LA MÚSICA SEFARDÍ

8 02 2009

Continuando  con la pretensión de acercarnos a la música de otras culturas. En esta ocasión hemos elegido la Música Sefardí por su relación con los temas nuestros artículos más recientes.

Sefarad se llamaba a toda la tierra que estaba situada en los confines occidentales de Europa y por ello se llamó sefardíes a los judíos que vivían en España. La música sefardí o sefardita nace de los judíos españoles instalados en Castilla y Aragón que adaptan canciones populares castellanas hasta su expulsión en tiempos de los Reyes Católicos, siendo una fusión de la música árabe y la cristiana. Árabe en el ritmo y los instrumentos y cristiana por el idioma en que se cantaban, que era el castellano.

Los sefardíes al ser expulsados de España llevaron su música y tradiciones a Turquía, Grecia y Bulgaria, países donde se establecieron principalmente. Han sabido mantener las canciones en castellano que heredaron de sus antepasados ibéricos pese al paso de los siglos y añadir palabras propias de cada idioma autóctono.

El folklore sefardí es un folklore vivo, que se ha ido transformando a los largo de los siglos, enriqueciéndose con la influencia de las culturas donde se desarrolla, manteniendo durante estos cinco siglos, la lengua con la que partió de Sefarad (nombre de la Península Ibérica en hebreo).

Por Edicto Real, el 31 de Marzo de 1942, los Reyes Católicos obligaban a los judíos presentes en la Península Ibérica desde el siglo IV (documentado), aunque se supone que su presencia se remonta a algunos siglos anteriores, a “bautizarse o salir de nuestros reynos e que jaimás tornen ni vuelvan a ellos”.

Muchos se quedaron, son los judeoconversos o marranos. Una parte de ellos siguió conservando en secreto su identidad judía, pero tanto los que se convirtieron como los que no, conocieron la persecución de la Inquisición.

La mayoría de los que salieron se asentaron a lo largo de las vertientes norte y sur del Mediterráneo hasta llegar a los Balcanes, Grecia, Turquía, Marruecos, costa norte Africana y Oriente Medio. Otros huyeron hasta Baiona y sur de Francia. Más tarde, algunos darían el salto a las Américas.

Los expulsados mantuvieron siempre una gran añoranza de su querida Separad, conservando, aún integrados en otras culturas, la lengua y tradiciones de sus antepasados. Constituye un fenómeno realmente excepcional, que hoy, pasados más de quinientos años, sus descendientes se consideren todavía “hijos de Separad”, y hayan conservado fielmente sus raíces enriquecidas por las culturas de los entornos donde conviven.

Realizando una mezcla entre las melodías orientales y árabes que junto a otros tipos de melismas occidentales, se ha ido transformando con el poso de los siglos en bellísimas y exóticas baladas, una verdadera síntesis de las Culturas Mediterraneas, donde todos los pueblos pertenecientes a cualquiera de las “Tres Culturas” podemos reconocernos.

Dándose además la aparente contradicción de que, a pesar de que árabes, judíos y cristianos siguen enfrentados, en diversas partes del globo, existe un lazo superior por encima de todas las desavenencias.

Y es que la música, el lenguaje universal, el que sólo entiendo de sentimientos viscerales, consigue con suma facilidad la convivencia armónica, pacífica y hermosa de la síntesis de estas tres culturas.

Os hemos seleccionado un ejemplo en el que podeis ver los instrumentos y las particularidades de este canto y de este idioma. Juzgad vosotros mismos.

Se crearon así, musicalmente, dos tradiciones básicas:

La “Occidental”
Más cercana a la Península, continuó teniendo algún contacto con ella y evolucionó de forma paralela con fuerte influencia hispana.
La “Oriental”
Que perdió totalmente el contacto con la Península y evolucionó fuertemente influenciada por los ritmos y melodías árabes y orientales.

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