2º BAC: La caída del Antiguo Régimen

26 10 2017

 Y para ponerle un poco de humor al tema ver aquí: el motín de Aranjuez ,y  la guerrilla.

También con mucho humor vamos a ver la diferencia entre afrancesados y patriotas.



2º BAC: La Historia se repite

26 10 2017

El historiador británico John H. Elliot, premio Príncipe de Asturias de 1996 reflexiona sobre España, Cataluña, y lo poco que han cambiado algunas cosas en 400 años.

Desde el siglo XV hasta el XVIII, pocas claves se le escapan. Cataluña es una, desde luego. Con el estudio de su nobleza y la revuelta que sufrió Felipe IV tanto allí como en Portugal en 1640, se pueden trazar demasiados paralelismos. A ese episodio dedicó Elliott el primer estudio que hizo en los años cincuenta sobre España. “Fue uno de los hechos más graves de su reinado. El descontento actual viene en parte de ahí, sigue con los decretos de Nueva Planta, ya con los Borbones, a principios del siglo XVIII, y se perpetúa hasta hoy”. Durante ese año trágico, bajo las riendas del Conde Duque de Olivares, tenemos una república proclamada que dura una semana, el apoyo inicial de Francia que frena de repente y los agentes económicos en armas. Si cambiamos esos tres elementos por declaración unilateral de independencia, una Europa que no apoya el cisma y fuga de empresas, apenas nada ha kkcambiado en cuatro siglos. “Así es…”, asegura Elliott.

¿Y cómo seguimos en el atolladero entonces? ¿Sacando jugo al victimismo? “Entiendo las razones que les han podido llevar hasta ahí. Sobre todo después de los años del franquismo. Pero no valorar el increíble cambio que se ha producido tanto en España como en Cataluña en los últimos 40 años, es un tremendo error”. Si a eso añadimos otros ingredientes, llegamos al callejón sin salida. “Por ejemplo, la educación. A lo largo de los años ochenta, con las competencias en las escuelas en los años de Jordi Pujol, se ha trasladado a esas generaciones una falsificación de la Historia y una manipulación con tintes nacionalistas. Han escondido deliberadamente esas partes en las que es de justicia hablar del progreso”.

El contrapunto del nacionalismo español, tampoco ha ayudado mucho a equilibrar la balanza del sentido común, opina Elliott. “Se impone reconocer la diversidad como factor de enriquecimiento para valorar la unidad. Quizás fue hacer de menos implantar el término nacionalidades y no el de naciones. Hay que reconocer ese carácter sin duda para Cataluña y el País Vasco, sobre todo. También es cierto que en el famoso debate del café para todos sobre las autonomías había que ofrecer algo más a estas comunidades tanto en términos económicos, como refuerzo cultural por el hecho de tener lengua propia y demás. Pero creo que al final, se les ha dado demasiado café a algunos”. Tampoco el federalismo es una vía para el profesor Elliott: “En España sería artificial en exceso, no vale”.

Lo que sí conviene explorar es otro paralelismo: Escocia. De hecho, Elliott acaba de entregar a su editor británico un libro que une dicho territorio con Cataluña. Aparecerá en otoño de 2018, también en castellano, espera. “Una diferencia entre ambas partes es que contrariamente a lo que se cree, el centralismo político y económico no coinciden en España. En el Reino Unido, sí. Londres es la capital en ambos espectros, mientras que aquí, Madrid se impone como centro político en la toma de decisiones pero Barcelona lo ha representado en la órbita económica durante siglos”.

Otro aspecto diferencial ha sido durante siglos en el pasado, la marginación en las rutas económicas. “Los escoceses pudieron aprovecharse de todo el comercio con el imperio desde la anexión en el siglo XVI. Los catalanes, en ese sentido, hasta entrado en siglo XIX, ya al final de las colonias, pudieron comerciar algo en Cuba y Filipinas, sobre todo. Sin embargo, durante todo el periodo de auge, fueron marginados”.