El llano en llamas

30 04 2009

Fotograf�a de Juan Rulfo

Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye el ladrar de los perros.

Uno ha creído a veces, en medio de este camino sin orillas, que nada habría después; que no se podría encontrar nada al otro lado, al final de esta llanura rajada de grietas y de arroyos secos. Pero sí, hay algo. Hay un pueblo. Se oye que ladran los perros y se siente en el aire el olor de humo, y se saborea ese olor de la gente como si fuera una esperanza.

Pero el pueblo está todavía muy allá. Es el viento el que lo acerca.

Hemos venido caminando desde el amanecer. Ahorita son algo así como las cuatro de la tarde. Alguien asoma al cielo, estira los ojos hacia donde está colgado el sol y dice:

- Son como las cuatro de la tarde.

Este alguien es Melitón. Junto con él, vamos Faustino, Esteban y yo. Somos cuatro. Yo los cuento: dos adelante, otros dos atrás. Miro más atrás y no veo a nadie. Entonces me digo: “Somos cuatro”. Hace rato, como a eso de las once, éramos veintitantos, pero puñito a puñito se han ido desperdigando hasta quedar nada más este nudo que somos nosotros.

Juan Rulfo, comienzo del relato “Nos han dado la tierra”, en El llano en llamas.

Más abajo, en el video, Juan Rulfo nos lee otro relato suyotitulado No oyes ladrar los perros. Dedicadle un momento. Oir la voz del autor es entrañable. Escuchar el relato, estremecedor.

Podéis encontrar el texto en El llano en llamas.


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