Mo Yan, Premio Nobel de Literatura 2012

 

Mo Yan no es un nombre, sino el seudónimo que escogió un joven escritor llamado Guan Moye tras redactar su primera novela, «Lluvia en una noche de primavera». Su familia le pidió que rebajase la voz, demasiado franca para los tiempos que corrían. En respuesta, él decidió que se llamaría Mo Yan, que en mandarín culto se traduce como «no hables». Según reconoció después, era una forma de tener siempre presente que morderse la lengua y actuar con prudencia son virtudes importantes en China. Casi siempre fiel a esa premisa, Mo Yan ha construido uno de los universos literarios más inquietantes de la narrativa contemporánea, picoteando en las fronteras de la censura y retratando la sociedad china de los últimos 100 años en 23 libros (la mayoría novelas) llenos de amargura, humor y sarcasmo, que, sin embargo, no señalan con el dedo a nadie, ni se enfangan en los temas que más molestan al régimen. Por todo ello, por su «realismo alucinatorio, que une el cuento, la historia y lo contemporáneo», se ha convertido en el primer chino que recibe un Nobel sin estar en la cárcel o en el exilio.

FRAGMENTO de  LA RANA de Mo Yan

“En los últimos meses del año 1960, un poco después del asunto de comer carbón, me enteré de que mi tía se iba a casar con el piloto.

Mi abuela vino a casa para hablar con mi madre de los preparativos de la boda. Finalmente, decidieron talar el árbol centenario de nuestro patio para hacer unos bonitos muebles. Un día vi a mi padre acompañar al señor Fan, el mejor carpintero de nuestro pueblo, hasta el árbol para medirlo. Parecía que el árbol conociese su destino: agitaba las ramas, las hojas producían mucho ruido… Bua, bua, parecía que estaba llorando.
Pasó el tiempo y no tuvimos más noticias sobre la boda. Además mi tía desapareció. Un día fui a casa de mi abuela para preguntar por el enlace, pero en vez de responder cogió un palo y me echó bruscamente.
De repente, me di cuenta de que mi abuela se había convertido en una anciana parecida a las legendarias abuelitas.
Una mañana, cuando recibimos la primera nevada de ese año, el sol estaba muy colorido. Ese día fui a la escuela con los zapatos de paja y el frío me recorrió todo el cuerpo, desde las manos hasta los pies.
Estábamos corriendo en el campo de deporte para entrar un poco en calor cuando, de pronto, oímos un ruido terrible en el cielo. Todos levantamos la cabeza y nos quedamos boquiabiertos al ver un objeto gigante, de color rojo oscuro, que expulsaba un humo negro. Tenía unos ojos grandes y ardientes, dos filas de dientes blancos horrorosos y vibraba; se precipitaba hacia nosotros. Era un avión. Madre mía, ¡un avión! ¿Acaso iba a aterrizar en el campo de nuestra escuela?
Nunca había visto un avión tan de cerca. Sus alas generaron una corriente de aire que levantó las hojas secas del suelo y puso de punta las plumas de las gallinas; pensé que sería fabuloso si aterrizase en el campo de nuestro colegio, ya que así lo podríamos examinar de cerca y tocarlo con nuestras propias manos. Si teníamos suerte también podríamos entrar en su interior y encontrar algo interesante; o podríamos pedirle al piloto que nos contara alguna batalla.
Probablemente ese piloto trabajaba con mi futuro tío. Bueno, no, el J-5 de mi futuro tío era mucho mejor que esa cosa negra, por lo que era imposible que mi tío fuera compañero del piloto de ese monstruo tonto y pesado”.  La rana en China es símbolo de natalidad, de procreación, de vida. Wan Xin es una aclamada ginecóloga y matrona que ha traído al mundo a casi todos los niños de Dongbiexiang. Es la diosa de la natalidad del condado y todos la veneran como bien sabe Mo Yan. Pero su amor a su profesión pronto se verá afectado por su férrea entrega al Partido Comunista.A través de la correspondencia entre su sobrino, Wan Zu, aspirante a dramaturgo, y un profesor japonés de Literatura, descubrimos la historia de esta doctora rural y la transformación de su pueblo con la llegada de la modernidad y de las nuevas directrices del Partido. Absorta en las medidas de planificación familiar del Gobierno, ella sigue los mandatos de sus superiores para defender la política de hijo único, implantada para frenar el aumento de la población.Su implicación política se vuelve obsesiva y es capaz de obligar a abortar por la fuerza, y a cualquier precio, a todas las mujeres embarazadas de su segundo hijo. Pronto, el dolor y la culpa la poseen y sus crueles acciones se vuelven su mayor tormento en vida.

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