Conmemoración del 8 de Marzo

7 03 2010

Una parte central de las actividades del Programa de promoción de la Igualdad de nuestro Centro, se concretan en el segundo trimestre, especialmente con la conmemoración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

Para el 2010 hemos preparado:

– Rompiendo roles: promovemos la corresponsabilidad.Para este curso 2009-10 celebramos el 8M con una exposición con fotos de miembros de la comunidad educativa “alterando la distribución tradicional de los trabajos por género”.

Tradicionalmente se han asignado unas funciones sociales (roles) distintas a mujeres y hombres.Rompemos con esos roles cuando demostramos que podemos hacer cualquier cosa sin que dependa de si somos hombres o mujeres.

Rompemos roles cuando ayudamos a la distribución equilibrada de las tareas domésticas, de forma que permita a todas personas que forman parte de la misma familia el libre y pleno desarrollo de opciones e intereses contribuyendo a alcanzar una situación de igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres.

 

– Teatro coeducativo “Mujeres en guerra”.

Desde otros centro educativos de Asturias nos han invitado a representar nuestra propuesta teatral “Mujeres en guerra” dentro de las actividades coeducativas y conmemorativas del 8 de Marzo.

El I.E.S. Virgen  de Covadonga (El Entrego), 2 de Marzo de 2010, a las 13,30 h.

El I.E.S. Benedicto Nieto (Pola de Lena), 8 de Marzo de 2010, a las 13,00 h.

 

– Exposiciones, en la biblioteca de nuestro centro:

 

Mujeres en la biblioteca.

La mujer en la ciencia.

 

– Visibilizando: Hipatia de Alejandría.

En el primer trimestre se llevó a todo el alumnado de Bachillerato a la proyección de la película de Alejandro Amenábar “Ágora”. Durante el segundo trimestre esta actividad se completa con la realización de trabajos-murales sobre la figura de Hipatia de Alejandría y la exposición de los mismos durante la semana del 8 de Marzo.

También se han hecho propuestas de lectura para el alumnado de 4º de ESO y Bachillerato sobre Hipatia de Alejandría, aprovechando el tirón mediático de este año en torno a su figura histórica



“El hombre que plantaba árboles”

28 01 2010

Entre las diversas actividades del grupo de teatro de nuestro IES, este trimestre además de las numerosas representaciones, algunos de sus componentes (Cristian, Rubén, Estaban, Bárbara, Cristina y Maciek) van a participar en la grabación de un  libro-disco del cuento ecologista de Jean Giono: El hombre que plantaba árboles. El disco será distribuido gratuitamente por la Dirección General de Política Forestal (Consejería de Medio Rural y Pesca), el día del libro de 2010.

 Este sábado grabarán en el estudio Bunker de Llanera dirigido por Alberto Rionda (Avalanch).

 Aquí os dejamos un pequeño resumen de la historia que pronto podréis oír.

El hombre que plantaba árboles narra la historia de un pastor que, con su sola voluntad y esfuerzo, convierte una tierra desierta, abandonada, infértil, en un maravilloso vergel. Pero la moraleja sobre la capacidad humana para, con tesón, alcanzar cualquier objetivo que se plantee, no me conmueve tanto como la historia en sí.

El narrador nos cuenta como en 1913, en una excursión por la Provenza atravesó una zona árida en la que nada crecía y en la que era imposible encontrar agua. Pueblos abandonados mostraban que en la zona una vez vivieron hombres, pero de ellos ya sólo quedaban las ruinas de sus casas. En medio de esa desolación, el narrador encuentra un pastor con el que pasa un par de días mientras le explica su principal ocupación: plantar árboles.

Cada día prepara y planta bellotas de robles en la inmensidad desierta de las montañas que le rodean. Ha preparado igualmente un vivero de hayas y piensa preparar abedules para sembrar en los valles, donde el agua debiera ser superficial.

El pastor ignora quién era el dueño de las tierras que plantaba, si es que lo tienen, pero comprende que aquellas tierras se mueren por la falta de árboles. Generosamente, dedica sus esfuerzos a devolverlas a la vida.

Después de la I Guerra Mundial el narrador volvió por aquellos lugares. Lo que vio le dejó sorprendido. La lenta labor del pastor comenzaba a dar sus frutos y hermosos árboles jóvenes, llenos de vigor, se extendían por lo que antes era un yermo desolado. Las hayas, los robles y los abedules que cubrían ahora la tierra hicieron comprender al narrador que la dedicación de aquel hombre nada tenía que ver con una excéntrica afición, como el coleccionar sellos.

El narrador aún regresó una tercera vez a la zona, al acabar la II Guerra Mundial, y en el lugar de la tierra desierta que conoció en su primera visita pudo encontrar un extenso bosque que había llamado a la vida a su alrededor. Gracias a los árboles los acuíferos se rellenaron y los manantiales volvieron a fluir. Cuando el agua corrió, volvieron los hombres y recuperaron las tierras de labor, los huertos, las praderías, los jardines… ignorantes de que toda aquella abundancia la debían a la labor callada de un hombre que, amando la tierra, supo devolverla a la vida.

Los árboles renuevan el aire, el agua y el suelo de las zonas donde viven y son tesoros de biodiversidad en sí mismos. Un suelo sin árboles es el principio de un desierto. Pero todos, en mayor o menos medida, podemos emular a Elzéard Bouffier y contribuir a frenar la desertización.