Al formular cualquier filosofía, la primera consideración siempre debe ser: ¿qué podemos saber? Es decir, ¿qué podemos estar seguros de saber, o seguros de saber que sabíamos, si realmente es de algún modo cognoscible? ¿O lo habremos olvidado todo y tenemos demasiada vergüenza de decir algo? Descartes insinuó el problema al escribir: “Mi mente jamás podrá conocer mi cuerpo, aunque se ha hecho bastante amiga de mis piernas”. Por “cognoscible”, dicho sea de paso, no entiendo aquello que puede ser comprendido por la mente, sino más bien aquello que puede decirse que es Conocido o que posee un Conocimiento posible o una Conocibilidad, o por lo menos algo que puedas mencionar a un amigo.
¿Podemos en realidad “conocer” el universo? Dios santo, ya es bastante difícil no perderse en Chinatown. Sin embargo, el asunto es el siguiente; ¿habrá algo allá fuera? ¿Y por qué tienen que armar tanto ruido?
Por último, no cabe duda de que lo característico de la “realidad” es que carece de esencia. Esto no quiere decir que no tenga esencia, sino simplemente que carece de ella. (La realidad a la que me refiero es la misma que describió Hobbes, pero un poco más pequeña.) Por lo tanto, la máxima cartesiana “Pienso, luego existo”, podría expresarse mejor diciendo: “¡Eh, por allí va Edna con el saxofón!”
Woody Allen en imágenes y palabras, Editado por Linda Sunshine, Ediciones Beta, pág. 181.
Director de cine, escritor, humorista, actor y músico. Es muy probable que ya lo conozcas, o al menos te hayas topado en Oviedo con la escultura que le reproduce. Si quieres saber algo más y sorprenderte con su extensa filmografía, sus textos, su música, visita este enlace.
Esta película necesita Flash Player 7