Un viaje de estudios inolvidable en aquellos maravillosos años

19 03 2019

En una ocasión, alguien, hablando sobre lo que significa vivir en otro sitio distinto de donde uno nace me dijo:

-El hombre no es de donde nace…

Yo, creyendo que iba a utilizar el famoso refrán, quise terminarlo:

-¡Ya…! Es de donde pace.

-No –me respondió-. Es de donde hace el Bachiller.

No tuvo que convencerme, estuve completamente de acuerdo desde el primer momento. Bueno, pues yo hice el Bachiller en el Instituto de Pravia y a él me siento muy unida, es por eso que quiero poner mi granito de arena en esta celebración del 50 aniversario de su creación.

Cuando empiezo a pensar sobre qué puedo escribir lo primero que me viene a la memoria es mi viaje de estudios de 6º de Bachiller. Pienso que ese viaje fue importante para los que lo hicimos y quedó muy fijado en nuestra memoria. En los encuentros que celebramos cada mes de agosto los compañeros de promoción siempre se cuentan anécdotas, aparecen detalles nuevos que alguien comenta, en una palabra: está siempre muy presente entre nosotros, cuarenta y seis años más tarde.

Durante todo el curso (1971-1972) poníamos una cuota semanalmente, hicimos guateques en el Sagrario para conseguir fondos, en fin, nos lo curramos un poco para que al final no resultase muy gravoso para el bolsillo y en casa no pusieran demasiados problemas.

Y por fin llegó abril. Era muy ilusionante ir sabiendo detalles (itinerario, visitas, profesores encargados…) sobre lo que iba a ser nuestro viaje e ir organizando todo. Nuestro destino era la Costa del Sol, concretamente nos quedaríamos en Torre del Mar y desde allí haríamos visitas a distintos puntos de la costa, pero pasaríamos también por Granada a la ida y por Córdoba a la vuelta. Los profesores encargados serían D. Ulpiano y D. Fernando y también iría D. Mario Pendás, que aunque no tendría responsabilidad directa sobre nosotros  siempre era una autoridad más.

Emocionante el momento de llegar con nuestra maleta al autobús el día de la salida. Hacer un viaje con nuestros amigos y compañeros creo que era lo más emocionante que nos había pasado nunca, al menos a mí.

Mi vida suele estar bastante unida a canciones, es como que mis recuerdos tienen normalmente una banda sonora y en este caso recuerdo que el conductor nos amenizaba el camino con música muy de actualidad: Un beso y una flor de Nino Bravo, Without you de Nilsson, Son of my father de Chicori Tip, son canciones que tengo unidas en mi recuerdo a los largos recorridos en el autocar.

Dormimos la primera noche en Valdepeñas, el sitio donde nací, así que fue muy emotivo para mí. Yo había pasado allí las vacaciones el verano anterior y tenía un grupo de amigos con los que casualmente me encontré por la calle y con ellos nos fuimos a la discoteca La Cueva, que yo ya conocía del verano. Creo que la mayor parte de los compañeros siguieron nuestro ejemplo y bailamos sin parar a pesar del cansancio producido por el largo viaje que habíamos hecho, hay que tener en cuenta que en el 72 ni las carreteras ni los autocares eran como los de ahora y los viajes se hacían mucho más largos y pesados.

Al día siguiente salimos temprano, paramos en Jaén a ver su catedral y llegamos a comer a Granada, visitamos la Alhambra y todavía recuerdo la tremenda impresión que me produjo tanta belleza. Una cosa era conocerla en postales y otra muy distinta estar allí y recorrer en vivo y en directo todas sus salas y patios. Me gustó tanto que me prometí que con el primer sueldo que ganara volvería allí. Promesa que, como casi todas las que se hacen en la adolescencia, no cumplí, aunque sí volví años más tarde y, desde luego, la Alhambra  no me defraudó nada la segunda vez, me maravilló como la primera, o más y además me traía los recuerdos y la nostalgia de aquella primera visita.

Llegamos por fin a Torre del Mar y nos instalamos en el hotel Las Yucas. Un recuerdo curioso que me asalta al pensar en el momento de llegar a cada sitio es que siempre había una nube de chicos de la zona dispuestos a llevarnos las maletas a las chicas. No era tiempo de afluencia turística, por lo que se ve que andaban  algo aburridos y cada autobús que llegaba con chicas era muy bien recibido, se ve que querían establecer nuevas amistades, digo yo.

La semana fue transcurriendo entre mañanas de playa (a pesar de que era abril la temperatura permitía tomar el sol e incluso bañarse, lo cual viniendo de Asturias era toda una agradable novedad), visitas a distintos puntos de la Costa del Sol: Málaga, Marbella, Fuengirola, Torremolinos, Mijas, Nerja…, tardes, si no había visita programada, de tomar algo y comer “pescaíto” frito, especialmente chanquetes y noches de “tablao” flamenco, creo recordar que se llamaba Las Arenas el sitio donde íbamos. Había actuaciones en directo y además se podían bailar rumbitas y cosas por el estilo. Era lo que tocaba, estábamos en Andalucía y además en la época en que estuvimos no había muchos locales de ocio donde poder elegir.

La visita a Mijas fue, quizás, la más divertida por la novedad de los burro-taxis.  Recorrimos el pueblo montadas en ellos. Yo no había montado nunca en un burro, así que, a pesar de que el dueño iba siempre al lado por si acaso, yo no las llevaba todas conmigo y fue toda una aventura. También montamos en calesa, resultando así mismo una experiencia muy relajante y agradable.

En Nerja visitamos sus cuevas y fue allí donde nos hicimos la histórica foto de grupo que nos sirve para tener muy presentes a todos los compañeros que hicimos el viaje.

De las anécdotas más curiosas fue el encuentro con Shigeki, nuestro nipón particular, pero sobre este tema no me extenderé porque ya lo explicó D. Mario Pendás, y con más detalles de los que yo recuerdo.

Tristemente llegó el día de hacer las maletas y emprender el camino de vuelta. Nuestra estancia en Torre del Mar nos había sabido a poco. A la vuelta pasamos por Córdoba y pudimos apreciar el gran esplendor de la Mezquita. De allí fuimos a comer a Bailén y a dormir a Madrid. Al día siguiente llegamos a Pravia, de vuelta y nuestro viaje había terminado pero nos quedaba el regusto de lo bien que lo habíamos pasado, el comentarlo todo mil veces con los compañeros que lo habían vivido con nosotros y el contárselo a los que no habían tenido la suerte de venir.  Tardamos un poco, al menos yo, en poder volver a centrarnos en los estudios y eso que ya estaba cerca el fin de curso y por tanto, también los exámenes finales.

Tengo que decir que este viaje me sirvió también para conocer mejor a algunos compañeros con los que apenas había cruzado dos palabras hasta entonces por ser de otra clase o de Letras y que resultaron unos excelentes compañeros de viaje.

¿Qué hizo tan inolvidable aquel viaje de estudios? Para esta pregunta seguramente cada uno tendrá sus propias respuestas. Yo creo que fue una mezcla de varias cosas tales como encontrarte de golpe con un poco de libertad lejos de casa, en un tiempo en el que disfrutábamos más bien de poca, especialmente las chicas. El despertar a los primeros amores con todas las sensaciones nuevas e intensas que ello conlleva, y a los primeros desamores, claro. Conocer otras ciudades, otros sitios junto a tus amigos y compañeros…

Posiblemente el olvido selectivo también tenga en esto algo que ver, pero sobre todo, o quizás compendio de todo, creo que lo fundamental fue la rabiosa juventud de la que en aquel momento disponíamos a montones; teníamos 15-16 años y empezábamos a vislumbrar que la vida estaba ahí para nosotros.

Algunos compañeros con los que compartimos este viaje ya no están entre nosotros: Mª Carmen Canal, Merche García, Lucía Areces, José Luis Jardón, Mary Sol Váscones y José Manuel Cerra. Vaya, desde estas sencillas líneas, para ellos, mi recuerdo más afectuoso, así como para José Antonio Candel, que no vino a nuestra excursión pero sí tuvimos la suerte de disfrutar de su presencia durante varios años en nuestros encuentros de agosto, antes de su fallecimiento.

Rosa María Felipe Laguna



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27 11 2018

Queremos aprovechar para pedir la colaboración de todos los que de una forma u otra os sintáis vinculados  a la celebración de este 50 Aniversario del Instituto de Pravia. Lo podéis hacer enviándonos materiales al correo iespraviabiblio@gmail.com, para compartirlos a través de este blog. Pueden ser de varios tipos:

  • Escritos. Escribe un texto con tus datos, di en qué años estuviste en el instituto y cuéntanos algunos recuerdos y alguna anécdota de tu estancia en él. Si puedes, incluye fotos.
  • Vídeos. Graba un vídeo contándonos quién eres, a qué te dedicas y lo que quieras de tus años en el instituto.
  • Fotos. Envíanos fotos de grupo que tú conserves o consigas. Si están en formato digital, envíalas a la dirección de correo electrónico; si están en papel, las escanearemos y las devolveremos después.
  • Recortes de prensa. Si conservas o consigues algún recorte de periódico, haz lo mismo que con las fotos.

Además de que todos podamos disfrutar compartiendo recuerdos, servirán de ejemplo y estímulo a las nuevas generaciones que hoy estudian en el Instituto de Pravia o lo harán en el futuro.