La máquina del tiempo

25 01 2009

La maldición de Frankenstein, de Terence Fisher. 

El profesor, con los ojos brillantes de excitación, se dirigió a su ayudante.

Lo he conseguido. He construido una máquina del tiempo.

Paralizado, el ayudante solo acertó a preguntar si era cierto.

Por supuesto. La he hecho. La he probado. Y sé que funciona.

Pero, es asombroso. Explotó el ayudante. ¿Se da cuenta de que puede ser uno de los acontecimientos más importantes de la historia de la humanidad? Es, es…

Si quieres podemos bajar al sótano y probarla. Está aquí mismo, en esta casa.

El ayudante, en trance, descendió las escaleras siguiendo los decididos pasos del profesor.

En medio de la sala, sobre una pequeña plataforma, había una silla de madera. Le acompañaba una austera mesita de líneas rectas. La más clara estampa de la sencillez, de la pura austeridad.

El profesor, con orgullo, invitó a su ayudante.

Siéntate. Siéntate, y pruébala. Te aseguro que cuando bajes habrás viajado al futuro.



Sorbetes de verano (II)

15 07 2008

Niebla en Londres 

Un auténtico fantasma.

¿Habría algo más prodigioso que un auténtico fantasma? El inglés Johnson anheló, toda su vida, ver uno; pero no lo consiguió, aunque bajó a las bóvedas de las iglesias y golpeó féretros. ¡Pobre Johnson! ¿Nunca miró las marejadas de vida humana que amaba tanto? ¿No se miró siquiera a sí mismo? Johnson era un fantasma, un fantasma auténtico; un millón de fantasmas lo codeaba en las calles de Londres. Borremos la ilusión del Tiempo, compendiemos los sesenta años en tres minutos, ¿qué otra cosa era Johnson, qué otra cosa somos nosotros? ¿Acaso no somos espíritus que han tomado un cuerpo, una apariencia, y que luego se disuelven en aire y en invisibilidad?

Thomas Carlyle; “Un auténtico fantasma”, en Sartor Resartus (1834), recogido por Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, en su Antología de la Literatura Fantástica.

Si sois de las pocas personas que aún no han visto la película El sexto sentido, de M. Night Shyamalan, éste puede ser un buen plan para una noche de verano.



Sorbetes de verano

2 07 2008

Un autonauta en la cosmopista 

Comenzamos con este texto una serie dedicada a joyas de la literatura en pequeño formato. Relatos breves, apuntes, epístolas, aforismos, listas  de la compra. Una selección personal, para darnos el gusto.

Hoy traemos aquí a uno de los dioses del altar de nuestro particular hogar, Julio Cortázar.

Si aún sabéis poco sobre este autor argentino os recomiendo dos enlaces. Uno, repleto de tan buena información como cuidada esética, es la sección de Clubcultura dedicada a Cortázar. Otro, llamado simplemente la página de Julio Cortázar.

Nadie habrá dejado de observar que con frequencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se situá un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de transladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.

Julio Cortázar, Historias de cronopios y de hadas, “Instrucciones para subir una escalera”, 1962.