La máquina del tiempo
25 01 2009
El profesor, con los ojos brillantes de excitación, se dirigió a su ayudante.
Lo he conseguido. He construido una máquina del tiempo.
Paralizado, el ayudante solo acertó a preguntar si era cierto.
Por supuesto. La he hecho. La he probado. Y sé que funciona.
Pero, es asombroso. Explotó el ayudante. ¿Se da cuenta de que puede ser uno de los acontecimientos más importantes de la historia de la humanidad? Es, es…
Si quieres podemos bajar al sótano y probarla. Está aquí mismo, en esta casa.
El ayudante, en trance, descendió las escaleras siguiendo los decididos pasos del profesor.
En medio de la sala, sobre una pequeña plataforma, había una silla de madera. Le acompañaba una austera mesita de líneas rectas. La más clara estampa de la sencillez, de la pura austeridad.
El profesor, con orgullo, invitó a su ayudante.
Siéntate. Siéntate, y pruébala. Te aseguro que cuando bajes habrás viajado al futuro.
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