TEXTOS HUMANÍSTICOS
17 03 2009Principales tipos de textos humanísticos:
El estudio
El ensayo
Categorías : Lengua, Lenguajes específicos
Principales tipos de textos humanísticos:
El estudio
El ensayo
Conviene distinguir, en primer lugar, entre propaganda y publicidad. Aunque ambas comparten muchos rasgos, especialmente el predominio de la función conativa en sus textos, son muy diferentes por lo que respecta a su finalidad y no deben confundirse: la propaganda es de contenido político, social o religioso mientras que la publicidad tiene siempre un carácter comercial.
Nos hallamos permanentemente rodeados de mensajes publicitarios. Tanto fabricantes como empresas de servicios, instituciones y organismos públicos y privados utilizan carteles, vallas, prensa, radio, cine, televisión, páginas Web, correo electrónico, mensajes de teléfonos móviles, buzoneo y cuantos medios tienen a su alcance para hacernos llegar sus mensajes publicitarios.
A través de la publicidad se nos puede incitar a la compra de determinados artículos o a realizar acciones encaminadas al consumo, o bien se nos puede exhortar a que participemos en unas elecciones o a que conduzcamos con prudencia para evitar accidentes. Se trata siempre de influir sobre el comportamiento del receptor.
El fin de la publicidad es doble: de un lado se pretende informar al receptor sobre algo, generalmente sobre la existencia y características de un producto que se quiere vender; de otro lado, se intenta impulsar al receptor a que actúe en el sentido que sugiere el mensaje publicitario, normalmente la compra de ese producto. Este último es el objetivo que se considera prioritario. De hecho, con frecuencia se pretende disimular las características del producto y trasmitir el deseo de comprarlo a través de imágenes sugestivas que tienen poco que ver con el producto mismo.
El mensaje publicitario suele combinar el texto lingüístico con imágenes o con artificios gráficos llamativos. Lógicamente, en los casos en que el canal impide la transmisión de imágenes, el mensaje se reduce al texto lingüístico, a veces reforzado por otros recursos sonoros. Así pues, el canal elegido (prensa, radio, televisión…) condiciona tanto la forma como el contenido del mensaje publicitario.
Algunas de sus características son:
Originalidad: Para atraer la atención del destinatario y convertirlo en receptor, el mensaje debe ser original y se han de poner en juego todos los recursos gráficos y lingüísticos de que se disponga.
La búsqueda de la originalidad hace del lenguaje publicitario uno de los más innovadores y más ricos en recursos. Esa tendencia a la innovación se manifiesta especialmente en el vocabulario, a través de la creación de neologismos, la admisión de extranjerismos o el manejo intensivo de los mecanismos de composición y derivación léxica: muchas palabras y expresiones nuevas del lenguaje común han partido de un texto publicitario.
Brevedad: Condición indispensable para que el mensaje sea efectivo es que mantenga la atención del receptor sin cansarlo. La brevedad exige siempre concisión.
Sugerencia: El mensaje publicitario no informa objetivamente sobre las características de un producto, sino que intenta vender ese producto rodeándolo de unas connotaciones positivas que hagan deseable su adquisición. Para ello se asocia el artículo a imágenes y palabras seleccionadas por su capacidad de sugerir valores como el éxito, el prestigio, la juventud, la masculinidad, la feminidad, la libertad, la técnica, etc.
La necesidad de ser original e innovador convierte al lenguaje publicitario en una modalidad lingüística enormemente rica en recursos lingüísticos, y muy próxima al lenguaje literario. Resultaría prolijo citarlos todos; los siguientes son muy frecuentes:
Es frecuente que el mensaje publicitario contenga un breve enunciado con el que el anunciante pretende definir o identificar su producto: el eslogan. Aparece dentro del mensaje en un lugar destacado, generalmente al principio o al final. El objetivo que se persigue con ella es reforzar el mensaje creando un lema muy sugerente que el receptor pueda recordar e identificar de inmediato con el producto. El eslogan debe ser breve y expresivo, de capacidad informativa mínima y de connotaciones ajenas al producto.
Rubén Suárez Fernández
2º Bach B
El Lenguaje técnico científico, modalidad del lenguaje que tiene como carácter específico ser grupal, es decir, que lo utiliza sólo la comunidad hablante que ha recibido una preparación previa, y que es propio de actividades científicas y profesionales. No se trata de un lenguaje arcano ni de argot y su finalidad no es la de no ser entendido por otros, sino la de ser riguroso y preciso. Usa la lengua en su función metalingüística, es decir, para explicarse y con un léxico unívoco, o sea, con un referente único para evitar que pueda inducir a dos conceptos o realidades diferentes.El lenguaje científico huye de la ambigüedad; por lo tanto, sus términos están asumidos tácitamente por la comunidad científica universal, lo que supone un lenguaje convencional pactado y asumido. Así pues, la coherencia terminológica es imprescindible y una vez que se ha usado un término con un significado debe mantenerse. Éste debe ser claro y preciso. Por último, la exposición científica debe estar presidida por la objetividad y debe permitir su verificabilidad, es decir, cualquier formulación se debe demostrar. Lógicamente hay disciplinas científicas y técnicas que se prestan y admiten mejor la formalización, las matemáticas por ejemplo, que otras como la biología o la medicina. Sin embargo, todas y cada una de ellas tienen y crean constantemente su léxico específico.
El lenguaje técnico-científico no es uniforme. Cada rama del saber, cada disciplina, utiliza un lenguaje propio. Más que de un solo lenguaje científico pues, habría que hablar de variedades o subsistemas que coinciden en unas características comunes. Como el resto de los lenguajes especializados, el técnico-científico sólo es utilizado por sus hablantes en una parcela de su actividad; fuera de ella hacen uso de la lengua común. La dificultad de estos lenguajes los convierten en algo difícil de comprender para el resto de los hablantes. Los textos científicos deben observar las cualidades fundamentales de la ciencia: objetividad, universalidad y verificabilidad.
Aparecen en los textos científicos elementos gráficos, iconográficos, cromáticos, tipográficos, etc. que sirven de apoyo al código lingüístico. El resultado es un código muy distinto para cada ciencia o disciplina y que varía según el destino del texto; en los destinados a la enseñanza primaria y media son más abundantes los recursos gráficos que en textos universitarios o destinados a profesionales y especialistas en la materia. Estos elementos suelen ser los mismos para todas las lenguas, tienen un carácter mucho más universal que los recursos no lingüísticos propios de otros lenguajes especializados.
La rapidez con la que progresan actualmente las disciplinas técnico-científicas exige una permanente actividad creadora de tecnicismos, de resultados a veces precipitados y poco acordes con el sistema morfológico y fonológico español.
Exponer es presentar una cuestión cualquiera para darla a conocer y comprender a otras personas. La exposición pura es poco frecuente: lo normal es que se asocie con la argumentación.
Documentación. Es la recopilación de información sobre un determinado asunto. Para que esa labor sea efectiva, es fundamental conocer el objeto de la exposición, dónde se encuentra la información, a quién va dirigida la exposición y con qué grado de profundidad se va a tratar el tema. Es la fase en la que se anotan los datos (habitualmente en fichas o en una base de datos informática) y se elaboran los esquemas y borradores.
Organización de materiales. En esta fase se elabora un guión en el que se recogen, de modo ordenado, los pasos que se seguirán en la exposición. La ordenación de los materiales ha de realizarse de forma que el receptor pueda percibir con claridad y coherencia el sentido de lo que se va a exponer, haciendo prevalecer la idea central sobre las secundarias.
Elaboración final. La exposición debe redactarse de forma objetiva y con un lenguaje claro, sencillo y correcto, tanto en el léxico como en la sintaxis, con el fin de no añadir dificultades añadidas a la comprensión del texto. Es especialmente importante no dejarse llevar por florituras literarias y recordar en todo momento la finalidad del texto que se elabora.
Consiste en aportar razones para sustentar una opinión. A la opinión o idea que se pretende probar o defender se la denomina tesis; el conjunto de razones que se utiliza en la defensa de la tesis son los argumentos. Cuando la tesis se sitúa al principio del escrito, se utiliza un proceso deductivo para probarla con argumentos. El orden contrario recibe el nombre de inductivo.
El orden de la argumentación no es fijo, la disposición de contenidos suele dividirse en tres apartados:
a) La exposición de la tesis tiene por objeto formular de modo claro y conciso la tesis que se va a defender.
b) En el bloque argumentativo se aportan las razones en las que se fundamenta la tesis.
c) La conclusión es una síntesis de todo lo argumentado cuya finalidad es dejar fijada la postura o idea que se defiende.
Además del puramente científico, se utilizan con cierta frecuencia el argumento de autoridad, el de la experiencia personal, el de comparación de ideas enfrentadas y el de universalidad.
ABEL TENA GARCIA
DAVID GARCIA REBELO
El lenguaje administrativo es la lengua empleada por los órganos de la Administración del Estado tanto en sus relaciones internas como en su relación con los administrados. Lo normal es que se manifieste de forma escrita, a través de variadísimos documentos (actas, anuncios, circulares, citaciones, convocatorias, disposiciones, estatutos, formularios, notificaciones, oficios y otras muchas modalidades). Entre los más usados por los ciudadanos, no ya como meros receptores sino como emisores, se hallan sin duda la instancia y el contrato.
Escritos administrativos también de uso frecuente son los dictámenes, disposiciones, normativas, órdenes, regulaciones y resoluciones, que nos sitúan ya en el terreno más específico del lenguaje jurídico. En efecto, el poder ejecutivo descansa en el organismo de la Administración para hacer cumplir la legislación vigente. De ahí la estrecha relación entre los textos jurídicos y los administrativos. El lenguaje jurídico se puede definir como la lengua empleada por los órganos de la Administración de Justicia en sus relaciones con la colectividad o con las personas físicas y jurídicas, es decir, como un tipo de lenguaje administrativo específico. Textos jurídicos son tanto los legales (la manifestación concreta de las leyes) como los judiciales (los derivados de la puesta en práctica de la legislación por parte de los profesionales del derecho).
La frontera entre lenguaje jurídico y administrativo no está, pues, bien delimitada. Comparten los recursos lingüísticos (gramaticales y léxicos) y coinciden también en los factores extralingüísticos que los caracterizan (el canal, el emisor, el receptor y la finalidad o intención comunicativa).
El lenguaje jurídico-administrativo suele considerarse un lenguaje específico, o bien, una variedad diastrática del sistema (”lenguaje sectorial”). Pero lo que distingue al texto jurídico-administrativo es la especificidad del conjunto de factores que intervienen en su producción:
Preferencia por la construcción nominal (sustantivos y adjetivos), sustitución de construcciones verbales por construcciones nominales; y el uso de perífrasis con un verbo vacío o desposeído de significado y un sustantivo que porta mayor carga semántica (presentar reclamación por reclamar; interponer recurso por recurrir). Con ello la prosa se vuelve más abstracta e intemporal y también más lenta e incluso cacofónica. La prosa se despersonaliza: con el uso de los nombres desaparecen las personas que acompañan a los verbos.
Uso habitual de la pasiva. Se prefiere la pasiva refleja a la perifrástica
La eficacia comunicativa de este tipo de texto, como dijimos, depende precisamente de que el emisor se ajuste al esquema previsto de antemano, para lo cual se sirve, entre otros recursos, de giros y fórmulas que ocupan un lugar preestablecido en la estructura del texto. Pero lo que habría de servir de ayuda constituye más bien un corsé extremadamente rígido que dificulta el discurrir fluido del mensaje y de la construcción. Asimismo, el exceso de subordinación, en busca de la precisión y explicitud, desencadena rupturas de la construcción gramatical que entorpecen la legibilidad del escrito. Los textos exigen del lector un esfuerzo suplementario que no garantiza, con todo, su recta comprensión. De ahí que, en principio, se pueda caracterizar el lenguaje jurídico-administrativo como un lenguaje fallido.
Las propiedades aquí atribuidas al texto jurídico-administrativo tienen serias repercusiones de orden social, en la medida en que es muy difícil que un ciudadano común no se enfrente en algún momento de su vida a la redacción o a la interpretación de un texto de este tipo: una reclamación sobre la nota obtenida en la prueba de selectividad; impugnar el resultado de algún concurso u oposición; aclararse sobre qué se debe y qué no hace falta declarar en el Impuesto sobre la Renta, solicitar por escrito un arbitraje al Ayuntamiento en un litigio por una reclamación no atendida en su tintorería, constituir una sociedad mercantil, redactar o suscribir el convenio colectivo de su empresa, los estatutos de un partido o asociación, de un convenio de separación conyugal consentida, o bien interponer una demanda de divorcio o de solicitud de pago de la pensión alimenticia…
Así que, según este panorama, un ciudadano “normal” pasa gran parte de su vida leyendo e intentando interpretar textos de carácter jurídico-administrativo. Por tanto la correcta comprensión del texto jurídico-administrativo y la capacidad para la producción de textos de este tipo se convierten en habilidades importantes desde el punto de vista social y, si no por ello estos textos van a ser más amenos, al menos sí deberían estudiarse con un poco más de interés.
Al texto jurídico-administrativo se le atribuyen ciertas características (rígido, arcaico, formulario, repetitivo, acumulativo y, en definitiva, complejo), se derivan de forma natural de la naturaleza específica de los distintos factores que intervienen en su producción: sus objetivos, el canal, el emisor y el receptor.
En principio, el objetivo del texto jurídico-administrativo es legislar, regular la actividad social e informar. En muchos textos el emisor pretende restringir el acceso de los receptores del texto al control del discurso. No parece difícil argumentar que existe un componente de control y de mantenimiento al margen del administrado, que se materializa no sólo en el léxico específico, sino en otros aspectos menos evidentes, como la excesiva subordinación e impersonalización del texto.
ABEL TENA GARCIA
DAVID GARCIA REBELO