-Coincidió Katrina.-¿Alguna otra pregunta?
-No.-Contestó Auren.- ¿Bueno, y mi encargo?
-Tienes que ir a Brabil. El jefe de la guardia. Manda ahorcar a inocentes. Mátalo.
- ¿Dónde puedo encontrarle?
- Ese es el problema. Todavía no tenemos suficientes datos. Pero tenemos la lisa de sus cómplices. Te aconsejo que los “persuadas” para que te digan donde está. Además, creemos que tendrá alguna reunión. Después de matar a sus cómplices, síguelo hasta el lugar de la reunión, y entonces podrás actuar. Ten la lista y ésta espada. La necesitarás.-Dijo entregándoselas.- En esta misión no hay bonificación posible. Tenemos hombres repartidos por todo Brabil. Encuéntralos y te dirán la posición de los cómplices de Jacobo, el jefe de la guardia. ¿Alguna duda?
- No, me ha quedado todo claro.
- Cuando termines, ven a verme. Quiero hablar contigo de ciertos asuntos. Y por Dios.- Katrina bajó el tono de voz.- No se lo digas a Lestreng.
- Por supuesto. Adiós.
- Adiós, Auren.
Auren se fue a Brabil, y llegó en menos de diez minutos.
Buscó a los miembros de la Hermandad y no tardó en localizar a uno. Se acercó a él y le dijo:
- Soy de la Hermandad, vengo a…
- Sí, lo sé.- Le interrumpió el hombre. Tenía la voz ronca y áspera.- Hemos encontrado a Antonio Marco de Barbarigo. Es el gobernante de Brabil. Está en el palacio.
- ¿Matar al gobernante?-Objetó Auren.- ¿Seguro que es un cómplice? Siempre da dinero a los pobres.
- Eso es lo que quiere hacer parecer. Pero es malvado. Es aliado de Jacobo.
- De acuerdo, pero, el palacio… ¿Cómo demonios se supone que voy a entrar hay?
El hombre sonrió y desapareció. Auren vio que había dejado aposta un pergamino tirado en el suelo. El chico lo cogió y lo leyó. Era un hechizo para poder atravesar paredes. Con eso seguro que podía infiltrarse en el palacio del gobernante de Brabil.
Auren tardó un buen rato en conseguir efectuar el hechizo. Era muy complicado. Tenía muchas variaciones. Además, era muy largo. Al final, logró efectuarlo.
Se volvió invisible y fue al palacio. Atravesó las paredes como si no existieran. Invisible, atravesó el palacio y llegó a la sala del trono. Nadie podía verlo. Auren esperó y se recuperó. Tanta magia lo había dejado exhausto.
Esperó hasta que el gobernante fuera al salón comedor. Entonces, con sus últimas fuerzas, le lanzó un hechizo de control. Hizo que dijera que iba a dar un paseo al jardín, e insistió en llevar pocos guardias. Los sirvientes se quedaron un poco asombrados a simple vista, pero obedecieron. Al final, salió con dos guardias y un sirviente. Auren se transformó en un sirviente e hizo que el gobernador le dijera que fuera él quien le llevase.
Una vez fuera, Auren hizo que Antonio se excusase para ir a hacer sus necesidades, y que dijera que Auren le acompañara. Los guardias estaban atónitos. Una vez allí, Auren cortó el flujo de la magia porque si no habría estado demasiado cansado para un posible duelo. Antonio, como Auren esperaba, caminó atontado, sin saber por qué estaba allí, como despertado de un gran trance. Auren sacó la cuchilla Tragedia y lo apuñaló. Auren le sacó el cuchillo cuando el gobernador cayó al suelo. Auren le agarró la cabeza con fuerza, para que su cara le mirase, y con magia hizo que no muriese en poco tiempo. Con ello hubo ruido. Auren oyó la voz de un guardia:
-¿Pasa algo, señor?
-No, nada.- Contestó Auren imitando la voz de Antonio.
Auren dirigió la mirada a Antonio, que lo miraba. Antonio miraba a Auren con los ojos muy abiertos.
-¿Dónde está Jacobo?-Preguntó Auren.
-Solo sale para ahorcar a los inocentes. Yo no soy su cómplice, de verdad, soy aliado de tu hermandad.
-No te creo.- Dijo Auren frunciendo el entrecejo.
-No lo hagas, pero Lucius me contrató. Le paso la información que necesita. Soy un agente doble. Si matas tú también a inocentes, serás un fiel reflejo de Jacobo.
-Si es verdad lo que dices, dime donde está.
-Vive en el cuartel. Mata a los supuestos delincuentes al mediodía. En la plaza. Mátalo, y compensarás mi muerte para que no sea en vano. Hay…
Antonio moría. El suministro de energía de Auren no era bastante.
-Hay… Un… Un… Un…En la… En…Hay un…Un…
Antonio se quedó inmóvil. Auren cortó el suministro de energía, le cerró los ojos y dijo:
-Descansa en paz, Antonio Marco de Barbarigo.
Auren se propuso volver a Chelindal, pero los dos guardias llegaron. Uno de ellos dijo:
-Señor, ¿por qué tarda tanto?
Auren se deshizo del atuendo de sirviente con magia y sacó la espada que le había dado Katrina. Un guardia sacó una espada similar, y el otro una espada de doble filo y a dos manos. Llegaron otros dos guardias, que sacaron sables. El de la espada a dos manos, que parecía ser el jefe, gritó:
-¡Pagarás por esto, asesino!
Auren se preparó y esquivó la espada del jefe justo cuando esta caía sobre su hombro. A continuación, los dos guardias que acababan de llegar flaquearon al último guardia, preparados para el combate.
Auren atacó a uno de los guardias con sable, pero los otros dos le obligaron a retroceder. El jefe, desde detrás de Auren, le atacó, pero Auren lo paró con su espada en el último momento. A continuación preparó un hechizo, pero antes de que pudiera efectuarlo los otros tres guardias saltaron sobre él. Inmediatamente se apartó y dejó caer la espada que había estado parando. La espada del jefe fue hacia delante y el hombre, al intentar volver a tomar su control, la espada cayó sobre el cuello de uno de los soldados de sable.
El jefe soltó una maldición y retiró la espada. Mientras tanto, Auren había sacado también a la cuchilla Tragedia con la mano que no sujetaba la espada. El otro guardia con sable fue a por él. Auren paró la espada con la suya la que el soldado usaba para intentar atacar su cabeza. A continuación, clavó la cuchilla tragedia en el abdomen de su enemigo. El soldado retrocedió, gritando y sangrando mucho, y Auren acabó con él clavándole la espada en el pecho. Auren retiró la espada y retrocedió. Los dos soldados restantes se habían librado de la confusión y avanzaban hacia Auren. Auren pensó que sería difícil vencer a esos dos a la vez, puesto que eran los jefes y parecían los más avezados y veteranos. Los dos lucían cicatrices en las manos y en la frente. Auren sabía que la ropa y la cota de malla ocultaban muchas más. Empezó a hacer todas las muecas que se ocurrían y a burlarse de los soldados. Con ello logró lo que quería. Con un grito de furia, el soldado de espada a dos manos le lanzó la espada a la cabeza. Auren la esquivó como pudo y la espada fue a clavarse contra el seto del jardín. El soldado, furioso, se dio la vuelta para coger uno de los sables que estaban tirados en el suelo, proporcionándole a Auren la posibilidad de luchar con ellos por separado. El otro guardia le atacó con una estocada por la izquierda. Auren lo paró con su espada, y le intentó dar con la cuchilla tragedia, pero el soldado retiró la espada y la esquivó. Antes de que Auren pudiera hacer nada, el soldado le dio una fuerte patada en el pecho que lo hizo caer y le cortó durante un momento la respiración.
El otro soldado avanzaba con el sable. El soldado que le había tirado al suelo levantó la espada para dar al pecho de Auren. A Auren se le habían caído la espada y la cuchilla tragedia. Auren tuvo una idea. Con sus fuerzas de magia casi agotadas, se estalló con magia a si mismo en llamas. Al tener el anillo que le había dado Lestreng, el fuego no le podía hacer ningún daño. El soldado se cayó hacia atrás del susto, y Auren cogió su espada y se la clavó. Se quitó las llamas y cogió también la cuchilla tragedia. El último soldado retrocedió, algo asustado. Auren se aprovechó de ello.
Guardó la cuchilla tragedia, cargó todo el peso del cuerpo en las piernas y saltó hacia delante. Se tiró sobre el soldado. El guardia cayó con Auren encima, y este último le clavó la espada en el costado. Acto y seguido acabó con él clavándole la espada en el corazón. Auren, jadeando, se levantó y salió corriendo de Brabil. Luego, con la magia, se dirigió hacia Chelindal. Antonio le había dado mucho que preguntar a Katrina.
Llegó a Chelindal tras unas horas. No podía ir más rápido porque estaba muy cansado. Llegó al pozo y la calavera le dejó entrar. Auren entró en el despacho de Katrina.
Auren,-dijo ella.- ¿Qué haces aquí? Aún no has cumplido tu misión.
-He matado a Antonio Marco de Barbarigo.-Contestó Auren.
- Pero tu objetivo principal es Jacobo, te faltan otros dos cómplices.
-Ya sé donde está, y como actuar.-Entonces Auren le contó su conversación con Antonio.
Katrina se quedó con la mano en la barbilla, aparentemente pensando la respuesta adecuada.
-Auren,-contestó al fin.- Ese hombre te mintió.
-¡No!-exclamó Auren dando un puñetazo a la mesa. El tintero cayó al suelo, dejándolo todo manchado de tinta, pero a Auren no le importó.- ¡Él hablaba en serio, me dijo que Lucius le había contratado, sabía su nombre!-gritó dando una patada al suelo.
-Auren, recuerda los Cinco Principios. “Nunca desobedezcas a un superior de La Hermandad Oscura.”
-Y también “Nunca hieras a un inocente” Y creo que Antonio Marco de Barbarigo era inocente. –Hizo una pequeña pausa en la que Katrina no dijo nada.- Quiero hablar con Lucius.
-No será necesario-. Dijo Katrina.- El Águila Negra, el oyente y los cuatro portavoces vendrán mañana al santuario a una reunión. Estará aquí media Hermandad.
Auren iba a decir algo, pero Katrina habló antes.
-El asesinato de Jacobo puede esperar. Quiero que estés. No hablemos más de esto.
-Sí, pero, ¿cómo entraran? ¿Vendrán todos por el pozo? Parecerá una procesión. Levantará sospechas.
Katrina rió.
-No, hombre, se aparecerán.
-¿Aparecer?-Se extrañó Auren.-
-Si, con magia te puedes aparecer en un sitio y luego volver a otro. Te puedes trasladar a cualquier sitio. Licrum, uno de los portavoces, da clases de ello. Puedes pedírselo mañana. Ve a descansar.
Auren se marchó a su habitación del santuario y durmió.
• • •
Al día siguiente Auren fue a la entrada del santuario, como todos los del santuario. Katrina estaba delante de la multitud, para recibirlos. De repente, aparecieron Lucius, Licrum, y los otros dos portavoces. El oyente, un hombre con túnica negra que parecía anciano, apareció también. Los cuatro portavoces se colocaron: dos a un lado y dos al otro, dentro del círculo que habían formado los miembros de la Hermandad. El oyente se puso a la derecha de Katrina y Lestreng a su izquierda. Todos aguantaron la respiración. De repente, un hombre anciano, con una larga túnica negra, sin capucha, una larga melena negra y una larga barba también negra, se apareció entre los portavoces.
Todos, incluidos los portavoces, el oyente, Katrina y Lestreng se arrodillaron ante el hombre que tenían delante. Auren les imitó. El hombre avanzó con paso amable hasta Katrina, la cogió de la mano y la levantó. Los portavoces y el oyente se pusieron en pie. Tras un instante, también lo hicieron Lestreng y el resto de los miembros de la Hermandad. Auren también se levantó.
-Hola, Katrina.-Dijo El Águila Negra sonriendo.- Cuanto tiempo.- Hablaba con voz amable y serena, sin ningún toque de autoridad.
-Águila.-Dijo Katrina con una pequeña inclinación de cabeza.
-¿Por qué usas ese tono y ese término?-Preguntó el Águila arqueando las cejas.
Katrina lo miró por primera vez a los ojos. Entonces, todo fue confusión. Katrina desapareció. Los presentes se giraron, buscándola, pero de repente hechizos y flechas surgieron de la nada. Hombres con túnicas rojas y soldados se habían aparecido en el santuario. Auren sacó la espada. La gente se movía en todas direcciones. Vio a un miembro de la Hermandad siendo alcanzado por una flecha. Intentó ver que ocurría, pero tuvo que agacharse para esquivar un hechizo. De repente, un soldado salió de la nada y le atacó. Auren le lanzó un hechizo y el hombre se quedó paralizado. Tras unos instantes un hechizo asesino le dio en el pecho y lo mató. Auren intentó abrirse paso entre los miembros de la Hermandad. Muchos morían a su alrededor a merced de los hechiceros enemigos, soldados, guardias y puede que también el mismísimo Olior. De repente, miró hacia el pasillo. Katrina estaba allí.
Katrina salió corriendo por el pasillo. Auren consiguió salir de la confusión y llegar al pasillo. Corrió detrás de ella. De pronto, Katrina se paró en seco y se volvió. Sacó su espada.
-¡Katrina! ¿Qué has hecho?-Exclamó Auren.-
-¿No lo sabes?-preguntó Katrina con voz burlona.- He desactivado los sistemas protectores del santuario y he revelado a Blanden la ubicación de este patético santuario.
-¿Ni siquiera pronuncias el verdadero nombre de tu amo?-preguntó Auren, indignado- ¡Nos has traicionado!
-¿Lo has descubierto tú solo? ¡Claro que había un traidor en la Hermandad! Eso es lo que te intentaba decir Antonio. ¡Claro que él no servía a Blanden! Servía a la Hermandad, y por eso murió. Esto es una trampa para destruir el santuario y destruirte a ti. No sabes la amenaza que…-Katrina se interrumpió.-
-He matado a un inocente.-Dijo Auren abatido.- ¡Por tu culpa!
-¡Estoy cansada de esta conversación!
Entonces a Auren le envolvió una extraña niebla. Intentó moverse, pero comprendió que le habían hecho un hechizo de confusión. Solo faltaban unos segundos para que la espada de Katrina se hundiese en su carne.
Pero la espada no llegó. Tras unos instantes la niebla se disipó y pudo ver y moverse. Se giró y vio que Lucius y Lestreng llegaban por el pasillo, espadas en mano. Lucius luchaba con un hombre de túnica gris, que parecía un hechicero. Intercambiaban hechizos y golpes de espada. Lestreng combatía con Katrina. Tan fuertes eran los golpes y hechizos de los dos duelos que a Auren se le ponían los pelos de punta.
Auren corrió hacia el combate, pero de repente una figura apareció ante él. Auren frenó en seco. El hombre era un soldado y llevaba una alabarda que cogía con las dos manos. El soldado le dio un golpe con el mango del arma en la cara y Auren cayó hacia atrás, con un fuerte golpe y con la nariz sangrándole. El soldado levantó la albarda y con el extremo opuesto al filo y le dio en el estómago. Auren gritó. Le dolía la barriga tras el golpe. El soldado, triunfante, levantó el filo para matar a Auren. Pero sin previo aviso, un filo de espada atravesó al soldado. El soldado cayó, muerto, encima de Auren. Auren se lo quitó de encima y vio que en el lugar donde había estado el soldado a punto de matarlo había aparecido Lucius. Tenía varias heridas en la cara. Lucius lo levantó y le curó con un hechizo la nariz.
-Gracias.-Dijo Auren.-
-De nada.-Respondió Lucius.
Entonces Auren miró hacia los duelos que antes había y vio al hombre con túnica gris muerto en el suelo, al parecer atravesado del hombro a la cintura por una espada. Vio que Lestreng, al parecer herido en una pierna, había vencido a Katrina y ésta estaba en el suelo estaba en el suelo. Su espada estaba tirada a varios metros de ella. Lestreng había colocado su espada rozando el cuello de Katrina.
De pronto, el Águila Negra entró corriendo en el pasillo, con una espada en la mano. Pero de repente, un hombre con armadura roja con bastantes arrugas pero menos que las de Lucius y el Águila, apareció entre ellos. Llevaba una espada roja. Era Olior.
Olior utilizó una magia que Auren no pudo identificar y Auren salió volando, como todos, varios metros. Luego vio que Katrina había huido desapareciéndose, y que Lucius y Lestreng estaban tirados en el suelo, como él. Olior estaba delante del Águila, al que no le había afectado el hechizo, al parecer preparado para el combate.
Auren intentó moverse, pero estaba paralizado. Los demás también lo estaban, porque forcejeaban con unas cuerdas invisibles. Desesperado, recordó lo que sabía de Olior. Sabía que era un gran espadachín y un hechicero tan poderoso que sólo se le podía comparar con el Águila Negra.
Olior levantó la espada hacia el Águila y un rayo de luz negro salió de la punta en dirección al Águila. Éste reaccionó muy rápido. Levantó la espada y de su punta salió un rayo de luz roja. Las dos luces se encontraron entre ellos, y los dos forcejearon para intentar dar con su rayo a su oponente.
Al final, el rayo rojo quedo a menos de un palmo de Olior. Éste usó una extraña magia negra que hizo que los dos rayos se sumieran en uno solo negro. Águila Negra lanzó de su mano una bola de fuego en dirección a Olior. Olior deshizo el rayo y levantó una mano, haciendo que, cuando la bola llegó hasta él, se desvaneció de improvisto. El Águila aprovechó ése momento de distracción para atacar con su espada. Olior la paró y ambos combatientes se batieron con los movimientos más complejos que Auren hubiera podido imaginar. También se lanzaban de vez en cuando hechizos, que no daban en el blanco, sino que se desviaban con un giro de muñeca del otro combatiente, o daban a la pared. En cierto momento de la pelea, Águila Negra retrocedió un momento y un resplandor de luz blanca inundó el pasillo, cegando a todos. Cuando Auren pudo volver a ver, vio que Olior se había refugiado en una burbuja de energía hecha con magia. Águila Negra estaba en la entrada del pasillo, encorvado y jadeando. Olior deshizo la bola de energía y la transformó en un rayo de luz negra que lanzó hacia el Águila. Éste se enderezó y levantó una mano, creando un escudo protector. El rayo se sumó a la improvisada barrera y un segundo después, el escudo desapareció.
-Estás en baja forma, anciano.- siseó Olior con una voz clara y con algo de enfado.-
El Águila Negra sonrió.
-Ah, es probable, pero mis años me han dado experiencias.-contestó, como si estuvieran llevando esa conversación sentados y charlando tranquilamente.
Olior frunció el ceño y lanzó otro rayo de energía de la palma de la mano. Águila Negra lo paró con la espada, que era mágica y estaba envuelta en muchas protecciones de magia.
-Fuiste imprudente al venir aquí esta noche, Olior.-continuó Águila Negra sin inmutarse.-Lo tenía previsto y…
-¡Basta de cháchara, anciano!-lo interrumpió, furioso, Olior.- Si no quieres combatir, ¡te obligaré a hacerlo!
Luego lanzó un rayo que fue parado por la espada del Águila, y después una ráfaga de magia tiró a Olior, quien se levantó de un salto.
-No está mal,-admitió Olior.- pero mis hombres están en el santuario. Estás perdido.-
-Me temo que no, mi joven amigo.-dijo Águila Negra con una sonrisa triste.- pronto comprenderás que no.-
Pasaron unos segundos, en los que los dos se miraron a los ojos, pero, tras un instante de silencio en el que Auren se asustó todavía más, cinco miembros de la Hermandad Oscura entraron a la carrera en el pasillo, armados.
-Como ves, he ganado.-dijo el Águila, como si hubieran terminado una partida de cartas.-
Olior frunció el entrecejo, pero de repente, dio un paso atrás, se desapareció y la presión de Auren desapareció. Él, Lestreng y Lucius se levantaron. Ya no se oían ruidos en la sala principal del santuario.
Águila Negra volvió sobre sus pasos y todos le siguieron. Llegaron a la sala principal y vieron a un montón de cuerpos inertes, entre soldados y hechiceros enemigos muertos, Auren vio a las bajas de la Hermandad en la batalla.
De los sesenta y nueve miembros de la Hermandad que había allí habían muerto diecisiete, y nueve estaban heridos, tres de ellos con gravedad. Usaron hechizos para reparar las zonas dañadas por la pelea y también para apartar a los muertos y enterrarlos en una sala, y para curar a los heridos. Entre los muertos estaba Barrus, un hombre con el que Auren había hablado mucho el día antes de la batalla. En los heridos estaba Glong, un hombre del norte envuelto en pieles que tenía una herida en el brazo. Auren se ofreció para curarlo. Pasó casi media hora hasta que todos los muertos fueran enterrados y el Águila Negra terminase de establecer nuevas protecciones alrededor del santuario. Auren terminó de usar hechizos con Glong. Le cambió el vendaje a un hombre que había recibido un hechizo que le había arrancado un dedo y no se podía curar con magia, y se acercó a la zona donde Lucius estaba ayudando a Lestreng a curarse la pierna.
No podía creer que Katrina los hubiera traicionado. Para distraer sus pensamientos llegó a la altura de Lucius y Lestreng y esperó pacientemente mientras Lucius murmuraba un hechizo y la herida de Lestreng se cerraba como si nunca hubiera existido. Después, se pasó el brazo de Lestreng por el cuello y lo ayudó a sentarse. A continuación, se dirigió a Auren.
-Hola, Auren.-saludó- ¿Estás herido?-preguntó-.
-No, estoy bien.-respondió Auren.-
-¿Necesitas algo? Parece que estás sumido en tus pensamientos.-observó-.
- Sí,-admitió Auren- me gustaría saber qué pasó cuando yo estaba en el pasillo. No pude ver lo que ocurría.
-En ese caso siéntate.- Le invitó Lucius, creando una silla por arte de magia-.
Auren ocupó su sitio y Lucius se sentó en otra silla.
-Necesitaremos que Lestreng nos cuente su parte.-dijo Lucius-.
-Sí, no hay problema.-dijo Lestreng-.
-Entonces podemos empezar.-dijo Lucius recostándose en el respaldo de su silla-. Verás, cuando comenzó un ataque, por el pozo entraron nueve soldados y un hechicero. Entre los portavoces, el oyente y Brom los derrotamos-.
-¿Brom?-Se extrañó Auren-.
-El Águila Negra.-Explicó Lucius.- Pero no le llames así porque tú debes ser más respetuoso.-le advirtió.- Llámale Águila.
-De acuerdo.-Aceptó Auren-.
-Bien,-continuó Lucius- los derrotamos y Brom me dijo que te buscara y te protegiera-.
Auren se asombró de que Brom se preocupase tanto por él.
-Durante el camino me encontré con Lestreng.-siguió Lucius.- Que estaba combatiendo en medio de la multitud.
Lestreng asintió con la cabeza.
-Le di las órdenes y llegamos al pasillo, buscándote.-dijo Lucius.- Cuando te vimos con el hechicero y Katrina llamamos su atención y comenzamos a luchar contra ellos, mientras luchábamos para liberarte del hechizo.
-Sí, fueron unos segundos.-murmuró Auren-.
-No fueron unos segundos.-lo contradijo Lucius.-fueron veinte minutos de combate intenso-.
-A mí me parecieron instantes.-objetó Auren-.
-Era por el efecto del hechizo.- explicó Lestreng.-combatimos durante veinte minutos. En un momento del combate Katrina me hirió en la pierna y me encorvé. Aproveché ese momento para tirarle la espada y, con ese instante de distracción, le di un empujón de costado para tirarla al suelo-.
-Yo logré vencer al hechicero con la espada. Gracias a eso te liberé del hechizo.-intervino Lucius.- Y después ocurrió todo lo que ya viste-.
Auren revisó su información, pero había algo que no encajaba.
-¿Cómo es que los soldados se aparecían?-preguntó.- ¿Eran todos magos?-.
-No,-contestó Lucius.- Un mago los transportaba. Pero ahora ya no podrá hacerlo porque, además de estar muerto, si estuviera vivo no podría porque Brom ha puesto protecciones-.
-Parecía como si estuvieran preparados para rechazar a algún enemigo.-observó Auren, refiriéndose a los miembros de la Hermandad-.
-Sí-dijo Lucius.- Sé poco del tema, pero Brom nos advirtió de que recibiríamos un ataque.-
-Ajá.
Al cabo de unos minutos de silencio, un hombre de túnica negra de cabello plateado se acercó a ellos.
-Brom ha convocado una reunión en el despacho de Katrina.-anunció-.
-Bien.-se limitó a decir Lucius-.
-Tú también debes ir, Lestreng.-añadió el hombre-.
Lestreng asintió en señal de entendimiento.
-Tú también debes ir, Auren-.dijo el hombre sin mirarlo.-Os están esperando-.
Dicho esto, se dio media vuelta y se marchó.
-Vamos Auren,-le indicó Lucius.- Sígueme-.
Auren siguió a Lucius por el pasillo y entró en el despacho al que ya había ido dos veces. El despacho de Katrina.
La porra,… otra historia que escribas, y te la cargas
La verdad, esos nombres tan raros, ¿de dónde los sacas? Como sea algo friki te pego jaja. Me acuerdo cuando le enseñé a la profesora, cuando nos mandó hacer un cómic de 4 viñetas o algo así, mi historia de PerroMan o SuperPerro, perdí la libreta y no sé donde está, me gustaría volver a leer lo que puse.
Para ti todo es friki así que te diré que te limites a leer la historia.
Yo ni me molesté en leerla, pero vi lo de Águila Negra, y creo que deberías poner Águila Friki, suena mejor.
No es que para mi todo sea friki, es que no se, Lucius, Auren, Águila Negra… Y la historia paso de leérmela, no me gustan ese tipo de historias.
¿No podrias escribir historias más cortas?
No, pedro, no la borres, que puede que a alguien le interese.
Bah, no la leáis. La borro y ya está.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡HAY QUE HACER HISTORIAS MAS CORTAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
no escribas cosas tan largas hombre que luego por aburrimiento no lo lee nadie tontin jejeje
Es que una historia no puede ocupar dos renglones.
cierto.
YO TENGO UNA HISTORIA
habia una vez un plato, un día se rompió
FIN
aunque sea corto la gente con poco interes la lee
y le parece una bobada pero la lee, eso es lo imprtante
eso es un consejo de tomate y cojin
(no se a que vino lo de tomate y cojín)
sOLO DIGO UNA COSA: ¿quë?
Pedro, ¿te liaste con el teclado? Porque madre mía, has confundido mayúsculas con minúsculas y has puesto diéresis en la e…
Si, un pequeño problemita, jeje.
pues yo digo otra,sube la mano y grita GOL, GOL, GOOLLLLL
????????????
Somos más tercosss… Si os dais cuenta solo hay una historia ¬¬
Es cierto.. Hay que hacer más /:
yo tengo una:
había una vez un mono, el mono era alérgico
a los plátanos, un día resbalo con uno y se murió por la alergia
FIN
1- no es una historia.
2- el próximo que haga una historia de dos o tres renglones será castigado.
¿Castigado? Especifica como XD
jajjajajaja, no me lo creo, castigado como?
Pues digamos algo así como no poder poner nada en el blog en tanto tiempo. Creo que deberíamos ponerlo, elvira, usando el filtro… y así la gente no ponía tonterías. Deberíamos añadirlo a las normas.
Sí, es una buena idea. Pero no solo con historias cortas y tontunas, también con comentarios normales.
ok, lo añado.
pongo 1 semana
¿que te parece una semana?
Ok. Perfecto.
este espacio se deberia de llamar: “criticando la historia de Pedro”