II. Semana del Libro y Ciencia Ficción: “¿Pilotar un platillo volante?”

18 04 2007

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Ya estamos calentado los motores de nuestras naves espaciales, que nos llevarán a lejanas galaxias llenas de imaginación y aventura. Con la vista puesta en la Semana del Libro que nos aguarda, hoy os presentamos un relato corto de gran interés, de Federico Berenguer Suarez, publicado en www.ciencia-ficcion.com . Esperamos que os guste y os llene de sugerencias.

¿HA PILOTADO USTED ALGUNA VEZ UN PLATILLO VOLANTE?

de Federico Berenguer Suarez


¿Ha pilotado usted alguna vez un platillo volante? Pues es muy sencillo, ya que solo tiene dos o tres mandos y un ordenador (o rastring como dicen sus propietarios) que hace prácticamente todo el trabajo. Claro que antes tiene Ud. que tener un OVNI o que se lo presten. Yo tengo la suerte de manejar uno y le puedo asegurar que la sensación y la experiencia son impresionantes. No le voy a explicar como entré en contacto con los propietarios del platillo ni voy a meterme en muchos detalles técnicos que yo mismo ignoro. El caso que un día me pude montar en uno de esos aparatos y ahora lo hago habitualmente.

Como Ud. ya sabe hay muchas clases de platillos. El que yo piloto es de los clásicos, es decir, redondo, oblongo y con una cúpula en el centro. Antes se necesitaba una nave nodriza, normalmente cilíndrica y de grandes dimensiones para los traslados interplanetarios, pero los avances de su tecnología permite los viajes completos en los platillos pequeños, porque los tiempos de desplazamiento se han acortado drásticamente gracias al descubrimiento y utilización de los micro-agujeros de gusano (ellos le llaman algo así como atajos hiper-temporales). Las naves nodriza se siguen usando, no obstante, para hacer el viaje en compañía y no aburrirse, aunque esto último es imposible porque el espectáculo siempre es maravilloso y cambiante.

El platillo tiene dos sistemas de propulsión: uno está basado en la gravedad y magnetismo de los planetas y el otro es fotónico, es decir, aprovecha la energía de los fotones, que abundan en el espacio, para desplazarse. La forma redonda del platillo es debido al primer sistema, que consiste en un anillo interior magnético que gira alrededor del centro del platillo y le proporciona su energía para desplazarse. El sistema fotónico es tan pequeño que cabría en un bolso de playa. Sólo tiene un receptor, un convertidor y una tobera orientable que proporciona el empuje, ¡y qué empuje! El sistema magnético se usa principalmente para pequeñas distancias, normalmente dentro de un sistema solar, pero si no tienes prisa, puede usarse para viajes más largos. Como dato curioso, el viaje Tierra-Luna dura unos seis minutos y a Marte, algo más de cuarenta y cinco, según la época del año. El fotónico es para largas distancias, interplanetarias e intergalácticas.

Dentro del platillo hay un sillón anatómico comodísimo, en cuyos brazos está el sistema de conducción, una pantalla con un brazo articulado que, en vuelo, se pone delante del piloto y dos reposapies, en donde hay otros dispositivos. La visibilidad es absoluta, porque aunque desde fuera sólo se ve transparente la cúpula central, desde dentro se abarca todo el entorno ya que el material del platillo es opaco por fuera pero transparente por dentro, así que es como si estuvieras sentado en el aire, aunque sin la sensación de peligro ni vértigo pues, además del anillo magnético, que es negro, se nota el piso como de cristal. No hay zumbido ni sonido alguno que provenga del interior y los ruidos de fuera se pueden escuchar a voluntad e, incluso, se puede hablar con el exterior. Cuenta con un sistema de comunicación con la Central y también se puede entrar, interferir y hablar en cualquier frecuencia de radio de las que se usan habitualmente en nuestro planeta. Todo tipo de comunicaciones, vía satélite, tierra-aire, aire-aire, telefonía móvil, televisión digital y normal, incluso la de cable y en cualquier frecuencia se pueden detectar con el ordenador. Sentado en el sillón, tienes delante la pantalla del rastring. En el brazo derecho hay un joystick que permite el manejo manual para disfrute del usuario, porque ya digo que todo es automático. En el brazo izquierdo está el acelerador manual y el elevador. En los pies una serie de dispositivos que más adelante explicaré. Todo muy sencillo y muy funcional.

Curiosamente hasta que no enciendes el motor, no se vuelve transparente el material del platillo, así que en un momento estas como metido en un huevo y al instante siguiente flotas en el espacio. Una maravilla. El vuelo comienza con la primera orden. El despegue es vertical porque no necesita velocidad de despegue. Puedes empezar dándole al ordenador los datos, tan sencillo como esto: Despega, sube a 15.000 metros y toma rumbo 200 a 700 km/h. Los propietarios han adaptado el ordenador a las medidas de la tierra, metros, grados y velocidad. Como el sistema de navegación es magnético-gravitacional no le afectan los vientos de lado, ni de cola ni de frente.

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También puedes marcar el destino, ciudad, satélite, planeta, o el que sea. El ordenador contesta con una bella voz de barítono, lo que choca un poco con lo que estamos acostumbrados a oír en las películas, porque casi siempre es una voz femenina la que le ponen al ordenador (menos en HAL, el famoso ordenador de 2001, ODISEA DEL ESPACIO).

La creación de un campo de gravedad propio en el platillo hace que no haya inercia, por lo que las subidas, bajadas, cambios de dirección y de velocidad no se notan. Al principio es una sensación rara, pero te acostumbras enseguida. Eso permite cambios de dirección a altas velocidades de 90 grados o de 180 sin molestias para el piloto (esto último no es muy recomendable hacerlo a altas velocidades, porque la sensación visual puede resultar desagradable)

El aparato tiene un sistema de regulación térmica del ambiente interno y de regeneración del aire aprovechando la atmósfera terrestre en los vuelos interiores o las partículas de ozono, hidrógeno y demás gases respirables que existen dispersos por el éter, en los vuelos largos. La comida tampoco es problema pues cuenta con variados y ricos alimentos deshidratados y liofilizados a los que añadiendo un poco de agua y cerrando el envase autocalentable durante un minuto te proporciona un exquisito plato.

Las entradas y salidas en las atmósferas de los planetas a altísimas velocidades no tienen ningún problema porque la acción del motor magnético evita la fricción con las partículas de gases, por lo que no hay calentamiento en la superficie del platillo, sólo un ligero resplandor producido por la ionización de las partículas más próximas al casco. También tiene agua en abundancia que va creando según la necesitas, combinando el oxígeno y el hidrógeno y un sistema de eliminación de residuos orgánicos tan sencillo que si lo pudiéramos patentar en la Tierra se acabaría con la contaminación del aire y del agua, tanto de los ríos como del mar. El vehículo es cien por cien ecológico porque no expulsa ningún gas ni residuo contaminante ya que el motor fotónico es polivalente y aprovecha la energía de los pocos desperdicios generados por el sistema degradable, tanto orgánicos como materiales de cualquier tipo. No existe aquí el problema psicológico de saber que el agua que bebes es reciclada de tus propios deshechos. El sistema cuenta con un detector de proximidad que impide el choque con aviones en vuelo o contra las montañas. También impide la localización por radar, infrarrojos o cualquier otro sistema de detección, incluso visual. Es decir, que a voluntad, puedes hacerte invisible en todas las longitudes de onda del espectro.

Seguimos con el vuelo. Si no le has dado el lugar exacto a donde quieres ir, puedes pilotar manualmente gracias a una representación tridimensional y con colores reales del terreno que aparece en la pantalla del rastring y cuya escala puedes modificar a voluntad, desde toda la superficie del planeta hasta un área no mayor de un campo de fútbol, con lo que la precisión es milimétrica. El ordenador puede acceder a través de la Central a una base de datos con mapas de más de cien millones de planetas y cuerpos celestes.

He citado varas veces a la Central. No me pregunte donde está porque no lo se. Sólo que siempre estás en contacto con ella y te hace un seguimiento continuo, con lo que en el raro caso de avería o dificultad, en escasos segundos recibes consejo o ayuda. Quitando imprevistos anómalos, no hay peligro de ninguna clase dentro del platillo. Los viajes largos se pueden hacer de dos maneras. Bien en vuelo directo a velocidades próximas a la luz con el motor fotónico (ahora están desarrollando un nuevo motor que funciona con energía negativa y puede superar la velocidad de la luz. ¡Como se entere Einstein…!) o por medio de los micro agujeros de gusano. El ordenador rastrea y localiza un micro agujero de éstos e investiga su entrada y salida. Si está en la dirección de nuestro destino lo aprovecha y si no, busca otro y hace la misma investigación, hasta que encuentra el apropiado, todo ello en nanosegundos. Es impresionante la cantidad de ellos (agujeros, no nanosegundos) que hay en el espacio, incluso dentro de nuestro sistema solar, lo que permite unos desplazamientos instantáneos por esos atajos. Una peculiaridad de estos agujeros es que no hay tiempo dentro de ellos, por lo que los momentos de entrada y salida son simultáneos. No explico más porque mis conocimientos no llegan a tanto y también porque la razón no encuentra explicación a éste misterio.

¿Si llevamos algún tipo de arma? ¡Estos humanos siempre tan belicosos! Hay un sistema defensivo que apenas se usa, porque, como ya he explicado, la invisibilidad y la velocidad te hacen prácticamente invulnerable, pero el platillo posee una especie de rayo tractor que puede mover objetos voluminosos, tan grandes como un portaaviones en la Tierra o incluso un gran meteorito o un pequeño satélite en el espacio. Esto último nunca se usa por los graves trastornos en las trayectorias orbitales de los cuerpos espaciales que se pueden producir, lo que podría llevar por error o imprudencia, incluso, a la destrucción de todo un sistema planetario. De todas maneras el empleo de este arma siempre se hace con permiso de la Central que valora y autoriza su uso. Aterra el gran poder que encierran estos aparatos aparentemente tan sencillos.

Creo que una de las razones por la que somos muy pocos los humanos que los pilotamos, es la estabilidad emocional, anímica y ética, que poseemos los elegidos. Nos quedamos a 15.000 metros, rumbo 200 ª y 700 Km/h. Le decimos al ordenador: Dejámelo y sujetamos suavemente con la mano derecha el joystick. La mano izquierda se apoya en un mando con el que modificamos la velocidad, un acelerador, pero con la peculiaridad que colocado en una determinada posición, el platillo sube o baja verticalmente. Giramos el joystick a la derecha y el platillo inicia un giro hacia ese lado. En la pantalla a color y relieve del ordenador se ve como cambian los números que indican el rumbo. Como giramos al plato, no hay ladeo. Es lo mismo que cuando vamos pilotando un avión y pisamos uno de los pedales sin girar el volante del aparato. Esto es girar al plato, es decir que se modifica el rumbo sin variar la horizontalidad de las alas y se suele hacer para pequeñas modificaciones del curso del avión.

Inclinamos el mando hacia adelante y el platillo se dirige hacia la superficie de la tierra. Tiramos de él y subimos. En esto es casi igual que un avión, pero sin inclinar el morro. Es maravilloso cuando vas subiendo ver cómo el cielo se va oscureciendo y aparecen las estrellas hasta que estás tan lejos del planeta que prácticamente vuelas flotando en una inmensa negrura, salpicada de puntos de luz. Se te abre el corazón y le das gracias al Creador por haber hecho tantas maravillas. Pasamos sobre la tierra continental y cruzamos el litoral. Al cabo de un rato estamos en medio del océano. Inclinamos el mando y reducimos la velocidad, acercándonos a la superficie del mar.

Una característica peculiar es la de la posibilidad de navegar bajo el agua a la misma velocidad que en el aire. El espectáculo es de una belleza inexplicable y puedes alcanzar la mayor profundidad sin peligro alguno. Esto amplía las posibilidades de exploración hasta el infinito. Teóricamente no hay límite de velocidad para entrar en el agua, pero por razones psicológicas, se recomienda que no sea muy grande. No hay impacto, porque nuestro campo de gravedad se abre paso en el agua como un cuchillo caliente en un bloque de mantequilla. Cambia la luz exterior y a medida que vamos ganado profundidad, desaparecen los colores hasta navegar en la más absoluta de las obscuridades.

No voy a describir lo que se ve porque hay ya muchos programas de televisión con reportajes preciosos de las profundidades marinas. La orden al rastring hace que se encienda el sistema de iluminación exterior. Como si se tratara de un pequeño sol, el platillo ilumina el entorno hasta más de un kilómetro de distancia. La luz es orientable y puedes modificar su anchura desde los 360 grados en todas las direcciones (como una esfera luminosa), hasta un rayo tan fino como un cabello, que, como es lógico, no tiene ninguna utilidad. Las luces y el rayo tractor los conectas con los pedales y lo diriges con el joystick, apretando simultáneamente un pequeño botón que hay en el bastón. Lo normal es iluminar todo el entorno y hacia abajo para que no se te vea desde arriba, si hubiera por casualidad algún observador. A veces, por alimentar el misterio de los platillos, traviesamente, he encendido el sistema estando cerca de la superficie y de un lugar habitado y es gracioso oír o ver las noticias sobre la aparición de extrañas luces en la costa.

La salida del agua se puede hacer a cualquier velocidad y por la peculiaridad del sistema de propulsión, no hay salpicaduras de agua y el casco sale completamente seco. Visitar los lugares más remotos, desde lo polos a lo más intrincado del Amazonas es una verdadera gozada y además la perspectiva aérea te hace ver, despacito, accidentes geográficos a cualquier altura, descubriendo peculiaridades que por ser de lugares no explorados no aparecen en los libros de geografía, como los efectos de la erosión o la constitución de las fallas. Cuando te cansas de la Tierra, le dices al ordenador: Luna, o Titán, o Io. Y en cuestión de minutos (si encuentras un buen agujero de gusano, segundos) estás ante otra maravilla del espacio. Son espectaculares las erupciones de azufre de la pequeña luna Io que tiñen de amarillo amplias áreas del satélite joviano.

No he realizado ningún viaje fuera de nuestro sistema solar, no porque me lo hayan prohibido, aunque sí he notado una cierta reticencia al plantear su posibilidad, sino por miedo a lo desconocido o a verme superado por la inmensidad del espacio. A lo mejor es algo de agorafobia. Ahora estoy recorriendo los planetas exteriores, buscando la posibilidad de algún descubrimiento personal. Lo que no le aconsejo a nadie es viajar manualmente a través del cinturón de asteroides o por los anillos de Saturno, pues a pesar de la seguridad del sistema de detección del platillo, al ver tal cantidad de cuerpos que parece que se abalanzan hacia uno, se puede perder la serenidad y cometer un error irreparable, intentando ser más hábil que el ordenador.

Tengo una experiencia inolvidable cuando acompañé al cometa Halley en su última visita. Me acerqué por detrás, paralelo a su cabellera. Igualé mi velocidad a la suya y me dediqué a observar el cuerpo celeste. En la posición que estaba, teniendo al cometa entre el Sol y yo, se producían en su cola unos efectos de arco iris que eran una maravilla. Parecía como si estuviese formada por luminosas perlas de muchos colores. Luego aceleré para acercarme al cuerpo y me encontré con un montón de piedras de hielo, de un color blanco parduzco, que me desilusionó. Por la acción del Sol se iban derritiendo y dejando aquella luminosa y blanca cola que es lo más bonito del cometa.

Bueno, me imagino que tendrá Ud. un montón de preguntas que hacerme, pero por hoy, no le voy a contar más. ¿Ha pilotado usted alguna vez un platillo volante? Pues no sabe lo que se pierde. ¡Ah! Y mis amigos extraterrestres no son enanos cabezones ni de color verde. A lo mejor algún día se lo cuento.


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