INSTRUIR SOCIALIZAR Y CUALIFICAR: LOS BUENOS PROPÓSITOS DE LA REFORMA EDUCATIVA QUEBEQUESA
Entre mayo y octubre de 1995, el gobierno de la provincia canadiense de Québec decretó los llamados ‘États généraux sur l’éducation’, un proceso de consulta al conjunto de actores sociales interesados de un modo u otro en la educación con vistas a poner en marcha una reforma global que afectaría a todos los niveles de enseñanza, de la primaria a la universitaria. Una comisión nombrada por el gobierno provincial dotada de poder consultivo elevó a éste una serie de recomendaciones en las que se recogían las conclusiones de sus trabajos, que habían incluido numerosas audiencias públicas. En el capítulo 1 de su informe final, encontramos la siguiente declaración acerca de las funciones de la educación:
“…Creemos, no obstante, que se impone un esfuerzo de clarificación de las finalidades educativas y proponemos agruparlas en torno a los tres ejes siguientes: la instrucción, la socialización, la cualificación.
Instruir es una tarea esencial de la institución escolar. La escuela, el colegio (1), la Universidad son el lugar –y el tiempo- de un aprendizaje guiado que permite al alumno, por el contacto con los grandes dominios de la cultura y su progreso en diversas disciplinas, adquirir los conocimientos, las destrezas y las actitudes necesarias para comprender y transformar el mundo así como para continuar aprendiendo a lo largo de su vida. El crecimiento exponencial de los conocimientos, su rápida renovación, la exigencia de conocimientos cada vez más elevados y cada vez más abstractos para integrarse bien en una sociedad en la que el saber ocupa un lugar central militan a favor de un reforzamiento de las competencias de tipo cognitivo. A este respecto, la enseñanza superior tiene obligaciones propias en lo relativo al desarrollo de los conocimientos y de sus aplicaciones en el marco de actividades de investigación y de transferencia tecnológica y científica. Aunque la escuela no tenga el monopolio de la instrucción, como, por otra parte, tampoco tiene el de la socialización o el de la cualificación, está claro que, en tanto que institución de educación formal, es su lugar privilegiado.
Socializar es otra finalidad de la institución escolar. Ésta debe transmitir los valores que fundan nuestra sociedad democrática (la igualdad, las libertades fundamentales, el respeto de los demás, la justicia, la cooperación, la solidaridad) y el respeto de las instituciones comunes, siendo al mismo tiempo un lugar de exploración de los valores. La escuela prepara a los individuos para el ejercicio de la ciudadanía enseñándoles sus derechos y sus deberes, el respeto de las reglas comunes y la apertura a la diversidad. La escuela es también el crisol de una sociedad democrática por su función de igualación de las oportunidades y su contribución a la cohesión social. No debe ignorar esta dimensión de su misión so pena de ser ella misma un agente de fractura social.
Cualificar también forma parte de la misión de la institución educativa. Teniendo en cuenta las necesidades del mercado de trabajo así como los campos de interés y las aptitudes de los alumnos jóvenes o adultos, tiene que asegurar la formación y el perfeccionamiento necesarios al ejercicio de una actividad profesional que permita a la sociedad un desarrollo sostenible y a los individuos una integración exitosa en el mercado de trabajo así como una adaptación permanente a los cambios que no dejarán de producirse en la naturaleza y las exigencias de los empleos.”
(Les états généraux sur l’éducation, 1995-1996. Comission des états généraux sur l’éducation. Rapport final. Chapitre 1. Québec. 1996. Traducción propia) El documento en francés puede consultarse en la página web del Ministère de l’Éducation du Loisir et du Sport de Québec.
Este programa, resultado de un amplio consenso social, recoge lo esencial de las demandas, a veces contradictorias, que diversos agentes sociales plantean a la escuela en las sociedades complejas del siglo XXI. En este sentido, es un verdadero “programa máximo” que sienta las bases de una propuesta educativa de cuyos componentes hace inventario. Lo que me parece más interesante del programa es la organización de esos componentes en tres apartados (2).
En el apartado correspondiente a la instrucción, el texto alude repetidamente a los “conocimientos” e incluye asimismo referencias a las técnicas que hacen posible el desarrollo de “competencias de tipo cognitivo” y también a las “actitudes necesarias para comprender y transformar el mundo”.
El apartado correspondiente a la socialización se ocupa esencialmente de la adquisición de valores y normas sociales. Remite a una función de transmisión ideológica de la escuela, terreno en el que se le asignan, además de la función tradicional de reproducción social y cultural, una función heurística de “exploración de los valores”, que haría de la escuela un laboratorio de ideas y prácticas transformadoras.
Finalmente, el apartado correspondiente a la cualificación, menos desarrollado, asigna a la escuela la función de formar para “el ejercicio de una actividad profesional”. Aquí se echa de menos un análisis de los componentes de la noción de competencia profesional y la temática de la empleabilidad, vinculada a la misma.
La organización del material que se propone en el documento presenta, en mi opinión, dos rasgos interesantes desde la perspectiva del debate educativo en la España actual: en primer lugar, muestra las funciones del sistema educativo como un tríptico, dando carta de naturaleza a la cualificación e introduciendo así explícitamente una dimensión de las relaciones entre escuela y sociedad relativamente poco tratada en nuestro país; en segundo lugar, establece un cierto equilibrio entre esas funciones, ninguna de las cuales resulta trivializada o excluida del campo educativo en beneficio de alguna de las otras, lo que contrasta llamativamente con los efectos que tuvo entre nosotros la hipertrofia de la función socializadora de la escuela desde la implantación de la LOGSE.
En artículos sucesivos me ocuparé del examen de estos dos temas en sendas excursiones que espero que no nos aparten demasiado de la temática de un blog de lenguas extranjeras.
(1) El “collège“ es, en el sistema educativo quebequés, el centro de enseñanza en el que se desarrolla la llamada educación post-secundaria, -equivalente aproximado a nuestra secundaria post-obligatoria- dividida en dos itinerarios: un itinerario de preparación a los estudios universitarios, de dos años, y un itinerario técnico de tres años.
(2) Me parece oportuna aquí una doble precisión. Los trabajos de la comisión sientan las bases de una reforma educativa por construir; es decir, una reforma que en el informe está meramente enunciada. No es mi intención hacer propaganda del sistema educativo construido a partir de ese programa en un desarrollo temporal sometido a diversos avatares. En este sentido, no puede dejar de señalarse la deriva de la reforma “québecoise” hacia un sistema de enseñanza que impondría “la aproximación por competencias como única forma de pensar, como única referencia de base” (L’Obsession des compétences. Gérald Boutin, Louise Julien. Éditions Nouvelles. Montréal. 2000. Traducción propia. pag. 12).
Es, pues, en el nivel de lo enunciado en el que me sitúo en esta exposición, partiendo del supuesto de que el análisis de las palabras mediante las que se denomina a las cosas permite hacer algunos descubrimientos interesantes. Además, mi interés por lo enunciado en ese programa es selectivo. Lo que querría resaltar es la organización de sus contenidos en tres apartados bien diferenciados a los que se denomina mediante los términos ‘instrucción’, ‘socialización’ y ‘cualificación’. Entiendo que ese esquema establece con claridad las líneas del campo educativo y sienta con ello las bases de una reflexión sensata al respecto, reflexión que, aunque inevitablemente tributaria de posiciones ideológicas, pueda sortear de entrada las mistificaciones ideológicas de las que ha sido objeto en ocasiones el establecimiento de esas líneas.
Rubén Cifuentes