La Necrópolis megalítica del Padrún

17 05 2011

 

En el cordal de Carraceo y Ranero, en  la parroquia allerana de Boo, que divide los concejos de Aller y Lena, al paso de la vía romana de la Carisa, se encuentra el monumento funerario de Los Dólmenes del Padrún constituido por una serie de dólmenes de los que sólo se conservan dos y se pueden apreciar otros aunque ya muy deteriorados.

El monumento funerario del Padrún  pertenece a la época megalítica -nombre que tiene su origen en las palabras griegas mega (μεγας), grande y lithos (λιθος), piedra-, desarrollada entre el V y el III milenio a. de C. aproximadamente. Fue obra de poblaciones que se dedicaban al pastoreo y a la caza y no contaban con un lugar de vivienda fija, solía aprovechar refugios naturales como cuevas o bien construían viviendas muy toscas con materiales perecederos como la madera por lo que no nos han quedado ningún resto. Estos pueblos ya habían desarrollado un sentimiento religioso, creían en una vida futura después de la muerte lo que les llevó a construir estos dólmenes para enterrar a sus muertos.

El dolmen (palabra de origen bretón que tiene el significado de “mesa grande de piedra) es una estructura de carácter funerarios formada por una cámara en la que se enterraba el cadáver y sobre ella se hacía un túmulo,  una elevación del terreno constituido por piedras y tierra; a su vez, este túmulo estaba rodeado por dos piedras hincadas verticalmente en el suelo y sobre éstas se asentaba, en posición horizontal, una losa llamada cobertera. En nuestra región no se han conservado restos humanos en ninguno de estos enterramientos. Según la opinión de los arqueólogos estos se debe a la naturaleza del suelo: se trata de suelos arcillosos, muy sólidos que destruyen los restos óseos. Lo que si se han conservado son algunos de los elementos que formaban parte del ajuar de los muertos: armas (lanzas, cuchillos), joyas… Además en las piedras se solían grabar escenas de caza, de guerra y armas como cuchillos lo que parece indicar que las personas enterradas en estos monumentos funerarios eran grandes jefes y guerreros de estos pueblos.

Los dólmenes, además tenían un valor territorial, ya que servían para marcar el límite entre pueblos de ahí que se hayan construido en lugares elevados y desde los que se controlan grandes extensiones de terreno. Esto es lo que ocurre precisamente con los dólmenes del Padrún, ya que se hallan en el cordal de Carraceo y Ranero, en la parroquia de Boo, a una altitud de  1200 metros,  desde el que se denomina tanto el concejo de Aller como el de Lena. En la zona abunda la peña, de hecho al lado hay una gran peña de la que posiblemente se sacó la piedra para la construcción de estos dólmenes, además parece que la toponimia corrobora esto, puesto que la zona se conoce con el nombre de El Padrún  que tiene su origen en el latín petram “piedra”. Además se encuentran al lado de la vía romana de la Carisa que discurre por los cordales que dividen los concejos de Lena y de Aller y las provincias de Asturias y León. Lugar de tránsito muy antiguo, ya que hay que tener en cuenta que los romanos construían sus calzadas por antiguos senderos trazados por animales y hombres. Otra prueba de que este lugar ya fue poblado desde tiempos antiguos es la existencia de otra necropolis en el mismo cordal, la necrópolis tumular de Espines.  Desde este lugar se divisa el enclave funerario de La Cobertoria  en el vecino concejo de Lena. Hay que tener en cuenta que estos pueblos tenían que hacer frente a las amenazas de otros pueblos enemigos por lo que era muy importante que funcionase la comunicación para avisar de los posibles peligros de ahí que ocupasen lugares altos desde los que dominar amplias extensiones de terrenos y que, a la vez, resultaban de difícil acceso para el enemigo. Esto permite, por lo tanto, ver y no ser visto, imprescindible para la defensa de aquellos pueblos ante cualquier amenaza sobre su territorio.

Hoy sólo se conservan dos estructuras y se pueden apreciar otras más deterioradas como consecuencia del paso del tiempo; pero, sobre todo,  a causa de la acción del hombre: muchos ganaderos, puesto que no conocían el valor histórico ni cultural de estas construcciones, aprovecharon la piedra de estos dólmenes para sus construcciones: cabañas, cuadras e incluso para realizar los cierres de los prados. Los dólmenes nunca fueron excavados, sólo han sido catalogados, labor que llevó a cabo el historiador José Manuel González en 1973.

En cuanto a la tradición popular, entre los vecinos de Boo existe la creencia de que se trata de un cementerio celta, aunque la presencia de la cultura y pueblos celtas en esta zona es posterior en el tiempo a esta cultura megalítica. Suele ser habitual que en torno a estos restos antiguos surjan leyendas sobre la presencia de los moros y de tesoros; a este respecto existe un dicho  entre los mayores de Boo que habla de la presencia de oro en un paraje cercano conocido como Les Tixeres:

“Nes Tixeres Cimeres
baxo una piedra caliar
hai tres arrobes d’oru
tsabraes y ensin tsabrar.

 

 

 

 

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