Abrazados a la Torre de Hércules
Efectivamente el periódico El País ha publicado nuestra crónica del viaje a Coruña y la visita a la Central de Endesa As Pontes. Podéis acceder desde este vínculo Abrazados a la Torre de Hércules al mismo y leerla tal y como salió publicada.
A continuación os reproducimos aquí la crónica original:
Cuando abrazamos a la Torre de Hércules: crónica de un premio
En nuestra vida habíamos visto tal cosa… ¡un gran lago naciendo donde antes había una descomunal mina al aire libre! Y la escombrera… ¡totalmente regenerada en forma de monte y repleta de fauna y flora! Hay que reconocer que en el complejo de la Central térmica de As Pontes, perteneciente a Endesa, se ha puesto empeño en hacer desaparecer las cicatrices derivadas de su actividad minera. Y la propia Central… disminuyendo emisiones y utilizando materiales menos contaminantes… ¡Que cunda el ejemplo de compromiso medioambiental! Pero… situemos al lector: estamos en el 5º y último día de nuestro viaje a La Coruña, producto del Premio Endesa 2008 a la sostenibilidad y medioambiente del País de los estudiantes a nuestro periódico “El paraguas de Vetusta”, y es la culminación de una estancia inolvidable junto con nuestros compañeros de “La estela del can” (el otro periódico participante del Colegio Santo Domingo de Guzmán de Oviedo) en la ciudad de María Pita. Hasta aquí, cuatro días llenos de actividad y momentos mágicos: la casa del Hombre y su interactividad, la casa de las ciencias con su planetario y sus insectos, el Acuario Finisterre con sus focas, la Torre de Hércules, el tranvía, el precioso casco antiguo con la plaza de la heroína coruñesa, la visita a nuestros colegas dominicos de la ciudad, playita y baños, arena, empanada y pulpo, paseos nocturnos, el estupendo Hotel Riazor, Un viaje en tren a Santiago de Compostela para conocer esa maravillosa ciudad, la emoción de ver todos juntos el España-Italia (¡vaya gritos!), alguna guerra de almohadas, muchas risas diurnas, muchas conversaciones nocturnas, sueño acumulado, nuestros profes (¡son personas normales!), nuevos amigos que hasta ese momento solo eran conocidos del pasillo de bachillerato, viejos amigos con los que recordar viajes pasados, la víspera de la noche de San Juan (¡qué pena no haberla disfrutado en Orzan o Riazor por solo un día!), mas empanada y mas pulpo (bueeeno vaaale, y alguna hamburguesa que otra), más risas, globos de helio que nos volvían niños, fotos nocturnas con el mar como lienzo que parecían sacadas de una película, abrazos inmensos, miradas, ventanas que no se abrían.. y otras ventanas invisibles que se abrieron de par en par, toallas formando círculos, el vago recuerdo de unas notas que nos entregarían cuando volviésemos (pero muy vago), el relax tras un trabajo excelente en la PAU, frases que quedarán para la historia, canciones que marcarán una época, desayunos descomunales, cenas con sobremesas maravillosas de postre, calor, ¿hemos dicho ya que hubo risas?, olor a mar, sabor a sal… Y encima, terminamos grabando un video y le dimos un abrazo virtual a la Torre de Hércules para apoyar su merecida candidatura como patrimonio de la humanidad (www.farodahumanidade.com). Cinco días y cuatro noches que no olvidaremos. Un viaje que marca un antes y un después en la historia periodística de nuestro Colegio y que nos compromete a intentar superarnos de cara a ediciones posteriores porque realmente merece la pena el esfuerzo. Gracias Endesa. Gracias “El país de los estudiantes”. Y… gracias a todos los que colaboraron y nos apoyaron en este proyecto de alguna u otra manera. Suerte a los compañeros periodistas que inician su vida universitaria ¡Nos leemos el año que viene en la próxima edición del concurso!
Equipos de redacción del “Paraguas de Vetusta” y la Estela del can”
Y, a continuación, os reproducimos la crónica del viaje escrita por Mª Lucía Gazapo:
En la nublada mañana del diecinueve de Junio partimos de la comarca astur un grupo de estudiantes consagrados con el medioambiente llevando de nuestras manos el firme e inquebrantable propósito de hollar las tierras que se extienden más allá de las tranquilas aguas del Eo. La excitación se palpaba en el reducido ambiente del autobús y una exclamación se propagó por todos los asientos al divisar, entre las nubes, la cima de la colosal chimenea que se alza como un titán sobre las cuatro torres de refrigeración de una de las mayores centrales térmicas del mundo, capitaneada por el conocido grupo Endesa. Claro que, tampoco por ser gigantesca, dejaba de ser una central como la que todos los días se puede ver no muy lejos de Oviedo, ¿qué la hace diferente a parte del tamaño? Eso exactamente era lo que estábamos dispuestos a descubrir. La primera sorpresa que nos tenían preparada en As Pontes fue, ni más ni menos, que el ambicioso proyecto de creación de todo un parque natural a partir de la vieja escombrera, adosada a la mina de carbón que en otros tiempos (no muy lejanos) se había encargado de alimentar a la siempre hambrienta central de Endesa. <<¿ Qué fue de la mina?>> Nos preguntamos todos en silencio, un silencio que aquellos operarios supieron interpretar a la perfección mostrándonos, a través de los ventanales de cristal de la sala de conferencias, las claras aguas de tres charcas que dentro de un año conformarán un inmenso lago. Tras un largo paseo a través de los parajes creados por Endesa, un vistazo a las charcas que se llenan incansablemente con las aguas de un río cercano y un paseo a través de los senderos que dentro de algún tiempo quedarán sepultados por el ingente lago; pusimos rumbo a la magnífica central térmica. A un lado el gran almacén de carbón subbituminoso importado de Indonesia y de Wyoming (ante cuya visión más de uno evocó los grandes puertos espaciales del señor Lucas) a otro las cuatro torres de refrigeración y dominándolo todo la gran e inmensa torre que ya habíamos avistado a kilómetros de As Pontes. Ya en la central, nos fueron explicando el proyecto, la cantidad de energía generada y la consumida, los niveles de CO2 expulsados, las ventajas del carbón subbituminoso frente al lignito que se usaba antaño; nos llevaron a la informatizada sala de control del ciclo combinado, dejando atrás el rugido incesante de las turbinas, en ella un paisano nuestro nos explicó, no sin una buena dosis de paciencia, el sistema utilizado por los trabajadores, la automática red de seguridad sobre la que se mueve todo y control perpetuo que allí tienen sobre los ordenadores, que ahora se encargan del trabajo antes relegado a complicados paneles manuales. Claro que, por muy moderna, impresionante y colosal que pudiese resultar, seguía siendo una central térmica, e ir hasta allí tan solo por una central térmica nos habría sabido a poco. Quince jóvenes con dos profesores, aquello no iba a ser lo único que aquel viaje nos tenía preparado. Un hotel de espaciosas habitaciones triples, frente al mar, en una ciudad llena de museos de ciencias, aprovechados al máximo por los orgullosos ganadores del premio Endesa, ¿qué más podíamos pedir? Un viaje maravilloso que, pese a lo corto, todos, por los motivos que sean, recordaremos siempre. Un viaje que nos permitió decir, de nuevo en nuestro hogar, que a mediados Junio, a cuatro horas de autobús del cole, con el tiempo gris del que ya gozábamos en Asturias; habíamos disfrutado de unas merecidas e inolvidables, vacaciones de lujo.
Mª Lucía
