La fabricación tradicional de las madreñas en el concejo de Aller

11 04 2011

 

El oficio de madreñero hoy ya sólo forma parte de la memoria de unas pocas personas mayores de Ayer. Sin embargo, a mediados del siglo pasado año  grande era la fama que tenían los madreñeros alleranos no sólo en Asturias, sino también en otras regiones vecinas como León y Santander gracias a la calidad de sus madreñas. Hoy, a través del recuerdo de algunos  de sus familiares, vamos a conocer la forma de trabajar de estos artesanos.

En la mayoría de las ocasiones los madreñeros eran contratados por tratantes de madera que compraban un monte, bien en el mismo concejo o en regiones limítrofes como León y Santander. Entre los tratantes y los madreñeros se pactaba el sueldo (incluida o no la manutención) a recibir por la tala de los árboles y la elaboración de las madreñas. Durante cuatro o cinco meses -final de la primavera, verano y, a veces, inicio del otoño- estos artesanos se alojaban en un pequeño cabanu (pequeña cabaña rústica) construido por ellos mismos y desarrollaban su trabajo. En otros casos eran los propios madreñeros los que se unían y  compraban un monte para obtener la madera necesaria para la elaboración de las madreñas y, a veces, otros utensilios como xugos (yugos), escudietsas (escudillas), cucharas, etc., y se encargaban de su posterior venta en los mercados que se celebraban en el concejo de Aller (El Mercaón de Cabañaquinta que se celebra todos los años el 26 de noviembre) o en concejos vecinos como el de Mieres, repartiéndose equitativamente los beneficios. También hay que comentar que la mayoría de los madreñeros se dedicaban a actividades agrícolas y ganaderas y en su tiempo libre elaboraban las madreñas y así obtenían un dinero con el que completar los ingresos familiares. Este es el caso de un vecino de Rubayer (Rio Aller), que mientras cuidaba del ganado, aprovechaba una pequeña cueva cercana a sus prados para trabajar la madera y fabricar madreñas.

Madreña sujeta en la taladraoria por medio de las cuñas mientras que el madreñeru taladra la madreña por dentro con el táladru.

 El proceso de elaboración de las madreñas comenzaba con la tala de los árboles; la madera más utilizada era la de faya  (haya) y la de nozal (nogal), aunque también se utilizaba madera de umeru, (aliso), castañu (castaño) y salguera.  Con un hachu (hacha de cortar leña) se cortaban los árboles, siempre en verde y en luna menguante ya que, según la creencia popular, la savia está más baja lo que facilita un corte más fácil así como un secado más rápido y uniforme de la madera con menor probabilidad de que se doble, arquee o se rompa. A continuación, con el tronzaor (tronzador) se serraba transversalmente el tronco en trozos, que cuando da para más de una madreña se fendía (rajaba) con cuñas. Ahora ya comienza el proceso de fabricación propiamente dicho de las madreñas en la que podemos distinguir los siguientes pasos: primero, el madreñeru, sentado sobre un tayón, (banco bajo, de forma alargada hecho con un tronco de árbol y cuatro patas sobre el que trabaja el madreñeru sentado en un extremo del mismo) con la azá (hacha pequeña)  empieza a dar una primera forma tosca a las madreñas. Segundo, con la zuela (azuela) se da una segunda forma a las madreñas y se van perfilando ya las diferentes partes de la madreña: el calcañal (parte redondeada posterior de la madreña), la boca (oquedad en la que entra el pie a la madreña, entre el calcañal y la casa), la papá (parte convexa, exterior y delantera de la madreña), el picu (punta de la madreña), los peales (los tres tacos de la madreña) …  Tercero, la madreña se  sujetaba sobre la taladraoria (tronco grueso que termina en forma de forcá, es decir, de uve)  por medio de dos cuñas y mediante los táladros (taladros) -hasta cincos diferentes podían llegar a utilizarse- se horadaba la madreña por dentro y así se hacía la casa de la madreña (parte delantera y hueca interior de la madreña). Cuarto, con la gubia (formón de media caña, delgado, que usan los carpinteros y otros artífices para labrar superficies curvas) se talla el calcañu (parte posterior de la madreña) y las cuestas (parte lateral de la madreña) por el interior, comprobando por primera vez el madreñero el número con la medida de les madreñes o la vara de medir (palo que tenía marcados los diferentes números mediante marcas o pequeños cortes hechos con una navaja). Quinto, mediante la tsegra o llegra (gubia de ángulo recto muy útil para sacar la madera interior de la madreña) se repasan todos los rincones de la madreña. Sexto, se desmonta la madreña de la taladraoria y mediante el rasiru (utensilio de hierro con corte y manillas laterales) se afinan (se alisan) las madreñas; para llevar a cabo esta operación se ponía sobre el pecho la encomienda (especie de almohadilla que se hacía con trapos o con cuero y se forraba con lana) con el objetivo de evitar cortes en la ropa y en la piel. Séptimo, mediante el cepillu (cepillo) se da un repaso final a la zona del calcañal  y la papá, tras lo cual se comparan ambas madreñas. Octavo, con una navaja se procede a desbocar (sacar la boca, el hueco interior, de la madreña) dando los definitivos retoques a la boca (oquedad en la que entra el pie a la madreña, entre el calcañal y la casa. Noveno, se procedía a pintar las madreñas; el proceso más antiguo consistía en afumarlas (ahumarlas) con meruxa (hierba mala que se da en los sembrados), corteza de abedul,  felechos (helechos) secos o con escobas (retama); en épocas más recientes ya se empezó a utilizar barniz y pintura, sobre todo, negra. Finalmente con una navaja se dibujaba una serie de motivos, cada madreñeru tenía los suyos.

Afinando las madreñas con el rasiru y la encomienda para protegerse de posibles cortes.

 

Existían dos tipos de madreñas: las de escarpín que se calzaba sin zapatilla sólo con el escarpín (especie de calcetín fuerte hecho de lana, sarga, fieltro…); las de zapatilla, que es la más habitual, se calza con zapatillas de suela de goma.

En cuanto al precio de  las madreñas, nuestros informantes recuerdan que a mitad de los años cincuenta el par de madreñas se solía vender a seis o siete pesetas, según la madera de la que estuviera hecha, por ejemplo las de nozal eran más caras ya que eran más ligeras y más calientes, el tipo de madreña o el número, según fueran para hombres, mujeres o niños.

 

 

 

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