La casa de Elrond

UN LUGAR DE ENCUENTRO PARA AMANTES DE LA SABIDURIA

Archive for Octubre, 2010

Analizados ya los aspectos ontológicos y gnoseológicos, nos centramos en el ámbito de la psicología, para comprobar como en este terreno Platón se decanta nuevamente por un pluralismo antropológico. Hay que tener en cuenta que el “alma”, en la antigüedad, es el “aliento” o “soplo vital” que “anima o mueve el cuerpo”. Para Platón no existe un alma trascendente, sino tres tipos de almas en cada ser humano, las cuales son imprescindibles y funcionan en interacción, pues mantienen una relación con la virtud, el cuerpo humano y el cuerpo social. La razón (“logistikon” o “alma racional”) estaría situada en el cerebro, y a ella le corresponde el pensar, calcular, prever, someter a examen los caprichos del deseo; es inmortal y su destino último es la contemplación de las ideas. El ánimo (“thymoides” o “alma irascible”), esta situado en el tórax, es inseparable del cuerpo y, por tanto, mortal, y es el origen de las “pasiones nobles“: el valor, el coraje, la ira, la ambición, la esperanza. El apetito (“epithymetikon” o “alma concupiscible”) se sitúa en el bajo vientre, también es mortal y constituye el origen de las llamadas “pasiones innobles“: los impulsos, los deseos, las necesidades de orden orgánico, el apetito sexual, el placer y el dolor, etc.

Aunque la mayor parte de los intérpretes consideran que hay un alma que sobrevive al cuerpo, el “alma racional”, esto no quiere decir necesariamente que Platón esté hablando de la supervivencia de un alma personal, sino simplemente que las ideas nos anteceden y trascienden, y así las ideas no son propiamente nuestras, pues las recibimos de nuestra tradición cultural, y en la medida que las modificamos y transmitimos a las generaciones futuras, nos sobreviven, objetivizan y universalizan. Por ello mismo, Platón unirá el problema del alma al del conocimiento, manteniendo las tesis ya formuladas por su maestro Sócrates, que aseguraba la prioridad temporal y ontológica del alma o “nous” apodípticamente. Esta prioridad atiende a motivos epistemológicos: el hombre no aparece en el mundo por primera vez, sino que tiene un bagaje cultural que lo sitúa en el tiempo.

Es en el diálogo “Fedro” donde se comenta con detalle el famoso “mito del auriga”, en el que se compara el alma humana a la potencia reunida en un esfuerzo del tronco de caballos de un carro de carrera junto con su auriga: “El corcel de blanco pelaje y cabeza erguida representa el honor (fortaleza), que resiste los embates del caballo negro y de ojos sanguinarios, cuyos impulsos son atemperados (templanza) cuando el auriga, símbolo de la razón, posee la habilidad suficiente (prudencia) para mantener el equilibrio inestable y tratar de alcanzar la armonía (justicia)”.

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Como punto de partida se establece la doctrina de la “anamnesis”: pensar es recordar. Luego el alma que recuerda las ideas tuvo que tener una vida propia “fuera y antes” de esta vida. Una vez probada su existencia, Platón pasa a demostrar su pervivencia mediante dos argumentos, que presuponen la teoría de las ideas. En primer lugar, si el alma es capaz de entender las ideas eternas, será porque tiene en sí algo eterno, que le permite contactar con la eternidad. En segundo lugar, el alma es una y simple, por lo que no puede corromperse ni dividirse. Este segundo argumento juega un papel secundario, que además entra en conflicto con la doctrina psicofisiológica (que asigna un lugar del cuerpo a cada parte del alma). En todo caso, parece claro el carácter epistemológico del hilo argumental, que consolida la inmortalidad del alma a partir de la eternidad de las ideas y, al mismo tiempo, por una suerte de “argumento ontológico circular”, consolida las ideas a partir de la preexistencia del alma.

La película “Doce monos” (Universal 1995) del director americano Terry Gilliam, nos plantea una idea interesante. Os resumo la historia brevemente: James Cole es un enviado del futuro que regresa al año 1995 para recoger datos que permitan comprender el desastre biológico que ha asolado el planeta, matando a la practica totalidad de la población, tras una infección masiva provocada por la manipulación genética cometida por un grupo terrorista conocido como el “ejército de los 12 monos“. Cole tiene un sueño que se repite continuamente a lo largo de la película (lo vemos en el arranque, en el desenlace, y en muchos momentos intercalados de la trama) en el que él es un niño que contempla la persecución y asesinato de un hombre en un aeropuerto. Lo llamativo de la escena final es que Cole entra en ese mismo aeropuerto y dice: “yo conozco este sitio, ya he estado aquí antes”. Porque efectivamente, estuvo allí cuando era niño, y contempló un asesinato (que en realidad es el suyo propio, por cierto: contempló su propia muerte en el futuro desde el presente) y por eso es capaz de recordarlo.

La filosofía de Aristoclés (427-347), llamado más tarde Platón (algunos dicen que por lo ancho (platys) de sus hombros, otros que por su amplia frente) debe mucho a la metodología del viejo Sócrates, el método dialéctico (el intento de analizar la realidad humana a través del “diálogo”) y sobre todo, por la identificación que hace el maestro del objeto de estudio propio de la filosofía, a saber: las ideas. Tradicionalmente, el pensamiento platónico viene definido por un marcado dualismo: en primer lugar, un dualismo ontológico (la consideración de que existen dos mundos: uno “sensible” y otro “inteligible”); un dualismo gnoseológico (la consideración de que existen dos formas o modos de conocer: la “doxa” u opinión y la “episteme” o inteligencia); y finalmente un dualismo antropológico (la consideración de que el ser humano esta constituido por un “cuerpo” y un “alma”, en tanto que sustancias separadas). Pero en este artículo nos vamos a encargar de poner en duda estos dualismos y postular que Platón maneja una teoría pluralista.

Hemos abordado ya en un artículo precedente la dialéctica platónica a partir del mito de la caverna, pero como tal dialéctica no es solo cognoscitiva o lógica, sino “real”, en la medida en que para Platón las ideas no son únicamente conceptos genéricos, sino también “formas” o “esencias”, parece evidente que todo lo que dijimos de ella en términos gnoseológicos puede trasladarse punto por punto a la ontología. En realidad, más que hablar de dualismo, deberemos hablar de pluralismo ontológico, pues es cierto que Platón insiste en la existencia de dos mundos, si bien el primero, el “mundo de los objetos físicos”, no es más que la copia del segundo, el “mundo de las ideas”, de las que aquellos serían meras copias imperfectas. O dicho de otro modo: las ideas funcionan como “causas”, “paradigmas” o “modelos”  para las cosas, en cuanto que estas participan de aquellas. Las ideas son “lo que las cosas tienen en común”, lo que es “compartido por muchos particulares”.

Pero la ontología platónica no solo es pluralista porque reconoce la multiplicidad de lo sensible, ni porque las ideas son muchas (pero no idénticas, sino ligadas en “symploké” o entretejimiento entre unas y otras), sino sobre todo porque entre estas dos pluralidades Platón reconoce una tercera pluralidad: la de las “mediaciones” que se dan entre las otras dos. Platón nos plantea la compleja exposición de esta teoría en su diálogo “Parménides”: “las ideas son relaciones organizadas o determinadas según tipos más simples, que son los números ideales; asimismo, las cosas sensibles son realizaciones determinadas y organizadas según unos tipos menos simples, pero simples al fin y al cabo… La relación de lo sensible con la idea repite, en un estado de dependencia y complicación más elevado, la relación de las ideas con los números ideales”.

 

Un buen ejemplo de ello lo encontramos en este interesante análisis del número φ (fi) (1.6180…), que todos conocemos como número áureo. Lo que nos sugiere el vídeo es que la realidad se estructura, se ordena, siguiendo unas leyes racionales que actúan de forma necesaria. La naturaleza programa una serie de normas que los seres naturales siguen al pie de la letra: el mundo es un “cosmos”, un conjunto ordenado por la propia naturaleza conforme a principios racionales. No es de extrañar que el ser humano “copie” estas estructuras y las reproduzca permanentemente en sus creaciones artificiales. En este sentido, las representaciones arquitectónicas y pictóricas son una réplica de la propia naturaleza que imitan las formas puras, las ideas, que nos son conocidas previamente a cualquier experiencia particular.

Lo podemos comprobar de forma más clara a través del mundo del origami, el arte japonés de doblar papeles o papiroflexia. Fijaos que cuando nos encontramos con un papel (no importa su tamaño, forma o color, es decir, sus particularidades) podemos reproducir en él “figuras” que copian las ideas (un cisne, un elefante o, como ejemplificamos aquí, una lechuza), precisamente por la intermediación de “formas geométricas simples”: al intentar confeccionar una figura no estamos haciendo otra cosa que generar líneas de corte con las que doblar y volver a doblar el papel, hasta que la figura finalmente “aparece” ante nuestros ojos. El hecho de que la podamos reconocer se debe a que nosotros ya conocemos la idea (la hemos “visto”, y por ello podemos elaborar una copia, aunque imperfecta, de dicha idea). Y esta copia lo es en dos sentidos: de un lado, en el mundo sensible, la figura de papel sería una “sombra” del “objeto” que representa (en este caso una lechuza); de otro lado, en el mundo inteligible, la figura es una “representación geométrica” que copia la “idea”, pues reconstruye “lo que todas las lechuzas tienen en común”, esto es, la esencia o forma de una lechuza: si idea.

En la película “Blade Runner” (WB 1982) del director Ridley Scott, tenemos un buen ejemplo del uso de la papiroflexia para poder comprender las ideas de Platón. Esta es la historia de Rick Deckard, un policía encargado de “retirar” a un grupo de “replicantes” Nexus 6 que se han vuelto demasiado peligrosos. En la búsqueda de los fugitivos, Deckard descubre a Rachel, una replicante experimental, con recuerdos implantados que le permiten contar con una base emocional, y por supuesto se enamora de ella. Tras la muerte de Roy Batty (el jefe de los replicantes y último superviviente del grupo de prófugos) a manos del “blade runner”, Deckard encuentra un origami que ha dejado Gaff (el policía que le vigila a él), señal inequívoca de que se les ha permitido escapar. Rick y Raquel marchan entonces hacia un nuevo destino, conscientes del tiempo que se les regala. La figura de papel nos permite comprender a los espectadores que el unicornio funciona aquí como un símbolo “que está por otra cosa”, pues el propio Deckard sueña a lo largo de la película con unicornios, que aquí representan (están por, participan de) la idea de libertad.

Vamos a intentar trabajar la famosa “alegoría de la caverna“, presente en el libro VII de “La República”, a través de la película “The Matrix” (Warner Bros 1999), de los hermanos Larry y Andy Wachowski. Os recuerdo que existen muchas otras películas que nos permiten recrear la escena planteada por Platón, que ha sido siempre un referente fílmico importante en muchos autores modernos: así, por ejemplo, La rosa púrpura de El Cairo” (Orion 1985) del simpatiquísimo Woody Allen; The Truman Show” (Paramount 1998) del australiano Peter Weir; “THX-1138” (WB 1969), la primera y singular película de George Lucas,  o la más reciente “La Isla” (WB 2005) de Michael Bay). También podemos repasar el texto completo en “Webdianoia”, o dejarnos llevar por esta bonita simulación del diálogo realizada por el Doctor mostaza, comprobar su simbología en la interpretación que se nos ofrece en la web Torre de Babel, o bien echarle un vistazo a la explicación  gráfica colgada en el portal Youtube).

Aquí recreamos el momento en el que Neo despierta y se da cuenta del engaño al que ha estado sometido desde su nacimiento. La similitud con el mito es manifiesta: Neo está “encadenado” presa de un engaño perpetrado por las máquinas, y cuando rompe sus cadenas puede contemplar el mundo tal cual es, comenzar a “ascender en el conocimiento” en busca de las ideas. Una grúa le alza desde la cloaca hacia la luz, y lo primero que oye es la famosa frase que dio notoriedad a la película: “Bienvenido al mundo real“. Es llamativo también que le duelan los ojos ante la luz (puesto que los está utilizando por primera vez) y que, tras la escena en el “constructor” se niegue a aceptar la verdad: “No, esto no es verdad. No creo en vosotros. Dejadme en paz“. Merece la pena verlo para poder comprobar hasta que punto los hermanos Wachowski han seguido el texto de Platón con una fidelidad más que notable. Esta recreación nos permite un interesante análisis del mito, que se deja analizar fundamentalmente como un pluralismo gnoseológico.

Efectivamente, podemos comprobar que existen dos escenarios (el de la “doxa” u opinión y el de la “episteme” o inteligencia), cada uno de los cuales se haya a su vez dividido en dos espacios. En el momento que descubrimos el mecanismo de la producción de la “conjetura”,  que eran las sombras, necesitamos conocer la realidad misma, pues si nos quedáramos con las estatuas estaríamos en la “creencia” sobre como sería el mundo. Por eso se inicia una ascensión para salir de la cueva.

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Pero la realidad no puede ser captada a primera vista porque nos encontramos acostumbrados a las condiciones de luz de la caverna, y el primer contacto con la luz es doloroso, y es imposible mirar al sol directamente, por lo que deberemos mirar los objetos por la noche o reflejados en lagos o estanques, esto es, bajo hipótesis (“pensamiento”). Y solo cuando nuestros ojos se hayan acostumbrado, podremos mirar la realidad tal y como es (“inteligencia”).

La dialéctica se nos presenta ahora como un camino de ida cognitiva (“regressus”) y de vuelta práctica (“progressus”). El primero consiste en una destrucción de las evidencias sensibles (“eikasía”), que solo nos proporcionan sombras, y en una trituración de las opiniones y creencias (“pístis”), que el descubrimiento de las imágenes inanimadas, cuyas sombras vemos, nos provocan. Pero consiste también en remontar o superar a través del conocimiento discursivo (“dianoia”) las propias hipótesis en las que se fundan las ciencias de las que nos servimos para escalar la escarpada pendiente que conduce a la luz. Platón nos precisa las ciencias que jalonan este ascenso, a saber: “la aritmética y la ciencia del cálculo, que tienen por objeto el numero: la geometría plana y la estereometría o geometría de los cuerpos sólidos y la astronomía y la música”. Tras ella se consuma el momento teórico o cognoscitivo de la dialéctica, pues se está ya en disposición de ascender “solo mediante la razón hasta la esencia de las cosas”. Platón solo reconoce como verdadera ciencia el conocimiento dialéctico (“nóesis”) de la esencia, la forma o la idea.

El momento práctico del método dialéctico, el “progressus”, la vuelta a la caverna, a la vida política y moral, tiene como objetivo instaurar “una sociedad más justa y más feliz”. Es el trabajo que se encomienda a los filósofos: el retorno para enseñar a los demás que otro camino es posible para acceder a la verdad, y que es necesario renunciar a la apariencia para buscar la “verdadera realidad”, que son las “ideas”. Es también interesante ver el momento final de la película que hemos analizamos, cuando Neo, consciente de lo que ha llegado a conocer, se dirige a los demás hombres encadenados (es decir, a todos nosotros, que vivimos en la ignorancia) para decirles que otro mundo es posible, un mundo sin máquinas, esto es, sin engaños. Para trabajar un poco más esta temática convendría revisar además el artículo “El engaño, el progreso y el regreso” en este mismo blog (en la categoría de Filosofía y ciudadanía).

Carl Sagan, un clásico en el mundo de la divulgación científica, escribió, dirigió y presentó una serie de documentales en los años 70 bajo el título genérico de “Cosmos: Un viaje personal”. Aunque han pasado muchos años desde entonces, muchas de las ideas de Sagan siguen teniendo plena vigencia, y su discurso sigue resultando muy didáctico. Aquí tenéis un ejemplo: una pequeña aproximación al mundo de la metodología científica y una reflexión sobre la idea de que la ciencia ha de estar en permanente renovación. Puede resultaros interesante para comprender el concepto de “pensamiento crítico” y para reflexionar sobre la idea de corroboración (verificación y falsación) de hipótesis, que hemos estudiado recientemente. También os puede resultar interesante consultar la pagina Glogster de Angelus Novus (de mi estimado colega José Ángel Castaño) que nos ofrece el glog titulado “El saber filosófico” es decir, un poster interactivo repleto de información sobre el saber filosófico que nos conecta a varios sitios de la red interesantes para completar el tema.

Algunos ejemplos de metodología falsacionista los encontramos igualmente en la serie “House M.D.” El método de Gregory House es el propio de la medicina actual, a medio camino entre las ciencias naturales y las ciencias sociales: se trata de establecer un “diagnóstico diferencial”: se observan los síntomas del paciente, se proponen “hipótesis”, explicaciones provisionales del fenómeno, y se contrastan con la realidad, esto es, se administra un tratamiento conforme a esa hipótesis para ver si el paciente mejora. Siempre, en cada episodio (como suele ocurrir en la vida real), el primer diagnóstico es equivocado, y el segundo, y puede que muchos más, y entonces es necesario volver a plantear hipótesis (incluso volver a la observación antes de hacerlo, ya que pueden aparecer nuevos síntomas, como suele ocurrir a menudo) hasta dar con la solución al problema.

Lo interesante de House es que su metodología es abiertamente “falsacionista”, que no verificacionista. Un ejemplo muy notable, que ya hemos comentado en clase, es el proceso infeccioso que sufre la doctora Cameron (me he vuelto loco para encontrar este vídeo pero no lo he conseguido, lo siento): alertada por la posibilidad de haber contraído el VIH, la paciente efectúa test sucesivos cada mes para comprobar que no está infectada, y ya sabéis, cada nuevo test negativo disminuye la posibilidad de tener sida (con lo que vamos sumando “corroboraciones particulares” por “inducción”, pero que no nos ofrecen certeza sino sólo probabilidad), pero un único test que de positivo significaría que Cameron tiene VIH con un 100% de seguridad. Luego una única corroboración que confirme la hipótesis no nos permite llegar a una ley general (a una generalización de la hipótesis), pero una sola corroboración negativa si lo permitiría. Constatamos aquí la idea falsacionista propuesta por Karl Popper en “La lógica de la investigación científica” (1934) que, como recordareis, se fundamenta racionalmente en el principio lógico que llamamos “Modus tollendo tollens“, que tendremos ocasión de ver con más detenimiento en la unidad dedicada a la lógica proposicional, y que podemos resumir así:

Dado un enunciado condicional de tipo “si… entonces” (por ejemplo: “si llueve, entonces me mojo”), formado por un “antecedente” que es condición necesaria para que se de el “consecuente”, siempre que se de el antecedente, podremos concluir que se dará el consecuente. Así, si tenemos que “si llueve, entonces me mojo” y que “ha llovido”, podemos concluir que “me he mojado”. El problema es que no puedo establecer la inferencia al revés: a partir de “me he mojado” no puedo deducir que “ha llovido” (porque puedo estar mojado por muchas razones). Sin embargo, si el consecuente fuera negativo, podría deducir el antecedente también en forma negativa: “no me he mojado, luego NO ha llovido” (puesto que habíamos dicho que “llover” era la condición para “mojarse”). De la misma manera, según Popper, es como actúa la ciencia: negando las consecuencias (los hechos observados en la realidad no concuerdan con los hechos deducidos de la hipótesis). Y bastará “un único enunciado negativo” para falsar una ley o hipótesis en su totalidad.

Hemos estado viendo estos días algunos ejemplos de los distintos tipos de familia, comenzando por la familia nuclear (formada por los padres y los hijos) y por su desarrollo, la familia patriarcal o extendida (que incluye a los abuelos, los tíos, los primos…). Pero no son solo estas dos las formas familiares que conviven hoy en día en nuestra sociedad, pues las formas de convivencia se ha vuelto complejas, y ahora contamos con unidades familiares más alejadas de la tradición: la familia monoparental, la familia reconstruida, la familia multicultural, las parejas de hecho, personas que conviven juntas sin estar casados, de distintos o del mismo sexo, con o sin hijos, con hijos propios o hijos adoptados… En el primero de los vídeos podéis comprobar esta pluralidad de estilos de vida, pero también deberíais consultar el interesante vídeo final, en el que se repasa la idea de matrimonio entendida como uno de los derechos de que goza todo ser humano.

Pero no todo se queda aquí, puesto que lo que estamos analizando son simplemente los tipos de familia más extendidos en occidente. Si nos alejamos un poco de nuestro continente, podremos comprobar las distintas formas de vida que conviven en el planeta. En otros continentes es habitual la práctica de la poligamia, tanto la poliginia (tipo de relación institucionalizada por la cual un varón tiene dos o más esposas al mismo tiempo) como la poliandria (cuando es la mujer quien tiene dos o más esposos). Podemos consultar información sobre estas prácticas en la tesis del antropólogo americano Marvin Harris, es especial en su libro “ Vacas, guerras, cerdos, brujas” (capítulos 3 y 4).

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El siguiente ejemplo es bastante esclarecedor al respecto. Hace pocos días nos enteramos del fallecimiento de Ancestus “Danger”  Akuku, el mayor polígamo de Kenia, a la edad de 92 años. Nos encontramos ante un tipo verdaderamente singular, que a lo largo de si vida acumuló 130 esposas y un total de 415 hijos (110 niños y 305 niñas)… y fue capaz de mantenerlos a todos, y proporcionar una casa a cada madre y una manutención a cada hijo, gracias al dinero que conseguía con su próspero negocio de transportes. Tal es la cuantía de la prole de este hombre, que sus hijos han montado un grupo en la red social Facebook para estar en contacto los unos con los otros.

Por supuesto, la idea de tener más de una pareja a la vez nos resulta extraña, habituados como estamos a la idea de fidelidad que se nos impone desde la niñez y que resulta tan propia de las parejas occidentales. Pero el caso de Akuku no debe resultarnos extraño, toda vez que son cientos los hombres y mujeres del planeta que ejercitan este tipo de prácticas, incluso en occidente (recordemos el caso del movimiento de los Santos de los Últimos Días, la religión mormona, tan extendida por los Estados Unidos). El hecho de que algunos no compartan nuestras mismas ideas sobre la convivencia en pareja no debe suponer un problema, ni debe resultarnos ofensivo o perturbador, siempre que esta convivencia se de en un clima de respeto y consideración por el otro, de mutuo acuerdo y por consentimiento de todas las partes (aunque también debemos decir que en ocasiones esto no ocurre).

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